jueves, 5 de noviembre de 2026

EL DOBLE SUEÑO DE TIRARSE A PETRO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La exposición pública de la vida sexual del expresidente Gustavo Petro está atada a un proceso de aniquilamiento moral del que participan la prensa hegemónica, liderada por la revista Semana y las particulares circunstancias que ofrece una sociedad morronga, puritana, solapada, camandulera, doble moral, machista, bochinchera, transfóbica y homofóbica como la colombiana en la que el miembro viril (también conocido como verga, falo, polla, pájaro, chimbo, pipí, paquete o mondá) es el instrumento usado por hombres poderosos para someter a las mujeres representadas por el grueso de la sociedad como “objetos sexuales, cosas que se comen y territorios en disputa”.

En espacios privados y estatales esa es una realidad: acostarse con un hombre para mantener el puesto o ascender laboralmente es parte del paisaje. Así mismo, el acoso sexual-laboral de hombres en posiciones privilegiadas como decanos, congresistas, rectores, o presidentes de compañía. Es posible que mujeres accedan también por gusto o seducidas por quien ostenta poder. “Tirarse al jefe” puede incluso ser asumido como un reto femenino. En el caso de Petro, en su calidad de presidente de la República y ahora en la condición de expresidente, tirárselo se entiende en dos direcciones: la moral-mediática y la sexual.

Al principio, Petro fue señalado de ser transexual, cacorro y maricón, “delitos” que espantaron a los sectores societales más conservadores que aún asumen como una “enfermedad mental o desarreglo identitario” a quienes de manera abierta se declaran y definen como homosexuales. Eso sí, la homosexualidad femenina no se mide con el mismo rasero moral con el que se critica a la masculina por una razón clave: ser macho en Colombia hay que demostrarlo todos los días o por lo menos parecerlo. Es casi una obligación constitucional.

Hacen parte de esas circunstancias que rodean a esa sociedad machista, gazmoña, morronga y altamente sexualizada, las representaciones que de la mujer tiene Gustavo Petro como hombre y la imagen y huella que él quiere asentar en la historia política del país. Al parecer, le interesa que los historiadores (ras) lo recuerden como un político que subió el salario mínimo en un 23 por ciento, intentó reformas sociales, se enfrentó a la oligarquía y porque es un macho “que hace cosas muy buenas en la cama”.

Como jamás sucedió en el pasado, la cachondez del político progresista se asume como un asunto de Estado por todo lo que representa para el país la figura presidencial– y en el mundo- en el que todos los días hombres poderosos se enfrentan para dejar claro quién la tiene más grande, o es más berraco, macho y valiente, lo que en el común de la gente se traduce como un “hombre con las guevas suficientes”.

De la Espriella, en campaña, quiso que una mujer periodista, al aire, confirmara que su “paquete” era efectivamente grande como él cree que lo es. Una necesidad evidente de aclarar que es un macho cabrío sobre el que también recaen dudas, a juzgar por los contenidos en redes sociales. Aunque se le fueron encima por semejante acto de violencia, millones de mujeres votaron y lo llevaron, junto con otros millones de bots, a la Casa de Nariño. En ese momento, la sororidad no apareció, pudo más el odio hacia Petro y lo más seguro la oportunidad de un contrato laboral sin necesidad de prestar servicios sexuales. 

Insisto: es casi una obligación constitucional para los hombres, cotidianos y con poder, demostrarse así mismos, pero en especial a la sociedad y a sus círculos más cercanos que se es bueno en la cama, que la tienen grande y a partir de ahí acumular el mayor número de mujeres “pasadas por las armas”.

En el caso de Petro y de acuerdo con Vicky Dávila, periodista conservadora, uribista y abelardista, se trataría de más de 40 mujeres que Petró habría penetrado a cambio de contratos o a partir de relaciones consensuadas como parece advertirse del video que circula en las redes sociales o cloacales en el que aparecen Petro y Deicy Jiménez, su amante, víctima y victimaria moral besándose y conversando como pareja. 

En el portal La Silla Vacía se registró el hecho noticioso, político y moral en la voz de la denunciante que, en lugar de acudir a la Fiscalía, prefiere ir a las redes sociales y a Semana, convertida esta última en la fina y exclusiva hoguera en la que se cocina a fuego lento al expresidente: “Hoy publico este video como prueba de que estoy diciendo la verdad”, dijo Jiménez desde su cuenta de Instagram, donde reveló la grabación. “Los colombianos merecen saber quién es Gustavo Petro. Confío en la justicia y le pido a esa justicia y al gobierno que no permita que ni a mi familia ni a mí nos pase nada. Si algo nos llega a suceder hago responsable a Petro”.

Por supuesto que es grave que se usen recursos públicos para transacciones sexuales encubiertas en contratos laborales. Si así sucedió, que Petro y quienes le colaboraron asuman las respectivas responsabilidades políticas y judiciales. Hasta el momento no se habló de violaciones. En este punto recuerdo que la periodista Claudia Morales le contó al país que su jefe, un hombre poderoso, la violó. Cientos de miles de colombianos están seguros de que el responsable de semejante atrocidad es un expresidente de la República. Ese execrable hecho confirma que las relaciones sexuales consensuadas o no hacen parte de las dinámicas del poder (político o económico) al que siempre estuvieron y siguen estando sometidas las mujeres en Colombia y en el mundo. 

Alguien con poder político confrontó en el pasado a sus más cercanos amigos porque “no sabían cuidar las comunicaciones”. Para el caso de Petro es claro que no supo manejar su vida privada, lo que lo tiene al borde del más feroz y vergonzante proceso de aniquilamiento moral. Intentan tirarse a Petro como político y al proyecto político que representa. Ya veremos qué pesa más en este circo de país: si la moralizante visión de Vicky y la de los sectores de la opinión que la siguen y le creen, o si el sistema patriarcal termina por disculpar a Petro porque simplemente actuó como se esperaba que lo hiciera: como un macho pichador.

Adenda: muchas mujeres abelardistas y uribistas que hoy critican la escandalosa y libidinosa vida sexual de Petro, apoyan al degenerado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, un consumado pederasta. La doble moral nuevamente aparece.  Son las mismas que en algún momento se sintieron atraías y seducidas por Epstein, el otro pederasta y cómplice de las violaciones de cientos de niñas en la isla aquella. 

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