Por Germán Ayala Osorio
Los hechos de censura oficial contra la historia y la cultura despertaron a
los políticos del medroso Centro que en las pasadas elecciones votaron en blanco.
Ese acto de cobardía, que arrastró a cientos de miles de electores, a sabiendas
del peligro que representaba el proyecto y la candidatura de Abelardo, debe recordarse
ahora que el inquilino de la Casa de Nariño atacó la solemnidad del Museo
Nacional y ordenó al Esmad atacar a los manifestantes que se oponen a la “batalla
cultural” declarada por el gobierno y a la narrativa anti derechos que la
acompaña.
Ese feroz ataque convierte a De la Espriella tempranamente en el “depredador
cultural” que la ultraderecha colombiana soñó con poner en el solio de Bolívar con
el propósito de regresarnos a los tiempos de la constitución de 1886 y al aciago
gobierno de Julio César Turbay Ayala con todo y su Estatuto de Seguridad. Por
supuesto que se trata de un ataque ideológico y político contra quienes le
apostaron a la paz y abrieron espacios a la Colombia diversa y biodiversa que
el therian presidente quiere desconocer, borrar y someter. El odio oficial
contra la población LGTBIQ+, los defensores de derechos humanos y la
biodiversidad es evidente y hace parte de lo que el gobierno llama “contrarrevolución
cultural” que no es otra cosa que un peligroso retroceso civilizatorio.
Uno de los más reconocidos agentes de ese receloso Centro, Humberto de la
Calle Lombana en su cuenta de X reaccionó así a lo sucedido: “Si
ahora la Constitución es el enemigo, el riesgo de devolvernos a las etapas más
oscuras es preocupante”. La reacción del jefe de la delegación de
paz en los diálogos de La Habana se explica por el retiro del Museo Nacional de
la imagen del facsímil de la Séptima Papeleta que derivó en la Constituyente de
1991. Pero también se explica su reacción porque De la Calle ya sabe lo “duro
que muerde el tigre” pues su hija Natalia de la Calle Restrepo fue echada de la
gerencia general de Oleoducto de Colombia ODC, filial de Ecopetrol. Según Semana,
actor político al servicio del gobierno, “tenía un salario aproximado de
69,9 millones de pesos mensuales y un costo anual de 1.002 millones al año.
Se encontraba en Ecopetrol desde 2010, en donde comenzó como abogada de
la vicepresidencia jurídica. Luego estuvo en la Secretaría General y luego pasó
a ser gerente general”.
Lo que el país espera es que los agentes del espectral Centro político,
defensores de oficio del viejo Establecimiento colombiano, reconozcan que fue
un garrafal error haber votado en blanco en las pasadas elecciones, hecho
electoral que facilitó aún más el aterrizaje de Abelardo. Claro, no podemos desconocer que el proyecto
Cerimedo local, con sus granjas de bots, fueron determinantes para asegurar el
triunfo del ahora censor de periodistas y de la historia cultural del país
atada por supuesto a los atávicos procesos civilizatorios de una sociedad
premoderna, violenta y con tendencias fascistas como la colombiana.
Ese error electoral que cometieron los del Centro político en las pasadas
elecciones deviene con una fuerte carga simbólica en la medida en que dio
cuenta del acomodamiento de algunos sectores societales y de una posible fractura
de la derecha con la que los centristas, también llamados “tibios”, simpatizan
por razones de clase. Curiosamente, esas mismas razones de clase que exhibieron
agentes como Sergio Fajardo y el propio De la Calle Lombana reproducen el
racismo y el odio a la izquierda y al progresismo que exhibe el gobierno de
Abelardo.
Claramente, en un gobierno de Iván Cepeda jamás se habría producido
semejante abuso de poder en contra de la historia cultural del país. Con todo y
los errores cometidos por el presidente Petro, incluidos sus constantes exaltaciones
a la bandera del M-19
y al proyecto “revolucionario” y sus llamados a la lucha de clases, el país dio
pasos importantes para dejar atrás los nefastos gobiernos de Turbay Ayala,
Uribe Vélez y Duque Márquez. Las arbitrariedades cometidas por estos presidentes
contra los derechos humanos, la diversidad cultural y la biodiversidad están de
regreso con Abelardo de la Espriella o Abelardo de Tarso como recién lo bautizó
el gran escritor y columnista Daniel Samper Pizano en una columna que se puede
leer en este enlace: https://cambiocolombia.com/los-danieles/articulo/2026/10/abelardo-de-tarso

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