miércoles, 26 de agosto de 2026

GALÁN: DE ALCALDE MAYOR, A SUBGERENTE

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Hay sutiles maneras de deslegitimar a los alcaldes elegidos a través del voto. Durante las administraciones de Uribe Vélez (2002-2010), sus famosos consejos comunitarios o comunales sirvieron al propósito de afianzar el centralismo, debilitar la autonomía y por esa vía someter la gobernabilidad local a los deseos del entonces jefe del Estado que, en más de 200 visitas a los territorios, “solucionaba” problemas que les correspondía asumir a los mandatarios locales. Por supuesto que los alcaldes, en total sumisión, aceptaron la intromisión del entonces presidente de la República. Antanas Mockus dijo en su momento que los consejos comunales del gobierno Uribe fue una práctica que “…no respeta la descentralización y permite que las regiones limiten sus recursos para que el gobierno los use de manera arbitraria".

En la actual coyuntura política y con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño nombrarle una “Gerente” al alcalde Mayor de Bogotá apunta a hacer lo mismo que hacía Uribe con sus consejos comunales: afianzar la centralización en medio de las críticas de De la Espriella al centralismo bogotano, ponerle cortapisas a la gobernabilidad del alcalde Carlos Fernando Galán, restarle autonomía y erosionar la imagen gerencial que de manera natural debería acompañar a todo alcalde, en particular al de Bogotá. Carlos Carrillo, exdirector de la UNGRD, consideró como “inaceptable que el presidente pisotee la autonomía de Bogotá nombrando a una aliada suya en un cargo que no existe. Bogotá tiene un alcalde, no dos; desde 1988 los alcaldes se eligen por voto popular sin interferencia del presidente”.

Aunque el objetivo de nombrar a Claudia Lucía Sandoval es “articular y hacer seguimiento a proyectos estratégicos y contribuir a resolver dificultades de ejecución, sin sustituir las competencias de la administración distrital”, lo cierto es que políticamente suena a que la presidencia de la República le está imponiendo una jefa al alcalde Mayor Carlos Fernando Galán porque no confía en sus capacidades gerenciales y ejecutorias, de ahí que se necesite controlar de cerca sus decisiones y formas de administrar la capital del país. Quizás sin proponérselo, Abelardo de la Espriella está minando la credibilidad de Galán, quien muy seguramente querrá aspirar a la presidencia en el mediano plazo.

 

El jefe del Estado justificó, en medio de las críticas, la llegada de la Gerente para Bogotá usando cuatro verbos a saber: coordinar, destrabar, articular y avanzar. ¿Acaso esos mismos vocablos no hacen parte de las funciones gerenciales que debe cumplir un alcalde? Otro asunto que le cuestionan a De la Espriella es que en campaña habló de reducir el tamaño del Estado y por esa vía disminuir los costos de su operación, disminuyendo la burocracia. ¿Cuánto salario devengará la gerente de Bogotá y de dónde saldrán esos recursos? ¿Se trata de un nuevo cargo público? ¿Sus ejecutorias estarán bajo la lupa de los organismos de control o exclusivamente bajo la auditoría de su amigo el presidente de la República?

Galán aceptó la imposición recordando sus enfrentamientos personales y políticos con el presidente Petro. Carlos Fernando Galán pasó de ser el alcalde Mayor a ser el “subgerente” de la ciudad, bajo las órdenes de Claudia Lucía Sandoval.

En las imágenes y videos publicados se ve a un Galán sometido a la voluntad del jefe del Estado. Sus gestos dan cuenta de un político que cree poder sacar ventajas políticas y electorales de las gestiones conjuntas que emprenda con la gerente. Ya veremos. Lo único que se le puede reconocer como positivo es que Galán no hizo el ridículo saludo militar y mucho menos gritó Firme por la Patria.

Lo cierto es que, por ahora, la imagen de alcalde-gerente deviene debilitada no solo por los problemas de inseguridad y la recolección de las basuras que acosan a la capital del país, sino por la actitud sumisa del alcalde Mayor de Bogotá. Quizás ya está pensando en lanzarse a la presidencia de la República. Su condición de “delfín” y la imagen de pusilánime proyectada serán serios obstáculos por vencer, aunque después de Iván Duque cualquiera puede convertirse en presidente de la República. Baste con que una parte del Establecimiento lo apoye. 


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