Por Germán Ayala Osorio
De acuerdo con Blu radio, la posesión del presidente therian no se llevará a
cabo en el departamento del Cauca por razones de seguridad y logística, lo que
haría casi imposible que el Congreso sesione en Popayán. Como ordena la Constitución
política es frente a dicha corporación que De la Espriella deberá asumir el mando
como presidente de la República. La misma fuente indica que el
presidente electo tomaría el juramento como jefe de Estado en la capital del
Valle del Cauca. Está por definirse el recinto en el que se realizará la magna
ceremonia de transición de mando.
Posesionarse en Cali también ofrece
una lectura política, pues la capital del Valle del Cauca sigue siendo el
símbolo de la resistencia y fortín del petrismo. Huelga recordar que durante la
campaña presidencial De la Espriella se refirió en términos desobligantes al
monumento de la Resistencia que se levantó durante el estallido social en el sector
conocido como Puerto Rellena. El therian presidente espetó que se trataba de una
“oda al terrorismo”, que representaba al “desorden y la ilegalidad”
y que además es una “adefesio” y una “porquería” hecha por la
“primera línea”. Además, señaló que promovería su remoción.
El presidente electo y therian
por convicción convirtió la transición de mando en un novelón mexicano en el que
dejó ver su talante caprichoso, militarista y camorrero. Ya poco importa en dónde
finalmente Abelardo de la Espriella sea investido como jefe de Estado. Lo claro
es que entró a la historia política del país con la mácula de la improvisación,
el irrespeto a la tradición republicana, y lo que es peor, con el mantenimiento de
la actitud macartizante
del progresismo y de la izquierda que asumió durante la campaña electoral. Ojalá que a partir del 7 de agosto actúe como presidente de la República
y no como candidato presidencial.
Eso sí, el país espera que su
perfil proto militarista no lo lleve a gobernar bajo las lógicas castrenses, en
particular aquellas que promueven y legitiman la violación
de los derechos humanos. Ya el país conoce los negativos resultados que dejaron
los gobiernos de mano
dura de Julio César Turbay Ayala, Álvaro Uribe Vélez e Iván Duque Márquez. El
saludo militar de Abelardo de la Espriella deviene además de ridículo, desafiante
de la condición civil con la que no parece sentirse a gusto.
Ante la orden dada a los militares
por parte del presidente saliente, Gustavo Petro de no adecuar ninguna
guarnición para la posesión de Abelardo de la Espriella, el therian presidente deberá
tomar juramento ante la corporación
civil que le propinó la primera derrota política con la no elección como
presidente del senado de su amigo Alfredo de Luque.
En campaña, los colombianos conocieron
el carácter narcisista de Abelardo de la Espriella, así como su odio visceral
hacia todo lo que huela a izquierda, progresismo y petrismo. Su actitud
pendenciera y caprichosa muy seguramente lo llevará a que, una vez tome el juramento
y quede investido como presidente de la República, se traslade a una guarnición
militar para ofrecerle a la tropa el “reconocimiento” que lo llevó a querer recibir
la banda presidencial de manos o frente a los uniformados.
El país recordará el rifirrafe
entre Iván Duque y Gustavo Petro el 7 de agosto de 2022. El primero negó que la Espada de Bolívar
fuera llevada a la ceremonia de transición de mando como lo quería el entrante presidente
Petro; una vez investido como jefe de Estado, Petro dio su primera orden al
destacamento militar de traerla. El próximo 7 de agosto sabremos hasta dónde llevará
el incontrastable ego del primer therian en Colombia en convertirse en presidente
de la República. ¿Habrá salvas al aire y gritará- siempre lo hace- Firme por la
Patria y levantará su mano derecha para saludar a los militares? Pase lo que
pase, estaremos ese 7 de agosto ante una ceremonia costosa en lo político, lo
simbólico y lo económico.
abelardo de la espriellla y el monumento a la resistencia en Cali - Búsqueda Imágenes
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