sábado, 25 de julio de 2026

LA INTIMIDANTE COHERENCIA DE ABELARDO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

En los nombramientos en ministerios y otras dependencias, De la Espriella deja ver con preocupante claridad la línea ético-política y moral con la que mandará- gobernar es distinto- en el país. Lo hará con el apoyo decidido de la ultraderecha vengativa, violenta y retardataria que lo apoya y aplaude.

Veamos algunos ejemplos: la designación de Paola Holguín como ministra de Cultura y Didier Blanco como director de la Unidad Nacional de Protección (UNP). La gestión de la primera estaría atada a librar una “batalla cultural” lo que convertiría a la cultura en un campo de lucha ideológica con la directriz de tapar las fisuras que el progresismo en cuatro años del gobierno Petro pudo provocar en la hegemonía cultural. Si durante los ocho años de Uribe se apostó a la consolidación del unanimismo ideológico y político, con el presidente therian la defensa de la cultura dominante será una apuesta totalizante, lo que determinaría la desaparición de cualquier valor, idea o sentimiento con énfasis en lo comunitario y que apunte al reconocimiento de la pluralidad. Una especie de proceso de aculturación selectiva de las prácticas culturales de las comunidades subalternas, incluida la población LGTBIQ+, que el progresismo reconoció, reivindicó y valoró.

En lo que respecta a la llegada de Didier Blanco a la dirección de la UNP la línea ético-política y moral se conecta con la narrativa que De la Espriella impulsó durante la campaña presidencial. Recordemos los dispositivos retóricos con los que el entonces candidato recreó el patrón emocional negativo con el que logró graduar de enemigo de la Patria a la izquierda, al progresismo, a Petro y a los millones que lo votaron en el 2022. Estos fueron algunos de los dispositivos a los que apeló: “La izquierda radical es un cáncer que hay que erradicar”. “Izquierda destructora”, “enemigos de la Patria”; “promueven la disolución de la familia tradicional”, “son degenerados”, por eso hay “salvar a Colombia”. De la Espriella se vendió como el “acérrimo enemigo” del progresismo y la izquierda.

Las expresiones de odio de Didier Blanco en su cuenta de X contra Petro y Cepeda y lo que ellos representan para el progresismo y la izquierda democrática lo conectan de manera directa con la línea ético-política y moral que ya insinúa De la Espriella con sus decisiones burocráticas. Gracias a sus escatológicas, estigmatizantes y excluyentes posturas, Blanco recibe el premio de dirigir la Unidad Nacional de Protección (UNP). El terror que expresan miembros del Pacto Histórico por dicho nombramiento se explica solo.

La perversa línea ético-política y moral del gobierno entrante también se confirma en dos hechos sobre los cuales el silencio del therian presidente y de su círculo más cercano resulta ensordecedor. El asesinato del colombiano Joan Sebastián Durán Guerrero a manos de fascistas agentes del ICE y el secuestro y posterior asesinato de María Camila Potosí en Cali no merecieron comentario alguno de Abelardo de la Espriella.

El silencio sobre el primer caso se explica porque el presidente therian es ciudadano norteamericano y juró defender los intereses de los Estados Unidos. A lo que se suma, por supuesto, su actitud cipaya frente a Donald Trump.  Para De la Espriella, el crimen del colombiano no amerita ninguna discusión por cuanto presume que se dio en el marco de la aplicación de los protocolos y leyes americanas a las que él está sometido en su calidad de ciudadano gringo.

En general la prensa hegemónica de Colombia evitó criticar el silencio del gobierno entrante. Eso sí, El País de España se interesó en el caso y tituló El ruidoso silencio de Abelardo de la Espriella por la muerte de Johan Sebastián Durán Guerrero. En el texto noticioso se lee que “tanto el presidente electo como una delegación de visita en Washington ignoran el caso del migrante colombiano de 26 años baleado por el ICE en Estados Unidos”.

En lo que toca al crimen de Potosí y la extracción de su vientre de la bebé que esperaba, el silencio del primer presidente therian de Colombia se explica por la misoginia que dejó entrever De la Espriella durante la campaña presidencial, a lo que se suma la condición socioeconómica de la mujer asesinada. Si ese aberrante caso ocurriera al interior de una familia prestante, la reacción de rechazo del therian no se hubiese tardado.

Así las cosas, las dudas y miedos que ya circulan en varios sectores societales alrededor de la posibilidad de que el país regrese a los tiempos del Estatuto de Seguridad del gobierno de Turbay Ayala e incluso a las prácticas ilegales del DAS durante el gobierno de Uribe Vélez tienen asidero en los silencios del presidente electo y la elección de sus más inmediatos colaboradores. La estrategia de los Bloques de Seguridad Urbana también aportan al terror que se siente en las huestes del petrismo y el progresismo. Eso sí, hay que reconocer que todas las decisiones adoptadas por De la Espriella son coherentes con su talante. Eso explica el miedo, el terror, el espanto, el pánico y la pavura que sienten una parte importante de los 12 millones que votaron por Cepeda ese inolvidable 21 de junio.



Abelardo de la Espriella en Bogotá (Colombia), el 25 de junio. Diego Cuevas (Getty Images)


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