Por Germán Ayala Osorio
El informe periodístico de la
revista Semana titulado Graduada en corrupción confirmaría la sentencia muy
colombiana que dice que “la corrupción no tiene ideología”. Ese
juicio comparte la misma línea ética y el socavón inmoral de la ya célebre
propuesta del entonces presidente Julio César Turbay Ayala de “reducir la
corrupción a sus justas proporciones”. En ese mismo fétido hoyo habita la
frase “no importa que sea inmoral, mientras sea legal”.
Y sí, es cierto, la corrupción no tiene ideología. Hay que aceptar que hubo
corrupción al interior del gobierno Petro. No solo en la UNGRD, en el Fomag, sino en otras entidades y programas. Esos casos no solo revalidan los hallazgos
que revela Semana, sino que debería de generar dentro del progresismo y el
Pacto Histórico un mea culpa que meta al proyecto
político en un proceso de limpieza tendiente a proscribir el ethos mafioso
que contaminó la administración saliente. Tiene que ser tan fuerte ese lavado, incluidos "restri-Egos" que permitan incluso confrontar al propio Gustavo Petro por las
responsabilidades que le caben por “haberse dejado encerrar en un mini
círculo de poder, en una cofradía” cuyos miembros serían responsables de
hechos de corrupción,
por acción u omisión, que Semana denuncia y que fuentes cercanas a esta tribuna
entregaron de manera espontánea. Incluso, Iván Cepeda, que habló en campaña de “revolución
ética”, estaría obligado a hacer tolda aparte si las versiones periodísticas
resultan ciertas, al igual que las que llegaron a la Otra Tribuna. Las fuentes aquí referidas exigieron la protección de sus identidades.
La publicación de Semana hay que entenderla como parte de la estrategia política y mediática conocida como espejo retrovisor con el que no solo buscan consolidar el desprestigio de la izquierda y el progresismo, sino validar la narrativa “anticorrupción” con la que el gobierno del therian insistirá para señalar que su Patria milagro estará libre del cáncer de la corrupción público-privada. Por supuesto que se trata de una promesa que no podrá cumplir, como la del cambio que ofreció en campaña el entonces candidato presidencial, Gustavo Petro. Por una razón: la corrupción público-privada es una tara civilizatoria que no se podrá superar jamás en el país, salvo que haya un profundo cambio cultural que a nadie le interesa liderar porque la sociedad, el Estado y el sistema político se alimentan de la corrupción; son la corrupción misma.
Como se trata de comentarios, datos y opiniones de gente que le apostó al proyecto progresista y que, de acuerdo con sus versiones, conocieron de cerca las prácticas corruptas, las recogeré a manera de preguntas. Empecemos por el caso Juliana Guerrero: ¿Quién la protegió? La prensa hegemónica dice que fue Petro. En las versiones allegadas a esta tribuna se confirma lo dicho por los medios tradicionales. ¿Es cierto, presidente Petro? El 8 de noviembre de 2025 escribí una columna sobre el caso Juliana Guerrero. La pueden leer en este enlace: https://ayalalaotratribuna.blogspot.com/2025/11/anulan-titulos-academicos-juliana.html
En las versiones allegadas a esta
tribuna se habla incluso actos de corrupción sobre los que ya hay amenazas del gobierno entrante de aplicarles procesos de revisoría fiscal forense. Las ollas podridas que se van a destapar salpicarán a más de uno lo que desatará una impresionante cacería de brujas. Igualmente, las fuentes señalan actos de
corrupción al interior de la Aerocivil que involucran a Benedetti. También señalan que se hicieron fiestas sin control en Prosperidad Social y otras
dependencias. ¿Es cierto eso, señor Benedetti?
Más allá de la consistencia de
las pruebas y versiones periodísticas y las que me llegaron, lo cierto es que
los cuatro años del gobierno Petro fueron una apuesta por los más desprotegidos,
los trabajadores y por los históricamente invisibilizados, pero ello no debió
asumirse como la patente de corso para naturalizar el ethos mafioso y la
corrupción.
Por estar anclada la corrupción a
la cultura, tanto en la dominante como en la que brota de las comunidades
subalternas, la reflexión que debemos hacer todos debe apuntarle a la crítica a
los modelos de sociedad, a los sistemas económico y político
y al Estado que por más de 150 años vienen operando en el país. Los ejercicios de poder
en esa triada prácticamente obligan, seducen, facilitan e invitan a quienes llegan a la
administración pública (local, regional y nacional) a robar o por lo menos a
guardar silencio frente a las prácticas y hechos de corrupción.
Lo hacen porque tienen el afán de enriquecerse, de hacer lo suyo, de
aprovechar su cuarto de hora, lo que se traduce en que “todos llegan al Estado a
robar”.
Me despido con apartes de dos canciones que bien pueden servir para tramitar la rabia, la desazón y el pesar que pueda producir en las mesnadas cercanas al progresismo al tener que aceptar que al interior del gobierno Petro se cohonestó con la corrupción.
JUANITO ALIMAÑA
Jum, ni pa' allá voy a mirar
La calle es una selva de
cemento
Y de fieras salvajes como no
Ya no hay quien salga loco de
contento
Donde quiera te espera lo peor
Donde quiera te espera lo peor
CAMBALACHE
Que el mundo fue y será una
porquería
Ya lo sé...
¡En el quinientos seis
¡Y en el dos mil también!
¡Hoy resulta que es lo mismo
¡Ser derecho que traidor!
¡Ignorante, sabio o chorro
¡Generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
¡Que un gran profesor!
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