Por Germán Ayala Osorio
En la anterior columna, De la
A hasta la H, intenté entregar los mayores elementos posibles tendientes a caracterizar
al gobierno entrante de Abelardo de la Espriella Otero. Ahora corresponde
continuar con el ejercicio, iniciando con la letra I, y terminando en la N. Habrá
una tercera columna que terminará en la letra Z.
Con la I de Internacional.
El anuncio del therian presidente de cerrar embajadas y consulados está
atada a la obligación contraída con Donald Trump de alinear el país exclusivamente
a los intereses de los Estados Unidos en el hemisferio y otras parte del mundo.
El multilateralismo al que le apostaron en el pasado los gobiernos de Santos y
con mayor énfasis el de Petro es mal visto en Washington. Es casi una herejía. La
doctrina Donroe, América para los americanos, está detrás de la decisión del
gobierno entrante. Al tener De la Espriella ciudadanía americana está obligado
a alinearse con la política exterior del gobierno de Trump. El argumento de
ahorro fiscal esgrimido por el presidente electo es falso.
Con la J de Jactancia.
El De la Espriella style define con suficiencia el perfil ético-estético
y la egolatría en la que vive el presidente electo. El entrante jefe del Estado
es arrogante, creído, farolero, fatuo, petulante, chulo, engreído, fanfarrón,
alabancioso, presumido, aguajero, fafarachero, fachento y fachoso. Se jactó durante
la campaña de que a su gobierno llegarían los mejores o los Nunca. Los designados
ministros hacen parte de familias tradicionales que siempre han vivido “de la
teta del Estado”. No se trata de perfiles técnicos, son políticos conservadores
y godos anacrónicos. Quienes votaron por esa promesa hoy deben sentirse como unos
verdaderos jumentos.
Con la K de Kairós. El
país recordará que De la Espriella Otero en el pasado se declaró ateo. Este no
es un asunto menor por cuanto Colombia es un país creyente y visos de fanatismo
religioso. Aquello de haber estado consagrado al Corazón de Jesús define muy
bien al pueblo colombiano. Por conveniencia, Abelardo dio el brinco
revisionista y, por acto de birlibirloque o quizás por un epifanía, se volvió
creyente justo para la campaña electoral. Vaya coincidencia. Por supuesto que
el Kairós del que estamos hablando aquí es el bíblico. Es Dios quien puso a De
la Espriella en este momento oportuno y tiempo adecuado para que haga todo lo
que tenga que hacer. Escuchen bien, todo, para convertir a Colombia en la “Patria
Milagro”.
Con la L de Legitimidad.
Las pruebas presentadas por Petro con la que deslegitima el triunfo de Abelardo
porque considera el presidente saliente que obedeció a prácticas fraudulentas
atadas a la manipulación del software de la Registraduría le restan legitimidad
social y política al gobierno entrante. Lo más probable es que no pase nada en
términos judiciales, pero políticamente la sociedad colombiana asistirá a una
constante confrontación ideológicas y política al interior del Congreso entre
la bancada del Pacto Histórico que se declaró en desobediencia civil.
Con la M de Mamertos. La
anunciada “batalla cultural” que librará De la Espriella de la mano de su
ministra de Cultura tiene como objetivo ideológico eliminar o proscribir toda
conducta, narrativa o símbolos que remita o busque darle relevancia o
reconocimiento a la izquierda, a los llamados “Mamertos”. Huelga recordar el
trino de María Fernanda Cabal
para entender la dimensión que tendrá la cacareada “batalla cultural”: “Ser
de izquierda debería ser ilegal”. Lo espetado por la entonces senadora
Cabal calza perfectamente con la persecución estatal que muy seguramente se
emprenderá a partir del 7 de agosto contra todo lo que huela o “hieda” a
izquierda.
Con la N con Neocolonialismo.
Ostentar la ciudadanía americana como lo hace De la Espriella facilita los
procesos de dominación e intervención político-militar de los Estados Unidos en
Colombia. Ser colonia gringa o tener un lugar en la bandera gringa es una
aspiración de la derecha acomplejada que respalda al presidente therian. El
racismo estructural del que se habla en la academia y se sufre en ciudades y campos
de Colombia tiene un fuerte anclaje en el desprecio al mestizaje del que somos
producto todos los colombianos. Para bien o para mal tenemos genes indígenas y
negros. El eurocentrismo normalizado en las universidades y la actitud proamericana
que aspira a que algún día seamos, como Puerto Rico, un Estado Libre Asociado.
Con la Ñ de Ñeque. El
haberse declarado en desobediencia civil el Pacto Histórico debe asumirse en
las mesnadas del progresismo como la fuerza, valor, coraje, fuerza y energía
suficientes para resistir los embates del gobierno de Abelardo que pinta
neoliberal y godo. Lo que no es recomendable es reducir el gobierno entrante a
cosas del destino o de la mala suerte.
Solo queda esperar a que arranque
el gobierno del therian. Mes a mes sabremos qué tan “duro muerde el tigre”, qué
tanto retrocederá el país en materia de derechos y libertades. Mientras se
confirman los miedos y se cumplen las amenazas de campaña, a mis lectores les
digo, agúzate que te pueden estar vigilando para luego velarte.
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