Por Germán Ayala Osorio
En la anterior columna, De la
I hasta la Ñ, avancé en la tarea periodística de caracterizar al gobierno
entrante de Abelardo de la Espriella Otero, el primer therian en la historia
del país de alcanzar semejante dignidad. Ahora, en este texto, que va De la
O, hasta la letra T, hago lo mismo. Ya con esta van tres columnas
ilustradas todas con imágenes de la fábula del Tigre y el Burro, muy a
propósito de la identificación de Abelardo con el salvaje felino.
Con la O de Oneroso.
Hay que esperar que la política ambiental que diseñe y ejecute el gobierno
entrante no resulte costosa en términos estéticos, paisajísticos, ecológicos y
socioambientales. Aquella consigna de campaña de “fracking a lo que marque”
expresa un pesado desdén hacia los ecosistemas naturales. En medio de las pluricrisis
ambientales que confluyen en lo que se conoce como el cambio climático, sumarle
la pérdida de ecosistemas con todo y los “servicios ambientales” que le prestan
a los colombianos y a la humanidad puede resultar onerosa para Colombia como
país biodiverso.
Con la P de Patriarcal.
El sistema patriarcal se afianza sobre actividades de dominación y
sometimiento no solo de la Mujer y de lo femenino, sino de la Naturaleza
asumida y entendida como una realidad femenina a la que igualmente hay que
violentar. “Lo que necesitamos por encima de todo es recuperar el amor y la
empatía por la naturaleza que perdimos cuando nos enamoramos de la vida urbana”
(Lovelock, James). Quizás lo que más necesitamos es desenamorarnos de la vida
urbana y de los deseos individualistas cuya fuente egocéntrica parece
inagotable. No olvidemos que estamos en la era del Antropoceno. Es tiempo de
que hablemos del ecofeminismo. “El ecofeminismo hará una interpretación
similar de la relación entre el dominio de un género sobre otro y del dominio
del ser humano sobre la naturaleza”. Por supuesto que no podemos esperar mucho
del gobierno de Abelardo porque él mismo violentó a una mujer periodista con
aquello de “dale zum” a la foto de su “paquete”, amenazó con el “fracking a
lo que marque” y porque detrás de su gobierno están las multinacionales
mineras interesadas en someter comunidades, ecosistemas y mujeres
ambientalistas.
Con la Q de Quirúrgico. No podemos medir aún los efectos negativos que dejará el gobierno de Abelardo de la Espriella, pero hay quienes imaginan escenarios catastrofistas peores a los que pensaron quienes se opusieron a la llegada de Petro a la Casa de Nariño. Las amenazas en campaña y el perfil pendenciero y camorrero del therian presidente- al fin y al cabo, se siente como un tigre- hacen pensar que habrá ajustes y cambios drásticos en la manera como el Estado entrará a resolver los conflictos socioambientales que muy seguramente se presentarán e incluso las protestas sociales si la anunciada reforma tributaria grava artículos de la canasta familiar como los huevos. Es posible imaginar que habrá cortes quirúrgicos a libertades y derechos consagrados en la carta política.
Con la R de Reservistas.
La curiosa simpatía y admiración hacia lo castrense de parte del presidente
therian dará vida jurídica a los Bloques de Seguridad Urbana, de los que hay
miedo que hagan parte reservistas y veteranos que a pesar de estar retirados de
las filas siguen pensando como militares, en particular mantienen el desprecio
por la vida de los civiles defensores de la naturaleza, de los más vulnerables y
de los derechos humanos. Ojalá esos Bloques de Seguridad Urbana no terminen
impulsando la creación de comandos reaccionarios moral e ideológicamente
conectados con la ya anunciada “batalla cultural”.
Con la S de Supremo.
De la Espriella es, ante todo, un civil, circunstancia que lo obliga, ética y
moralmente, a poner por encima de las lógicas del mundo castrense, los intereses
de la población civil. Su ridículo saludo militar lo acerca peligrosamente a la
filosofía de los cuarteles, pero sobre todo a la “cartilla” con la que a diario
oficiales y suboficiales de las fuerzas militares expresan su desprecio por la
vida civil. Como comandante supremo de las FFAA se espera que De la Espriella les
deje claro que ellos están subordinados al poder civil y que cualquier orden
contraria al bienestar de los ciudadanos no combatientes será rechazada por los
uniformados.
Con la T de Tramar.
Dentro de la jerga militar el término “tramar” daba cuenta del soldado que
aparentaba hacer las cosas, cumplir con las órdenes recibidas, pero al final
con astucia lograba birlar a sus comandantes. En el diccionario hay una
acepción que indica que se trata de “disponer o preparar con astucia o dolo
un enredo, engaño o traición”. El país cambió, señor presidente electo. No
son estos los tiempos de la Seguridad Democrática y mucho menos vivimos bajo
las condiciones culturales e institucionales de la carta de 1886. Las redes sociales
hace rato erosionaron el poder hegemónico de la prensa tradicional, aunque siguen
siendo claves en la generación de estados de opinión pública engañosos. Colombia
no es El Salvador de su admirado Bukele; y tampoco es la Argentina de su amado
Milei. Usted está obligado a dar garantías a todos los colombianos. La Carta de
1991 está aún vigente.
Solo queda esperar a que arranque el gobierno del therian. Mes a mes sabremos qué tan “duro muerde el tigre”, qué tanto retrocederá el país en materia de derechos y libertades. Mientras se confirman los miedos y se cumplen las amenazas de campaña, a mis lectores les digo, agúzate que te pueden estar vigilando para luego velarte.
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