Por Germán Ayala Osorio
Las familias presidenciales, en repúblicas
bananeras como Colombia, se asumen como la “realeza” local de ahí que muchos
crean que sus miembros tienen “sangre azul”, piel blanca, ojos claros, una belleza
inigualable y una moral intachable. Y a los presidentes, con todo y su poder, se
les reconoce como una fuerte figura patriarcal, lo que los obliga a comportarse
como verdaderos machos cabríos, además de los buenos modales al momento de ingerir
todo tipo de alimentos (incluye cuerpos humanos). Hace parte de ese
reconocimiento social el “derecho de pernada”, manejado discrecionalmente, claro
está.
Ahora que la vida sexual de Petro
es la comidilla mediática en función de buscar su eliminación moral como líder
del Pacto Histórico, alguien recordaba en las redes sociales que sobre varios de
los presidentes en Colombia circulan cuentos sobre sus andanzas, es decir, bochinches
con el potencial de convertirse en imaginarios colectivos. En el caso de Petro no
todo lo que circula alrededor de su “dulce y resistente pipí” parece ser que no
son cuentos o infundios. Eso sí, está por verse si efectivamente penetró a más
de 40 mujeres en cuatro años. “Todo un semental”, se escucha decir en las redacciones
de varios medios, incluida la empresa mediática en la que fueron violentadas
sexualmente pasantes y periodistas por cuenta de dos de sus más famosos
presentadores-periodistas ante la complicidad de directivos que decidieron guardar silencio frente a las denuncias de las mujeres víctimas de esos abusos del poder masculino. No vale la pena nombrarlos.
Iniciemos con el excelentísimo señor
Presidente de la República, Doctor Julio César Turbay Ayala señalado de asistir
a Cali para participar de bacanales con niñas o adolescentes. Una especie de “derecho
de pernada” de nuevo cuño. Dichas
fiestas, patrocinadas por los narcos de la época dicen los bochinches. Del gran
Julio César la historia política recuerda que contrajo nupcias con su joven
sobrina, Nidia Quintero Turbay de Turbay. La sangre “jala”, dirán algunos. Los
chistes sobre su aparente “bestialidad” se contaban en fiestas y colegios.
Cuentan que llegaba borracho a la Casa de Nariño. Versiones de jóvenes que
prestaron servicio militar en el Batallón Guardia Presidencial. Estas versiones
no confirmadas jamás fueron expuestas en los medios masivos. Las redes sociales
no existían, de ahí que reírse de los chistes de Turbay y hablar de los
bacanales en Cali hacían parte de los temas de discusión privada de reducidos grupos sociales.
Al también excelentísimo señor Presidente
de la República, César Gaviria Trujillo le inventaron el cuento de que era “loca”.
Ser marica en Colombia era y sigue siendo un problema social, de salud mental y
político, por supuesto. Jamás se probó semejante señalamiento, pero los chistes
aparecieron y circularon. Eso sí, Gaviria "clavó" a millones de colombianos con
su Apertura Económica. Una rara forma de asumir el “derecho de pernada”. El
único político que asumió su homosexualidad y les dijo a sus detractores que él
no iba a gobernar con el culo fue Gustavo Álvarez Gardeazábal. Lo
dijo cuando resultó electo gobernador del Valle del Cauca. Bien por el novelista.
Cómo olvidar al eminentísimo señor
presidente de la República, Doctor Andrés Pastrana
Arango, sobre quien pesan y navegan por las redes sociales fotografías con la
proxeneta de Epstein
y el registro de varios viajes a la isla del pederasta dizque para conversar
sobre asuntos financieros. Asesorías que le brindaba Epstein al presidente
colombiano, dijo el expresidente. Un grupo de mujeres feministas
le exigió a Pastrana
que le explicara al país lo de sus viajes y relaciones con el degenerado de
Epstein y su proxeneta, Ghislaine Maxwell. El escándalo duró poco tiempo. El
pacto del silencio se impuso.
Del actual presidente circulan también
bochinches cuyo contenido pondría en dudas su heterosexualidad. Hay que esperar
que salga de la presidencia para que dichas versiones alcancen la dimensión de
imaginario colectivo. Lo cierto es que pretende “clavar”. a millones de compatriotas
con su reforma tributaria. Una forma extraña de usar el “derecho de pernada”.
Eso sí, la vida íntima de los
presidentes colombianos parece interesarle a millones de colombianos que con
ansiedad y morbo consumen lo que publica Semana, medio encargado del juzgamiento
de la inmoral vida sexual del expresidente Gustavo Petro.
El caso Petro nace de sus imprudencias
y de la ingenuidad al momento de dar rienda suelta a su cachondez. Las
feministas que lo fustigan por meterse con mujeres jóvenes y dominarlas con el
poder presidencial representado en la (su) “espada de Bolívar” quizás puedan pensar
que estamos ante una nueva forma de entender el “derecho de pernada”.
Se suma a lo anterior que, al no
ser hijo del Establecimiento mediático y político, la “papaya” que les sirvió a
Vicky Dávila y a otros periodistas será aprovechada hasta que se logre eliminarlo
moral y políticamente, porque si algo defienden periodistas como Dávila son las
buenas costumbres, la moral, las buenas maneras, la pulcritud, la altura ética de
los presidentes y expresidentes colombianos. En Colombia se puede ser
paraco, ordenar asesinatos, robarse el erario, vender activos del Estado para
beneficio de unos pocos, pero jamás exguerrillero con ínfulas de intelectual y
mucho menos de jugar a ser el “Nacho Vidal” del Pacto Histórico.
Cosas del lenguaje: Petro se
escribe con P de Pene, Pipí, Polla, Penetrar, Pacto, Patria (Milagro), Presidencia,
Presidentes, Puercos, Puteros, Pernada, Prima, Ponqué, Prístina, Paracos,
Público, Panfleto, Periodismo, Política, Políticos, Poder, Pelea, Perfilar,
Putas, Prostitutas, Pendejos, Procede (Proceda doctor Cadena), Proeza,
Permitir, Probable, Permitido, Picante, Persuadir, Pendenciero, Paz, Posconflicto,
Prolongar, Pastrana, Patraña, Pánfilo…

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