domingo, 1 de febrero de 2026

LA PRENSA, PASTRANA Y EL CASO EPSTEIN





Por Germán Ayala Osorio

 

Los medios de comunicación son actores político-culturales dispuestos para legitimar y promover los valores y prácticas de la cultura dominante, atada, por supuesto a los ejercicios de poder de los miembros de la élite que suelen ser determinantes en la toma de decisiones políticas y económicas.

Para el caso colombiano, la prensa hegemónica defiende los valores de una sociedad católica, conservadora, premoderna, machista y patriarcal, lo que supone la defensa de la imagen de los hombres poderosos y sobresalientes en la vida económica, social y política acostumbrados a hacer lo que les viene en gana.

Cuando se trata de defender la imagen de expresidentes de la República, la prensa tradicional pro-establecimiento apela a la autocensura para evitar afectar la imagen de exmandatarios que resulten cuestionados moral y éticamente por hechos de corrupción, violencia política e incluso violencia sexual, en particular con menores de edad (niñas, niños y adolescentes).

También suelen apelar al uso de eufemismos con el objetivo de minimizar los efectos negativos en la imagen de los exjefes de Estado comprometidos en escándalos. Por estos días, y en virtud de la desclasificación de archivos del caso Jeffrey Epstein, que ensucia al presidente Donald Trump, varios medios hablan de “relaciones sexuales con menores”. De esa manera ocultan una realidad y un delito: se trata de violaciones, de relaciones no consentidas con adolescentes.

El poder político y económico, sumado al reconocimiento social, suele ser la mascarada en la que se esconden verdaderos predadores sexuales. El caso de la isla de Jeffrey Epstein que por estos días la justicia gringa viene desclasificando correos y llamadas en las que están involucrados presidentes de varios países, primeros ministros y agentes de la realeza europea es la constatación de que el dinero y el poder político son la patente de corso para que hombres como Donald Trump hayan violado a adolescentes reclutadas para satisfacer los deseos de hombres mayores que prefieren someter a menores de edad, que intentar sostener relaciones consentidas con mujeres adultas.

En el señalado caso de pedofilia y pederastia aparece el nombre del expresidente Andrés Pastrana Arango en varios de los documentos desclasificados. La prensa hegemónica colombiana parece haberse puesto de acuerdo para evitar exponer al expresidente conservador. El hijo de Misael Pastrana aparece en varios correos y en registros de vuelos a la isla del violador de niñas, Jeffrey Epstein.

Desde la lógica periodística-noticiosa las empresas mediáticas estarían obligadas a consultar al expresidente para que dé las explicaciones a las que haya lugar acerca de sus relaciones con el degenerado Jeffrey Epstein y la probada amistad con la proxeneta Ghislaine Maxwell, que Pastrana invitó al país. En su visita a Colombia, la alcahueta y encubridora de delitos sexuales con menores piloteó un helicóptero artillado y de acuerdo con los documentos desclasificados, habría disparado contra “terroristas”.

Cuidar la imagen de hombres poderosos, como expresidentes de la República, hace parte de las tareas que la prensa pro-establecimiento debe cumplir, lo que implica ocultar o guardar silencio frente a revelaciones que ponen en duda la probidad de los exmandatarios. A Pastrana, las empresas mediáticas parecen estarle cuidando la espalda. Un caso parecido ocurrió cuando la periodista Claudia Morales denunció, a través de una columna de opinión, que fue violada por un hombre poderoso, al parecer un expresidente de la República. En su relato, Morales entregó pistas que hacen pensar que el asqueroso que la violó fue jefe del Estado: la periodista dijo que no denunció en su momento para no poner en riesgo la carrera militar de su padre. Además, le dijo al país que “lo oyen y lo ven todos los días”.

Aunque Morales no volvió a referirse al asunto, es probable que la “relevancia y la peligrosidad” asociada al violador sigan presentes. Las sospechas que recayeron sobre varios de sus jefes permitieron a cientos de miles de colombianos entrar en el juego de las especulaciones. Quizás cuando muera su victimario, Claudia Morales decida revelar su identidad. Eso sí, no importa si el país logra confirmar que efectivamente el maldito violador es el poderoso político que millones de colombianos creen que fue el que la violó. La cultura dominante buscará las maneras de disculparlo por ser Hombre y por no haber sido capaz de controlar su excitación.

Los agentes legitimadores, entre ellos los medios de comunicación hegemónicos, sabrán decir que ese Hombre fue “provocado” por Claudia Morales. De lo que sí estoy seguro es que la “relevancia y peligrosidad” del violador de la periodista dice mucho de lo que somos como colectivo. Si realmente fuéramos solidarios con Morales, con otras tantas de las mujeres violadas en Colombia, y por supuesto con las niñas y adolescentes sometidas en la isla de Jeffrey Epstein, todos los días se estarían escribiendo columnas de opinión o grafitis preguntando por qué el expresidente Pastrana era amigo de la proxeneta Ghislaine Maxwell y del predador sexual, Jeffrey Epstein; así como la identidad del maldito, protervo, perverso, sucio, asqueroso, repulsivo, repugnante, inmundo, siniestro y malévolo personaje que violó a la periodista Claudia Morales.

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