domingo, 1 de febrero de 2026

TRES DIMENSIONES PARA ENTENDER LA ACTUAL COYUNTURA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Colombia atraviesa por una compleja coyuntura electoral, institucional y ético-política. Se trata, entonces, de tres dimensiones en las que sobresalen deseos burocráticos, mantener el proceso de desprivatización del Estado o el regreso de su captura privada y mafiosa lograda por el uribismo durante 25 años; las animadversiones ideológicas y políticas y la construcción y deconstrucción de narrativas polarizantes y violentas en los medios masivos tradicionales y redes sociales. Examinemos cada una de esas tres dimensiones:

La dimensión electoral: en esta dimensión encontramos una explosión de candidatos presidenciales, todos con la fórmula mágica para transformar el país sin una revolución ética y mucho menos con una de carácter cultural. Mientras que el gobierno Petro le apuesta a profundizar las reformas sociales con Iván Cepeda, la oposición uribista intenta regresar para echar para atrás lo hecho por el actual gobierno; además, llega dividida a la contienda electoral y en medio de una profunda crisis del liderazgo del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, otrora gran elector.

La carta enviada por Lafaurie y María Fernanda Cabal fue demoledora y confirma que esa derecha uribizada se atomizó de tal manera que tienen sus esperanzas de triunfo en candidatos como Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Sergio Fajardo, Claudia López e incluso el propio Roy Barreras, el político más camaleónico que ha existido en el país en los últimos tiempos.

La Gran Consulta representa los intereses de la derecha y el pasado uribista; si finalmente el Consejo Nacional Electoral (CNE) impide que Iván Cepeda, el candidato del gobierno, participe de la consulta del Frente por la Vida, el gran favorecido sería Barreras, quien le apuesta a ser el imán que atraerá a sus viejos conocidos del uribismo, del conservatismo, de Cambio Radical, del liberalismo gavirista y del partido de la U, entre otras colectividades que conocen muy bien el talante ético-político del médico vallecaucano. 

La dimensión institucional: en esta dimensión hay un evidente choque entre las altas cortes (Corte Constitucional y Consejo de Estado) y el gobierno Petro, lo que claramente pone en riesgo el equilibrio de poderes y los pesos y contrapesos de la democracia. La suspensión del decreto de emergencia económica no solo es inédita, sino que constituye una inesperada estocada al equilibrio de poderes, quizás en respuesta a la amenaza del Ejecutivo de convocar a una Asamblea Constituyente  para eliminar el perverso diseño constitucional que le permite a los magistrados de esas altas corporaciones beneficiarse de lo que se conoce como el clientelismo político-judicial (entrega de cargos a las familias de los togados en la Contraloría, Procuraduría y Defensoría del Pueblo). Además, de la elección por cooptación. 

En cuanto al CNE hay que decir que hace rato viene actuando en contra de los intereses del gobierno y del Pacto Histórico.  De impedir la participación de Cepeda en la consulta del Frente por la Vida simplemente confirmaría que existe una especie de oposición institucional hacia el gobierno Petro, de la que harían parte las señaladas altas cortes, el CNE y la Junta Directiva del Banco de la República, que recientemente subió las tasas de interés.

Y finalmente, en la dimensión ético-política se advierte la presencia de un ethos mafioso, especie de tara civilizatoria que acompaña la vida institucional y las acciones políticas de todos los agentes de poder, incluidos por supuesto los de la izquierda o el llamado progresismo. De la mano de ese ethos mafioso están el clasismo, el racismo y la aporofobia. De allí que la lucha político-electoral sea también la oportunidad para consolidar los procesos de eliminación simbólica y física del Otro, fruto del odio de clases que se despertó desde la llegada a la Casa de Nariño de Gustavo Petro Urrego.

Así las cosas, la narrativa que alude a la existencia de una polarización política y una fuerte crispación ideológica sirve para ocultar lo que realmente pasa en el país: hay un claro odio entre clases sociales, procesos de representación social negativa de ese Otro visto como enemigo y no como contradictor. Todo lo anterior, en medio de una incapacidad colectiva e individual para conversar y dialogar en medio de las diferencias. Bajo esas condiciones la comunicación política fracasa como posibilidad y proceso de construcción de consensos y de reconocimiento identitario. Al final, la relación amigo-enemigo sigue vigente porque el uribismo logró, en 25 años, convertirla en una variable cultural y política difícil de erosionar.




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