Por Germán Ayala Osorio
Camila Zuluaga, de Blu radio, es politóloga
y funge como periodista en la referida emisora. Se hizo viral el enfrentamiento
verbal entre Zuluaga y la directora general del Departamento Nacional de
Planeación, Natalia Molina.
Zuluaga, bastante desencajada, se
olvidó de su rol como periodista para actuar como una rabiosa bodeguera que
además de desconocer la trayectoria académica de su interlocutora, le impidió
defenderse sometiéndola a la gritería y patanería de una periodista que perdió
los estribos. El tema del gasto público desató la ira de la politóloga. Sin duda alguna, el rol de los periodistas es claro: fustigar al poder, al gobierno. La pregunta es: ¿lo hicieron de la misma manera a otros gobiernos que para épocas previas a elecciones apelaron a la misma práctica de contratar con fines electorales?
El uso del vocablo “cálmese”, al
parecer usado por Molina, desencajó aún más a la periodista hasta el punto de
llevar sus diferencias ideológicas al terreno del feminismo: “..Utilizando
las estrategias que han utilizado los hombres con las mujeres durante décadas,
con el machismo; usted usando las mismas estrategias diciéndole a otra mujer “cálmese”,
cuando usted sabe lo que significa eso para las mujeres”.
Si bien el lenguaje es un instrumento de representación social y política, el feminismo como movimiento de reivindicación de los derechos de las mujeres y de rechazo a las prácticas machistas y misóginas bastante naturalizadas en Colombia, no puede reducirse al uso de los vocablos "cálmese y tranquila", muchas veces usados como expresiones sin la carga machista que la periodista vio en su "diálogo" con la funcionaria de Planeación Nacional. Justamente ese tipo de reduccionismos terminan por deslegitimar las luchas de las mujeres, asociándolas a la idea que expresó la senadora María Fernanda Cabal de las feministas: "locas, feas y horrorosas".
A renglón seguido la energúmena
periodista critica a la funcionaria por ser politóloga y no economista: “privilegio
personal el suyo que llega como politóloga al departamento de planeación
nacional donde han debido estar economistas y personas preparadas. Privilegio
el suyo que llega a un cargo sin tener la preparación, espetó Zuluaga, mientras
que Molina le intentaba dejar claro que ella era economista: “soy
economista, soy economista, soy economista…”, le decía la funcionaria de
Planeación, sin que la periodista se tomara el tiempo de escucharla.
Lo hecho por Camila Zuluaga no se
puede llamar periodismo, así sus colegas de la prensa tradicional y hegemónica
hayan salido a respaldarla al unísono. Lo sucedido es un ejemplo más del nivel
de crispación ideológica y política que por estos tiempos vive el país por
cuenta de una prensa hegemónica dispuesta a defender a los agentes del Establecimiento
y a funcionarios del gobierno Petro también dispuestos a defender a dentelladas
sus decisiones y actuaciones, muchas veces cargadas de populismo y con intereses electorales por la cercanía de las elecciones. Zuluaga y Molina, cada una desde su particular
trinchera, dejaron claro que el clasismo, el racismo y la aporofobia son taras
civilizatorias que arrastramos como sociedad mediatizada.
No es a los gritos y con mutuas y
negativas representaciones sociales como vamos a superar dichas taras y mucho
menos los altos niveles de crispación e intolerancia política. Por todo lo
anterior y en particular por el bien del periodismo y por el respeto que se merecen
las audiencias, Camila, “cálmese”.
Adenda: la violenta reacción de Camila Zuluaga hizo recordar el episodio protagonizado por los periodistas Vicky Dávila y Hassan Nassar, entonces funcionario del gobierno Duqu
No hay comentarios:
Publicar un comentario