viernes, 2 de octubre de 2026

UN CANCINO DESPRECIO DE LA VIDA




Por Germán Ayala Osorio

 

El uso de peligrosos herbicidas como el glifosato y ahora el glufosinato de amonio hace parte de una discusión interminable entre ecólogos, biólogos, ambientalistas y gobiernos pro-gringos como el de Abelardo Gabriel de la Espriella; este último, insiste en darle continuidad a la fallida política antidrogas que los Estados Unidos. Recordemos que el presidente colombiano es ciudadano norteamericano, circunstancia que lo obliga a salvaguardar y defender los intereses de la potencia militar, por encima del bien general de la nación colombiana.

Una vez tomada la decisión del presidente De la Espriella de arriar la bandera gringa y desechar la colombiana, entonces vuelve el país a la misma discusión con un elemento nuevo: la decisión sin ninguna clase de miramientos sobre los efectos ecológicos y socioambientales que generará el uso del glufosinato de amonio, el herbicida con el que buscan afectar los cultivos de coca que abundan en el Putumayo y otras zonas del país. Más claro: la orden es fumigar, fumigar y fumigar.

Como Abelardo es incapaz de dar una discusión académica sobre los graves efectos que generará la aplicación de ese veneno (herbicida), descarga la responsabilidad en su ministro de Justicia, Iván Cancino. Y como la idea es despreciar el Principio de Precaución consignado en la Ley 99 de 1993 y desarrollado por la Corte Constitucional y el Consejo de Estado a través de varias sentencias y obedecer a Trump, entonces el funcionario judicial salió a defender a dentelladas el piloto con el que el país regresa a la fumigación aérea de los cultivos de uso ilícito. Lo hizo en el Congreso exhibiendo una actitud arrogante y grosera, propia de quien está obligado a negar la evidencia científica que advierte de los graves efectos y riesgos que trae la aplicación de herbicidas. No olvidemos que este es un gobierno negacionista del cambio climático.

En un debate de control político Iván Cancino soltó esta perla: “Este programa no es para experimentar a ver qué le pasa al ser humano, es para revisar si ese componente químico realmente causa sobre la mata lo que dicen que causa. Y perdóneme que se lo responda, yo no le puedo contestar qué va a pasar con el ser humano porque es que este programa no está diseñado para ver qué le pasa al ser humano cuando le hagan una aspersión con uno de los componentes; se trata de cuidarlo, de que no esté presente, de alejarlo y ver qué le causa a la mata”.

El desprecio por las vidas asociadas a los ecosistemas naturales e incluso a las que rondan a los llamados “ecosistemas emergentes” como el monocultivo de la coca es evidente en el ministro y hace parte sustantiva de la narrativa oficial del gobierno colombiano.

Cancino parece olvidar que son los vientos los que hacen posible que la peligrosidad del herbicida se potencie y se propaguen sus efectos negativos y termine afectando a cultivos de pan coger, las aguas superficiales, los suelos y por supuesto al campesinado y a los labriegos ubicados en zonas no tan cercanas a las elegidas para asperjar el glufosinato de amonio.

De acuerdo con informe de Indepaz, “…al tratarse de un herbicida no selectivo de amplio espectro, su potencial de quema abarca casi la totalidad de las cubiertas vegetales fotosintéticamente activas, lo que exige una delimitación técnica rigurosa de las bandas de amortiguamiento físico durante su dosificación en campo para impedir la destrucción colateral de cultivos útiles vecinos o de flora nativa circundante”. Y en el mismo documento, al que el ministro Cancino muy seguramente no le interesara conocer, se expone con claridad los riesgos sobre la salud humana: “El análisis ecotoxicológico y clínico del glufosinato de amonio demuestra que este principio activo no se comporta como un agente inocuo o estrictamente circunscrito al tejido vegetal objetivo. La literatura científica internacional ha acopiado evidencia empírica que sitúa a este xenobiótico como un factor de riesgo relevante para la salud humana, la estabilidad de la biodiversidad y la integridad de los recursos hídricos superficiales”.

Quizás por su formación como abogado, Cancino no desarrolló los pensamientos sistémico, complejo y mucho menos el crítico. Su mirada asistémica es propia de ciudadanos a los que jamás les interesó comprender las complejidades de los ecosistemas naturales y las de la propia condición humana. Al hacer gala de su ignorancia sobre asuntos que tienen que ver con la sostenibilidad sistémica, Cancino se ve obligado a vociferar y gritar para sentir que él tiene la razón, así lo espetado resulte ser una estupidez o simplemente confirme que como ministro legitima la narrativa oficial con la que se desprecian las vidas de los ecosistemas naturales y las de los seres humanos. El fracking a lo que marque, la fumigación aérea con glufosinato de amonio y la autorización para desarrollar minería a gran escala en el Páramo de Santurbán, en pleno fenómeno del Niño y las evidencias de una pluricrisis ambientales (cambio climático), confirman el espíritu ecocida con el que gobierno está actuando.

Cancino es un apellido “de origen español, vinculado a la música y la poesía, con presencia histórica en España y América Latina, y con connotaciones de creatividad y expresividad artística”. A juzgar por la actitud hostil del ministro en la sesión de control político en el Congreso y su demostrada ignorancia sobre asuntos relacionados con la sostenibilidad sistémica, su vinculación con la música y la poesía se circunscribe al canturreo del estribillo “fumigar, fumigar, fumigar y firme por la patria”.

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