Por Germán Ayala Osorio
La presencia de Bernie Moreno
en Colombia como “observador internacional” de la jornada electoral del 31 de
mayo confirma el interés del gobierno de Donald Trump de incidir en los
resultados. Ya lo advirtió el mismo congresista colombo-gringo: los Estados
Unidos “podría no reconocer las elecciones”, sentencia que se traduce en
“desconocer” el eventual triunfo de Iván Cepeda.
Así de claro y peligroso.
La injerencia indebida de Moreno
en los asuntos internos del país y en particular en el ya enrarecido clima
electoral es la evidencia del terror que produce en las huestes de la derecha
uribizada una eventual victoria de Iván Cepeda. Frente a esa posibilidad, Trump
estaría dispuesto a desconocer la victoria del candidato del gobierno Petro,
escenario deseado por el uribismo y otros agentes neoliberales proclives a
hincarse ante el inmoral poder de los gringos. Bajo esas mismas circunstancias,
el viejo putero que despacha desde el salón Oval de la Casa Blanca exigiría el
reconteo de los votos e insistiría en reeditar loque sería una especie de nueva
Alianza para el Progreso, estrategia usada en el pasado para “frenar la llegada
del comunismo a América Latina”. La Doctrina Trump es reaccionaria y violenta
como suele ser la derecha colombiana.
Bernie Moreno, hermano del
expresidente del BID, Luis Alberto Moreno, hace parte de la avanzada
republicana que, de la mano de la derecha colombiana, viene hablando de un
posible fraude electoral achacable al gobierno Petro. Las presiones del país
del norte se suman al ambiente de polarización política e ideológica que se
respira en el país desde la campaña presidencial de 2022 que se clausuró con el
inobjetable triunfo de Petro; eso sí, la crispación ideológica se inició con el
plebiscito por la paz de 2016.
“Debemos asegurarnos de que la
maquinaria, el aparato, está funcionando bien, no hay interferencia. Y,
segundo, creo que debe haber una conversación difícil sobre las elecciones que
claramente son el resultado de la intimidación”, dijo el congresista norteamericano.
Hace poco, Luis Alberto Moreno,
hermano del congresista republicano le dijo a Portafolio “que detrás
de la promesa del continuismo del Pacto Histórico hay un proyecto no solo de
conservar el poder en el Ejecutivo, sino de capturar las instituciones que son
parte del sistema de pesos y contrapesos, esencial en cualquier democracia. Me
refiero a las Cortes, el Congreso y entidades como el Banco de la República. Y
eso se quiere hacer a punta de populismo y autoritarismo, aplicando modelos que
fracasaron en varios continentes. Pero lo que más me inquieta es el ánimo de
ahondar en las divisiones y sembrar el odio. Nos encontramos al borde del
abismo por el que se despeñaron Venezuela o Nicaragua”.
Estamos ante una estrategia muy
bien pensada por la derecha colombiana, en coordinación con los republicanos
del norte, acostumbrados a ver en la Casa de Nariño a monigotes como Álvaro
Uribe Vélez, Juan Manuel Santos e Iván Duque. A cambio de no procesar al expresidente
antioqueño por delitos graves que se le endilgan de tiempo atrás, el Álvaro
Uribe Vélez es la ficha que los gringos tienen para desestabilizar al país en
caso de darse el triunfo electoral y político de Iván Cepeda. Lo intentaron con
Petro y no pudieron, pero sí aplicaron con rigor el lawfare.
Las actividades
político-electorales de los hermanos Moreno se explican por la animadversión
hacia Petro, autor del libro El caso del Banco del Pacífico (Intermedio
editores). El presidente de la República, en un mensaje en X y en el
marco de un enfrentamiento verbal con Bernie Moreno, dijo: “Este es el libro
que publiqué sobre mi debate sobre el Banco del Pacífico en el Congreso de
Colombia. Aquí expongo todas las pruebas que indican que el Banco fue quebrado
premeditadamente a través de autopréstamos por el grupo que en ese momento lo
controlaba. La empresa controlante del Banco del Pacífico se llamaba
‘westphere’, y aglutinó a varios miembros del gobierno de Andrés Pastrana y
en cuyo seno estaba uno de los hermanos del senador Colombo estadounidense
Moreno”.
El octogenario pederasta que
pernocta en la Casa Blanca quiere ver en la Casa de Nariño a Paloma Valencia
Laserna o en su defecto a Abelardo de la Espriella.
De ahí que los hermanos Moreno y Marco Rubio sean las puntas de lanza de Trump
para lograr el objetivo de “recuperar a Colombia” exclusivamente para los
intereses norteamericanos, alejado de la Nueva Ruta de la Seda
que China viene ejecutando con éxito en varios países de la región. Marco Rubio
logró someter el presidente de Panamá, quien se vio obligado a desistir de integrarse
a las actividades logísticas y económicas que China emprendió hace rato con la
señalada estrategia. Petro se acercó a los chinos, razón suficiente para
impedir la continuidad del proyecto progresista y la apuesta del presidente
Petro para abrir nuevos mercados y relaciones políticas y comerciales (multilateralismo).
Foto: AP, tomada de Semana
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