Por Germán Ayala Osorio
El tenso ambiente con el que se dio
inicio al empalme entre los comisionados del gobierno saliente y entrante
expresa con preocupante claridad el nivel de animadversión generado entre las huestes
petristas y abelardistas comprometidas en la transición del poder que al parecer
no se dará de manera serena. Que el presidente electo se niegue a reunirse con Petro
confirma el talante pendenciero, poco diplomático, infantil y ridículo del nuevo
inquilino de la Casa de Nariño.
Más allá de esas evidencias
personales veo por lo menos siete marcas, luces o rayas que rodean el origen
académico, la personalidad y el proyecto político que defenderá y aplicará el
nuevo presidente de la República.
De la Espriella Otero estudió
derecho en una universidad que lleva el nombre de un esclavista: la Sergio
Arboleda. De esa misma alma máter egresaron Iván Duque Márquez, el subpresidente y el exfiscal Francisco Barbosa. El
ministro de Hacienda del nuevo gobierno, Miguel Gómez Martínez fue vicerrector de esa misma institución. Si bien las universidades no definen y mucho menos son responsables de las
decisiones y el comportamiento de sus egresados, la filosofía y la
institucionalidad derivada de la operación de la institución educativa suelen
dejar marcas e incluso inspirar derroteros éticos y morales de quienes pasaron
por sus aulas. Insisto: lleva el nombre de un esclavista y ese no es asunto
menor.
La segunda luz o raya (roja, en
cualquier caso) está atada a lo que ya el país está viendo: la anuencia y
cofradía de las empresas mediáticas que de manera temprana optaron por no
vigilar y mucho menos examinar y criticar, como les corresponde
deontológicamente, al nuevo gobierno. Ni la vida privada del mandatario electo
y mucho menos sus decisiones administrativas y políticas pasarán por la
“guadaña” ideológica que usaron contra Petro durante cuatro años. Por ser una
invención mediática, De la Espriella gozará de la autocensura periodística, lo
que asegurará una larga luna miel entre la Casa de Nariño y las empresas
mediáticas.
La tercera raya está atada al
protagonismo de su fórmula vicepresidencial pues manda un mensaje preocupante: las
decisiones macroeconómicas las tomará en adelante el vicepresidente José Manuel
Restrepo Abondano, de la mano de Fedesarrollo y otros tanques de pensamiento,
lo que confirmaría los temores que en varios sectores de la opinión circulan alrededor
de la capacidad del presidente electo para comprender el estado de las finanzas
públicas, entre otros asuntos estatales que como jefe de Estado debería de
dominar con algún grado de suficiencia. Esos miedos tienen asidero en el pobre
discurso de Abelardo de la Espriella Otero. Va quedando claro que tiene
deficiencias para hilar las ideas, lo que lo hace ver cantinflesco e indocto en
temas álgidos que como presidente debería de dominar.
La cuarta marca (un rojo
encendido) tiene que ver con el burlesco saludo militar con el que se comunica
y relaciona con militares y policías y se despide de reuniones entre civiles.
Ese saludo se ve fingido e infantil, lo que le quita seriedad al mandatario electo
y lo que es peor, erosiona su condición civil, asunto que por supuesto compromete
el carácter de la figura presidencial que representará por cuatro años y que de
manera tácita debería de negar el carácter de combatiente o militar. El asunto es que De la Espriella simula no ser un civil cada que levanta su mano derecha.
La quinta raya nos remite a la
campaña y al uso de la imagen del “tigre”, un felino salvaje (no domesticado)
que a pesar de que no hace parte de nuestra fauna, los ciudadanos asocian su
vida con fiereza. El nicho ecológico del tigre expresado en la cadena trófica da
cuenta de un depredador. “El tigre desempeña un papel crucial como
depredador tope en su ecosistema. Al ubicarse en la cúspide de la cadena
alimentaria, controla las poblaciones de presas y mantiene el equilibrio
natural de las especies en su hábitat. Su presencia garantiza la salud de los
ecosistemas al regular el número de herbívoros y evitar el sobrepastoreo de
vegetación”. Después de la campaña electoral, De la Espriella insiste en su
conducta therian, asunto que suma a la consolidación del relato que da cuenta
de un presidente al que la gente ve como poco serio. En política y en la actual
coyuntura, Abelardo de la Espriella se auto percibe como un “Tigre” que ruge y
amenaza con “destripar” a la izquierda y a todo aquel que piense distinto.
La sexta luz (aún más roja) advierte
sobre una lucha entre moral religiosa y ética. Designar como ministra de educación
a Vivian Morales confirma la existencia de ese conflicto entre esos dos determinantes
humanos. Morales se opone a que las parejas del mismo sexo puedan adoptar. “Hay
que sacar a Marx de la educación y meter a Dios. Hay que meter a Dios en la
educación”, señaló la entrante ministra. Sin duda alguna, los comportamientos
y prácticas atadas al ejercicio de la eticidad y la misma laicidad del Estado están
seriamente amenazadas con lo dicho por Morales. No habrá lugar para los ateos,
agnósticos y pensadores liberales. ¿Habrá santas inquisiciones en colegios y
universidades? ¿Se quemarán libros y quizás impíos en plaza pública?
Y la última luz (aún más fuerte y
encandilante) tiene que ver con la sumisión a los Estados Unidos del pederasta,
violador y convicto presidente Donald Trump. Al ser ciudadano “americano”,
De la Espriella está obligado moral y políticamente a defender los intereses de
ese país. Su juramento así lo estipula. No es un asunto menor que la relación
Trump-De la Espriella gire en torno a la probada inmoralidad del primero y al
particular sentido y valor que el presidente colombiano le da a la ética. Recordemos que
dijo que “la ética nada tiene que ver con el derecho”. No se trata de una frase
desafortunada: estamos ante una postura de vida, para el caso profesional, que,
por supuesto no está alejada de su condición como individuo.
En el 2030 sabremos los efectos y
los daños que esas 7 marcas dejaron en la sociedad y en la nación. Lo cierto es
que antes de posesionarse, De la Espriella, el infantil y ridículo therian, genera miedo
por su condición de fiera depredadora. ¿Sobreviviremos?
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