miércoles, 25 de febrero de 2026

UN PERIODISTA LLAMADO MELQUISEDEC

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Después de 40 horas de cautiverio y de ser víctima del ya naturalizado “paseo millonario”, Diana Lorena Ospina es abordada, llegando a su casa, por el periodista Melquisedec Torres quien, preso del síndrome de la chiva, la graba sin el consentimiento de Ospina.  Poco le importó al apresurado reportero el sutil rechazo de la joven quien atinó a decirle “qué mal que me filmes”.

En su cuenta de X, Torres, el “rey de la chiva y del periodismo amarillista” dijo: “Atención. Primeras imágenes exclusivas de Diana Lorena Ospina tras ser hallada por la Policía en la vía a Choachí. Estaba desaparecida desde la madrugada del domingo tras tomar un taxi en Bogotá. En general está en buen estado de salud”. El noticiero Caracol Noticias publicó las imágenes y le dio el crédito a Melquisedec, quien debe estar aún celebrando la consecución de su “chiva” y por ver en la televisión nacional la frase “cortesía de Melquisedec” en la emisión del noticiero.

Estamos ante un “logro” periodístico que dice mucho de la forma como Melquisedec entiende el oficio: “lo que importa soy yo y no la víctima”; primero está mi reconocimiento como un reportero que sabe aprovechar muy bien estar en el momento indicado. Justamente, por estar preso de la inmediatez y del síndrome de la chiva, Melquisedec, un nombre bíblico, ignoró por completo la condición de víctima de Diana Lorena Ospina.

La Biblia describe a Melquisedec como “rey y sacerdote de Dios, como una figura misteriosa y un símbolo de justicia y paz”. El Melquisedec colombiano se acerca más al “Dios del periodismo sensacionalista”, ese que en lugar de reconstruir el infierno que vivió Diana Lorena Ospina por culpa de la banda de delincuentes que se beneficia de la debilidad de la justicia y del desinterés del alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán de atacar de manera decidida a las estructuras criminales enquistadas en el servicio de taxis.  Por razones ideológicas y políticas, Melquisedec eligió el camino más fácil: molestar a la víctima, en lugar de confrontar al burgomaestre responsable en gran medida de la inseguridad que soportan los capitalinos.

El error de Melquisedec estuvo en que puso por encima de los derechos de Diana Lorena Ospina su ego de periodista y el consecuente afán de figurar y recibir los aplausos de los colegas. En su actuar ético, a Melquisedec no le importó realmente que Diana regresara sana y salva a su hogar; si el desenlace después de 40 horas secuestrada hubiera sido otro, el tratamiento sensacionalista hubiese sido el mismo.

 


Imagen tomada de Semana.com

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