Por Germán Ayala Osorio
Las tensiones entre el primer presidente
therian del país y el expresidente Uribe hay que sacarlas del ámbito transaccional
que ocurre por estos días al interior del Congreso alrededor de qué partido
debe controlar las mesas directivas. Se trata de una lucha política en la que
salieron a relucir los egos de las dos figuras megalómanas más visibles de la
derecha.
La disputa entre Uribe y De la
Espriella hay que situarlas en el recambio generacional que ya está
experimentando la derecha neoliberal, precapitalista, rentista, violenta, retrógrada
y goda que por 20 años lideró el político antioqueño. Igualmente, dicho
enfrentamiento, que probablemente sea pasajero, se explica porque el debilitamiento
del liderazgo de Uribe Vélez no obedece exclusivamente a sus líos judiciales y al
natural proceso de consunción que lo está consumiendo.
El fondo del asunto puede resultar
más simple de lo que parece: Uribe está de salida y De la Espriella será su
reemplazo porque una parte del Establecimiento así lo decidió. Los agentes
económicos, sociales y políticos del viejo régimen necesitan contar con un tipo
como Abelardo de la Espriella, cuyo perfil sibarita es aplaudido en esas
huestes en las que siempre vieron con desagrado el oufit de Uribe y su
montaraz carácter. El Establecimiento creó ese monstruo llamado Uribe y éste ayudó
a crear a esa fiera que hoy lo desafía.
Aunque los gustos refinados del
therian guardan visos corronchos, este agrada más por su juventud y porque
aquellos agentes de poder lo sienten capaz de traspasar todos los límites
éticos, institucionales y morales, incluso superando las propias marcas que
Uribe dejó en esas materias. Aquellos
reconocen y aplauden todos los límites éticos y morales que traspasó Uribe
siendo jefe de la Aerocivil, estando al frente de la alcaldía de Medellín, la
gobernación de Antioquia, de la Casa de Nari y por supuesto lo hecho desde el
Congreso.
Además, esos mismos actores
pro-Abelardo entienden muy bien que el actual momento histórico por el que
atraviesa Estados Unidos, el (des) orden internacional y la propia Colombia los
obliga a explotar muy bien los afanes de Abelardo de la Espriella de ser
reconocido, aplaudido, reverenciado y venerado. Al presidente therian le urge
superar sus propios vacíos emocionales y darle rienda suelta al fatuo carácter
con el que desea ocupar el lugar importante en la historia política del país que
él cree que se merece.
El therian presidente está resuelto
a superar con creces lo hecho ideológica, cultural, económica y políticamente
por Uribe Vélez. La apuesta de Abelardo de la Espriella es consolidarse como el
nuevo líder de la derecha y la ultraderecha por lo menos durante los cuatro
años de su administración. De su volátil carácter saben muy bien quienes
coadyuvaron a ponerlo en el Solio de Bolívar, de ahí que estén dispuestos a
todo para corregir, ajustar, desaparecer o destripar lo que consideren
necesario durante los cuatro años en los que lo manejarán y mimarán para que les
cumpla con lo convenido en campaña.
Si en el pasado las empresas periodísticas
construyeron ese fenómeno mediático llamado Álvaro Uribe Vélez, hoy, esas
mismas casas editoriales le están apostando a consolidar otro fenómeno, pero
sobre todo a naturalizar las ideas y prácticas fascistas con las que De la Espriella
está dispuesto a dar las “batallas culturales” con las que eliminará al
progresismo y a la izquierda. La “patria milagro” de la que habla el therian
presidente está fundada en la proscripción del pensamiento crítico y
divergente, el destierro de los defensores de los derechos humanos y los de la
naturaleza.
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