“Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre." Martin Niemöller.
Por Germán Ayala Osorio
Mañana 21 de junio hay una cita
con la democracia, con la historia, pero sobre todo con la vida, la ética y la moral. El ejercicio de sufragar
con la cédula no es suficiente: hay que llegar al cubículo habiendo pensado y comprendido muy
bien lo que está en juego en estas elecciones presidenciales. Más allá de las
simpatías por los candidatos, la reflexión debe girar alrededor de los dos
proyectos políticos que están expuestos y que son opuestos filosófica, política, comunicativa e ideológicamente. Uno de esos proyectos es fundamentalmente tanático
pues se la jugará por el fracking ("a lo que marque", espetó el candidato ecocida)
y habla de “destripar” a los adversarios políticos. El otro está fundado en cultivar la vida de
todos los seres vivos que hacemos parte de ese gran ecosistema llamado Tierra,
incluidos la de los gatos que en la adolescencia asesinó De la Espriella.
Llegó la hora de saber cuán
individualistas son aquellos que piensan votar por el candidato que ofrece “destripar”
a la izquierda. Y no solo a la izquierda armada, sino a la democrática, y esto
incluye a pensadores, docentes y ciudadanos del común. Y continuar persiguiendo
judicialmente a los periodistas y tuiteros que osan contradecirlo y/o esculcar
sus discursos y las realidades de sus empresas. Ese individualismo, muy propio
de la doctrina neoliberal, llevó por muchos años a despreciar la vida de comunidades
y pueblos afros, indígenas y campesinas.
Llegó la hora de expresar
cuánta ignorancia arrastran quienes saldrán a sufragar para sentar en el Solio
de Bolívar a quien exhibe un pasado lleno de contradicciones ideológicas
alrededor de temas como la existencia o no de Dios. Cristianos y católicos
saben de lo peligroso que pueden resultar esas ambivalencias. Se cree o no se
cree.
Llegó la hora para que
cada uno de los ciudadanos que pública y privadamente expresaron que votarán en
contra de Cepeda comprendan que votar de esa manera no constituye castigo
alguno contra el gobierno Petro y mucho menos contra quien a partir del 7 de
agosto será expresidente con una pensión millonaria. Por castigar a Petro, pueden estar poniendo en riesgo la vida de los demás e incluso, la propia.
Llegó la hora para quienes
llenos de odio, saldrán el domingo a votar “emputados” contra el progresismo y
el primer gobierno de “izquierda” democrática en un país que históricamente votó
a la derecha. Esa rabia ciega los mantendrá anclados al remolino en el que
llevan viviendo años porque odian al diferente y en particular al que no piensa
igual. A ese, lo consideran enemigo. Son aporofóbicos consagrados.
Llegó la hora para esos
millones de conciudadanos que todos los días se sientan a consumir desprevenida-
y quizás animadamente- las medias verdades, exageraciones, mentiras y sesgos de
los medios masivos, responsables de que hoy Abelardo de la Espriella esté
disputando con Cepeda la presidencia de la República. La prensa tradicional o
hegemónica no está diseñada para defender los intereses colectivos, sino los de sus propietarios
(poderosos banqueros). Semana, Caracol, RCN, Blu radio, El Colombiano, El
Heraldo, El País de Cali, El Espectador y la FM, entre otros más, mienten todo
EL TIEMPO. Es tiempo que asuma el compromiso de buscar otras fuentes de información.
Llegó la hora para que los
simpatizantes del “Tigre” de Temu se demuestren cuánto saben del fascismo que
inspira al abogado que considera que la “ética nada tiene que ver con el
derecho”. El mismo que admira a Bukele y Milei. El no saber interpretar las
señales y los visos fascistas del candidato colombo-norteamericano los hace
ignorantes, pero sobre todo cómplices de lo que pase con las garantías
constitucionales y las libertades de prensa y opinión. Les dejo la frase de
Voltaire: “Puedo no estar de acuerdo con ninguna de tus palabras, pero
defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlas”.
Llegó la hora para que cada
simpatizante del proyecto tanático piense en el país que le dejará a sus hijos,
nietos, sobrinos, vecinos, amigos y ahijados. Si la reflexión los lleva a concluir que no creen
en el cambio climático y las pluricrisis que lo explican, entonces salga el
domingo a votar en contra de los jaguares, del oso de anteojos, de los frailejones,
del gallito de roca, murciélagos y guacamayas, entre otras especies y manifestaciones
de la vida en esa Colombia biodiversa y pluricultural. Y recuerde que en nuestro
país no habita el tigre. Esa es una invención simbólica y la demostración de lo
alejado que está De la Espriella de la realidad de un país que no conoce, en el
que no vive y desprecia.
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