Foto: Colprensa.
Por Germán Ayala OsorioDespués de escuchar el primer
discurso de Abelardo de la Espriella Otero desde la Barranquilla del clan Char
que apoyó su campaña, bien vale la pena hacer catarsis como corresponde:
exponiendo las circunstancias, los actores y errores cometidos durante cuatro
años del gobierno progresista y por supuesto los de la campaña presidencial de
Iván Cepeda Castro.
Agrupo esas circunstancias,
actores y errores en los siguientes temas: 1. El papel de los medios masivos
y las redes sociales. 2. La paz y la guerra. 3. La injerencia gringa. 4. Los
errores de Petro. 5. Cepeda, el filósofo.
Inicio con el papel de los
medios masivos. Como sucedió años atrás con el entonces Mesías de El Ubérrimo,
y más adelante con Rodoldo Hernández, De la Espriella Otero es un fenómeno
mediático y de las redes sociales. Es una invención mediática y como toda ilusión
y fantasía, con el pasar del tiempo se irá desvaneciendo por la fragilidad de
los elementos que la soportan. Basta con ver la felicidad de los periodistas de
Noticias Caracol con el resultado electoral para entender que su falta de rigurosidad
e independencia coadyuvó a la victoria del histriónico y ladino personaje.
Eran tanta la dicha, que no
sabían si declararlo presidente electo o esperar los escrutinios ante una
victoria apretada. Luego, volvieron a usar el vocablo outsider y a llamar
“empresario” al abogado que defendió en el pasado a los jefes paramilitares. ¿Se
atreverán los medios masivos hegemónicos a esculcarle la vida privada y pública
a De la Espriella como lo hicieron con la del presidente Petro?
En lo que toca a las redes
sociales, estas cloacas fueron determinantes para que cientos de miles de jóvenes
engrillados a la banalidad, la estupidez, al entretenimiento y al vaciamiento
conceptual que producen y se reproducen en Instagram y TikTok se gozaran como niños
los mensajes publicitarios de la campaña de Abelardo, convertido en un “tigre”.
El espíritu therian del candidato de la ultraderecha caló no solo en
aquellos muchachos que como De la Espriella se identifican con animales, sino
en los demás que acogieron la imagen del gran felino como la excusa perfecta
para no tener que examinar y mucho menos confrontarse frente al origen político
y la personalidad infantil, fatua y antidemocrática de Abelardo de la
Espriella. Las redes sociales y el fútbol son los más efectivos distractores
sociales: suelen sacar de sus pesadas realidades a millones de ciudadanos agobiados
por sus rutinas. Dejar de pensar es el
resultado final y se suele actuar en consecuencia.
2. La paz y la guerra. El
origen de la cacareada polarización política está en esa dualidad que, durante
el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, dividió a la
sociedad entre Buenos y Malos. Los primeros, los que estaban con la guerra; y
los segundos, los que abogan por una solución pacífica al “conflicto armado
interno”. No hay forma de superar esa división social, política, moral y ética.
A Buenos y Malos los separa un abismo insondable. Abelardo ancló en ese abismo
su amenaza de “destripar a la izquierda”. Quizás venga un Plan Colombia II como
lo prometió en campaña De la Espriella. Ese es el escenario soñado por los
Señores de la Guerra, nacionales e internacionales, que disfrutan imaginar las
selvas y campos quemados y arrasados por cuenta de una guerra declarada contra
el campesinado y la Naturaleza.
3. La injerencia gringa. Abelardo
de la Espriella dijo que habló con Donald Trump horas después de conocido el
resultado electoral. Esa llamada y la bendición del pederasta y convicto
presidente de los Estados Unidos son elementos moralmente superiores al
reconocimiento institucional de su condición de presidente electo. No se
necesita que el Consejo Nacional Electoral lo declare como tal.
Trump domina Venezuela, Ecuador,
Chile y Argentina. Le faltaba Colombia. De esa manera podrá ejecutar sus planes
de intervención para expoliar los recursos naturales y ejercer el control político
sobre los presidentes de cada país, vistos por Trump y Rubio como verdaderos lacayos.
4. Los errores de Petro.
El manejo de las redes sociales y el que le dio a su vida privada les facilitaron
la tarea a las empresas mediáticas a las que solo les tocó esperar a que el
presidente diera “papaya”. Y la dio y la sirvió en "julianas". En ese momento y durante todos los días lo
fustigaron, hasta consolidar la narrativa que indicaba que era “un borracho,
drogadicto, homosexual; un enfermo incurable que jamás debió llegar a la
presidencia de la República”. Su espíritu indómito, contestatario y “revolucionario”
resultó inaceptable para esos sectores societales que jamás le perdonaron haber
hecho parte del M-19. Su condición de exguerrillero fue el punto de quiebre
moral con el que la oposición, con la ayuda de los medios tradicionales,
edificaron la aborrecible figura de un político que jamás debió ser indultado
por el Estado.
Sus peleas con los gringos
asustaron e incomodaron a empresarios y políticos colombianos que valoran más tener
la visa americana, que gozar de la soberanía, asumida por ellos como una invención
de los “mamertos”. Mientras puedan viajar a los parques de Disney a ver
muñequitos cada año les es suficiente a estos lacayos. Ahora podrán gozar de
los rugidos de un tigre. Solo falta que desde la Casa de Nariño se apoye un
emprendimiento consistente en la fabricación y venta de tigres de peluche. De
esa forma se confirmaría la “muñequización” de la política.
5. Cepeda, el filósofo. En
este punto hay que iniciar por reconocer que De la Espriella Otero tenía razón
cuando dijo que él “no sacrificaría su familia por un país como este que no
agradece nada; un país de desagradecidos, desleales y cafres”. Y sí,
Colombia es un país de cafres, desagradecidos y desleales a juzgar por aquellos
cientos de miles de pobres que, en lugar de votar por el candidato progresista,
lo hicieron por De la Espriella, un consumado aporofóbico. Presos de la
hegemonía cultural, de la ignorancia, algo de estupidez y ausencia de
conciencia de clase, millones de pobres votaron por el “Tigre”. Nunca un gobierno
como el de Petro reivindicó los derechos de los más vulnerables. Ahí están los
efectos de los media.
Cepeda fue un gran candidato
presidencial: decente, formado, inteligente, leído y formado en la discusión
argumentada de hechos y realidades políticas y sociales. Si comparamos su
perfil con el de Abelardo de la Espriella entenderemos que hay gente en el país
que aún prefiere a los machitos que gritan, vociferan y caen todo el tiempo en los
lugares comunes en los que se sostiene la ignorancia de millones de pobres que
votaron por el “felino”.
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