Por Germán Ayala Osorio
En
su condición no declarada oficialmente de presidente electo, Abelardo de la Espriella
se dirigió a la “manada” que lo acompañó en Barranquilla. El vocablo “manada”
hace referencia a “hato o rebaño pequeño de ganado que está al cuidado de un
pastor. Sin.: hato, rebaño, recua, vacada, bandada”.
En
un discurso ambivalente, muy propio de su carácter contradictorio, De la
Espriella se subió a un elevado atril, con vidrio blindado, desde el que espetó
amenazas, mandó mensajes de reconciliación, desconoció a Petro en su condición
de presidente de la República; le habló a los veteranos, reservistas y a la tropa
y hasta recitó de memoria la Oración Patria, un estribillo que se canta en batallones
cuando los soldados los sacan a trotar; y le alcanzó para conminar a Iván
Cepeda a que haga oposición desde el Congreso sin llamar a la violencia.
El
abogado de la Universidad Sergio Arboleda[1],
alma máter goda y retardataria, habló de defender la carta de 1991. Prometió
que “gobernará para todos los colombianos”. ¿Incluye a las colombianas?
Se trata de una frase manida y vacía que se dice para calmar los ánimos
caldeados que dejó su apretada victoria. “No habrá retaliaciones, ni
persecuciones”, aseguró Abelardo de la Espriella. Al parecer entendió que
sus actos ilocutivos generan miedo, verdadero terror. Eso de “destripar a la
izquierda” es una amenaza que estará en el ambiente por los cuatro años de
su mandato.
De
la Espriella se dirigió a los que no votaron por él, a los casi 13 millones de
compatriotas que desconfiaron de su proyecto de país: “respetaré sus opiniones”,
aseguró. Se dirigió a los periodistas, pero mantiene demandas civiles en contra
de varios comunicadores que han esculcado su pasado.
De
la Espriella, histriónico y gritoncito, parece más un reguetonero que un presidente
electo. El país no podrá esperar de él actitudes y decisiones propias de un estadista.
Lo de él es el show, la chabacanería y el ensordecedor rugido de un tigre
tan imaginario, como la Patria milagro que aspira a consolidar. Abelardo habló
de “reconstruir la República y recuperar el orden”. Al parecer, el “Tigre”
de Temu llegó, enviado del más allá, para reconstruir a un país azotado por
devastador terremoto, o una guerra internacional que destruyó instituciones, la
infraestructura vial y la estructura económica. Sigue con la idea de que el
actual gobierno convirtió al país en la Cuba de los Castro o quizás en Haití.
“No
tendremos relaciones con Estados o gobiernos que no respetan la democracia, el
estado de derecho y la libertad” aseguró en su improvisado discurso. Qué
extraño suena ese propósito cuando por cuenta de los buenos oficios de Marco
Rubio- su amigo- apresaron a Beto Coral, el activista colombiano que lo demandó
en los Estados Unidos por haberlo grabado sin su consentimiento y que se
atrevió a preguntarle, pancarta en mano, en dónde está la plata de DMG.
“Vencimos
a los de siempre y a los fusiles de los narcoterroristas”, gritó emocionado
el reguetonero que cree que canta ópera. Eso sí, guarda silencio frente a un
hecho político: el clan Char le brindó su apoyo, así como otras fuerzas políticas
tradicionales. Algo no cuadra en su discurso de outsider. Los presentadores
de Noticias Caracol volvieron a usar ese vocablo para posicionarlo como tal.
Sin duda, una mentira construida por la prensa hegemónica, hoy abelardista.
De
la Espriella vendió la idea de ser un político respetuoso de la
institucionalidad, lo que supone el reconocimiento y la defensa de las
instituciones, fuentes donde se generan disímiles institucionalidades. Lo curioso
es que se refiere al jefe del Estado como “Señor Petro”. En esa expresión hay
odio.
“Al
señor Petro y su heredero les digo que respeten la voluntad del pueblo. Al
desconocer el resultado de las urnas están desafiando al pueblo. Petro y
Cepeda, respeten el veredicto. Cojan sus maletas y prepárense para ser oposición.
Al senador electo, Iván Cepeda le digo que tendrá todas las garantías, pero absténgase
de sembrar el terror. No toleraré llamados a la violencia. El tigre puede
morder más duro”.
Abelardo
de la Espriella se parece mucho al expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez.
Eso de construir cárceles privadas lo sacó muy seguramente del Manifiesto
Democrático, los 100 puntos de Uribe. Y tiene mucho del carácter autoritario
del señor de El Ubérrimo, La Carolina y Guacharacas, hoy investigado por la Fiscalía
por su presunta responsabilidad en las masacres de la Granja, El Aro y el
asesinato de Jesús María Valle, abogado y defensor de los derechos humanos.
Con
el saludo militar y su grito de guerra, Firme por la Patria, De la Espriella le
habla a milicos, reservistas, veteranos y chafarotes. Así terminó su “alocución”
frente a su manada o quizás rebaño: “Te llevo con amor en mi corazón, creo
en tu destino y espero verte siempre grande, respetada y libre. En ti amo todo
lo que me es querido: tus glorias, tu hermosura, mi hogar, las tumbas de mis
mayores, mis creencias, el fruto de mis esfuerzos y la realización de mis
sueños. Ser soldado tuyo es la mayor de mis glorias. Mi ambición más grande es
la de llevar con honor el título de colombiano, y llegado el caso, ¡morir
por defenderte!”.
En
el ya señalado Manifiesto Democrático, en el punto 98, Uribe escribió “Me
haré moler para cumplirle a Colombia”. Entre 2002 y 2010 los therian no
estaban de moda. Hoy, un político corroncho se cree tigre y ruge como tal. Y
está dispuesto a morir por defender a la Patria… Milagro que es posible que
jamás construya.
Adenda: en el mundo castrense también se solía cantar este estribillo: "yo soldado pecuecudo y feo, que no merezco la papa que me como ni el aire que respiro, a ti me teniente te imploro, me saques la mierda hasta más no poder".
[1]
Lleva el nombre de un esclavista. “Arboleda fue miembro del Partido
Conservador Colombiano y participó activamente en la política y la guerra civil
de su época. Se opuso al gobierno de José Hilario López y a la abolición de la
esclavitud, lo que lo llevó a involucrarse en la revolución conservadora de
1851”.
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