domingo, 21 de junio de 2026

PRIMER DISCURSO DEL "TIGRE"

 


Por Germán Ayala Osorio

 

En su condición no declarada oficialmente de presidente electo, Abelardo de la Espriella se dirigió a la “manada” que lo acompañó en Barranquilla. El vocablo “manada” hace referencia a “hato o rebaño pequeño de ganado que está al cuidado de un pastor. Sin.: hato, rebaño, recua, vacada, bandada”.

En un discurso ambivalente, muy propio de su carácter contradictorio, De la Espriella se subió a un elevado atril, con vidrio blindado, desde el que espetó amenazas, mandó mensajes de reconciliación, desconoció a Petro en su condición de presidente de la República; le habló a los veteranos, reservistas y a la tropa y hasta recitó de memoria la Oración Patria, un estribillo que se canta en batallones cuando los soldados los sacan a trotar; y le alcanzó para conminar a Iván Cepeda a que haga oposición desde el Congreso sin llamar a la violencia.

El abogado de la Universidad Sergio Arboleda[1], alma máter goda y retardataria, habló de defender la carta de 1991. Prometió que “gobernará para todos los colombianos”. ¿Incluye a las colombianas? Se trata de una frase manida y vacía que se dice para calmar los ánimos caldeados que dejó su apretada victoria. “No habrá retaliaciones, ni persecuciones”, aseguró Abelardo de la Espriella. Al parecer entendió que sus actos ilocutivos generan miedo, verdadero terror. Eso de “destripar a la izquierda” es una amenaza que estará en el ambiente por los cuatro años de su mandato.

De la Espriella se dirigió a los que no votaron por él, a los casi 13 millones de compatriotas que desconfiaron de su proyecto de país: “respetaré sus opiniones”, aseguró. Se dirigió a los periodistas, pero mantiene demandas civiles en contra de varios comunicadores que han esculcado su pasado.

De la Espriella, histriónico y gritoncito, parece más un reguetonero que un presidente electo. El país no podrá esperar de él actitudes y decisiones propias de un estadista. Lo de él es el show, la chabacanería y el ensordecedor rugido de un tigre tan imaginario, como la Patria milagro que aspira a consolidar. Abelardo habló de “reconstruir la República y recuperar el orden”. Al parecer, el “Tigre” de Temu llegó, enviado del más allá, para reconstruir a un país azotado por devastador terremoto, o una guerra internacional que destruyó instituciones, la infraestructura vial y la estructura económica. Sigue con la idea de que el actual gobierno convirtió al país en la Cuba de los Castro o quizás en Haití.

No tendremos relaciones con Estados o gobiernos que no respetan la democracia, el estado de derecho y la libertad” aseguró en su improvisado discurso. Qué extraño suena ese propósito cuando por cuenta de los buenos oficios de Marco Rubio- su amigo- apresaron a Beto Coral, el activista colombiano que lo demandó en los Estados Unidos por haberlo grabado sin su consentimiento y que se atrevió a preguntarle, pancarta en mano, en dónde está la plata de DMG.

Vencimos a los de siempre y a los fusiles de los narcoterroristas”, gritó emocionado el reguetonero que cree que canta ópera. Eso sí, guarda silencio frente a un hecho político: el clan Char le brindó su apoyo, así como otras fuerzas políticas tradicionales. Algo no cuadra en su discurso de outsider. Los presentadores de Noticias Caracol volvieron a usar ese vocablo para posicionarlo como tal. Sin duda, una mentira construida por la prensa hegemónica, hoy abelardista.

De la Espriella vendió la idea de ser un político respetuoso de la institucionalidad, lo que supone el reconocimiento y la defensa de las instituciones, fuentes donde se generan disímiles institucionalidades. Lo curioso es que se refiere al jefe del Estado como “Señor Petro”. En esa expresión hay odio.

Al señor Petro y su heredero les digo que respeten la voluntad del pueblo. Al desconocer el resultado de las urnas están desafiando al pueblo. Petro y Cepeda, respeten el veredicto. Cojan sus maletas y prepárense para ser oposición. Al senador electo, Iván Cepeda le digo que tendrá todas las garantías, pero absténgase de sembrar el terror. No toleraré llamados a la violencia. El tigre puede morder más duro”.

Abelardo de la Espriella se parece mucho al expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Eso de construir cárceles privadas lo sacó muy seguramente del Manifiesto Democrático, los 100 puntos de Uribe. Y tiene mucho del carácter autoritario del señor de El Ubérrimo, La Carolina y Guacharacas, hoy investigado por la Fiscalía por su presunta responsabilidad en las masacres de la Granja, El Aro y el asesinato de Jesús María Valle, abogado y defensor de los derechos humanos.

Con el saludo militar y su grito de guerra, Firme por la Patria, De la Espriella le habla a milicos, reservistas, veteranos y chafarotes. Así terminó su “alocución” frente a su manada o quizás rebaño: “Te llevo con amor en mi corazón, creo en tu destino y espero verte siempre grande, respetada y libre. En ti amo todo lo que me es querido: tus glorias, tu hermosura, mi hogar, las tumbas de mis mayores, mis creencias, el fruto de mis esfuerzos y la realización de mis sueños. Ser soldado tuyo es la mayor de mis glorias. Mi ambición más grande es la de llevar con honor el título de colombiano, y llegado el caso, ¡morir por defenderte!”.

En el ya señalado Manifiesto Democrático, en el punto 98, Uribe escribió “Me haré moler para cumplirle a Colombia”. Entre 2002 y 2010 los therian no estaban de moda. Hoy, un político corroncho se cree tigre y ruge como tal. Y está dispuesto a morir por defender a la Patria… Milagro que es posible que jamás construya.

Adenda: en el mundo castrense también se solía cantar este estribillo: "yo soldado pecuecudo y feo, que no merezco la papa que me como ni el aire que respiro, a ti me teniente te imploro, me saques la mierda hasta más no poder". 


Nota: Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO

[1] Lleva el nombre de un esclavista. “Arboleda fue miembro del Partido Conservador Colombiano y participó activamente en la política y la guerra civil de su época. Se opuso al gobierno de José Hilario López y a la abolición de la esclavitud, lo que lo llevó a involucrarse en la revolución conservadora de 1851”.

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