Por Germán Ayala Osorio
En el cubrimiento periodístico de
la incursión militar y la captura del autócrata presidente de Venezuela Nicolás
Maduro Moros por parte de los Estados Unidos fue evidente la decisión editorial
de no cuestionar el ataque gringo y la consecuente violación al derecho
internacional y la propia carta de las Naciones Unidas.
Esa postura política se llama
autocensura, una práctica común en el periodismo que confirma que los criterios
de noticia son acomodaticios y que empresas mediáticas como Noticias Caracol y
El Espectador fungen más como actores políticos, que, como agentes informativos
comprometidos con exponer la verdad de los hechos, cumpliendo con la directriz
consagrada en la constitución política de Colombia. Por supuesto que la Verdad periodística
es una quimera, pero también es el caballito de batalla de los colegas que
trabajan a diario en los diarios y telediarios.
En general, los cubrimientos de
los dos medios hegemónicos resultaron espectaculares y celebrativos en la
medida en que lo que se buscaba era legitimar el dominio de los Estados Unidos
sobre la región, lo que supone también el alineamiento informativo de las
empresas mediáticas que sí o sí deberán continuar defendiendo los intereses
gringos en el hemisferio siguiendo la sentencia de Donald Trump: “El
dominio de EE.UU. en América Latina no será cuestionado nunca más”.
En cuanto a lo celebrativo, titulares
como “Capturado Maduro” y “Cayó Maduro” devienen con
un sentido victorioso que termina legitimando el ataque gringo y la consecuente
violación de la soberanía venezolana. Mientras que los medios públicos (RTVC) calificó
la retención de Maduro Moros como un “secuestro”, la prensa tradicional y
simpatizante de la derecha internacional representada por el gobierno de Donald
Trump habla de una “captura”. Digamos que técnicamente se trató de una captura ancorada
en la orden de búsqueda promulgada por los Estados Unidos en la que Maduro era requerido
en calidad de forajido por el que se ofrecían 50 millones de dólares.
En cuanto a la frase “Cayó
Maduro” esta nos remite al titular de El Espectador “… Y cayó Escobar”
(1989). A pesar de estar atados a coyunturas políticas diferentes, comparten un
mismo origen: la ineficaz, pero estratégica lucha contra las drogas que lidera
los Estados Unidos a través de DEA, la agencia norteamericana que estuvo detrás
de los dos operativos.
Eso sí, debo reconocer que en la
emisión de Noticias Caracol se expuso lo que sin duda debería concitar un
cambio en las maneras como la derecha local entiende las intromisiones de USA
en los asuntos internos de los países de la región: el convicto presidente de
los Estados Unidos, Donald Trump en la rueda de prensa nunca legitimó el ataque
militar haciendo referencia a la defensa de la democracia. Por el contrario,
usó la palabra petróleo en varias oportunidades, hecho que sorprendió al presentador
de Noticias Caracol en su diálogo con un colega venezolano, llevado al set para
analizar los hechos.
Estamos ante una compleja coyuntura
política, mediática y militar en la que conceptos como democracia, verdad, libertad
y derecho internacional resultaron pulverizados por el valor geoestratégico del
petróleo, la única razón con la que USA justifica el ataque, la captura de
Maduro y el control de las reservas del hidrocarburo.
Adenda: Nicolás Maduro Moros lideró un régimen de mano dura en Venezuela: violó los derechos humanos a presos políticos. Ejerció el poder bajo condiciones de ilegitimidad por el evidente fraude electoral con el que le arrebató el triunfo obtenido por la oposición. Lo que se discute aquí es que, en nombre de la democracia y la libertad, Estados Unidos viole el derecho internacional, cuando lo que realmente le interesa es hacerse con las reservas de petróleo. Hoy vinieron por ese combustible; mañana, por el agua.
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