martes, 3 de marzo de 2026

EXFARC RECONOCEN CRÍMENES: ¿ES POSIBLE PERDONARLOS?




Por Germán Ayala Osorio

Los miembros más visibles y representativos del Secretariado de las extintas Farc-Ep por fin aceptaron – después de años de negarlo- que reclutaron de manera forzada a 18.677 menores de edad, entre niñ@s y adolescentes; cientos de niñas sometidas a formas de violencia sexual y convertidas en “juguetes” sexuales de los comandantes guerrilleros; fruto de esas violaciones, varias de ellas quedaron en embarazo y fueron obligadas a abortar.

En una misiva dirigida a la JEP, Rodrigo Londoño Echeverry, conocido como ‘Timochenko’, Pastor Alape Lascarro, Julián Gallo Cubillos (alias Carlos Antonio Losada), Milton de Jesús Toncel Redondo, Pablo Catatumbo Torres, Rodrigo Granda Escobar y Jaime Alberto Parra Rodríguez reconocieron el reclutamiento forzoso y en video expresaron que están dispuestos a pedirles perdón a las familias de las niñas, niños y adolescentes sometidos a toda suerte de vejámenes al interior de la organización criminal.

La JEP identificó por lo menos cinco patrones criminales: reclutamiento y utilización de menores, malos tratos y homicidios dentro de las filas, violencia reproductiva, violencia sexual y delitos motivados por prejuicio hacia la orientación sexual o identidad de género. A pesar de la gravedad de los delitos cometidos, los máximos responsables no serán condenados: recibirán sanciones simbólicas diseñadas dentro del modelo de justicia restaurativa, consignado en el Acuerdo Final (2016) que puso fin a las hostilidades entre el Estado y esa organización al margen de la ley.

En los próximos días el país conocerá y verá las audiencias de petición de perdón a las víctimas. Unas dispuestas a perdonarlos, otras dejando en las manos de Dios la suerte de los victimarios; y otras, por supuesto, negándose a perdonar a quienes, envilecidos por las lógicas y dinámicas de un degradado conflicto armado y guiados por las más primitivas pulsiones de Machos cabríos, sometieron a esos 18.677 menores de edad a tratos crueles.

Una vez el país conoció del “arrepentimiento y el reconocimiento” de las infames prácticas por parte de los excomandantes, la prensa hegemónica activó el discurso moralizante con la frase “tocó tragarse ese sapo”, con la que se indica que como sociedad debemos aceptar que no pagarán ni un día de cárcel por los graves delitos. Dentro de ese discurso moral aparece el epíteto más común con el que se suelen condenar socialmente a quienes cometen delitos graves: “monstruos” muy seguramente espetan quienes necesitan  “bestializarlos” para sentir algo de alivio en su dolor como víctimas directas de los “Señores” de las Farc-Ep.

No suelo usar ese tipo de adjetivos para calificar o descalificar a quienes cometen ese tipo de delitos e incluso, homicidios o prácticas genocidas como las de Israel contra el pueblo palestino. Esos comportamientos hacen parte de la aviesa condición humana de la que se puede esperar lo peor o lo más sublime. De un mundo masculino, masculinizado y masculinizante se puede esperar siempre lo peor. Por lo anterior, con llamarlos “criminales” es suficiente. Y en Colombia, visten de camuflado, andan perfumados, y a varios los vemos a diario en la televisión de saco y corbata.

Los políticos y periodistas de la derecha, en pleno escenario electoral, aprovechan la ocasión para asociar los crímenes perpetrados por los comandantes farianos con la izquierda como espectro ideológico. Por supuesto que la asociación resulta perversa cuando los políticos y periodistas que la hacen guardan silencio frente a las violaciones de niñas y adolescentes en la isla de Jeffrey Epstein de las que participaron, de acuerdo con los archivos desclasificados por la justicia de los Estados Unidos, Donald Trump, miembros de la realeza británica y multimillonarios. Esa misma actitud complaciente la asumen en favor de los curas pederastas denunciados por Casa Macondo. Igual sucede cuando “hombres públicos” (expresidentes, políticos y empresarios) resultan sindicados de disímiles formas de violencia, sexual, verbal y física, contra mujeres y menores de edad. ¿Quiénes deben perdonarlos? ¿Únicamente las familias de los y las menores reclutadas y violentadas o el resto de los colombianos?


Nota: imagen de Colprensa. Tomada de Infobae. 

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