Por Germán Ayala Osorio
La Silla Vacía, de Juanita León, señala
en un reciente artículo
que los medios Agencia de Prensa Rural, Kaos o Rebelión son “medios orgánicos
de las Farc”. Estamos ante un señalamiento periodístico, ideológico y ético-político
que nos lleva a una discusión de fondo que por supuesto no pretende soslayar las
prácticas informativas de los señalados portales. Y esa discusión de fondo está
atada a una pregunta: ¿Hubo o hay en Colombia “medios orgánicos de los
paramilitares y del Establecimiento”? La respuesta al interrogante es un
contundente sí.
El cuestionamiento de la Silla
Vacía deviene con una inocultable carga moral que vicia la discusión de fondo que
no se propone en el mencionado artículo por obvias razones: Juanita León se presenta como una periodista objetiva que dirige un medio que solo interesado en analizar e informar. Eso sí, el señalamiento aporta a los
procesos de estigmatización de los que son víctimas todos aquellos pensadores,
periodistas y académicos de izquierda o liberales cuyos artículos fueron reproducidos
por los señalados portales. Aunque la Silla Vacía advierte “que eso no
significa que todas las personas que hayan publicado en esos medios tuvieran
vínculos con la guerrilla”, al declararlos como “orgánicos de las
Farc-Ep”, de inmediato los lectores establecen una relación de por lo menos simpatía
con el proyecto político de las Farc-Ep y lo que es peor, con sus actividades criminales.
En el marco de un conflicto
armado interno como el que soporta el país de tiempo atrás, los periodistas
suelen quedar comprometidos e incluso impelidos o sometidos a variables
contextuales que les ofrecen la “oportunidad” de desnudar sus simpatías ideológicas
con los dos proyectos políticos enfrentados: el de las guerrillas, en este caso
el de las entonces Farc-Ep y el de los paramilitares, atado institucional y
moralmente a los intereses de las élites que los patrocinaron y convirtieron en
un complejo fenómeno sociocultural, político y económico.
No se puede negar que hay periodistas
que miraron y cubrieron con simpatías las operaciones de las Farc-Ep, e incluso,
dejaron ver cierta admiración hacia los miembros del Secretariado de las Farc. De
la misma manera hubo y hay reporteros que se escondieron y se esconden aún
detrás de la aplicación de los “protocolos” o criterios periodísticos para tratar
de ocultar su total obsecuencia a los discursos de los políticos, empresarios,
paras y militares cuando estos, en calidad de “fuentes legítimas”, salieron a
defender sus propios intereses, es decir, los asociados al mantenimiento del
Establecimiento colombiano. Unos y otros aportaron de manera directa o indirecta
a los procesos de heroización de los combatientes, legales e ilegales, en medio
de las atrocidades perpetradas: masacres, desplazamiento forzado y ejecuciones
extrajudiciales (falsos positivos).
Para ser justos, las audiencias deben
de saber que en un escenario complejo como el que rodea la historia política
del país hubo “medios orgánicos de las Farc-Ep” y de otras guerrillas; así como
hay empresas mediáticas y reporteros “orgánicos del Establecimiento”, en particular
con los sectores que apoyaron a las fuerzas paramilitares.
Hacer periodismo bajo las
condiciones irregulares de un conflicto armado interno es quizás el desafío
ético-político más grande al que se deben enfrentar los periodistas. Hacer creer
que solo hay medios orgánicos que defienden o defendieron
a las Farc-Ep, hace parte del juego moralizante en el que cae la Silla Vacía. Por
todo lo anterior, no creo en la “objetividad periodística”. Eso sí, hay que apostarle
a la rigurosidad. Los mayores enemigos de este último valor son los combatientes,
legales e ilegales, y por supuesto los más visibles agentes económicos y
políticos de lo que se conoce como el Establecimiento colombiano.
Hay medios y periodistas que apoyan
denodadamente a poderosos actores económicos y políticos que además de justificar
e incluso alentar el levantamiento armado de las guerrillas, llevan años impidiendo
que el país alcance un desarrollo económico y un bienestar colectivo. Hablo de banqueros, los Señores de la Guerra y líderes gremiales que con posturas económicas ortodoxas y mezquinas le apostaron a precarizar la vida de los asalariados.
Adenda: los portales
Agencia de Prensa Rural y Rebelión reprodujeron varios artículos de autoría de
quien firma esta reflexión. Jamás sentí simpatía alguna por las Farc-Ep y mucho
menos admiración por sus jefes. El camino de las armas jamás fue una opción válida.
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