lunes, 2 de marzo de 2026

PERIODISTAS Y MEDIOS “ORGÁNICOS” DE LAS FARC Y DEL ESTABLECIMIENTO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La Silla Vacía, de Juanita León, señala en un reciente artículo que los medios Agencia de Prensa Rural, Kaos o Rebelión son “medios orgánicos de las Farc”. Estamos ante un señalamiento periodístico, ideológico y ético-político que nos lleva a una discusión de fondo que por supuesto no pretende soslayar las prácticas informativas de los señalados portales. Y esa discusión de fondo está atada a una pregunta: ¿Hubo o hay en Colombia “medios orgánicos de los paramilitares y del Establecimiento”? La respuesta al interrogante es un contundente sí.  

El cuestionamiento de la Silla Vacía deviene con una inocultable carga moral que vicia la discusión de fondo que no se propone en el mencionado artículo por obvias razones: Juanita León se presenta como una periodista objetiva que dirige un medio que solo interesado en analizar e informar.  Eso sí, el señalamiento aporta a los procesos de estigmatización de los que son víctimas todos aquellos pensadores, periodistas y académicos de izquierda o liberales cuyos artículos fueron reproducidos por los señalados portales. Aunque la Silla Vacía advierte “que eso no significa que todas las personas que hayan publicado en esos medios tuvieran vínculos con la guerrilla”, al declararlos como “orgánicos de las Farc-Ep”, de inmediato los lectores establecen una relación de por lo menos simpatía con el proyecto político de las Farc-Ep y lo que es peor, con sus actividades criminales.  

En el marco de un conflicto armado interno como el que soporta el país de tiempo atrás, los periodistas suelen quedar comprometidos e incluso impelidos o sometidos a variables contextuales que les ofrecen la “oportunidad” de desnudar sus simpatías ideológicas con los dos proyectos políticos enfrentados: el de las guerrillas, en este caso el de las entonces Farc-Ep y el de los paramilitares, atado institucional y moralmente a los intereses de las élites que los patrocinaron y convirtieron en un complejo fenómeno sociocultural, político y económico.

No se puede negar que hay periodistas que miraron y cubrieron con simpatías las operaciones de las Farc-Ep, e incluso, dejaron ver cierta admiración hacia los miembros del Secretariado de las Farc. De la misma manera hubo y hay reporteros que se escondieron y se esconden aún detrás de la aplicación de los “protocolos” o criterios periodísticos para tratar de ocultar su total obsecuencia a los discursos de los políticos, empresarios, paras y militares cuando estos, en calidad de “fuentes legítimas”, salieron a defender sus propios intereses, es decir, los asociados al mantenimiento del Establecimiento colombiano. Unos y otros aportaron de manera directa o indirecta a los procesos de heroización de los combatientes, legales e ilegales, en medio de las atrocidades perpetradas: masacres, desplazamiento forzado y ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos).

Para ser justos, las audiencias deben de saber que en un escenario complejo como el que rodea la historia política del país hubo “medios orgánicos de las Farc-Ep” y de otras guerrillas; así como hay empresas mediáticas y reporteros “orgánicos del Establecimiento”, en particular con los sectores que apoyaron a las fuerzas paramilitares.  

Hacer periodismo bajo las condiciones irregulares de un conflicto armado interno es quizás el desafío ético-político más grande al que se deben enfrentar los periodistas. Hacer creer que solo hay medios orgánicos que defienden o defendieron a las Farc-Ep, hace parte del juego moralizante en el que cae la Silla Vacía. Por todo lo anterior, no creo en la “objetividad periodística”. Eso sí, hay que apostarle a la rigurosidad. Los mayores enemigos de este último valor son los combatientes, legales e ilegales, y por supuesto los más visibles agentes económicos y políticos de lo que se conoce como el Establecimiento colombiano.

Hay medios y periodistas que apoyan denodadamente a poderosos actores económicos y políticos que además de justificar e incluso alentar el levantamiento armado de las guerrillas, llevan años impidiendo que el país alcance un desarrollo económico y un bienestar colectivo. Hablo de banqueros, los Señores de la Guerra y líderes gremiales que con posturas económicas ortodoxas y mezquinas le apostaron a precarizar la vida de los asalariados. 

Adenda: los portales Agencia de Prensa Rural y Rebelión reprodujeron varios artículos de autoría de quien firma esta reflexión. Jamás sentí simpatía alguna por las Farc-Ep y mucho menos admiración por sus jefes. El camino de las armas jamás fue una opción válida. 

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