Por Germán Ayala Osorio
Una vez conocidos los resultados
electorales, el escenario político y la contienda presidencial se reducen al
enfrentamiento de dos fuerzas políticas en el Congreso de la República: el
uribismo, de la mano del Centro Democrático y la figura del expresidente Uribe
Vélez que, a pesar de que se “quemó”, su vigencia electoral no se puede
soslayar; y el progresismo, en cabeza de Gustavo Petro, que está en camino de
consolidarse social y políticamente en un país “derechoso” que siempre
despreció y miró con desdén a quienes venían exigiendo el reconocimiento de los
derechos de comunidades históricamente vulneradas y usadas electoralmente por
los partidos tradicionales para garantizar el clientelismo y la naturalizada compra
y venta de votos.
Aunque no se alcanzaron las
mayorías en el Congreso, la votación del Pacto Histórico es relevante en la
medida en que recoge el sentir de millones de colombianos que se sienten
representados en un proyecto político que le apuesta a desprivatizar el Estado
y por ese camino cumplir con lo ordenado por la Carta Política de 1991, un
marco normativo garantista que fue perdiendo legitimidad y aplicabilidad por
cuenta de la ortodoxia económica, la corrupción público-privada y por supuesto
la captura mafiosa del Estado por parte de clanes políticos, gamonales y grupos
económicos.
El triunfo de Gustavo Petro y los
resultados de la contienda electoral del 8 de marzo constituyen un certero
golpe a la hegemonía de una derecha neoliberal que minimizó el poder de
convocatoria del presidente de la República y su consolidación como un líder
popular que se la jugó por hacer reformas sociales sin modificar
sustancialmente el modelo económico y político. Más claro: no hubo necesidad de
“convertirnos en Venezuela o Cuba” para mejorar las condiciones de los asalariados,
cuyos derechos fueron reducidos por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez,
un neoliberal al servicio de banqueros y empresarios codiciosos.
Aunque falta por salir el tarjetón presidencial oficial, los aspirantes de la derecha y la ultraderecha que llegarán a primera vuelta son Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia y Sergio Fajardo, todos cercanos y simpatizantes de las ideas del expresidente Uribe Vélez. Entre tanto, el candidato único del progresismo es Iván Cepeda Castro. Claudia López y Roy Barreras jugarán como “comodines” después de la primera vuelta presidencial. La lucha electoral y política parece reducirse al enfrentamiento entre Cepeda y la “hija” de Uribe, Paloma Valencia[1].
La carrera presidencial arrancó
Definida la conformación del Congreso
la carrera presidencial arrancó bajo las condiciones que impone un mapa político
en el que funcionan muy bien las maquinarias políticas, los clanes políticos
tradicionales y la seducción electoral a punta de promesas, contratos y puestos
públicos.
Los congresistas del Pacto Histórico
que llegan por primera vez al legislativo tienen la obligación de prepararse para
cumplir a cabalidad con sus funciones constitucionales; entre tanto, los que
repiten, deberán liderar en los territorios, ojalá con la ayuda de los nuevos,
los procesos de conquista de los votos necesarios para triunfar en primera
vuelta con Iván Cepeda. De no lograr esa victoria, la continuidad del proyecto
progresista se complicaría en segunda vuelta por los apoyos que recibiría
Paloma Valencia de Fajardo y De la Espriella.
Convencer a los indecisos, a los
que nunca votaron e incluso a quienes se dejan meter miedo de la narrativa
uribista con la que se insiste en que Cepeda es un “neocomunista” que aplicará en
Colombia el modelo cubano o el venezolano será una tarea titánica que asumirán
los congresistas elegidos este 8 de marzo.
Entre tanto, el gobierno Petro
deberá redoblar esfuerzos para mitigar las incertidumbres e incluso la rabia de
los usuarios de la Nueva EPS, afectados por las lógicas mercantiles de las
prestadoras del servicio y de otros actores de un sistema de salud permeado por
el ethos mafioso que de manera natural acompaña al modelo neoliberal. De igual
manera, llevar soluciones de corto, mediano y corto plazo a las víctimas del
invierno en Córdoba y otros departamentos.
El candidato presidencial, Iván
Cepeda deberá esforzarse para desmentir a quienes lo tildan de “comunista”. Sus
asesores de imagen deben recoger las críticas que a diario recibe de la prensa
hegemónica, los miedos que diseminan la radio y la televisión, así como examinar
con criterio la imagen y las sensaciones que proyecta el candidato con su outfit,
lenguaje y el rictus al momento de relacionarse con los simpatizantes y sus
detractores. Conquistar a los
jóvenes será clave.
Aceptar entrevistas y rondas por
los medios tradicionales, promover debates argumentados y usar las redes
sociales; por supuesto, atender los llamados de los influencers y generadores
de contenidos cercanos al Pacto Histórico hace parte de lo que en adelante
deberá proponer el equipo de campaña y el propio candidato.
A pesar de los errores comunicacionales
cometidos por el gobierno, Petro construyó una imagen genuina de “hijo del
pueblo”. El carisma del presidente de la República y su inteligencia sistémica
deben de servir para, si es el caso, ajustar la imagen de Cepeda en una campaña
presidencial que será compleja, difícil y agotadora. No hay nada ganado.
[1] Paloma Valencia Laserna reconoció que ve a Uribe como
su “papá”. https://ayalalaotratribuna.blogspot.com/2026/03/paloma-valencia-y-el-dia-internacional.html
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