lunes, 9 de marzo de 2026

ARRANCÓ LA CARRERA PRESIDENCIAL

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Una vez conocidos los resultados electorales, el escenario político y la contienda presidencial se reducen al enfrentamiento de dos fuerzas políticas en el Congreso de la República: el uribismo, de la mano del Centro Democrático y la figura del expresidente Uribe Vélez que, a pesar de que se “quemó”, su vigencia electoral no se puede soslayar; y el progresismo, en cabeza de Gustavo Petro, que está en camino de consolidarse social y políticamente en un país “derechoso” que siempre despreció y miró con desdén a quienes venían exigiendo el reconocimiento de los derechos de comunidades históricamente vulneradas y usadas electoralmente por los partidos tradicionales para garantizar el clientelismo y la naturalizada compra y venta de votos.

Aunque no se alcanzaron las mayorías en el Congreso, la votación del Pacto Histórico es relevante en la medida en que recoge el sentir de millones de colombianos que se sienten representados en un proyecto político que le apuesta a desprivatizar el Estado y por ese camino cumplir con lo ordenado por la Carta Política de 1991, un marco normativo garantista que fue perdiendo legitimidad y aplicabilidad por cuenta de la ortodoxia económica, la corrupción público-privada y por supuesto la captura mafiosa del Estado por parte de clanes políticos, gamonales y grupos económicos.

El triunfo de Gustavo Petro y los resultados de la contienda electoral del 8 de marzo constituyen un certero golpe a la hegemonía de una derecha neoliberal que minimizó el poder de convocatoria del presidente de la República y su consolidación como un líder popular que se la jugó por hacer reformas sociales sin modificar sustancialmente el modelo económico y político. Más claro: no hubo necesidad de “convertirnos en Venezuela o Cuba” para mejorar las condiciones de los asalariados, cuyos derechos fueron reducidos por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, un neoliberal al servicio de banqueros y empresarios codiciosos.

Aunque falta por salir el tarjetón presidencial oficial, los aspirantes de la derecha y la ultraderecha que llegarán a primera vuelta son Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia y Sergio Fajardo, todos cercanos y simpatizantes de las ideas del expresidente Uribe Vélez.  Entre tanto, el candidato único del progresismo es Iván Cepeda Castro. Claudia López y Roy Barreras jugarán como “comodines” después de la primera vuelta presidencial. La lucha electoral y política parece reducirse al enfrentamiento entre Cepeda y la “hija” de Uribe, Paloma Valencia[1].

La carrera presidencial arrancó

Definida la conformación del Congreso la carrera presidencial arrancó bajo las condiciones que impone un mapa político en el que funcionan muy bien las maquinarias políticas, los clanes políticos tradicionales y la seducción electoral a punta de promesas, contratos y puestos públicos.

Los congresistas del Pacto Histórico que llegan por primera vez al legislativo tienen la obligación de prepararse para cumplir a cabalidad con sus funciones constitucionales; entre tanto, los que repiten, deberán liderar en los territorios, ojalá con la ayuda de los nuevos, los procesos de conquista de los votos necesarios para triunfar en primera vuelta con Iván Cepeda. De no lograr esa victoria, la continuidad del proyecto progresista se complicaría en segunda vuelta por los apoyos que recibiría Paloma Valencia de Fajardo y De la Espriella.

Convencer a los indecisos, a los que nunca votaron e incluso a quienes se dejan meter miedo de la narrativa uribista con la que se insiste en que Cepeda es un “neocomunista” que aplicará en Colombia el modelo cubano o el venezolano será una tarea titánica que asumirán los congresistas elegidos este 8 de marzo.

Entre tanto, el gobierno Petro deberá redoblar esfuerzos para mitigar las incertidumbres e incluso la rabia de los usuarios de la Nueva EPS, afectados por las lógicas mercantiles de las prestadoras del servicio y de otros actores de un sistema de salud permeado por el ethos mafioso que de manera natural acompaña al modelo neoliberal. De igual manera, llevar soluciones de corto, mediano y corto plazo a las víctimas del invierno en Córdoba y otros departamentos.

El candidato presidencial, Iván Cepeda deberá esforzarse para desmentir a quienes lo tildan de “comunista”. Sus asesores de imagen deben recoger las críticas que a diario recibe de la prensa hegemónica, los miedos que diseminan la radio y la televisión, así como examinar con criterio la imagen y las sensaciones que proyecta el candidato con su outfit, lenguaje y el rictus al momento de relacionarse con los simpatizantes y sus detractores.  Conquistar a los jóvenes será clave.

Aceptar entrevistas y rondas por los medios tradicionales, promover debates argumentados y usar las redes sociales; por supuesto, atender los llamados de los influencers y generadores de contenidos cercanos al Pacto Histórico hace parte de lo que en adelante deberá proponer el equipo de campaña y el propio candidato.

A pesar de los errores comunicacionales cometidos por el gobierno, Petro construyó una imagen genuina de “hijo del pueblo”. El carisma del presidente de la República y su inteligencia sistémica deben de servir para, si es el caso, ajustar la imagen de Cepeda en una campaña presidencial que será compleja, difícil y agotadora. No hay nada ganado.



[1] Paloma Valencia Laserna reconoció que ve a Uribe como su “papá”. https://ayalalaotratribuna.blogspot.com/2026/03/paloma-valencia-y-el-dia-internacional.html

 

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