Por Germán Ayala Osorio
Una de las campañas presidenciales
más agresivas e insulsas fue la que lideró la periodista del Establecimiento,
Victoria Eugenia Dávila Hoyos, más conocida como “Vicky”. El tamaño de su derrota electoral y política
es monumental: pasó de ser candidata presidencial, a precandidata de la Gran
Consulta de la Derecha uribizada. Obtuvo 238 mil votos. Se vendió como “independiente”
y terminó en las toldas del uribismo al que siempre defendió desde su ejercicio
periodístico. Colegas suyos intentaron presentarla como una outsider,
cuando siempre fue una ficha del Establecimiento. Ahora es un meme en las redes
sociales.
Eso sí, destaco que fracasó con rotundo éxito y eso es positivo. He aquí las razones de la derrota electoral de su aventura política, la que jamás debió emprender la periodista-periodista:
1. Dávila
de Gnecco no entendió la actual coyuntura social y política del país. Leyó mal
el momento histórico por el que atraviesa Colombia porque jamás pudo
desprenderse de esa mirada reduccionista de la historia y los hechos presentes que
garantiza la lógica periodística-noticiosa. Una lección que deben recoger los
periodistas que en adelante piensen en ser candidatos presidenciales.
2. Al
no tener otra mirada de la compleja realidad de los colombianos, apeló al grito
y al odio; creyó que su enfermizo anti petrismo le iba a funcionar. Nuevamente
se equivocó. Petro, Petro y Petro espetaba todo el tiempo fruto de una especie
de “esquizofrenia política” generada desde las huestes uribistas.
3. Jamás
presentó a los colombianos un proyecto basado en la comprensión de los problemas y
oportunidades de un país mal administrado por una élite mezquina, precapitalista,
violenta y mafiosa. Incluso, le alcanzó para decir que construiría cárceles en
las selvas para encerrar corruptos. Con semejante despropósito ecológico y ambiental Dávila dejó ver su ignorancia supina en asuntos claves como la sostenibilidad sistémica.
4. Su
visión mediatizada y las redes sociales la engañaron. Los likes y las
miles de reproducciones de las barbaridades que publicó en X la hicieron
sentir realmente presidenciable e invencible.
5. Dávila
de Gnecco hizo el ridículo. Ordeñó una vaca, cantó en un cafetal en medio de una "pelea discursiva" con la Gaviota (Margarita Rosa de Francisco); se fue al “Hueco” en
Medellín, con megáfono en mano, a gritar frases sin sentido. Vicky dejó ver que tiene enormes vacíos conceptuales,
pobreza lexical y un discurso básico. Si se hubiese “peliado” con María
Fernanda Cabal, la senadora uribista muy seguramente le habría dicho “estudie,
vaga”.
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