Por Germán Ayala Osorio
El ministro del Interior, Rodrigo
Lara Restrepo fue echado por Abelardo desde su cuenta oficial de X. Aunque
para muchos se trató de una salida intempestiva, la verdad es que hacía rato el
funcionario “venía en capilla”. Los viejos trinos de corte liberal y críticos
contra Trump, Netanyahu e incluso, contra quien lo reemplazará, el "Monseñor" Alejandro
Ordóñez Maldonado, tenía incómodo a su jefe inmediato y a su círculo de aúlicos
más cercano.
Esos trinos fueron recuperados
por miembros de las mesnadas abelardistas. Solo tocaba esperar el momento para
sacarlo. Y este llegó con el error de trámite en la ley de presupuesto que
obligó al gobierno a decretarlo. Cuando le preguntaron por semejante pifia, solo
atinó a decir que “no pasó nada”. Una frase que dice mucho de su perfil y
carácter.
Algunos miembros de la oposición,
en particular del Pacto Histórico, celebraron como propia la caída de Lara. “Lo
tumbamos”, dijeron en X. Si se mira en perspectiva de lo que se viene
con la llegada de Ordóñez Maldonado a la cartera de la política, esa victoria que
reclaman se hace minúscula por todo lo que se vendrá en contra de las mujeres,
la población LGTBIQ+ y los otros sectores societales que apoyan la eutanasia y
el aborto, entre otras conquistas de corte liberal.
Dicen que Lara se va para buscar
la Alcaldía de Bogotá. Lo que si deja claro Lara Restrepo es su incoherencia
ideológica, su débil carácter y su propensión a agachar la cabeza ante los
poderosos. Ya se ganó un lugar en el Establecimiento y funge como uno de sus
hijos más (des) preciados.
Como si tratara de un partido de
fútbol, Abelardo saca del juego político a Lara y mete a Alejandro Ordóñez
Maldonado. Es decir, retira de la nómina a un regular jugador e ingresa a uno
que algunos comentaristas califican como perverso o malo, y otros
exaltan su fanatismo religioso, su decisión de quemar libros como lo hizo en el
pasado y su proclividad a perseguir impíos como si aún estuviéramos en los
tiempos de la Santa Inquisición. Eso sí, Ordóñez cuenta con la admiración de
las huestes godas, laureanistas y antiderechos que rodean al gobierno. La
agenda que ‘Torquemada’ Ordóñez liderará en el Congreso es clara: penalizar el
aborto, proscribir la eutanasia, reversar derechos sexuales y reproductivos y
atacar desde el legislativo la vida de la población LGTBIQ+.
De esa manera, Abelardo Gabriel
de manera temprana se radicaliza en su intención de convertirse en el líder religioso
de un burdo y peligroso régimen teocrático. Está por consolidarse en Colombia un
nuevo tipo de democracia, la de los púlpitos, de las casas de la Roca desde
donde se Mira cómo el fanatismo religioso y la invocación a Cristo Rey ganan terreno
en una sociedad creyente, pero moralmente confundida.
Regresar al país a los tiempos de
la Constitución de 1886 es el objetivo estratégico del gobierno y más ahora con
el ingreso de Ordóñez Maldonado, un político y fanático religioso en el que el
presidente confía plenamente en que sacará adelante la agenda antiderechos que
acordó con cristianos, pentecostales, católicos y otros sectores homofóbicos,
transfóbicos, enemigos del feminismo y de las libertades ciudadanas.
En menos de tres meses de estar
pernoctando en la Casa de Nariño, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero ya
logró despertar al “centro político” bogotano, en particular a la élite
académica que en cinco manifiestos expresó sus críticas y reservas frente a
decisiones arbitrarias. La más reciente, la orden de retirar del Museo Nacional más de 30 piezas de la historia
cultural del país. Ya veremos qué dicen cuando ‘Torquemada’ Ordóñez saque
adelante la agenda antiderechos que millones de colombianos y otros cientos de
miles de bots apoyaron y votaron en la pasada elección presidencial. Desde esta
tribuna les digo: disfruten lo votado, especialmente los que lo hicieron en blanco y
no escucharon las advertencias de lo que se venía para el país. Desde la casa
de gobierno les dicen bienvenidos a la Patria Milagro y que viva Cristo Rey.

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