domingo, 25 de octubre de 2026

REELECTO LULA DA SILVA



Por Germán Ayala Osorio

 

Luiz Inacio Lula da Silva ganó, logró su reelección. Ganó Brasil, pero también Latinoamérica y la humanidad. Este octogenario, con apenas nueve dedos, de la mano de millones de brasileños, derrotó a Trump, a la ultraderecha internacional; a los Cerimedo locales, a las viejas glorias del jogo bonito que se alinearon con la derecha local; al sionismo, a Israel y a la poderosa familia Bolsonaro. Al interior del país, y en materia religiosa, los católicos vencieron a las poderosas iglesias evangélicas que actúan como verdaderos partidos políticos. Estos traficantes de la fe se metieron de lleno en la política electoral. Los casos de Brasil y Colombia resultan emblemáticos. Es también una derrota para lo que llaman ya el "neoliberalismo religioso". 

Luiz Inacio Lula derrotó a la godarria brasileña, esa misma que dice defender la “familia tradicional”. En un ejercicio de doble rasero moral, persiguen y señalan a los miembros de la población LGTBIQ+ e insisten en mantener la vigencia de un sistema patriarcal que solo tiene para las mujeres el rol de reproductoras de hijos e hijas, esto es, mano de obra barata para un sistema mundo capitalista que necesita de nuevas víctimas para explotar.  Lo peor de todo es que defienden a los curas pederastas y a la godarria homosexual enclosetada y perfumada de sus élites. Admiran a Trump, un consumado pederasta que en sus años de juventud se divirtió de lo lindo violando niñas en la isla de su amigo Epstein.

El triunfo de Lula da Silva es un bálsamo, un respiro y una esperanza para el hemisferio, controlado y sometido casi en su totalidad por la dupla Trump-Rubio con todo y su Escudo de las Américas y las sempiternas políticas de expoliación y empobrecimiento de los pueblos de esa parte de las Américas que estos dos llaman el “patio trasero”. Lula se los volvió a decir: “No seremos el patio trasero de nadie”.

En esta parte del mundo, sobreviven Uruguay, México y ahora Brasil como gobiernos progresistas. Colombia giró a la ultraderecha y en menos de tres meses ya está sintiendo lo que significa ser el “patrio trasero” de los Estados Unidos: Abelardo se comprometió a entregar las tierras raras a los gringos y a mantener la falaz lucha contra las drogas, mientras logran los “americanos” cultivar en sus pisos térmicos la mata de coca. En estos momentos están afinando el control institucional de la producción de cocaína para satisfacer a los cocainómanos y garantizar las ganancias al sistema financiero mundial y en particular a Wall Street.  

Ganó Lula, aunque al cierre de esta columna Flavio Bolsonaro no reconoció aún la derrota que por más de cuatro millones de votos le propinó Lula da Silva, pero si pidió anular los resultados por la decisión de la autoridad electoral del Brasil de extender por dos horas la jornada, a solicitud de ambas campañas.

El mundo y la aviesa condición humana no cambiarán por la continuidad del gobierno progresista en el gran Brasil, pero se siente un fresquito y se abre una luz de esperanza frente a la consolidación de la funesta, mafiosa, neoliberal, enferma y criminal derecha trumpista en este hemisferio. Esta parte del mundo dormirá mejor esta noche. Ya veremos mañana.

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