Por Germán Ayala Osorio
Daniel Coronell con su columna Agro Ingreso Cabal
desenmascaró a la precandidata presidencial María Fernanda Cabal Molina quien
con su hipócrita discurso anti-subsidios se hace pasar como una mujer
emprendedora y libertaria- como Milei-, que jamás necesitó del Estado para
sacar adelante a su familia. Esta “libertaria” cree que el Estado debe estar al
servicio de la clase empresarial y política, únicos que deben recibir millonarios
subsidios estatales a través de programas como Agro Ingreso Seguro. Eso de darle
subsidios a los pobres es un despropósito fiscal y político propio de gobiernos
populistas.
Recordemos algunas de esas frases
lanzadas por la colérica e intolerante precandidata presidencial en contra de
los subsidios: “Un subsidio jamás va a sacar a una persona de la pobreza.
Pensemos en créditos para que puedan emprender con interés cero o incluso
condonable. El subsidio solo beneficia al político y deja al pobre en una
pobreza permanente.”
De igual manera, el avezado
columnista pulverizó el sentido de la manida frase espetada por la congresista
en contra de unos manifestantes a los que les gritó “estudien, vagos”. Por
cuenta del millonario subsidio (400 millones de pesos) que recibió su hijo Juan
José Lafaurie, en el marco de una especie de #AgroIngresoCabal, la frase que debería
espetar en adelante la señora Cabal es “Subsidien, (a) vagos”,
acompañada por supuesto de una frase clasista muy al estilo de la aporofóbica congresista
del Centro Democrático: “quien los manda a no tener contactos en
juntas directivas”.
Esta última sentencia se explica
en un aparte de la columna de Coronell en el que se lee lo siguiente: “Para
empezar, José Félix Lafaurie, el presidente de Fedegán y padre del
pequeño productor, estaba en la junta directiva de Finagro en la época
en que el doctor Juan José Lafaurie Cabal tramitó y recibió el crédito. Es
cierto que la junta no es la que aprueba las operaciones, pero sí es el máximo
rector de la entidad. José Félix Lafaurie fue miembro de esa junta desde el 22
de noviembre de 2007 hasta el 17 de junio de 2024. Cuando le pregunté a José
Félix Lafaurie si había informado a la junta de Finagro que su hijo tramitaba
beneficios en esa entidad dijo que no tenía por qué hacerlo ya que, a su
juicio, no hay conflicto de interés”.
Con lo divulgado por Daniel
Coronell, la célebre frase de la derecha uribizada, “el pobre es pobre
porque quiere”, adquiere una mayor vigencia y un tinte de realidad porque
justamente políticos como María Fernanda Cabal y Paloma Valencia, entre otros,
asumen las instituciones del Estado como la “caja menor” de los miembros de una
élite parásita cuyos miembros se autoproclaman capitalistas, pero realmente son
rentistas y precapitalistas a los que no les gusta competir.
Lo que sí disfrutan es concentrar
la riqueza y la tierra en pocas manos para consolidar en el país el modelo de
la gran plantación en el que sobresalen la ganadería extensiva de baja
producción con fines de especulación inmobiliaria y los monocultivos de caña de
azúcar y palma africana. El Valle Geográfico del Río Cauca es el mejor ejemplo con
la hegemonía de la caña de
azúcar y los probados efectos socioambientales y ecológicos; recientemente la
altillanura va camino a sufrir las mismas transformaciones paisajísticas y en
las estructuras ecológicas de valiosos y frágiles ecosistemas naturales. Ese modelo hegemónico impide la sobrevivencia
del campesinado que cultiva la tierra para producir comida y no biocombustibles.
Se trata de una “agricultura sin campesinos”.
La familia Lafaurie Cabal tiene
negocios en los sectores de la producción de caña de azúcar y la ganadería extensiva como quiera que el esposo
de la congresista ha sido por muchos años el presidente de Fedegan. Ahora el
vástago de los dos políticos incursiona en el monocultivo de la palma africana.
Por supuesto que los intereses económicos y políticos de la reconocida familia van
en contravía de una sostenibilidad sistémica y en particular en contra de la
supervivencia del campesinado.
En una conferencia
(2014) dictada por el entonces senador Jorge Enrique Robledo sobre el tema de
la paz y la tierra expuso una realidad
que describe muy bien las apuestas de María Fernanda Cabal en su pretensión de
llegar a la Casa de Nariño en calidad de presidenta: “…el grueso de las tierras
en Colombia, de las tierras con vocación agrícola, no están en la
producción. De más de 20 millones de hectáreas, apenas cinco están en
la agricultura, lo demás son formas de ganadería extensiva de bajísima
productividad, rastrojos… ¿cuál es el papel económico de la tierra en
Colombia? Muy simple: la tierra en Colombia, por muchas razones, incluido
el libre comercio, no es un factor de producción agropecuaria, sino de
especulación inmobiliaria. El negocio de la ganadería no es la ganadería.
El negocio de la ganadería es ocultar detrás de cuatro vacas que pagan el
mayordomo y un predial muy bajo, ocultar un negocio de especulación
inmobiliaria que es lo hoy hay en la altillanura”. Definitivamente, pasamos
de “estudien, vagos” a “subsidien, vagos”.
Imagen tomada de Cambio. AGRO INGRESO CABAL | Cambio
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