miércoles, 30 de septiembre de 2026

MILAGRO: SE ACABÓ LA POLARIZACIÓN



Por Germán Ayala Osorio

 

La polarización política e ideológica fue usada por la prensa hegemónica y varios analistas políticos como un factor generador de disímiles formas de violencia, incluida la discursiva. Una suerte de enfermedad viral que no permitía a los colombianos llevar una vida normal e incluso, impedía, de acuerdo con ese mismo relato, que pudiesen entenderse sin agredirse.

Un vez instalado Abelardo Gabriel de la Espriella Otero en el solio de Bolívar de la agenda informativa desapareció la tal polarización que el país “sufrió” durante el gobierno Petro.

La sociedad a la que le hablaron por cuatros años de polarización política parece vivir hoy en una especie de ataraxia colectiva porque hay un “tigre” que la defiende y protege a cada colombiano de todo mal y peligro. Qué puede salir mal si hay un presidente-pastor que todo el tiempo invoca a Dios y lanza vivas a Cristo Rey. Incluso, el terremoto que sacudió al país lo convirtió en un reto que el Señor le envió, a lo que se suma que habla de Patria Milagro en una sociedad camandulera y creyente que se siente a gusto con un presidente piadoso. Todo un conjunto de elementos religiosos que hacen pensar a muchos que el país está viviendo una especie de resurrección (anastasis).

Así las cosas y a pesar de los problemas de orden público en Santa Marta y en el Cauca, y en otros territorios, y los que generará la sequía en el marco del fenómeno del Niño, la prensa y los periodistas que en el pasado atacaron a Petro y a su familia con evidente  inquina, aportando al crecimiento de la polarización, en estos dos meses del gobierno de Abelardo están fungiendo como una suerte de agentes ataráxicos que generan la tranquilidad mental, la calma emocional  y el sosiego que tanta falta le hizo al país en el anterior periodo presidencial.

Las empresas mediáticas pro-Abelardo están dedicadas a proteger y exaltar la imagen del presidente de la República. A pesar de dejar ver su frágil masculinidad al portar un arma al cinto y gritar como militar enardecido, para la gran prensa bogotana se trata de un macho valiente y berraco, capaz de retar y enfrentarse a los más peligrosos bandidos.

 Anulado, borrado o proscrito el enfrentamiento político e ideológico entre la derecha y la izquierda, entre el progresismo y el neoliberalismo, o entre Petro y el Establecimiento empresarial, la discusión pública de asuntos públicos desapareció en buena medida gracias a que De la Espriella no da entrevistas a esos medios porque no le gusta que lo contradigan o cuestionen su gestión y mucho menos los incumplimientos y las contradicciones en las que está incurriendo de acuerdo con lo prometido en campaña. Baste con nombrar dos: el primero, que gobernaría con técnicos y los “Nunca”. Es claro que está gobernando con los de Siempre.

Y el segundo, que acabaría con los privilegios de corruptos que pernoctan en guarniciones policiales y militares, convertidas en verdaderos resort. Santiago Uribe sigue recluido en una instalación militar. Fue condenado por homicidio agravado, pero seguirá en esa guarnición para no contrariar a su mentor, el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Pero quizás la más evidente contradicción está en la orden de trasladar a su primo Antonio Guerra de la Espriella, preso en la Picota, a un batallón en el Cesar. Recordemos que fue condenado por corrupción en el caso Odebrecht. Al final, la denuncia pública que hizo Iván Cepeda obligó al gobierno a echar para atrás la decisión.

Otro hecho político que hoy se registra distinto es el veto de Abelardo contra el presidente de la ANDI. Los agrios enfrentamientos discursivos que sostuvo Petro con varios agentes gremiales, incluido Bruce Mac Master, la prensa bogotana los presentó como parte del libreto que estuvo por convertir a Petro en un dictador. Pero ahora que De la Espriella veta al presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, entonces el hecho político e ideológico se minimiza al máximo. Ni siquiera les da para convertirlo en chisme de sala de redacción.

Eso sí, estos medios que operan hoy como agentes ataráxicos, están listos para descalificar las movilizaciones que muy seguramente se van a dar por cuenta de decisiones económicas tomadas por De la Espriella que afectarán a las clases menos favorecidas y a la clase media que lo votó. Entonces, ya no hablarán de polarización política e ideológica, sino de acciones propias de terrorismo urbano, siguiendo, por supuesto, el guion que el gobierno les pasará para deslegitimar las movilizaciones en defensa de derechos laborales y el páramo de Santurbán. Quizás ruidosas manifestaciones populares sean lo único que puede sacudir a quienes viven en ese estado de ataraxia colectiva. Eso sí, hay miedo porque el gobierno trabaja para acabar con las garantías constitucionales que legitiman las movilizaciones y la protesta social.

A pesar de que esos agentes ataráxicos están cumpliendo muy bien la tarea de exaltar y proteger la imagen del presidente-combatiente, en los sectores progresistas estos dos meses de gobierno se sienten ya como una pesadilla. Ya veremos qué pasa en esa Colombia que sigue creyendo en milagros.

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