lunes, 28 de septiembre de 2026

CANCELAN VISA AMERICANA A CONGRESISTA MARTHA PERALTA

 



Por Germán Ayala Osorio

La cancelación de las visas americanas a la senadora del Pacto Histórico, Martha Peralta y al empresario Euclides Torres devienen con un tufillo de venganza política de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia contra agentes de la izquierda y el progresismo.

La decisión discrecional del gobierno gringo es noticia en Colombia porque tener ese permiso para ingresar a los Estados Unidos es asumido por la prensa hegemónica como una suerte de “privilegio” e incluso como un factor de distinción social y política en una sociedad clasista y proamericana como la colombiana. No tener la visa o lo que es peor, que esta sea cancelada de un momento a otro, se asume en el país como una “condena moral” para aquellos que se precian de tener el permiso de ingreso a la tierra del Tío Sam.

La estafeta-periodista del régimen abelardista, Vicky Dávila, en su cuenta de X hizo eco de la medida migratoria apelando al lenguaje propio de ese periodismo que suele mirar de rodillas hacia el país del norte. Esto dijo la mandadera: “¡URGENTE! EEUU les quitó la VISA a Euclides Torres y a Martha Peralta. “Corrupción o narcotráfico”. Euclides ha sido intocable y lo han relacionado con la financiación, no reportada, de la campaña de Petro.  Luego con pago de favores por contratos. Martha Peralta está investigada por el escándalo de corrupción de la UNGRD”.

Lo que llama la atención es la reacción de Peralta, quien grabó un video en el que, visiblemente afectada por la discrecional medida migratoria, anuncia que “iniciará las acciones institucionales y administrativas pertinentes ante la Cancillería, ante la Embajada y al mismo gobierno de los Estados Unidos que se me informe de manera formal cuáles fueron los argumentos para dicha decisión…”.

Con el reclamo público de la congresista convierte el tener visa en un derecho adquirido, cuando se trata de una medida administrativa discrecional del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Salir a pedir explicaciones a los gringos expone con claridad la indignidad de la congresista que le da un valor superlativo que no tiene el visado gringo. Señora Peralta, si Usted misma dice que esa medida hace parte de una “persecución mediática, judicial y política”, solicitar explicaciones a la Embajada norteamericana y al gobierno Trump es ridículo por cuanto las autoridades norteamericanas no están obligadas a darle explicaciones a nadie por la cancelación de la visa. Además, cae Usted en un error al meter en la dolorosa ecuación a la Cancillería colombiana, pues la medida la adoptó el Departamento de Estado.

Un país en el que se violan los derechos humanos de los migrantes, muchos de ellos connacionales de la congresista, tiene que dejar de ser un destino turístico para quienes desde el progresismo y la izquierda defienden los derechos humanos. Nada tienen que ir a hacer allá. Y si se quedó con las ganas de ir a ver a Mickey Mouse y a otras atracciones de Universal Studios, entonces vaya armando viaje para Panaca en el Eje Cafetero. Le aseguro que hay vida después de la cancelación de la deseada visa. Pregúntele al expresidente Ernesto Samper Pizano. 

Entienda senadora Peralta que con su infantil y ridículo reclamo a los gringos por la cancelación de su visa para lo único que sirve es para consolidar el imaginario colectivo que indica que los Estados Unidos es el único destino turístico deseable en el mundo. No. Viajar a ese país hoy, termina significando un apoyo a un gobierno, como el de Trump, que patrocina el genocidio en Gaza y su pérfida injerencia en Colombia. Tenga dignidad, señora congresista. 

EL PAÍS DE LA ATROCIDAD

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Gobernar a Colombia, o por lo menos tratar de hacerlo, siempre terminará siendo un desafío moral, democrático, ético y estético tanto para los agentes históricos del Establecimiento como para esos grupos societales que, en medio de confusiones conceptuales, ignorancia convertida en un bien individual y colectivo, así como la naturalización de un ethos mafioso, sobreviven a esas fuerzas tradicionales responsables de haber impedido la consolidación de una verdadera República en este territorio.

Los presidentes de la República suelen asumirse como verdaderas provocaciones éticas, morales, democráticas y estéticas. Veamos algunos ejemplos, incluyendo al actual jefe del Estado, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero.

Inicio con Álvaro Uribe Vélez, quizás el político que mejor representa a esa Colombia violenta, premoderna, incivilizada, camandulera, goda y neoliberal que durante ocho años se consolidó como un proyecto cultural que desafió los límites democráticos, los valores y principios morales y éticos, así como los de la estética del poder. Los daños que dejó Uribe fueron inconmensurables. Baste con señalar a los 7.837 crímenes de Estado perpetrados por agentes militares que acogieron a placer el espíritu de la política de seguridad democrática. Al final, esa política pública la convirtieron en el puntal de un democidio[1]. En lo que respecta a su ejercicio del poder, desde la dimensión estética fue grotesco por el uso reiterativo de un lenguaje vulgar, pendenciero y de la constante invitación a que la vida en todas sus manifestaciones fuera violentada. El presidente Santos lo llamaría después “rufián de esquina”.

Con la llegada de Juan Manuel Santos Calderón el legado de Uribe guio en parte las ejecutorias del hijo de la rancia bogotana que una vez elegido, dio un giro ético-político con el proceso de paz de La Habana pues intentó cerrar la “carnicería” en la que había convertido el país el presidente antioqueño. Frenar por un tiempo la producción de víctimas por el enfrentamiento entre el Estado y las Farc-Ep fue asumido como una “traición” no solo por el creador de la tanática política de seguridad democrática, sino por amplios sectores de la sociedad que llegaron a sentirse a gusto- pletóricos, quizás- con esa particular ética de un hombre premoderno, con la negación de la democracia como apuesta civilizatoria, y la inmoralidad de un mandato y un ejercicio del poder fascinado con la atrocidad y la barbarie. Édgar Barrerro acuñó el concepto de Estética de lo Atroz. Creo que esa categoría calza muy bien con lo que vivimos en el país durante esos aciagos años.

Luego vendría Iván Duque Márquez, un ser diminuto, un verdadero homúnculo que se encontró con la presidencia como quien se topa por accidente con un billete. Claro, las consecuencias de ese evento accidental partieron de la misma eticidad, inmoralidad y la burda estética que le legó su jefe, patrón, mentor y titiritero, Álvaro Uribe Vélez. Realmente Duque Márquez fue un costoso pasante de la Casa de Nariño. Lo único que una parte del país le reconoce es que gracias a su estulticia y estolidez el progresismo y la izquierda pudieron soñar con la posibilidad de conquistar el poder. Y lo lograron con Gustavo Petro Urrego, después de una pandemia y un estallido social mal manejados por este descriteriado y fatuo personaje.

Petro Urrego no solo llegó a retar al poder hegemónico, sino a deconstruir imaginarios, individuales y colectivos alrededor de eso de ser de izquierda y progresista. Al final, actuó más como progresista que como hijo de una izquierda armada degradada. Aunque quiso alejarse de la inmoralidad uribista, terminó erosionando su propia idea del cambio con las prácticas corruptas que ensuciaron su mandato. Esos hechos fueron magnificados por una prensa adversa que hizo todo y lo hace aún para exponerlo como lo peor que le pudo suceder al país. Se trata, por supuesto, de una apuesta política e ideológica con la que se busca demonizar las reformas sociales alcanzadas y la dignificación de los trabajadores a través de un fuerte incremento del salario mínimo.

Petro defendió la vida en todas sus manifestaciones. Intentó imponer un relato y una estética contraria a la de la barbarie que naturalizaron Uribe y Duque. El País de la Belleza recoge muy bien esa estética que se opone al modelo de desarrollo agro extractivo y la economía de enclave a la que le apostaron todos los presidentes que lo antecedieron. La fuerza de esa consigna atrajo el turismo internacional y puso al país de moda por las ocurrencias de Petro como desafiar a Trump y al genocida Estado de Israel, a la derecha internacional; insistir en el multilateralismo y de entrar en la Nueva Ruta de la Seda.  

Después de cuatro años de una lucha ideológica mediatizada, llegaría la campaña electoral. La corrupción, los errores cometidos por la campaña de Iván Cepeda, su nulo carisma y acartonada figura coadyuvaron en gran medida al triunfo de Abelardo de la Espriella, el falso outsider que la prensa hegemónica impuso. Claro, las granjas de bots aportaron al triunfo electoral y político de un abogado que considera que “la ética nada tiene que ver con el derecho”. De la Espriella llegó a la Casa de Nariño gracias a los clanes Gilinski, Char y al apoyo de Sarmiento Angulo. Es decir, de una parte, importante del viejo Establecimiento colombiano.

A pocos días de cumplir dos meses al frente del Estado, De la Espriella Otero ya deja ver los derroteros éticos, estéticos, democráticos y morales[2] con los que manejará el país. En campaña dijo que iba a gobernar con los “Nunca” que han vivido del Estado, pero a su gobierno llegaron los de Siempre. Mintió. Primer fallo ético. En lo que respecta a su idea de la democracia y el respeto a las instituciones, el veto contra el presidente de la ANDI y el acoso judicial contra periodistas dejan ver su talante antidemocrático. Peligroso antecedente de un perfil autocrático que se puede consolidar con el paso de los días.

En cuanto a su estética del poder, caminar entre cadáveres, mofarse de criminales a punta de ser extraditados y abandonar su condición de civil para actuar como un militar[3] más, lo acercan a lo que Édgar Barrero llamó la “Estética de lo atroz”.

“Nuestras élites políticas nos acostumbraron al ejercicio de la atrocidad como forma privilegiada de resolver nuestros conflictos sociopolíticos, toda vez que una de las características fundamentales de lo atroz es que alguien siente un gusto especial, un placer, una alegría con la destrucción severa de otros seres humanos que le resultan desagradables e inaceptables como para convivir con ellos”.

Insisto en la idea con la que inicié esta columna: gobernar a Colombia, o por lo menos intentarlo, constituye un desafío moral, ético, estético y democrático. Cambiar lo que lleva más de doscientos mal no ha sido la prioridad de la mayoría de los presidentes colombianos. Por el contrario, desde la Casa de Nariño han hecho todos los esfuerzos simbólicos e institucionales para mantener esos niveles de barbarie que hoy parecen disfrutar esos casi 13 millones de colombianos que votaron por un candidato presidencial que, una vez investido como Presidente, desprecia la ética, la Otredad, la dignidad de los muertos y la vida de los ecosistemas naturales. Ya estamos en camino de dejar de ser el País de la Belleza para ser el País de la Atrocidad.



[1] “Democidio es un término acuñado por el politólogo estadounidense Rudolph Rummel para describir "el asesinato intencional de una persona desarmada o desarmada por parte de agentes del gobierno que actúan en su capacidad autoritaria y de conformidad con la política del gobierno o el alto mando".

[2] “Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre. Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina. El discurso religioso debe exhortar constantemente a desarmar los corazones y las palabras” (Papa León XIV, en cuenta de X).

[3] “Esa naturalización de la vía “militarista” para resolver los conflictos va acompañada de posturas ideológicas profundamente intransigentes a través de las cuales se instala en la subjetividad una intencionalidad política de eliminación de la diferencia. Esa intencionalidad de asesinar física o simbólicamente la diferencia es lo que se puede llamar “violencia política”, pues ésta “supone una elaboración en la que existe una intención manifiesta o latente de hacer daño, siendo la estructura psicológica la que mayor impacto recibe” (Barrero, 2008, p. 38).

domingo, 27 de septiembre de 2026

OTRO "RICARDO SEMILLAS" ASESINADO EN COLOMBIA

 




Carolina y Franklin Quintero, hermanos de Ricardo Martínez, permanecen junto al ataúd de su hermano en Santa Marta, el 25 de septiembre de 2026.Santiago Mesa


Por Germán Ayala Osorio


El asesinato de Ricardo Andrés Martínez Rodríguez, el joven campesino de 18 años ejecutado por la Policía en el dichoso operativo en contra de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) me hizo recordar la canción Ricardo semillas, de Ana y Jaime.

Ricardo bajo a la aldea estrenando amaneceres

Silbando canciones frescas sin olvidar sus quehaceres

La aldea ese día nuevo salio el sol muy en silencio

Y dejo que el aire tibio regara bien los sucesos

Ay ay ay ay regara bien los sucesos

Ay ay ay ay regara bien los sucesos

El protagonista del primer crimen de lesa humanidad, crimen de Estado o “falso positivo” en la Patria Milagro llegó a la aldea estrenando una muda de ropa que días atrás había comprado, acompañado por su madre, según relata Valentina Lugo en su preciosa crónica. En el texto publicado se lee que “en una finca le pagaron 600.000 pesos [unos 180 dólares], y con eso me dijo que lo acompañara a comprarse una ropita”.

Quizás Ricardo Andrés Martínez Rodríguez, por su juventud y por un antecedente de salud mental no reunió a otros campesinos para hablar de reforma agraria como señala la letra de la icónica canción de Ana y Jaime. Parada Lugo registró así en su crónica ese hecho: “<<Él quería, en realidad, prestar el servicio militar. Se había presentado al Ejército, pero lo rechazaron y se tuvo que devolver a la finca>>. El 30 de abril de este año viajó hasta Ocaña (Norte de Santander), al batallón donde presentó sus pruebas para incorporarse. Duró apenas una semana allá y no pasó porque, en su adolescencia, había tenido problemas de salud mental”.

Mientras escribo esta nota, sigo escuchando a Ana y Jaime, cantantes que me acompañaron en mi adolescencia.

Ricardo reunió a los hombres y les hablo con despacio

Palabras verde esperanza teñidas de sal y selva

Les dijo la vida es nuestra también es nuestra la tierra

Y las palabras que traigo son semillas también nuestras

Ay ay ay ay son semillas también nuestras

Ay ay ay ay son semillas también nuestras

A Ricardo Martínez lo asesinó el Estado colombiano. Ojalá los pocos periodistas independientes que quedan dentro del país y con la ayuda medios internacionales le apuesten a consolidar la narrativa que indique que estamos ante la primera ejecución extrajudicial en el gobierno del “tigre” que ya mostró su animadversión hacia los campesinos: primero, borrando esa identidad que huele a tierra mojada, a soberanía alimentaria, a ropa sucia, a jornal; luego, a querer fumigarlos con glufosinato de amonio, el poderoso defoliante que también puede terminar apagando sus vidas.

Las muertes de Ricardo Semillas y Ricardo Andrés Martínez se parecen mucho: a los dos les dispararon. Valentina Parada Lugo, en su sentida y muy concebida crónica registra las circunstancias previas al crimen de Estado.  “…Pero sí hablaron con una mujer que vive en la zona y que contó que ellos se acurrucaron juntos en un rincón de la finca cuando los oficiales entraron, y luego vio cuando uno de los policías lo separó de ella, tomó a Ricardo por el brazo y le disparó. La familia no tiene forma de confirmar esta parte de la historia. De lo que sí tienen evidencia, por la información de Medicina Legal, es que Ricardo Andrés Martínez fue asesinado por un solo tiro en el pecho. En el corazón. Un tiro de gracia. A la familia le entregaron la ropa con la que lo mataron dentro de una bolsa de plástico. Vestía una de las prendas que había comprado una semana atrás con su madre”.

Y termino esta columna con esa parte de la canción de Ana y Jaime en la que se alude a la manera como fue asesinado Ricardo semillas:

Un disparo corto el viento con sed de sangre emboscada

Y Ricardo dobló el cuerpo sin terminar la palabra

Ricardo murió ese día hermano de hombre y semilla

Murió mirando la vida que entre sus manos moría

Ay ay ay ay que entre sus manos moría

Ay ay ay ay, Ricardo, murió ese día

Eso sí, hay una diferencia que no es semántica entre el Ricardo de la canción y Ricardo Andrés Martínez Rodríguez: al primero, toca imaginarse quién lo asesinó; del segundo ya sabemos que fue un agente estatal el que lo convirtió en el primer “falso positivo” del gobierno del tigre o del gato montés que pernocta en la Casa de Nariño. El titular de la crónica de Valentina habla de una ejecución extrajudicial: La denuncia por una ejecución extrajudicial opaca el operativo militar de De la Espriella en Santa Marta: “Era un campesino pobre, no un criminal”.

Mis condolencias a la familia de este nuevo Ricardo semillas asesinado. Lo más doloroso es que vendrán más ejecuciones extrajudiciales. Esto apenas comienza porque la “pelona” ya está rondando los campos de Colombia. Y lo hace vestida de camuflado, pantalones entubados, chaleco antibalas, radio, pistolas, fusiles y gritando que viva Cristo Rey.

sábado, 26 de septiembre de 2026

LAS AMENAZAS DE ABELARDO GABRIEL




Por Germán Ayala Osorio

 

A pocos días de cumplir dos meses al frente del Estado, De la Espriella va dejando claro su desprecio por la institucionalidad privada y estatal y la separación de poderes. Son tres arremetidas que confirman ese ultraje que ya define su talante que lo acerca al de un dictador bananero: la primera, reducir el presupuesto de la JEP para asfixiarla y evitar que continúe con su tarea de juzgar moralmente a criminales de lesa humanidad, en particular a los agentes estatales involucrados en la sistemática práctica de las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos).

Adicionalmente, en el Congreso las bancadas gobiernistas tramitan una ley para que los fallos y las investigaciones de ese tribunal de paz terminen en la Justicia Penal Militar; el segundo ataque institucional tiene que ver con el veto, que según la estafeta-periodista, Vicky Dávila, impuso al presidente de la ANDI, Bruce Mac Master; y el tercero tiene que ver con la amenaza que lanzó contra particulares y operadores judiciales, incluidos a los magistrados de las altas cortes, en particular a los de la Corte Constitucional, que sigan oponiéndose a la fumigación de los cultivos de uso ilícito. Y eso incluye a jueces de primera y segunda instancia que sigan fallando tutelas que frenan la aspersión aérea con peligrosos herbicidas.

En su tradicional lenguaje desafiante, hablado y corporal, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero y en medio de otra de sus puestas en escena, espetó lo siguiente: “Como presidente de la República he dado la orden desde el primer día que llegué de reiniciar la fumigación de los cultivos ilícitos y nos hemos encontrado con toda suerte de trabas para ese propósito dentro del Estado colombiano y fuera de él. Y quiero decirlo claro, todo aquel que se oponga a la fumigación de ese cáncer sea un funcionario o un particular está de alguna manera ayudando a que ese fenómeno de extienda. Lo anterior debe ser revisado con detenimiento por la justicia norteamericana porque aquellos que están obstaculizando la fumigación están indirecta o directamente patrocinando que las calles de los Estados Unidos, de Europa y de otras latitudes del mundo se llenen de cocaína; Colombia hoy está produciendo el 80% de la cocaína que consume el mundo. La fumigación va y lo voy a lograr porque si queremos que haya seguridad hay que acabar con el combustible que la financia. Lo haré, cueste lo que cueste”.

Vamos por partes, como diría Jack El Destripador porque en su deshilvanada perorata hay elementos interesantes para analizar y comentar. Lo dicho por el presidente de la República constituye, sin ambages, una amenaza. Al poner en manos del gobierno de los Estados Unidos y de su aparato judicial la suerte de quienes se opongan a las fumigaciones de los monocultivos de coca, De la Espriella ya no actúa como presidente de los colombianos, sino como agente federal gringo por su condición de ciudadano norteamericano, con todas las obligaciones morales que conlleva llevar esa ciudadanía. En su monserga político-legal, a De la Espriella habla de cultivos ilícitos. No, presidente, no hay cultivos ilícitos. Es el uso el que los que convierte en ilícitos. Y no se trata de mera semántica. Es un asunto conceptual de fondo.

Sigamos. A De la Espriella le preocupa que la cocaína colombiana circule en las calles de los Estados Unidos, el país al que juró defender y honrar sus intereses extraterritoriales y en particulares los que tienen sobre Colombia: los minerales de las llamadas “tierras raras”, el agua y otros recursos de la biodiversidad. Poco o nada le preocupan los efectos ecológicos, sanitarios y socioambientales que generan el uso de herbicidas como el glifosato y ahora Glufosinato de amonio, potencialmente más dañino que el primero, de acuerdo con los expertos. ¿Con qué empezarán los gringos a perseguir a quienes se opongan al envenenamiento de los suelos y las aguas, a petición de Abelardo Gabriel? ¿Les quitarán las visas o se atreverán a abrirles procesos penales en USA por ser “cómplices” de organizaciones narcotraficantes y terroristas?

De la Espriella prejuzga y casi que condena a quienes se expresen, a través de sentencias, columnas o meras opiniones, a la fumigación con peligrosos herbicidas los cultivos de uso ilícito: los tildó de patrocinadores, aupadores y legitimadores del consumo de cocaína en el mundo. Eso es supremamente grave. Si la rama judicial, juristas serios, la academia y sectores del Establecimiento que ya están sintiendo los efectos negativos de haberlo votado no se expresan e intentan frenar los ímpetus del jefe del Estado, no se extrañen que el día de mañana ordene la captura de un columnista, periodista o juez de la República que se exprese en contra de la aspersión aérea sobre cultivos de coca con Glufosinato de amonio, el peligroso defoliante con el que pretenden volver a fumigar cultivos de pan coger y los de coca.

Ya en el pasado el entonces presidente Álvaro Uribe, en un consejo comunal en Buenaventura, ordenó detener a un funcionario señalado de corrupto. Una vez presentado ante un juez, el operador judicial lo dejó en libertad.

Terminó su contundente amenaza el presidente de la República con esta sentencia: “la fumigación va”. Es decir, por encima de jueces, de las advertencias de ecólogos, biólogos y ambientalistas el jefe del Estado colombiano logra cumplir la orden que le dio su jefe y conciudadano, Donald Trump: fumigar, fumigar y fumigar.

Pero, así como Abelardo Gabriel de la Espriella Otero ya deja claro que su talante no es propiamente el de un demócrata, también naturaliza sus problemas para construir discursos medianamente coherentes. Es tal su incapacidad para articularlos, que a cada momento acude a leer papelitos. El final de la arremetida aquí consignada se puede calificar de “cantinflesca”. Lean: “La fumigación va y lo voy a lograr porque si queremos que haya seguridad hay que acabar con el combustible que la financia”. Sin comentarios, señor juez. O quizás sea mejor decir: No comment, your honor.

Preocupa el atronador silencio de las altas cortes, de la Academia, de las asociaciones de juristas y abogados; de los ambientalistas, ecólogos y biólogos. Que no vaya a pasar que terminemos reescribiendo el famoso poema de Martin Niemöller, atribuido a Bertol Brecht: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar.”

Algo así como, “Cuando los gringos, de la mano de las autoridades colombianas, vinieron por los opositores de las fumigaciones con peligrosos herbicidas los cultivos de uso ilícito, guardé silencio…”




viernes, 25 de septiembre de 2026

HABLÓ BRUCE MAC MASTER

 




Por Germán Ayala Osorio

Dentro del análisis del discurso existen dos elementos que ayudan a descifrar las intenciones, luchas externas e internas y los silencios de quienes escriben ensayos, comunicados de prensa o columnas de opinión. Esos dos elementos son Lo Dicho y Lo No Dicho. En esta ocasión, aplicaré el segundo al comunicado que publicó el presidente de la ANDI, Bruce Mac Master. 

Después de que la estafeta-periodista, Vicky Dávila, vocera del gobierno y del clan Gilinski informara de un veto de Abelardo de la Espriella al presidente de la Andi y a la junta directiva de dicho gremio, el mundo empresarial y las redes sociales esperaban la reacción de Bruce Mac Master.

Hoy, 25 de septiembre, la máxima cabeza de la Asociación Nacional de Industriales publicó un comunicado en el que, sin referirse al veto en forma directa, y mucho menos al retiro de varias empresas del gremio que dirige, si deja claro que algo está pasando entre De la Espriella y él.

Si miramos varios pasajes del comunicado desde el ámbito de Lo No Dicho encontramos una excesiva prudencia en el líder gremial, así como una altura ética y moral que de entrada confronta a la de quienes le entregaron la decisión del veto presidencial a la periodista Vicky Dávila, quien se prestó para para ser la estafeta oficial.

Si hay diferencias de criterio e incluso algún tipo de animadversión entre De la Espriella y Bruce Mac Master, estas había que tramitarlas a través de los canales institucionales a los que se refiere el presidente de la ANDI. En el texto se lee: “hemos privilegiado durante estos días los canales institucionales y los esfuerzos encaminados a abrir una conversación directa, franca y respetuosa”. Desde lo No Dicho, Bruce expresa su incomodidad con los responsables de haber puesto a rodar la versión del veto e incluso le alcanza para llamarlos irrespetuosos con la institución que él representa.

Las omisiones estratégicas (Lo No Dicho) en las que incurre Bruce Mac Master pueden leerse como “cobardes o tibias” por quienes recuerdan los agrios enfrentamientos discursivos que tuvo con el entonces presidente Gustavo Petro, a quien llamó autoritario y con visos dictatoriales. Esas confrontaciones se originaron por las diferencias ideológicas atadas exclusivamente a la dualidad entre Izquierda y Derecha, espectros en los que Petro y Bruce militan de tiempo atrás.

Cuando dice que la “prudencia no es ausencia de posición” en el presidente de la ANDI se pueden advertir dos cosas, a saber: la primera, que él mismo supone que el prolongado silencio después de conocido lo del veto presidencial fue leído en las huestes petristas e incluso, en el mismo gremio, como parte de una postura tibia o cobarde; y la segunda, se puede advertir algo de sorpresa por el anunciado veto porque Bruce no solo votó por De la Espriella, sino que escribió una columna de opinión en El Colombiano que, desde el mismo lugar de Lo No Dicho, resultó elogiosa hacia el entonces candidato presidencial de la ultraderecha, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero. Recordemos algunos apartes de aquel texto de opinión titulado Votaré por la democracia liberal: “Votaré por Abelardo de la Espriella porque considero que es la alternativa más conveniente para todo el país, para las empresas y para los trabajadores. No significa que comparta todas sus posiciones o ideas. Seguramente tendremos acuerdos, así como también diferencias. La democracia no implica adhesiones absolutas. En democracia escogeré la alternativa que mejor protege la libertad, la institucionalidad y el progreso”. Quizás la parte subrayada y posturas asumidas con posterioridad por Bruce en el manejo de recursos para la reconstrucción de las ciudades afectadas por el terremoto fueron mal leídas en la Casa de Nariño, en particular por el presidente de la República.

Volvamos al comunicado. Cuando Mac Master dice que “la ANDI ha trabajado con todos los gobiernos de Colombia. Lo ha hecho defendiendo sus convicciones y expresando respetuosamente sus diferencias y buscando siempre espacios de construcción conjunta…”, tira un venenoso dardo a De la Espriella y a su gobierno que bien se puede expresar en esta frase: “pasará a la historia como el primer gobierno con el que no fue posible dialogar, construir puentes y mantener el respeto por las instituciones y las institucionalidades derivadas de los agentes económicos de la sociedad civil”. Mucho más al fondo, y desde Lo No Dicho, el presidente de la ANDI le está diciendo a su poderoso contradictor: “con todo y lo que me enfrenté a Petro, éste jamás pidió mi cabeza como lo está haciendo Usted”. El final del comunicado resulta claro y directo: “el país necesita más diálogo, más confianza y más capacidad de trabajar conjuntamente, el país lo merece y podemos hacerlo con buena voluntad”.

Ya veremos quién gana este pulso entre De la Espriella y Bruce Mac Master. Pronto sabremos de qué lado se van a poner los otros gremios y los propios afiliados a la ANDI. Sin duda, estamos ante un peligroso episodio que bien puede terminar en la cooptación de estos y otros agentes de la sociedad civil por parte de un presidente de la República que dice respetar la institucionalidad gremial, pero Vicky Dávila se encargó de desmentirlo.

Por ahora, la estafeta-periodista informó en su cuenta de X que “Incauca, Providencia y Sucroal acaban de notificar a la ANDI la no continuidad. Se van. La desbandada empezó con Coca-Cola (FEMSA) de la Cámara de Bebidas de ANDI. ¿Qué opina Bruce Mac Máster? ¿Hasta dónde va a llevar a los empresarios? El gremio necesita interlocución con el Gobierno de @ABDELAESPRIELLA de lo contrario se vuelve muy difícil. Los empresarios lo saben”.




jueves, 24 de septiembre de 2026

UN SHERIFF EN LA CASA DE NARIÑO

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Ver al presidente de la República con una pistola al cinto “patrullando” las desoladas calles de Santa Marta, sitiada por los mafiosos de camuflado de la Sierra Nevada  y “ayudando” a capturar delincuentes callejeros en la capital del Valle, afectada por el terremoto del 10 de agosto, obliga a preguntarse quién y para qué se gobierna realmente el país cuando el jefe de Gobierno, en lugar de ocuparse de manera directa de los asuntos coyunturales y estratégicos que exigen respuestas del Estado, prefiere desdibujar su condición civil y olvidarse de atender los factores y las circunstancias objetivas y subjetivas que producen y reproducen las dinámicas de violencia de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (o los Pachencas) y por supuesto las que convirtieron a Cali en una ciudad en la que pululan los sicarios y el comercio de armas legales e ilegales. En Santa Marta, La Guajira, Medellín y Cali, entre otros territorios, la gobernanza criminal se impuso como realidad económica, social, cultural y política, superando la legitimidad del poder tradicional.

El registro noticioso de los operativos encabezados por el presidente de la República obedece a una muy bien pensada estrategia de marketing político postelectoral, pero hay algo más: veo improvisación, incapacidad para pensar sistémicamente los problemas policiales y el orden público, así como la intención de no discutir, de cara al país, los problemas y desafíos estructurales que sí o sí deben enfrentar juntos el Estado y la sociedad. Hablo, por ejemplo, de los efectos ecológicos y socio ambientales del fenómeno del Niño que, para el caso colombiano se podrían tornar aún más difíciles por la insistencia en un modelo agro extractivo que viene sometiendo a un fuerte estrés a valiosos ecosistemas naturales, entre estos, a las fuentes hídricas que se secan por la intensidad del Niño, pero también por el pésimo manejo de las cuencas y subcuencas comprometidas. Es tiempo de revisar el modelo de la gran plantación, en particular la hegemonía de los monocultivos de la caña de azúcar en el valle geográfico del río Cauca y la palma africana que ganan terreno en la altillanura. Y por supuesto, la extensión del monocultivo de la coca. Esa discusión debería de darla el jefe del Estado, en lugar de estar jugando a las pistolitas.

El terremoto del 10 de agosto es una oportunidad para revisar el modelo urbanístico de una ciudad como Cali que además de segregacionista, deviene desorganizada, caótica y sin una planeación sistémica y sostenible ecológica y ambientalmente. En ese punto, se esperaría ver a De la Espriella sentado con las autoridades académicas y políticas locales discutiendo un nuevo modelo de ciudad que se pueda replicar en Pereira y otras ciudades y pueblos que resultaron afectados por el sismo. Pero no. El presidente prefiere jugar al sheriff, en lugar de liderar procesos de cambio y ajuste que preparen a esas ciudades y pueblos para soportar otro terremoto de una mejor manera, pero, sobre todo, para que superen las gobernanzas criminales que se legitimaron y se entronizaron en la administración pública.

Más allá de los hechos de corrupción del gobierno anterior, Gustavo Petro le propuso al país discusiones conceptuales y académicas alrededor de temas sensibles como el modelo de desarrollo, la importancia del agua, la conservación de la Amazonia y de las selvas del Chocó Biogeográfico y la supervivencia de pueblos ancestrales y comunidades y campesinas; el cambio climático y la transición energética.

Un país acostumbrado a resolver a las malas sus diferencias y conflictos, durante cuatro años vio a un presidente citando economistas y pensadores, confrontando a los agentes económicos y políticos responsables en gran medida de los problemas socioambientales, ecológicos y de planificación urbana que en perspectiva insostenible ofrecen ciudades como Santa Marta, Cartagena, Cali, Barranquilla, Medellín y Bogotá, entre otras más.

Hoy ese mismo país ve a un presidente como De la Espriella gritando Viva Cristo Rey, firme por la Patria, caminando entre despojos mortales de bandidos y “patrullando” empistolado. Y citando a Diomedes Díaz, a quien elevó a la condición de “filósofo”. El mismo que fue procesado y condenado por el crimen de Doris Adriana Niño. ¿Habrá leído Abelardo, por lo menos a Estanislao Zuleta?

Abelardo Gabriel de la Espriella Otero pasó por la universidad, es egresado de la Sergio Arboleda, pero parece despreciar las discusiones conceptuales, el pensamiento crítico e incluso los ejercicios de prospectiva.

Una sociedad se hace inviable cuando al momento de escoger entre un lápiz, el diálogo de saberes y un arma de fuego, opta por esta última. Cuando el país ve por televisión al presidente de la República “enfierrado” y gritando consignas religiosas, sus connacionales, en particular los jóvenes estudiantes, pueden terminar minimizando e incluso despreciando la lectura, la praxis académica, la discusión conceptual y el diseño de categorías de análisis. Le quedan más de tres años en la presidencia. Ojalá sus asesores y amigos más cercanos le hablen al oído a De la Espriella para ver si le hacen entender que este país no necesita ver a un presidente jugando a ser combatiente.

COLPENSIONES EN MANOS DE UN APRENDIZ




Por Germán Ayala Osorio


 

Carlos René Montoya Muñoz, presidente o director de Colpensiones desconoce el cargo en el que fue nombrado por Abelardo Gabriel De la Espriella Otero. Montoya ignora cómo opera el sistema pensional y por supuesto los pormenores de la reforma que por fin declaró exequible en la mayoría de su articulado la Corte Constitucional. No se sabe bien si Montoya llegó a aprender, a cumplir órdenes para que se haga un manejo discrecional de los recursos de las pensiones de los colombianos; o quizás su paso por la entidad estatal lo asumirá como una suerte de “pasantía” para adornar su hoja de vida. Eso sí, un pasante muy bien pago. Ese hecho económico ya es considerado como un “milagro” en las huestes abelardistas. Se espera que el recién posesionado, en agradecimiento a su jefe, grite con entusiasmo ¡qué viva Cristo Rey!

Lleva dos días instalado en semejante cargo y le tocó enfrentar un primer debate en la Comisión Séptima del Senado. El principiante quiso entregarle la responsabilidad de la exposición de asuntos internos(económicos) de Colpensiones a Sandra Camargo, su gerente de Planeación. De inmediato los congresistas de la Oposición cuestionaron a Montoya, quien desconocía que él, como máxima cabeza de la entidad estatal estaba obligado a rendir un informe detallado de la situación de la institución que está presidiendo.

El senador Duvalier Sánchez Arango, de la Alianza Verde, en su cuenta de X subió un video en el que se nota nervioso y desubicado al presidente de Colpensiones, por una razón: dejó ver su total desconocimiento del cargo, técnico por demás, en el que lo puso el jefe del Estado. “Es mi segundo día de trabajo, por cierto, y me tiraron a los toros… es una cosa muy compleja porque estamos en un momento bisagra en el sistema pensional colombiano”. Como escribió un tuitero, Montoya Muñoz estaba más perdido que “moco en oreja”.

En campaña, el “tigre” prometió hasta la saciedad que iba a gobernar con los “Nunca” (lo que jamás contrataron con el Estado) y que habría meritocracia. Su gabinete está plagado de figuras políticas tradicionales, es decir, está gobernando con los de “Siempre”. Incluso, a familiares suyos les dio cargos públicos.

En su administración hay agentes políticos que hacen parte del clan Char, al que es muy cercano De la Espriella. Y en cuanto a invitar a los más talentosos y preparados, esto dijo el entonces candidato presidencial: “Voy a escoger a los mejores. Eso es lo que hay que hacer: un gobierno con meritocracia, con los mejores, para sacar al país adelante en sus horas más oscuras. Los mejores no son los politiqueros; los mejores son los que han demostrado su lucha por Colombia con patriotismo. El mejor talento no es necesariamente el más conocido. La mejor gente de Colombia está en las regiones y nadie la conoce.” Queda claro que De la Espriella mintió.

Al igual que Petro, Abelardo Gabriel reta al país con cada nombramiento. Petro lo hizo con el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa Barragán y en la defensa acérrima que varias veces hizo de Juliana Guerrero, la joven que finalmente reconoció que falsificó títulos académicos para acceder al viceministerio de las Juventudes.

Con el nombramiento de Montoya Muñoz, Abelardo Gabriel desafía a los expertos en el tema del sistema pensional e incluso a quienes votaron convencidos de que el presidente de la República nombraría gente preparada y conocedora de los cargos. Montoya Muñoz desconoce totalmente el sistema pensional. Ni siquiera fue capaz, en la Comisión Séptima del Senado, de articular un discurso medianamente coherente. Congresistas oficialistas salieron en su defensa, esgrimiendo sin pudor el débil argumento “es que apenas lleva dos días al frente de Colpensiones”. Como no les dio la gana hacer el empalme, entonces terminaron feriando cargos para pagar favores electorales y políticos y construyendo la narrativa catastrofista con la que buscan justificar sus proyectos de contrarreforma de los avances que en materia de derechos logró el gobierno Petro. Para el caso de la reforma pensional, ya hay un proyecto de ley en el Congreso con el que se busca echar para atrás lo que acaba la Corte Constitucional de aprobar en materia pensional. Razón le cabe a la congresista María Fernanda Carrascal cuando señala que “poner a personajes tan mediocres e ignorantes en posiciones de poder es lo que ocurre cuando un proyecto político no se estructura para gobernar mejor a Colombia, sino para derrotar a las izquierdas y recortar las libertades y los derechos de los colombianos. Es una vergüenza”. 


Adenda: después de la desastrosa presentación en la Comisión Séptima, el presidente le pidió la renuncia a través de un comunicado público. 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

MONEDAS PROTOCOLARIAS Y EGOS PRESIDENCIALES

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Todos los presidentes de la República dejan ver, a través de sus mandatos, mucho de sus historias personales, atadas a un culto a la personalidad que crece exponencialmente desde el preciso momento en el que les imponen la banda presidencial. Unos alcanzan a generar estados megalómanos, mientras que otros logran darles manejo prudente a sus egos, naturalmente henchidos por ostentar la dignidad presidencial. Veamos algunos casos.

Juan Manuel Santos, por ejemplo, por ser hijo de la rancia oligarquía bogotana asumió su llegada a la Casa de Nariño como un hecho natural fruto de su origen de clase. En lo que corresponde al manejo de su ego, se puede decir que fue mesurado.

Álvaro Uribe Vélez, contrario al origen de clase de Santos, venía de un oscuro mundo político alejado de la pompa, la “decencia” y el buen gusto. En lo que toca a su ego, Uribe prefirió auto asumirse como un recio Mesías para un país indisciplinado y caótico. Por ser un producto mediático millones lo asumieron como “irremplazable” y él mismo se lo creyó.

 Iván Duque Márquez es el típico caso del profesional mediocre que se topó con la oportunidad de salir del anonimato, así fuera para pasar a la historia como el títere de Uribe. En muchas ocasiones Duque dejó ver su fatuo carácter fruto de un ego golpeado por su gris pasado como profesional y su inexperiencia política. Al final de su gobierno actuó como un verdadero frierabrás, es decir, fanfarrón y jactancioso. “De qué me hablas, viejo” es la frase que recoge ese comportamiento.

El caso de la llegada de Petro al solio de Bolívar resultó moralmente inaceptable para millones de colombianos por el hecho de haber militado en el M-19, una guerrilla de origen urbano, diferente a las otras estructuras subversivas. Su proyecto político, reivindicante y profundamente confrontador del Establecimiento lo convirtió en un líder popular y populista. Petro exhibió grados de megalomanía, en parte resultado de la gran aceptación social de su mandato y figura “revolucionaria”.

En lo que respecta al caso del actual presidente Abelardo Gabriel de la Espriella Otero resulta conveniente recoger lo dicho por el ensayista Julio César Londoño, quien en su columna Sobre reptiles y milagros señaló que “Abelardo es más ególatra que Petro”.  Y si, tiene razón el escritor vallecaucano. De la Espriella es posudo con tendencias a mostrarse como un “dandi” metrosexual. Su narcisismo es evidente y su megalomanía también. Tanto así, que mandó a cotizar unas monedas protocolarias en las que exalta su imagen de therian, el tardío desarreglo identitario con el que se identifica con un tigre. Aunque es joven, no es precisamente un adolescente, etapa en la que se presenta ese tipo de “anomalía” en la definición de la personalidad.

Aunque Duque y Petro acuñaron monedas protocolarias alusivas a sus periodos presidenciales, la que mandó a cotizar De la Espriella es un culto, de mal gusto, a su personalidad que raya con lo cursi.

Veamos los elementos gráficos de la moneda: en la parte superior de uno de los lados aparecen las palabras Honor y Lealtad ancoradas misionalmente al Ejército, aunque faltaría el vocablo Patria. Luego, aparece la cabeza de un tigre con ojos color esmeralda que hace aún más temible la expresión de ataque con la que es representado el gran felino. De esta manera insiste en validar su desarreglo identitario. Debajo de la imagen del felino están las iniciales de su nombre ADLE.

En el fondo la Casa de Nariño, la bandera colombiana y el periodo presidencial 2026-2030 fijado en dos pilares. En esa misma cara de la moneda protocolaria aparece la frase Jefatura para la Protección Presidencial, con la que el presidente hace un reconocimiento en vida al equipo que lo cuida y protege todos los días.

Llaman la atención los detalles del reverso de la moneda. En la parte de arriba se anuncia que viene el reconocimiento al Jefe para la Protección Presidencial. Luego, aparece la representación de un miembro del GOES, unidad élite de la Policía Nacional. Acompaña a esa imagen lo que podría ser una máscara espartana y la representación de una mujer que podría representar a su esposa o quizás a una fémina cumpliendo labores de espionaje o figura de una corporación. Y en la parte baja el nombre Carlos Andrés Caicedo, expolicía responsable de la seguridad del presidente de la República.  

Aunque Duque y Petro cayeron en la práctica megalómana de mandar a acuñar costosas monedas protocolarias, el caso de Abelardo los supera con creces por obedecer a una actitud extremadamente egocéntrica, narcisa e infantil por la alusión al reconocido felino que no hace parte de nuestra biodiversidad. Además, la exaltación a dos de las fuerzas armadas sobre las que ejerce control y poder en su calidad de comandante supremo desdibuja no solo su condición civil, sino que pinta sobre la imagen del Estado el espíritu militarista que lo acompaña como jefe de Gobierno y que le permite saludar como si fuera militar y quizás pensar como tal, en un país con una historia reciente de violación de los derechos humanos atribuida a uniformados del Ejército nacional. Quienes no lo votaron y comparten con De la Espriella su origen costeño (de la costa Atlántica) podrán calificar la moneda protocolaria como una cosa corroncha, de mal gusto. O podrían decir que en medio de la cacareada “crisis fiscal” gastar plata en semejante “lobería” es propio de un espantajopos. Como sea, ya valimos mondá, podrían gritar en el mercado de Bazurto de Cartagena o en el malecón de Barranquilla una vez la moneda cobre vida.

Adenda: imagino que le hará llegar al degenerado presidente de los Estados Unidos una de las monedas en agradecimiento por haberle ayudado a llegar al solio de Bolívar y por el apoyo a pacificar por las malas el país. Será noticia el detalle y la reacción de Trump, quien dijo que la "cae muy bien el tigre". 


LA NATURALEZA DE LOS "PAROS ARMADOS"

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Los “paros armados” que ordenan los grupos criminales organizados y los ataques a batallones o estaciones de Policía no siempre obedecen a retaliaciones por operativos militares o a simples demostraciones de fuerza. Hay casos que obedecen a expresiones claras de gobernanzas armadas. A manera de hipótesis señalo que en ocasiones las arremetidas de las estructuras narcoparamilitares o narcoguerrilleras se explican por incumplimientos de pactos políticos establecidos con agentes estatales, sean estos civiles o uniformados.

La hipótesis planteada tiene sentido y arraigo en las realidades que ofrece la degradación moral de todos los actores armados que participan de las hostilidades y que son responsables de las dinámicas político-militares que dan vida a lo que se conoce, ampulosamente, como conflicto armado interno. Ejemplo de esa podredumbre al interior de entidades del Estado es el registro de casos de oficiales y suboficiales del Ejército que les venden armas al “enemigo”. Y el más emblemático de casos que dan cuenta de esa putrefacción militar es el de las ejecuciones extrajudiciales, llamados por la prensa “falsos positivos”.

He venido sosteniendo en varias columnas que los problemas de orden público ya no pueden ser comprendidos en ese marco simbólico, institucional y político. Es tiempo de repensar esa categoría de conflicto armado interno porque después del proceso de paz de La Habana, la naturaleza mafiosa, criminal, prepolítica y desideologizada que hoy define a esas estructuras armadas por fuera de la ley impide mantener ese pomposo nombre.

De ahí que los esfuerzos por pacificar el país a través de procesos de paz o con acciones propias de la guerra total planteada por el gobierno  del presidente-pastor terminen en fracasos por la dimensión de la corrupción en la que estarían atrapadas unidades policiales, militares, empresarios del campo y otros agentes civiles (políticos) que  sucumbieron ante el poder desestabilizador de las millonarias ganancias que entregan la minería, el contrabando, el tráfico de armas, así como la producción y comercialización de la cocaína. El negocio de las armas es otro factor que juega a favor de la imposibilidad de consolidar la anhelada paz, así sea por las buenas o por las malas. El decomiso del fusil Barret calibre 50 BMG (“Light Fifty") de fabricación estadounidense que le incautaron a los mafiosos de camuflado que se hacen llamar Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada es la prueba de que el tráfico de armas es un negocio tan lucrativo como el de la cocaína. ¿Cómo llegó esa poderosa arma a Colombia? ¿Quiénes son los War Lord, nacionales y extranjeros, que se benefician de la guerra en Colombia?

Hay un elemento sociocultural que también hay que tener en cuenta: las violentas identidades masculinas de los jefes paramilitares y narcoguerrilleros que seducen a cientos de jóvenes que sueñan con obtener poder y plata, factores que potencian las masculinidades de esos adolescentes que crecen en entornos en los que sí o sí, y a como dé lugar, se tiene que demostrar que se es un hombre, un macho. Con plata y armas llegan las mujeres, seducidas o reclutadas de manera forzada, para satisfacer a los machitos.

Así las cosas, los ya probados diálogos de paz, con largas e improductivas conversaciones en mesas de diálogo, terminan sirviéndoles a esas estructuras criminales para recuperar heridos, afianzar procesos internos de adoctrinamiento, actividades de reclutamiento de niñas y niños; y la clausura de negocios y consolidación de las sempiternas relaciones con agentes del Establecimiento local y regional en los territorios en los que operan y son legítimos a pesar de la condición de ilegalidad que exhiben.

Por lo anterior, la puesta en escena protagonizada por el presidente-actor en Santa Marta, sitiada por los paracos de la Sierra Nevada sirve para ocultar una realidad aún más compleja que la ya ofrece el “paro armado” decretado en la turística ciudad costera. El “patrullaje” de Abelardo de la Espriella Otero, con un arma al cinto- al parecer traumática-, por algunas calles de Santa Marta deja ver a un presidente que está cumpliendo su sueño infantil de jugar a la guerra y de eliminar a los “malos”. De la Espriella no conoce la historia del conflicto armado y mucho menos el proceso histórico de la degradación moral de los ejércitos legales e ilegales que participan de las hostilidades. El presidente es miope. Presentarse con una pistola al cinto lo deslegitima como agente civil y lo convierte en el hazmerreír de una sociedad cansada de ver machitos armados en las calles.

Cuando seamos capaces de sincerarnos en el país alrededor de la degradación moral de todos los agentes que participan de manera directa o indirecta de las hostilidades, entonces podremos creer que la solución es la guerra total planteada por De la Espriella o abrir nuevamente y por última vez unos procesos de paz que le aseguren al Estado el control absoluto del territorio nacional. No hacerlo nos llevará a seguir velando civiles y uniformados; y viendo al presidente desfilar por entre cadáveres por otros 50 años más.





PRESIDENTE-COMBATIENTE

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Para enfrentar el “paro armado” decretado por las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), De la Espriella madrugó, con pistola al cinto, radio y chaleco antibalas expuesto, a tratar de poner orden en Santa Marta, ciudad atormentada por las acciones de ese grupo mafioso. Por varias horas, con desmanes incluidos, los delincuentes PARAlizaron la vida social y económica de la ciudad costera y turística.

Horas antes, sobre el cielo samario volaron los destartalados aviones Kfir que de nada sirven para contrarrestar las acciones delincuenciales protagonizadas y azuzadas por un grupo armado que busca afanosamente un tratamiento político que no merece por su propia naturaleza mafiosa. ¿Si estaba claro que el potencial militar de los Kfir no se iba a usar dentro de la ciudad, para qué los sacaron? ¿A quién pensaban disuadir? En ese escenario urbano, asusta más una cucaracha voladora que los vetustos aviones de combate. Un gasto innecesario de combustible en el gobierno de la “austeridad”. Primera escena.

Que el presidente de la República bananera de Colombia patrulle la sitiada ciudad de Santa Marta, a la madrugada, previo control del grupo que compone la avanzada presidencial hace parte del reality en el que parece vivir el jefe del Estado. Desde la campaña, De la Espriella venía abandonando su condición civil para construir el relato de ser un “macho valiente, un berraco, un hombre de armas tomar; el soñado comandante en jefe de las fuerzas armadas; un policía, un militar más”. Bueno, en el pasado el país vio al subpresidente Iván Duque disfrazado de patrullero de la Policía. Una vez el presidente  abandona su condición civil y se convierte en combatiente, así sea para posar ante la cámara oficial, erosiona el principio de distinción, lo que se traduce en un riesgo para la vida de campesinos que conviven en sus territorios con narcoterroristas. Borrado el principio de distinción, los "falsos positivos" (crímenes de Estado), volverán casi de inmediato. 

Con su grito patriótico y el ridículo saludo militar conquistó los corazones de millones de colombianos que anhelaban ver en la Casa de Nariño a un presidente-combatiente, con todo y lo que ello significa en un país incivilizado y violento como Colombia. Hasta los bots que lo votaron, llegaron a sentir simpatía por este “rambo criollo”. Ni el pésimo actor y presidente  gringo, Ronald Reagan se atrevió a tanto. Claro, eran los años 80. Ahora, con redes sociales y el sumiso cubrimiento de la prensa hegemónica es muy fácil convertirse en protagonista de esa Colombia cuya historia, cultura y presente están atadas a las características de la novela negra, incluida la ambigüedad moral de sus protagonistas.

La prensa- hoy abelardista, ayer uribista- entró en el cuadro para consolidar el relato que indica que a Colombia la gobierna un “macho armado”, “un combatiente”, o un depredador (por aquello de que el presidente cree que es un tigre). Con ese cubrimiento mediático, la película de terror que se graba en tiempo real y todos los días en el país le sirve al gobierno para distraer realidades que parece que empiezan a hacerse visibles: disminución del turismo internacional y nacional; crisis económica en Cúcuta y una lenta reconstrucción de las ciudades afectadas por el terremoto del 10 de agosto; la falta de criterio para enfrentar los incendios en zonas biodiversas y la llegada de un devastador fenómeno del Niño. A lo que se suma la censura a la prensa, el control político e ideológico sobre el DANE y el ICBF, así como el veto al presidente de la Andi, que votó orgulloso y confiado por De la Espriella.

La FM, para poner solo un ejemplo del dócil acompañamiento mediático a la transformación del presidente en combatiente, señaló en su cuenta de X que “el presidente Abelardo De La Espriella amaneció patrullando Santa Marta y envió contundente mensaje a los grupos criminales”.

Quizás toda esta puesta en escena y despliegue egocéntrico termine en una declaratoria de emergencia sistémica que claramente pasará los ya invisibles controles de las altas cortes. La arremetida de Abelardo Gabriel contra la JEP asustó a los magistrados que no han dicho nada frente a la amenaza presidencial de cerrar el alto tribunal de paz.

Gracias a los casi 13 millones que votaron por el tigre, por cuatro años veremos a Abelardo Gabriel de la Espriella Otero cumpliendo los roles de presidente-actor, presidente-pastor, presidente-therian y presidente-combatiente. En el 2030 todos podremos evaluar cuál de esos papeles protagónicos merecen ser reelegidos o por lo menos recordados para la segunda temporada 2030-2034.  El espectáculo apenas empieza, así que sírvanse las gaseosas y las crispetas para ver los desarrollos de esa novela negra llamada Colombia.

Adenda: para aquellos que no conocen mucho de la novela negra les dejo este párrafo: “Una de las características que aleja a la novela negra de la novela policíaca es su protagonista. En estas historias no seguimos los pasos de detectives y policías justicieros, con una capacidad insólita para resolver misterios; en su lugar conocemos a detectives privados, policías, jueces, periodistas, políticos corruptos, gángsters, etc., que tienen en común su ambigüedad moral. Los personajes principales están repletos de luces y sombras, por lo que su retrato psicológico pasa a ocupar el interés central del relato frente a la resolución del crimen. Se trata de personas toscas, cínicas, muy proclives a los vicios y que utilizan métodos poco ortodoxos para conseguir sus propósitos”.

martes, 22 de septiembre de 2026

EL LENGUAJE CENTRISTA

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Aunque todavía se discute si el Centro político existe en Colombia, lo que sí parece existir es el “lenguaje centrista”, caracterizado por la mesura al momento de calificar o descalificar acciones y decisiones del actual gobierno. Puede haber algo o mucho de cobardía en quienes miden el tono para referirse a hechos políticos que claramente devienen autoritarios, caprichosos e incluso con visos dictatoriales.

Un lenguaje centrista se soporta en lecturas clasistas de quienes, formados en el privilegio, odian o desprecian a quienes exhiben un discurso contestatario y reivindicante. Quienes se atrevieron en el pasado a confrontar a los sectores privilegiados y a hacerlos responsables de la inequidad, la pobreza estructural y la discriminación derivada, fueron descalificados con dureza por los miembros del “centro político”.  Ahora que la derecha gobierna, los voceros de ese medroso y espectral centro se cuidan al momento de publicar sus opiniones.

Para probar la existencia de ese “lenguaje centrista” tomaré las reacciones de algunas figuras del “centro político” frente al mensaje publicado por la periodista-estafeta, Vicky Dávila, en relación con el veto que habría ordenado Abelardo Gabriel en contra del presidente de la Andi, Bruce Mac Master y los miembros de la junta de ese gremio.

Al cierre de esta columna no se conocía la reacción del dirigente gremial frente a lo publicado por Dávila, vocera y mandadera de los Gilinski. Quien sí reaccionó fue el exministro de Salud del gobierno Petro, Alejandro Gaviria Uribe, académico y político que hace parte del fantasmal centro. Esto dijo en su cuenta de X: “La orden es clara: no hablar con los gremios, periodistas o empresarios que muestren alguna independencia. El propósito también es evidente: acabar con el disenso, construir a las malas una especie de consenso artificial. El resultado es predecible: un gobierno cada vez más prepotente, aislado e ineficaz”.

Ahora comparemos el tono del lenguaje que usaron el dirigente gremial y el profesor Gaviria cuando se enfrentaron al entonces presidente Gustavo Petro. Alejandro Gaviria y Bruce Mac Master no bajaban al presidente de “autoritario, caprichoso y dictador”. Una vez dejó de ser su ministro de educación, Gaviria se dedicó a despotricar del presidente de la República: “Estuve seis meses y presencié el caos, la indolencia y la falta de cualquier idea de gobierno. No iba a quedarme callado. Mi lealtad es con mis principios, no con un presidente autoritario y enloquecido”.

El presidente de la Andi, Bruce Mac Master mantuvo agrios enfrentamientos verbales con el entonces presidente Petro. Esto dijo el 20 de junio de 2026 en su cuenta de X: “La participación indebida en política de Gustavo Petro se ha constituido en un abuso de poder probablemente sin precedentes en Colombia. Recuerda el camino que transitaron Venezuela y otros países en los cuales se terminaron afianzando regímenes dictatoriales. […] el gobierno más antidemocrático de la historia”.

¿Por qué no usan los mismos epítetos para referirse a De la Espriella? ¿Acaso sienten miedo? ¿Por qué la demora del presidente de la Andi en reaccionar? Apostarle a la construcción de un “lenguaje centrista” cuando hay evidencias claras de que el presidente de la República es irascible a la crítica, no obedece a una postura mesurada pensada para no “polarizar”. Por el contrario, más parece una decisión de clase que los obliga a aceptar a De la Espriella, aunque lo consideren un “levantado, ordinario y corroncho”.

Entre la derecha que gobierna hoy y el “centro” (derecha vergonzante) no se advierten fracturas no ideológicas, sino un distanciamiento por cuestiones de estilo. El no reconocimiento político de ciertos sectores societales (cachacos), de parte de Abelardo Gabriel, incomoda en gran manera a miembros de la élite bogotana. Se abstienen de llamar “dictador, autoritario y caprichoso” al presidente de la República por una sola razón: los une que comparten los valores tradicionales y la doctrina económica. Es decir, son de derecha y en el fondo desdicen del progresismo y  de la izquierda democrática. Así las cosas, el “lenguaje centrista” existe porque se sostiene en la hipocresía, la falsedad, el clasismo, la aporofobia y el racismo que caracteriza a la élite tradicional y a los “levantados” que de cuando en cuando se les cuelan en la Casa de Nariño. El silencio y el “hagámonos pasito” puede estar atado al miedo que les da perder el control de la puerta giratoria a los dirigentes gremiales que De la Espriella está vetando.

lunes, 21 de septiembre de 2026

DE LA ESPRIELLA "VETA" A PRESIDENTE DE LA ANDI

 


 


Por Germán Ayala Osorio

 

La estafeta-periodista, Vicky Dávila Hoyos, al servicio de la familia Gilinski, informa en su cuenta de X que “fuentes del gobierno confirman que a partir de ahora, ningún ministro se puede reunir con Bruce Mac Master, presidente de la Andi. Están evaluando ampliar el veto a los miembros de la junta”.

Si lo que dice Dávila Hoyos es cierto, De la Espriella estaría jugando duro contra viejos agentes del Establecimiento como lo es el eterno presidente de la Andi; el ataque se explicaría por antipatías personales de un presidente proclive a vetar periodistas y ahora a empresarios, o por el cumplimiento de una sugerencia-orden de algún miembro de la familia Gilinski o de otro "cacao" interesado en hacerse con el control de ese gremio y de las formas que en el pasado siempre les garantizó la operación de la “puerta giratoria”.

El manejo de las donaciones para el fondo milagro para atender a los damnificados del terremoto del 10 de agosto habría sido uno de los motivos del distanciamiento entre De la Espriella y Mac Master. Este último se habría opuesto a que algunos recursos fueran manejados por la fundación de la esposa del presidente de la República, encargada de la recepción de las donaciones.

Por supuesto que el veto presidencial deviene con una peligrosa carga autoritaria que activa de inmediato la memoria alrededor de la confrontación política e ideológica entre Bruce Mac Master y el entonces presidente Petro. En uno de esos choques, Petro escribió en su cuenta de X, lo siguiente: “Yo le pregunto a Paloma Valencia y a Bruce Mac Master: ¿más de 71 cadáveres recogidos, la existencia de fosas comunes escondidas por el ELN, el desplazamiento de 55.000 personas de las 400.000 que habitan en el Catatumbo, el asesinato de exfirmantes de paz, los crímenes contra la paz cometidos en la región, la necesidad de financiar la ofensiva del Ejército... no son motivos de una conmoción interior en el Catatumbo?”.

Los rifirrafes entre la dirigencia gremial y Petro fueron permanentes, en especial a partir del momento en que el primero sacó del gobierno a los ministros que contaban con el aval de los gremios y los partidos tradicionales. Una vez radicalizado, la confrontación política se volvió paisaje.

Ya en campaña, la derecha neoliberal y el empresariado decidió votar por De la Espriella. Dirigentes como el presidente de la Andi expusieron públicamente por quién votarían. El 14 de junio, a través de la columna Votaré por la democracia liberal, Bruce Mac Master dijo: “Para quienes creemos en la democracia liberal, la Constitución, el Estado de derecho, las libertades, y una economía capaz de generar oportunidades, la elección actual es fundamental. Votaré por Abelardo de la Espriella porque considero que es la alternativa más conveniente para todo el país, para las empresas y para los trabajadores. No significa que comparta todas sus posiciones o ideas. Seguramente tendremos acuerdos, así como también diferencias. La democracia no implica adhesiones absolutas. En democracia escogeré la alternativa que mejor protege la libertad, la institucionalidad y el progreso”.

El presidente de la Andi no se caracteriza por tener claridades conceptuales que le permitan articular un discurso coherente. Más bien es un dirigente gremial fatuo acostumbrado a mandar e imponer su punto de vista. En eso se parece mucho a De la Espriella. Quizás la frase en rojo desató la ira de Abelardo Gabriel, quien ya le dejó claro al país que su megalomanía se alimenta de todas las lisonjas que le puedan hacer llegar de los gremios económicos y de otros sectores de poder. A lo mejor Bruce Mac Master olvidó hacerlo y su cabeza estaría en riesgo. Quizás deba hincarse ante su Majestad. 

Insisto, de resultar cierto lo que dice la estafeta-periodista y excandidata presidencial, tanto la Andi, su junta y otros gremios están obligados a salir a rechazar el veto presidencial por ser desobligante y profundamente peligroso para la democracia, liberal -o no-, que Bruce Mac Master dice defender. El “tambaleante” presidente de la Andi publicó un trino el 20 de diciembre de 2025 en el que espetó que “la peor versión de la autoritarismo es la que se viste de democracia. ¿Cuánto hay del autoritarismo a la dictadura?”. La pulla estaba dirigida, por supuesto hacia el presidente Petro. Ahora que, según Vicky Dávila el presidente de la Andi está en camino de saber “qué tan duro muerde el tigre”, sería bueno que el dirigente gremial vaya al archivo de su cuenta de X para recoger el sentido de ese trino, pues es claro que lo dicho en ese momento “maduro mal”.

Ya la periodista-estafeta había dado puntadas de lo que se venía en contra del presidente de la Andi. Esto dijo el 26 de agosto del año en curso: “La ANDI requiere una renovación y una modernización. Es importante impulsar nuevas voces y liderazgos dentro del mismo gremio. Hay que reconocer la importante labor de Bruce Mac Master durante más de 15 años. Dicho eso, si las directivas de la ANDI piensan más en el pasado que en el presente, corren el riesgo de un futuro en la obsolescencia”.

Si finalmente el fierabrás de Bruce Mac Master sale de la presidencia de la Andi, la historia dirá que no fue por orden del exguerrillero y “dictador” Gustavo Petro, sino por disposición del “demócrata respetuoso de la institucionalidad” por el que votó el hoy tambaleante dirigente gremial. En esa misma columna del 14 de junio, Mac Master dijo que “De La Espriella ha decidido rodearse de personas respetables, con visión institucional y democrática, eso es muy importante. Confiamos en que habrá un gobierno dentro del cauce de la Constitución, con respeto por los contrapesos, talento técnico, constructor de consensos y con buenas políticas públicas. El país necesita más unión y menos polarización”.

No sé si Bruce Mac Master pecó en ese momento de inocente o simplemente le tiró una lisonja al entonces candidato presidencial. Hoy, en calidad de jefe de Estado, De la Espriella se olvidó de esa adulona y zalamera loa. Y eso que dice que no es político. Qué tal que lo fuera. 



CENSURA OFICIAL EN COLOMBIA Y ESTADOS UNIDOS




Por Germán Ayala Osorio

La censura a las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo y al caricaturista Vladdo por solicitud- orden o petición- del presidente Abelardo Gabriel de la Espriella Otero apenas si fue registrado por los medios masivos. Los que lo hicieron, le dieron la misma importancia a un atraco callejero o el tradicional cosquilleo en Transmilenio. Es decir, una cosa normal. Por el contrario, en la red X los tres casos recibieron más atención que en los medios hegemónicos cuyos propietarios, banqueros y grandes empresarios, pusieron en el solio de Bolívar a De la Espriella. Eso explica el silencio y por supuesto, la echada de las comunicadoras.

La gran prensa corporativa y con ella los colegas de Zuluaga, Restrepo y Vladdo guardaron silencio frente a la salida a su salida del aire y lo que es peor, callaron frente al significado político de la acción presidencial y sus efectos en la democracia. La academia, en particular las facultades de comunicación social-periodismo y la propia FLIP hicieron lo propio. El miedo es generalizado. Las escuelas de periodismo prefieren no decir nada para no afectar sus relaciones con las empresas mediáticas en las que hacen prácticas sus egresados; se suma, por supuesto, las simpatías ideológicas de decanos y rectores de universidades privadas pendientes del regreso del programa Ser Pilo Paga. La FLIP criticó la directiva presidencial con la que el presidente deja claro que su gobierno les hablará exclusivamente a los medios “amigos”, pero no dijo nada frente a la burda censura oficial. 

En los Estados Unidos el arbitrario y degenerado presidente Donald Trump vetó a la cadena CNN, lo que constituye un acto de censura oficial que no solo viola la protección constitucional (la primera enmienda), sino que puso a prueba a la prensa americana. Pocos días después de establecida la mordaza, CBS, ABC, NBC y Fox anunciaron que dejarán de cubrir las actividades públicas de Trump, como hacían junto a CNN. Lo harán por turnos. Sin duda alguna, una postura política que expone los miedos del presidente de los Estados Unidos a ser criticado y confrontado; esa postura asumida por el carcamal anaranjado lo acercó a las asumidas por cualquier presidentico de las sempiternas repúblicas bananeras forjadas desde la Casa Blanca. A quien le urge censurar para gobernar tranquilo deja ver sus miedos, su incapacidad para argumentar y el fastidio que le genera reconocer a los periodistas como interlocutores válidos.

Una vez registrado el hecho noticioso generado por las cadenas de televisión norteamericanas, casi de inmediato varios tuiteros aprovecharon para reclamarles a los medios tradicionales de Colombia el haberse hincado ante De la Espriella y sobre todo, por no haber rechazado la censura contra las dos periodistas y el caricaturista. La solidaridad del gremio fue casi nula. Se quedó en algunos respaldos individuales. El señor Caicedo, en su cuenta de X, publicó este trino: ¿Qué pensarán en Colombia los arrodillados de @BluRadioCo @NoticiasCaracol @rcnradio @CaracolRadio @NoticiasRCN?

De la Espriella y Trump se parecen mucho: rechazan a los periodistas que los cuestionan y que intentan cumplir con actividades informativas de contrapoder. Para el caso colombiano, la directiva presidencial con la que prácticamente se establece una relación informativa exclusiva con “medios amigos” deviene como una acción de mordaza contra aquellos medios o periodistas que están prestos a incomodarlo con preguntas relacionadas, por ejemplo, con los dineros que le giró su amigo y confeso delincuente, Alex Saab. Pensar que De la Espriella pueda recibir en la Casa de Nariño al incisivo Daniel Coronell ni siquiera resulta utópico, es sencillamente, ciencia ficción. Recordemos que De la Espriella tiene demandados a varios periodistas que osaron cuestionarlo. 

Bien por las cadenas de televisión de los Estados Unidos y muy mal por las empresas mediáticas colombianas. Claro, nos llevan años en cultura democrática y en respeto a las libertades de prensa y opinión. En Colombia, pensar distinto, incomodar al poder y ejercer el derecho a opinar suelen ser mal vistos por el poder político. En el fondo, los medios americanos tienen claro qué es eso de la dignidad y el profesionalismo. En Colombia esos conceptos aún no llegaron a las salas de redacción porque hay muchos periodistas que les da miedo “patear la lonchera”, pero se sienten a gusto fungiendo como estafetas del Palacio de Nariño.

 

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