viernes, 30 de octubre de 2026

GRAVAR LA COMIDA Y ESTALLIDO SOCIAL




Por Germán Ayala Osorio

 

Las disímiles formas de violencia, simbólica y física que acompañan los tormentosos procesos civilizatorios de Colombia, aunque suelen ser rechazadas por defensores de la vida y los derechos humanos, algunos las asumen como salidas legítimas para resolver diferencias políticas y rechazar medidas gubernamentales. Justamente, varios tuiteros ya proponen que para rechazar el contenido del proyecto de ley de ajuste económico (realmente es una reforma tributaria) que el gobierno presentará al Congreso se vuelva a vivir un estallido social como el de 2021.

Para “justificar” su llamado recuerdan que el estallido social lo generó la reforma tributaria de Carrasquilla, el fierabrás e irresponsable ministro de Hacienda del inefable e infantil Iván Duque Márquez. Por supuesto que hay diferencias coyunturales que harían casi imposible que el país vuelva a vivir y sufrir semejantes escenas de odio étnico, aporofobia gubernamental y social, todo en el marco de una declarada lucha de clases.

La invitación a que el “pueblo se levante” en esas mismas condiciones para rechazar las regresivas medidas económicas de gravar con IVA las frutas, verduras y el café, entre otros productos y servicios es a todas luces temeraria, pero sobre todo irresponsable. Quienes aspiran a que se vuelva a presentar ese violento y caótico escenario parecen olvidar el saldo trágico que dejó el estallido social de 2021: las “Rutas del Conflicto registró 80 víctimas mortales durante el estadillo social, en su mayoría jóvenes estudiantes y trabajadores entre los 17 y los 26 años. Brutalidad policial, enfrentamientos y confusos hechos se evidenciaron en una base de datos construida por Rutas del Conflicto, en la que buscamos contar quiénes eran las víctimas y las circunstancias alrededor de su muerte”. Sin contar las jóvenes violentadas sexualmente por policías del Esmad.

Invitar a movilizaciones, plantones y marchas resulta legítimo para expresar el descontento social que crece a diario en contra del gobierno y la figura de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero. Esperar y proponer que de estas se derive un nuevo estallido social deja ver un desprecio por la vida de los jóvenes sobre los que recaería la responsabilidad de las movilizaciones y la violencia oficial que este gobierno está dispuesto a ejercer con ferocidad y enmarcar la protesta social en lo que Duque en su momento calificó como “terrorismo urbano”.

Las organizaciones sociales de izquierda y progresistas, las centrales obreras y los agentes más visibles del petrismo no pueden recoger las ideas de unos cuantos tuiteros que asumen el estallido social de 2021 como fórmula e instrumento para echar para atrás las pretensiones de Abelardo de afectar negativamente la vida de las grandes mayorías de colombianos que cada mes hacen ingentes esfuerzos para asegurar los tres golpes (las tres comidas).

Que Abelardo y su equipo económico están jugando con candela no se puede negar, pero invocar y proponer un nuevo estallido social no puede ser el único camino posible que queda para responder al desafío cultural, social, económico y político de un presidente empeñado en seguir al pie de la letra las recetas del FMI y favorecer a los banqueros que financiaron su campaña.

Las aplastantes mayorías que tiene Abelardo en el Congreso, sin tener un partido político consolidado, hacen pensar que su proyecto de ley de ajuste fiscal pueda pasar tal cual como lo presentará. Pero cuidado que se vienen las elecciones regionales en 2027, escenario electoral que podrá ser aprovechado por las huestes petristas, la izquierda y el progresismo para tomar revancha de un gobierno que en menos de tres meses ya dejó ver una incontrastable ineptitud y sumisión a los siempre mezquinos intereses de los mega ricos del país y a la voluntad de Donald Trump. También se advierte que Abelardo les mintió a sus votantes durante la campaña. Les dijo, entre otros asuntos y promesas que no gravaría productos de la canasta familiar. Sin duda alguna, los engañó, les mintió, se burló de ellos.

Así las cosas, el reto para la izquierda, los progresistas e incluso para las mesnadas de la derecha que entienden los riesgos que corren electoralmente de seguir aprobando todo lo que propone y hace Abelardo está en oponerse con firmeza a la desacertada política de ajuste fiscal que está empeñado en sacar el inquilino de la Casa de Nariño. Si al país le va mal con Abelardo, el regreso al poder de la izquierda y el progresismo se podría dar, así no haya estallido social.

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