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lunes, 7 de septiembre de 2026

EXCORONEL PLAZAS VEGA A JUICIO



Por Germán Ayala Osorio

 

El asesinato del magistrado Carlos Horacio Urán Rojas a manos de miembros del Ejército Nacional vuelve a recordarles a los colombianos los hechos del holocausto del Palacio de Justicia ocurridos hace 40 años. De acuerdo con la familia del togado, la responsabilidad de la muerte recae en el entonces coronel Alfonso Plazas Vega, comandante operativo de la retoma del Palacio de Justicia.

Urán Rojas habría salido vivo de las instalaciones, de acuerdo con análisis que se hicieron de las imágenes de televisión que registraron las salidas del personal civil. Lo llamativo del caso es que el cuerpo del togado fue encontrado al interior del Palacio de Justicia, con un tiro de gracia que salió de una pistola 9 milímetros. En por lo menos dos ocasiones la Fiscalía colombiana desestimó esa versión, asegurando que Urán jamás salió de las instalaciones y que su muerte se produjo en su interior.

El entonces coronel de Caballería, Plazas Vega fue procesado y condenado, pero luego absuelto por la Corte Suprema de Justicia en lo que concierne a la suerte que corrió la vida del magistrado Urán Rojas. Sin embargo, la familia demandó al alto oficial ante la justicia norteamericana pues el exmilitar se fue a vivir a Miami. El proceso judicial (civil) está por iniciar la etapa de juicio en contra de Plazas Vega. Está previsto el inicio de esa etapa procesal para el 8 de septiembre. Plazas Vega está demandado por tortura y el asesinato del magistrado. “En 2022, las hijas del magistrado Urán –Xiomara, Mairée y Helena Urán Bidegain– presentaron una demanda ante la jurisdicción estadounidense contra el coronel Luis Alfonso Plazas Vega, quien reside en el estado de Florida. Ellas están representadas por el Centro para la Justicia y la Rendición de Cuentas (CJA), una organización que denuncia jurídicamente casos de tortura y crímenes de guerra en todo el mundo”.

El llamado a juicio en sí mismo resulta relevante, pero lo es más la reacción del presidente Abelardo de la Espriella Otero, quien ordenó a su canciller Omar Bula y a la embajadora de Colombia en los Estados Unidos, Consuelo Araújo acompañar al excoronel y acoger su defensa como agente estatal y héroe de la patria. De la Espriella le dijo a la prensa que “el coronel Plazas Vega es un héroe de la patria. La Corte Suprema de Justicia lo declaró inocente, después de una persecución infame y mentirosa que duró años”.

Al asumir el caso como un “asunto de Estado”, De la Espriella se alinea con una concepción de Estado que de acuerdo con el balance final que dejó la retoma del Palacio de Justicia resulta inmoral por el sacrificio de las vidas de los civiles que quedaron en medio del fuego cruzado entre militares y guerrilleros del M-19. Además, lo hace en un momento histórico definitivo para él como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, para el Estado y el viejo establecimiento. Aunque su saludo militar se lee en ocasiones como una burla o pantomima, su alineamiento ideológico, institucional y político con las mesnadas castrense debilita el carácter civil del jefe del Estado, lo que lo acerca a la posibilidad de terminar gobernando vestido de verde oliva como ocurrió con Nicolás Maduro Moros y hasta el propio Fidel Castro Ruz.

Su más reciente aparición en público, desfilando entre bolsas blancas en cuyo interior estaban los cadáveres de 23 terroristas “dados de baja”, da cuenta de su decisión consciente de transformarse en un militar más. Daniel Coronell, en su columna Farsa macabra, lo define como un actor que sigue un libreto. Para aquella ocasión en la que se pavoneó sobre los despojos mortales de los terroristas abatidos, Coronell dijo que llegó “caracterizado con pantalones tácticos entubados, camisa verde oliva entallada, botas y walkie-talkie en mano”.

Se trate o no de una actuación o del cumplimiento de un guion predeterminado, la alineación sin asomo de crítica a los uniformados que en el presente y en el futuro reciban el encargo de defender la patria pone a la dignidad presidencial en riesgo de perder su condición civil para aceptar sin ambages el espíritu, las lógicas y las dinámicas militares en un país que arrastra una historia de violaciones a los DDHH y al DIH ordenadas desde batallones y legitimadas por presidentes de la República cuestionados por ejecuciones extrajudiciales, torturas y desapariciones forzadas.

La retoma del Palacio de Justicia por parte de los militares partió de un afán de venganza de los uniformados contra el M-19, estructura armada ilegal que con golpes mediáticos como el robo de las cinco mil armas del cantón norte de Bogotá y la extracción de la espada de Bolívar, entre otros golpes, terminó ridiculizando a los miembros del Ejército.

La operación militar emprendida para recuperar a sangre y fuego el edificio, asaltado a tiros por una célula del M-19, le permitió al entonces coronel de Caballería, Alfonso Plazas Vega justificar el operativo diciendo la frase “aquí, defendiendo la democracia maestro. El militar en ese estresante momento y ante una prensa ávida de conocer qué estaba pasando al interior del Palacio de Justicia, redujo la democracia a la recuperación de un edificio. Desde una perspectiva simbólica, la frase tiene sentido, pero desde lo conceptual, la misma expresión deviene con una fuerte carga reduccionista en la medida en que jamás estuvo en riesgo la institucionalidad y mucho menos el control de los tres poderes públicos. Quienes por más de 24 horas rompieron la jerarquía y la responsabilidad del mando fueron los militares que prácticamente sacaron de la ecuación al presidente Belisario Betancur Cuartas.

La legitimidad del Estado y del uso de la violencia o de la fuerza no puede asumirse como una patente de corso para debilitar la democracia y mucho menos violar derechos y libertades. La degradación del conflicto armado interno y de los actores armados, legales e ilegales, comprometidos, exige del jefe del Estado ecuanimidad y sindéresis al momento de examinar las actuaciones de los militares durante las ofensivas en contra de las organizaciones criminales. Posar o actuar como un militar más no es un detalle menor en una sociedad que desde el plebiscito por la Paz evidenció una fuerte fractura social, política e ideológica que terminó dividiendo al país entre “buenos” y “malos”. No vaya a ser que, De la Espriella, frente a un hecho parecido al del holocausto del Palacio de Justicia termine diciéndole a la prensa, “aquí, defendiendo el Estado gendarme, maestro”.

 

sábado, 29 de agosto de 2026

PODER PRESIDENCIAL Y MARIPOSAS AMARILLAS



Por Germán Ayala Osorio

 

El sistema patriarcal y el machismo tienen en la Política- sí, con mayúscula- al mejor escenario para mantenerse, extenderse en el tiempo y reproducir las narrativas y lógicas de dominación sobre la mujer y los ecosistemas naturales, formas de violencia simbólica y física esenciales en eso de ser hombre. Baste con mirar la historia de las civilizaciones, el actual modelo de desarrollo extractivo y la experiencia misma de la colonización antioqueña para comprender la fuerza de ese sistema y de todo lo que se deriva de su operación.

Los presidentes de la República, todos hombres para el caso colombiano, confirman que la Política es el escenario en el que se reproducen taras civilizatorias como el racismo, el clasismo y por supuesto el machismo que convierte a los políticos en hombres interesantes, deseados, irremplazables y definitivos para otros hombres y para mujeres, todos y todas dispuestas y  capaces de hacer todo- y todo es todo- con tal de vivir de la política, esto es, enriquecerse, alcanzar visibilidad, reconocimiento y un lugar en la historia.

Quienes logran llegar al máximo poder político- la presidencia de la República- suelen convertirse en caudillos y en Mesías. A otros, por supuesto, solo les interesó llegar para cumplir las tareas que les impusieron otros hombres que los sentaron en el Solio de Bolívar para que fueran sus sirvientes: Iván Duque es el ejemplo más reciente, aunque todos de una y otra manera terminan hincándose al poder bien sea de banqueros, contratistas e incluso de mafiosos. Negocios y cosas de machos. No en vano la escritora Carolina Sanín habla del “cacorraje nacional” en detrimento del surgimiento de los liderazgos femeninos.

Otros buscaron llegar a la Casa de Nariño porque así lo ordenaba la tradición familiar: es el caso de Juan Manuel Santos, un “delfín” que sí o sí debía ser presidente. El caso de Vargas Lleras, nieto de presidente, resulta emblemático porque tuvo todo para llegar a la casa de gobierno, pero su nulo carisma, su rostro adusto, su clasismo y aporofobia le impidieron alcanzar la “gloria”. Por ahí andan unos “delfines” a más de 2600 metros sobre el nivel del mar, a los que muy probablemente les pasará lo mismo que le sucedió a Germán Vargas Lleras.

Otros llegaron extraviados, como es el caso del poeta Belisario Betancur Cuartas, un mandatario pusilánime que dejó de gobernar por un poco más de 48 horas: la tropera cúpula militar de la época le dio el mini golpe para retomar el Palacio de Justicia tomado a sangre y fuego por un piquete del M-19. Los uniformados no recuperaron el edificio porque lo quemaron y tampoco defendieron la democracia como creyó que lo estaba haciendo el coronel y caballero Alfonso Plazas Vega. Lo de caballero es porque era del arma de la Caballería. Muy cerca de ese momento histórico atado a la constitución de 1886 está la figura de Julio César Turbay Ayala, cuya presidencia se recuerda como violenta por la aplicación del Estatuto de Seguridad y la violación de los derechos humanos. Llegó al poder para dar rienda suelta a su incontrolable cachondez: se cree que venía a Cali a participar de bacanales con sus amigos los narcos.

El punto delirante llega cuando se vuelven caudillos, se sienten Mesías e incluso amanecen un día sintiéndose como los “papás” de los colombianos. Hay dos casos para citar: Álvaro Uribe Vélez y recientemente Abelardo de la Espriella Otero.

El primero, en su Manifiesto Democrático, los 100 puntos de Uribe dejó clarísimo cómo se veía frente al pueblo colombiano: “Aspiro a ser presidente sin vanidad de poder. La vida sabiamente la marchita con las dificultades y atentados. Miro a mis compatriotas hoy más con ojos de padre de familia que de político. Aspiro a ser presidente para jugarme los años que Dios me depare en la tarea de ayudar a entregar una Nación mejor a quienes vienen detrás. No quiero morir con la vergüenza de no dar hasta la última lucha para que mi generación pueda tranquilamente esperar el juicio de la historia”.

De la Espriella Otero no lo dejó consignado en un manifiesto y mucho menos en su escueto programa de gobierno de tres páginas. Lo dijo en Cali, dieciocho días después del terremoto que en particular afectó a la capital del Valle del Cauca. Dijo sentirse el “papá” de 53 millones colombianos. Qué locura tener un padre como De la Espriella.

Antes de la llegada de ADLA a la Casa de Nariño hay que referirse a Gustavo Petro Urrego, un huésped inesperado para la élite tradicional-hombres poderosos- que jamás imaginó que un exguerrillero se colgara la banda presidencial. Con Petro, llegó el populismo de izquierda, en contraste con el más grande populista de la derecha: Álvaro Uribe Vélez.

Petro será recordado por haber bajado la pobreza estructural, subir el salario mínimo y dignificar así la vida de millones de trabajadores y tratar de proteger los ecosistemas naturales, entre otros logros. Pero también será recordado por los escándalos de corrupción, por su debilidad ante la belleza femenina y comentarios sexualizados como el de “acompasar el clítoris y el cerebro” y su auto referencia a que “hace cosas muy buenas en la cama”.

La prensa hegemónica que lo hostigó durante los cuatro años le está sacando en cara la existencia de un grupo de Mariposas Amarillas, esto es, una red de mujeres esbeltas, hermosas y jóvenes que se habrían beneficiado de millonarios contratos. Lo de las Mariposas Amarillas despertó enfrentamientos entre mujeres y hombres en las redes sociales alrededor del empoderamiento de esas jóvenes y hermosas mujeres, frente a otras que, en alejados territorios, dieron la vida por defender las banderas del Pacto Histórico. Es en este punto en el que de detengo para atar el ejercicio del poder político y la Política con el sistema patriarcal y el machismo y lo que llamo la más grande trampa tendida a las mujeres por ocultos “agentes” patriarcales: las cirugías estéticas asumidas por muchas como el mecanismo para entrar al círculo de poder de hombres poderosos, incluido por supuesto el presidente de la República; y entendidas por los políticos como la oportunidad única de exhibir, como objetos, perfectos cuerpos femeninos esculpidos por cirujanos  (hombres) que encontraron en las inseguridades de un importante número de mujeres y en el exacerbado machismo una mina de oro al parecer inagotable.

Una de las más mediáticas de esas mujeres que la prensa incluyó en el pequeño grupo de las Mariposas Amarillas enfrenta en la red X críticas por su constante exhibición de sus atributos físicos y su cercanía política al expresidente Petro. Incluso, pareciera fungir como vocera del Pacto Histórico. Ella misma se presta para que sexualicen y la reduzcan a un objeto. La hipersexualización es evidente.  Recojo lo dicho por una tuitera que la confrontó: “…una cosa es disfrutar la vida privada y otra muy distinta convertir la exhibición permanente del lujo, las cirugías y el estatus en una especie de performance, mientras alrededor suyo hay personas que llevan años dejándose la piel en las causas progresistas sin haber tenido nunca acceso a esos espacios de poder y reconocimiento Porque si alguien recibe una visibilidad extraordinaria gracias a su cercanía con el poder, tiene derecho a disfrutarla, por supuesto, pero también debería preguntarse qué comunica y qué significa esa exhibición para quienes la observan”.

En medio de la sobreexposición individual, narcisista y egocéntrica de las redes sociales, hombres y mujeres reproducen juntos lo que tanto daño les hace a las segundas. Justamente esas son las circunstancias que ayudan a que el sistema patriarcal se mantenga en pie y el machismo siga siendo minimizado por las mujeres que por cuenta propia aceptan ser miradas como objetos sexuales, como territorios en disputa y muñecas de exhibición. 

jueves, 23 de julio de 2026

POSESIÓN PRESIDENCIAL EN UN BATALLÓN: ¿QUÉ PIENSAN LOS MILITARES?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La discusión alrededor del peligroso capricho del primer presidente therian de Colombia de posesionarse en una guarnición militar por ahora se mantiene en los ámbitos de la política. Quizás sea tiempo de llevar la discusión a las brigadas y al estamento militar que De la Espriella quiere manosear con su cantinflesco saludo militar que se asocia con burla e irrespeto al espíritu de los hombres y mujeres que portan las armas de la República. Dicho saludo, en manos de un civil, deviene irrespetuoso, posudo y burlesco.

Mientras se escuchan advertencias acerca de la inconveniencia de trasladar la ceremonia civil de transición del mando presidencial a un batallón, la cúpula militar guarda un silencio sepulcral que da cuenta de la sumisión total del poder militar al civil, pero que en la actual coyuntura resulta incompatible con el capricho del presidente electo.  

Convendría que oficiales de alta graduación y los propios miembros de la jerarquía militar se atrevieran a expresar su opinión acerca del antojo de Abelardo de la Espriella, por dos razones fundamentales: la primera, el therian presidente estaría usando la institucionalidad castrense para dividir aún más al país y por esa vía recrear la aparición de los nuevos enemigos de la patria: los que se oponen a que el presidente electo se posesione en una unidad militar bajo el pueril argumento de que es una forma de reconocer la valía de los soldados. Puro populismo militar del therian presidente.

Y la segunda, porque incentiva la toma de partido al interior de las fuerzas y las ideologiza de tal manera que, De la Espriella, en su calidad de comandante supremo de las FFAA ya no sería asumido como tal, sino como un soldado más lo que abriría el camino para el regreso del militarismo que sufrió el país durante los tiempos del gobierno de Julio César Turbay Ayala y, lo que es peor, a despertar el espíritu anti derechos civiles que exhibieron los miembros de la cúpula tropera en el gobierno de Belisario Betancur Cuartas, responsable de la retoma del Palacio de Justicia.

Al desarreglo identitario que exhibe De la Espriella al creer que es un tigre se suma el saludo militar que incorporó para terminar sus mal hilados discursos. Lo único que le falta al therian presidente es ponerse una chaqueta verde oliva como lo hicieron en su momento Fidel Castro Ruz, Nicolás Maduro Moros y Daniel Ortega. Los tres terminaron actuando como dictadorzuelos. El populismo militar llegaría de la mano del presidente electo, quien no prestó servicio militar, pero parece querer usar las armas de la República para parecerse a Bukele y de esa manera instaurar en el país un régimen de mano dura.

Lo dicho por el presidente Alberto Lleras Camargo, en el teatro Patria el 9 de mayo de 1958 bien podría servir de inspiración a la cúpula militar (saliente) y a otros altos oficiales de las distintas fuerzas a deliberar alrededor de la caprichosa actitud del presidente electo. Esto dijo Lleras Camargo: “La política es el arte de la división. Las Fuerzas Armadas son la encarnación de la unidad nacional. Si la política entra a los cuarteles, la unidad se rompe, la disciplina se quiebra y la fuerza se desintegra”.



de la espriella y la posesión en un batallón - Búsqueda Imágenes


martes, 21 de julio de 2026

GOBERNAR DESDE UN BATALLÓN

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El “capricho” del primer presidente therian de Colombia de posesionarse en una guarnición militar, el infantil y burlón saludo militar del que se contagió su gabinete tiene un fuerte arraigo en la sobrevaloración de la vida castrense, la heroización mediática de sus hombres, la poco vigilada y cuestionada institucionalidad militar, los apegos de los civiles a los uniformes, así como el desprecio que de la condición civil suelen exhibir, en público y en privado, los militares activos.

Nadie niega que De la Espriella está mandando un mensaje de sumisión al poder militar, lo que lo puede convertir, si específicos agentes de poder del Establecimiento se lo permiten, en el Bukele criollo con el que sueñan militares, policías, el propio Abelardo y actores sociales y políticos de la ultraderecha que sienten una profunda animadversión por los derechos humanos y las garantías que ofrece la Carta política de 1991.

La doctrina del enemigo interno, extendida a defensores de los derechos humanos, de la naturaleza y la pluralidad étnico-ideológica podría aplicarse con mayor celeridad estando De la Espriella condicionado por las narrativas que a diario oirá dentro del Batallón Paraíso de Barranquilla desde donde piensa gobernar al país. Los relatos castrenses serán legitimados por la godarria que lo acompaña, en particular quienes le hablan al oído. Salvación Nacional bien podría operar como un partido político-militar y agencia para emprender acciones cívico-militares, influenciado por Acore y los veteranos que votaron por De la Espriella y que harían parte de los Bloques de Seguridad Urbana que el nuevo gobierno diseñará para las ciudades capitales.

Es tiempo de que la sociedad civil haga un juicioso análisis del “capricho” del therian presidente de dirigir los destinos del país desde un cantón militar. Su alejamiento de la condición civil lo haría proclive no solo a validar todo lo que hagan y propongan los uniformados, sino a poner por encima de la civilidad el sentido de la vida y de la política que suele alimentarse al interior de las guarniciones.

Aunque los militares que monetizaron la vida de los 7837 jóvenes asesinados bajo la modalidad de “falsos positivos” ya no están en el Ejército, no hay evidencias de que ese espíritu sicarial haya desaparecido de las huestes castrenses y de los objetivos operacionales que se trace la nueva cúpula militar en medio de la guerra total que ofreció De la Espriella en campaña.

Ya el país sufrió los desmanes de las políticas de seguridad de los gobiernos de Turbay Ayala y Uribe Vélez. El Estatuto de Seguridad del primero fue el instrumento político, militar e ideológico para perseguir profesores, estudiantes, sindicalistas y militantes de izquierda. La Seguridad Democrática del segundo cumplió exactamente el mismo papel de perseguir, estigmatizar y violar los derechos humanos. De tiempo atrás, en Colombia viene operando un Estado militarista, cruel y asesino. Dice el informe de la Comisión de la Verdad que “esta doctrina contrainsurgente se expresó en la estigmatización del movimiento social y en el tratamiento militar de los conflictos políticos” (p.99).

La actitud adolescente de Abelardo de la Espriella al identificarse con un tigre no puede reducirse a un tardío desarreglo identitario: es una apuesta ideológica de acercarse al mundo castrense para validar los rugidos, mordeduras, zarpazos y los destripamientos que prometió en campaña. Un presidente civil obnubilado por las armas, uniformes y el pensamiento militar constituye un riesgo para una sociedad que ya sintió en el pasado el desprecio por la vida que se alimentó en las escuelas de formación militar. La retoma del Palacio de Justicia y el vil asesinato de magistrados, empleados y visitantes con balas oficiales fue y es el episodio que exige que los militares, en democracia, deben estar sometidos al poder civil.

No se puede neutralizar a las estructuras criminales, mal llamadas guerrillas, copiando de éstas sus inmorales y pérfidos procedimientos. Las armas de la República están para proteger a la población civil. 


Adenda: La política es el arte de la división. Las Fuerzas Armadas son la encarnación de la unidad nacional. Si la política entra a los cuarteles, la unidad se rompe, la disciplina se quiebra y la fuerza se desintegra." Alberto Lleras Camargo. Teatro Patria, 9 de mayo de 1958.

miércoles, 24 de junio de 2026

HAY EXGUERRILLEROS BUENOS Y MALOS

 



Por Germán Ayala Osorio

 

De confirmarse que el ex guerrillero del M-19, Carlos Alonso Lucio López hará parte del equipo de empalme que conformó el presidente electo, Abelardo de la Espriella, estaría el país frente a lo que bien podría llamarse la moral acomodaticia que a partir del 7 de agosto guiará las decisiones que tomará el nuevo inquilino de la Casa de Nariño.

Dicha moral, complaciente, dúctil y funcional para los miembros de la ultraderecha neoliberal que representa De la Espriella, les sirvió durante cuatro años como parapeto desde el que atacaron al presidente Petro por haber militado en la organización guerrillera de origen y operación urbana. La misma que firmó la paz con el gobierno de Virgilio Barco Vargas, se desmovilizaron sus miembros y aceptaron hacer política con las reglas de la democracia colombiana.  

Exguerrillero, asesino y terrorista le gritaron desde diversas tribunas. Hasta se atrevieron a decir que participó de la toma del Palacio de Justicia. De la Espriella lo llamó “guerrillero de cafetería” durante una conversación con Miguel Abraham Polo Polo en la que el hoy flamante presidente electo dijo: “Si yo hubiese sido paraco tendría las pelotas de hacer lo que hay que hacer”.

Por supuesto que a Lucio López nadie se atreverá a gritarle exguerrillero, asesino y terrorista porque el Manual de la Doble moral o de la Moral Acomodaticia que aplicaron en el pasado todos los militantes del Centro Democrático es el mismo que guiará las decisiones que adoptará Abelardo De la Espriella. El país recordará que Everth Bustamante, Rosemberg Pabón (conocido como comandante Uno), Augusto Osorno y Eduardo Chávez, entre otros, ocuparon cargos públicos durante los gobiernos de Álvaro Uribe y hacen parte del Centro Democrático.

En la introducción de dicho Manual se lee que hay “exguerrilleros buenos y los hay malos. Los primeros serán aquellos que demuestren estar dispuestos a unirse a las fuerzas defensoras del Establecimiento y rendir pleitesía a sus líderes políticos más destacados; por el contrario, los malos serán aquellos que insistan en recordar su pasado en armas como si se tratara de una gesta y agitar la bandera de dicha organización armada ilegal”.

Carlos Alonso Lucio López es un personaje. Pasó de militar en el M-19 y de ser amigo y compañero de Petro, a enemigo número uno del presidente de la República. Es más, a mediados de enero de 2024 Lucio dijo en una columna que en junio de ese mismo año iniciaría un juicio político contra Petro. “Volvió a la vida pública asumiendo roles de asesoría política y participando en negociaciones de paz, fue pieza clave, como asesor, durante el proceso con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez”. Lucio militó en la izquierda armada y ahora hace parte de la ultraderecha neoliberal. Bueno, De la Espriella fue ateo y ahora es creyente. En eso se parecen: cambian de parecer como de calzoncillos. 

La posibilidad de que Lucio López haga parte del equipo de empalme para la transición armónica del poder fue registrada por varios medios. Infobae, por ejemplo, dijo en su portal: “Entre los nombres que han sido mencionados sorprende que esté Carlos Alonso Lucio, que, aunque es un crítico del presidente Gustavo Petro, fue parte del M-19, algo que De la Espriella ha mencionado como un aspecto negativo de lo que representa el actual mandatario”.

Lucio López fue condenado por la Corte Suprema de Justicia por dos delitos. “Fue condenado por los delitos de estafa y falsa denuncia. La Corte Suprema de Justicia lo sentenció luego de determinar que había incurrido en estos delitos durante su actividad política y empresarial tras la desmovilización del M-19. Lucio cumplió una pena de prisión por estos cargos en la cárcel La Picota de Bogotá”.

Ya suenan varios nombres de políticos, de los que De la Espriella llamó los “de siempre”, como eventuales ministros del próximo gobierno. A los que le creyeron el cuento al  “Tigre” de que iba a gobernar con los “Nunca”, deben de saber que los engañaron. Con el Manual de la Doble Moral que aquí cito, Colombia regresa al pasado, esto es, a los tiempos de la Seguridad Democrática y al ethos mafioso que el uribismo naturalizó entre 2002 y 2010. Bienvenidos.

 

jueves, 16 de abril de 2026

CIRO RAMÍREZ: EL CONDENADO QUE "DEFIENDE" LAS INSTITUCIONES

 

Por Germán Ayala Osorio

El congresista Ciro Ramírez hace presencia en el Congreso con una condena en primera instancia encima. Sin duda, un hecho ético-político en el que confluyen el cinismo del procesado, la permisividad de la justicia soportada ésta en las exageradas condiciones garantistas de las que gozan los aforados, así como el burdo y asqueante colegaje de sus compañeros de bancada que le mantienen el apoyo bajo el principio ético que el dueño del Centro Democrático impuso años atrás: “les voy a pedir a los congresistas que voten los proyectos mientras los meten a la cárcel”.

El ladino político, involucrado en la red criminal llamada las Marionetas 2, justificó su presencia en el Congreso diciendo que iba a “defender las instituciones”. Lo primero que hay que preguntar es si aquellas están en riesgo de colapso o de ser sometidas a un tirano o algo parecido. La respuesta es apenas obvia: la separación de poderes opera normalmente en Colombia y Petro se va el 7 de agosto.

Por supuesto que estamos ante una burla de Ciro Ramírez, quien fuera en el pasado uno de los mimados del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Recordemos lo que dijo el exmandatario antioqueño en diciembre de 2023 cuando se dio la captura de Ramírez: “Me duele la captura del joven senador Ciro Ramírez. Ojalá pueda salir adelante. Ese tipo de problemas es lo único que deja la “maldita” mermelada”.

Eso de “defender las instituciones” me hizo recordar la famosa expresión del entonces coronel Plazas Vega, comandante del operativo de retoma del Palacio de Justicia: “aquí, defendiendo la democracia maestro”, espetó en su momento el oficial de Caballería.

Plazas Vega y Ciro Ramírez parecen compartir el mismo principio ético-político con el que logran reducir las instituciones y la institucionalidad derivada a una insulsa discursividad funcional a sus particulares y pérfidos intereses. Plazas Vega no defendió la democracia, lo que defendió y legitimó fue el golpe de Estado que por 48 horas los militares le dieron al cobarde presidente de la República, Belisario Betancur Cuartas. En cuando a Ciro Ramírez hay que decir que él no asiste al Congreso a “defender las instituciones”, sino a burlarse de estas gracias en gran medida a las excesivas garantías legales de las que goza como aforado.

Sin duda alguna, lo de Ramírez es una provocación moral y ética a la que respondió el candidato Iván Cepeda Castro quien, por supuesto, fustigó la presencia del condenado en el recinto en el que se redactan las leyes. “Usted es una vergüenza”, espetó Cepeda, lo que provocó la réplica del procesado. Ese tipo de rifirrafes sirven para consolidar la imagen negativa del Congreso de la República en la medida en que los colombianos no escuchan debates conceptuales y discusiones políticas de alto nivel. No. Solo reclamos y cruce de improperios que ocultan la degradación moral de la sociedad y el diseño institucional que anima el carácter circense de las instituciones colombianas. Resulta a todas luces inaceptable que un condenado ocupe su curul. Es vergonzoso. Pregunta final: ¿Qué tipo de instituciones le puede interesar defender a un condenado?



Imagen tomada de Infobae


domingo, 9 de noviembre de 2025

40 AÑOS DESPUÉS DEL HOLOCAUSTO DEL PALACIO DE JUSTICIA



Por Germán Ayala Osorio

 

Hay una conexión moral que hay que hacer entre las acciones militares y prepolíticas realizadas tanto por el M-19 en la toma, como por el Ejército en la retoma del Palacio de Justicia y hechos posteriores como los falsos positivos y las sangrientas tomas guerrillas a bases militares con los saldos ya conocidos por los colombianos.

Más allá de las grietas y contradicciones de los relatos que dan cuenta de una verdad a medias sobre lo ocurrido en la toma y retoma del Palacio de Justicia, hay una realidad inobjetable: a los guerrilleros del M-19 y a los militares los unió en ese escenario caótico el desprecio por la vida de los magistrados, empleados de la cafetería y visitantes. Lo que vino después para el país en materia de orden público fue la degradación moral de los combatientes, legales e ilegales.

Si aceptamos el relato que indica que el M-19 se tomó a sangre y fuego el Palacio de Justicia patrocinado con dineros del asesino serial Pablo Escobar Gaviria, encontramos, más allá de la veracidad y legitimidad de las fuentes consultadas, que ese contubernio con el Cartel de Medellín explica con claridad la actitud inmoral y la contradicción de la ética “revolucionaria” de los miembros del M-19. Aliarse con semejante criminal es suficiente muestra de la degradación moral de la que aquí hablo.

Y si aceptamos la versión que indica que el Ejército se aventuró a retomar el Palacio de Justicia para vengarse  del M-19 por el robo de las 5.000 armas del cantón norte y la sustracción de la espada de Bolívar; y para desaparecer los expedientes de las investigaciones que se adelantaban en contra de altos oficiales por violaciones a los derechos humanos, entonces queda claro que la retoma no fue una acción para “defender la democracia” y mucho menos para recuperar a los magistrados secuestrados. Que los servicios de inteligencia del Estado y las huestes castrenses conocieran que el M-19 estaba planeando el asalto al Palacio de Justicia da cuenta del grado de desprecio por la vida de los magistrados. Los procesos en contra de altos oficiales del Ejército venían desde el gobierno de Turbay Ayala y la aplicación del violento Estatuto de Seguridad.

Luego del Holocausto del Palacio de Justicia vinieron los sangrientos ataques a pueblos y a bases militares por parte de otros grupos guerrilleros y los falsos positivos. Temerarias, violentas y prepolíticas acciones que se conectan muy bien con los inmorales hechos del Palacio de Justicia y la consecuente degradación moral de los actores del conflicto armado interno. ¿Acaso no es inmoral asesinar civiles inermes, ponerles camuflados y hacerlos pasar como “guerrilleros muertos en combates”? ¿Acaso no es inmoral someter a tratos degradantes a militares en campos de concentración que las Farc construyeron? ¿O acaso no es inmoral lo sucedido con el magistrado Carlos Horacio Urán que salió vivo del Palacio de Justicia, luego el Ejército lo asesinó y apareció calcinado al interior del recinto?

La génesis de dicha degradación moral está atada a los hechos de lo que se conoce como el Holocausto del Palacio de Justicia, pero sobre todo a los efectos pasajeros de una tragedia presentada como nacional por la prensa de la época, pero que apenas si logró atrapar a las familias de los magistrados, de los guerrilleros, de los empleados de la cafetería, de los visitantes y de las personas que el Ejército desapareció.

Desde ese trágico momento, el desprecio por la vida, animado por la doctrina del enemigo interno, su extensión a todo lo que oliera a izquierda y la llegada de Petro al poder se convirtió en una constante en una sociedad como la colombiana que desprecia la paz, al tiempo que aplaude las soluciones armadas en las que no solo caen los combatientes ilegales, sino civiles inocentes. Para darle continuidad a ese sentimiento de desprecio por la vida hay precandidatos presidenciales y políticos que hablan de “destripar”, dar bala o balín a diestra y siniestra, e incluso de diseñar un segundo Plan Colombia. 

Con los actos conmemorativos del Holocausto nos damos cuenta que somos buenos para rezar por las víctimas y exigir verdad y justicia, pero bastante "malitos" para mirarnos al espejo de la inmoralidad y la ética acomodaticia en el que todos los días nos miramos como sociedad premoderna e incivilizada. 



lunes, 3 de noviembre de 2025

“AQUÍ DEFENDIENDO LA DEMOCRACIA, MAESTRO”, 40 AÑOS DESPUÉS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La prensa hegemónica conmemora por estos días los 40 años de la cruenta y criminal toma y retoma del Palacio de Justicia con un evidente propósito:  asociar de manera directa e indirecta el criminal operativo ejecutado por el M-19 con el presidente de la República, Gustavo Petro Urrego, en este entonces miembro de esa agrupación guerrillera, pero no partícipe de la acción temeraria que terminó con un saldo de casi un centenar de víctimas.

La conmemoración y el señalado propósito van acompañados por la polémica en la que está inmerso el presidente de la República en torno a la responsabilidad del crimen del magistrado Manuel Gaona Cruz y por el uso político que de la bandera del M-19 ha hecho en varios eventos públicos Gustavo Petro.  

José Mauricio Gaona, jurista e hijo del inmolado magistrado en los hechos del holocausto del Palacio de Justicia le dijo a la revista Semana que “nuestra lucha es la verdad; la del presidente Petro es propaganda”.

El director de Noticias Caracol, Juan Roberto Vargas en entrevista con Carlos Medellín Becerra, hijo del sacrificado magistrado Carlos Medellín Forero, destaca lo dicho por la víctima del M-19 y del Ejército en la toma y retoma del edificio: “Medellín revela detalles inéditos de dos expedientes de la justicia contra la cúpula de ese grupo guerrillero por el acto terrorista. Asegura que el hoy presidente de la República, Gustavo Petro, fue llamado a juicio dos veces, junto a los demás miembros de la cúpula del M-19, por los delitos como terrorismo e incendio”.

Mientras las empresas mediáticas cumplen con ese propósito moral y político, ya poco se recuerda la emblemática frase expresada por el entonces coronel del arma de la Caballería, Alfonso Plazas Vega al momento de dar las primeras declaraciones a la prensa de la época en torno a la situación vivida una vez se inició la retoma del Palacio de Justicia por parte del Ejército nacional. El alto oficial espetó: “Aquí defendiendo la democracia, maestro”.

En una primera y rápida asociación de lo dicho por Plazas Vega nos lleva a pensar en que el oficial que comandó la operación de recuperación del edificio asaltado y tomado por el M-19 tenía en su momento una idea básica de la democracia atada esta al funcionamiento de una de las tres ramas del poder público amenazada por la irrupción armada de los guerrilleros.

Curiosamente, durante más de 24 horas la rama ejecutiva en cabeza del presidente de la República, Belisario Betancur Cuartas no operó bajo la dirección del jefe del Estado sino bajo las directrices de la tropera cúpula militar interesada más en acabar física y militarmente con los miembros del M-19, que en proteger la vida de los magistrados, visitantes y empleados de la cafetería del Palacio de Justicia.

Hay consenso académico, periodístico y político alrededor de que lo que vivió el país durante un poco más de 24 horas fue un "golpe de Estado exprés” que le impidió al entonces jefe del Estado tomar decisiones dirigidas a ordenar el cese del fuego tal y como lo suplicó el magistrado y presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandía.  Bajo esas condiciones, la defensa de la democracia de Plazas Vega era meramente retórica por cuanto las decisiones una vez inició la retoma del Palacio de Justicia ya no las tomaba el presidente de la República, Belisario Betancur Cuartas, sino los superiores del señalado coronel.  

Noticias Caracol también entrevistó al entonces presidente del Consejo de Estado, Carlos Julio Betancur Jaramillo, quien a sus 90 años recuerda con lucidez los dolorosos hechos que cumplen ya 40 años.

Salí arrastrándome por ese sótano que parecía el fin del mundo, con las balas rebotando en las paredes y el olor a pólvora quemada en la nariz. Grité '¡Soy el presidente del Consejo de Estado!' hasta quedarme ronco, pero en esa niebla de guerra, donde el Ejército nos barría a todos como si fuéramos del M-19, solo un soplo de suerte me salvó. Y hoy, a mis 90 años, con mi hijo aquí ayudándome a revivirlo página a página, le digo con gratitud forzada: gracias al Ejército por no haberme disparado en ese segundo eterno. Salí ileso, pero ¿a qué costo? Esa retoma no rescató justicia, la sepultó en sangre inocente”.

Si se mira en perspectiva histórica y de acuerdo con lo dicho por Betancur Jaramillo y los relatos periodísticos publicados en torno a los hechos del Palacio de Justicia, la “defensa de la democracia” de la que sacó pecho Plazas Vega fue meramente retórica y quizás con una alta dosis de cinismo. Después de 40 años, la democracia formal y procedimental que en su momento creyó defender el alto oficial sigue operando en Colombia, lo que confirma que aún estamos lejos de vivir en plena Democracia.




foto de Plazas Vega en el operativo de retoma del palacio de justicia - Búsqueda Imágenes

domingo, 2 de noviembre de 2025

HOLOCAUSTO DEL PALACIO DE JUSTICIA Y EXTERMINIO DE LA UP: ¿PODREMOS PASAR LA PÁGINA?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Hay hechos de la violencia política de Colombia que parecen ser los mayores obstáculos para que como sociedad allanemos el camino en aras de consolidar relaciones sociales y políticas respetuosas en medio de las diferencias en el ya caldeado ambiente electoral de cara a las elecciones de 2026.

La toma y retoma del Palacio de Justicia y el casi exterminio de la Unión Patriótica (UP) sirven por estos días para discurrir  alrededor de  si esos dos particulares y dolorosos hechos políticos y prepolíticos en sí mismos impiden que podamos como sociedad “pasar la página” o si son las interpretaciones jurídico-políticas que todavía circulan sobre ambos sucesos las que hacen prácticamente imposible allanar esa ruta que nos lleve como colectivo a perdonar a todos los responsables y a tratar de entender a quienes pretenden reivindicarlos por representar las luchas políticas que daban cuenta de una realidad superior: la existencia de un conflicto armado interno que terminó degradándose  y evitando la discusión sensata y argumentada en torno a su naturaleza social, económica y política y por supuesto sus dinámicas.

Los enfrentamientos políticos, discursivos e incluso los choques entre el presidente Petro y miembros de la familia Gaona, víctimas del Holocausto del Palacio de Justicia; y por supuesto, la grosería con la que María Fernanda Cabal trató al sumiso periodista Daniel Pacheco en reciente entrevista a propósito de la responsabilidad del Estado colombiano en el genocidio político de la UP hacen pensar en que los hechos en sí mismos no impiden el entendimiento y el diálogo respetuoso, y que más bien el pétreo obstáculo está atado a la concepción que cada uno tiene de la Verdad y de la Memoria, elementos que al devenir contaminados por intereses e ideologías, facilitan y promueven la irritabilidad, la construcción de nuevos enemigos, la negación comunicativa del Otro como un interlocutor válido, los deseos de reescribir la historia negando los fallos de la justicia e incluso el aplauso del saldo trágico de víctimas fatales aludiendo al “bien superior del Estado”, forma de dominación que arrastra graves problemas de legitimidad.

En este discurrir hay que señalar que como animal simbólico el presidente Petro ha exagerado en la exhibición de la bandera del M-19 y en la reivindicación de su lucha como guerrillero y revolucionario en una sociedad que a pesar de procesos de paz fallidos y otros exitosos, sigue viendo su consecución como un desgaste innecesario no solo por los elevados costos económicos de los diálogos de paz, la rebaja de penas y las desmovilizaciones de los grupos al margen de la ley, sino porque al no producirse la eliminación física de los excombatientes se asume como una derrota social y política de aquellos que defienden la institucionalidad estatal sin el más mínimo asomo de responsabilidad política por haber evitado la construcción de una verdadera República.

Por todo lo que representa para el país el presidente de la República, al agitar en varias ocasiones la bandera del M-19 reabre heridas, alimenta los reduccionismos conceptuales que al final evitan la comprensión de las lógicas de los llamados “revolucionarios” y las propias de los “contrarrevolucionarios y la circulación de versiones oficiales y no oficiales que extienden en el tiempo las dudas sobre la Verdad y la Memoria en torno a los dos hechos que provocaron la escritura de esta reflexión.

Lo mejor que podemos hacer como sociedad es dejar que “hablen” las historias, las memorias y las verdades, judiciales y las versiones populares construidas sobre los vergonzosos hechos de la toma y retoma del Palacio de Justicia y la eliminación de los militantes de la UP. No es necesario estar de acuerdo alrededor de quiénes fueron los responsables directos e indirectos; bastaría con sentirnos avergonzados por esos dos episodios que dicen mucho de lo que somos como ciudadanos y colectivo. Quizás a partir de ese momento estemos listos para “pasar estas dos y otras páginas de nuestra vergonzante historia como pueblo aparentemente civilizado.


 


petro, los gaona y el palacio de justicia - Búsqueda Imágenes


jueves, 30 de octubre de 2025

MARÍA FERNANDA CABAL: NEGACIONISTA, INTOLERANTE Y GROSERA CON LA PRENSA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Negar la responsabilidad del Estado colombiano en las ejecuciones extrajudiciales mal llamadas falsos positivos y en el exterminio de la Unión Patriótica (UP) es parte fundamental de la narrativa de los uribistas. Son, además, negacionistas de la naturaleza política del conflicto armado interno y del cambio climático. El país recordará que en la política de seguridad democrática de Uribe se afirma que en el país no había en ese momento un conflicto armado sino una amenaza terrorista.

María Fernanda Cabal Molina, una de las “tigresas” del expresidente Álvaro Uribe Vélez se hizo viral en las últimas horas porque negó la responsabilidad del Estado en el genocidio político de la UP. Lo hizo en un tenso diálogo con el periodista Daniel Pacheco a quien además ofendió al decirle que “tenía cemento en el cerebro” por recoger la versión oficial e incluso la propia sentencia de la CIDH[1] (2023) por el asesinato de por lo menos 4153 militantes de la Unión a manos de miembros de las AUC, los Pepes, los 12 Apóstoles y el MAS (Muerte a Secuestradores), en connivencia de actores estatales, en particular de agentes del temido y ya desaparecido DAS.

La actitud grosera de la senadora Cabal Molina hacia el periodista y su reiterada intención de invalidar los tozudos hechos de la violencia política y desconocer las sentencias de los jueces hacen pensar en los riesgos que correrían los periodistas en una eventual presidencia de la señora Cabal. El país pasaría de “otra pregunta amigo”, como decía Uribe, a “Usted no le contesto porque tiene cemento en el cerebro”. Incluso, de llegarse a presentar nuevos hechos criminales en los que estuviesen comprometidos agentes estatales, lo más probable es que desde la Casa de Nariño se ordenaría torpedear las investigaciones de la justicia.

En el referido rifirrafe con el periodista, Cabal espetó: “No me diga jamás que el Estado aniquiló a la Unión Patriótica, a la Unión Patriótica la aniquiló…”. El periodista, con evidente timidez, dijo que fue el Estado. En ese preciso momento la precandidata presidencial de la derecha montó en cólera y le dijo a su interlocutor que “es muy difícil conversar con personas con cemento en el cerebro, de verdad”.

Llama la atención la reacción de Daniel Pacheco quien trató de defenderse de la patanería de la senadora uribista. Lo hizo en un tono timorato que terminó por agrandar la ya evidente intolerancia de Cabal Molina frente a quienes no comparten su versión de unos hechos criminales probados por la justicia colombiana y la internacional. Esto dijo Pacheco: “pero tampoco, no tiene por qué decir eso, podemos estar de acuerdo…”.

En su andanada en contra del reportero, Cabal Molina continuó en estos términos: “no, no, ese es el problema cuando a usted le capturan las fuentes de la historia y las vuelven memoria, la Unión Patriótica tuvo una tragedia porque le mataron mucha de su militancia y gente que no tenía nada que ver…”. Aunque el gremio periodística se caracteriza por su desunión, la actitud arrogante, estólida, displicente, sobradora, altanera, grosera e intimidante de María Fernanda Cabal debe asumirse como una afrenta contra la prensa en general. Pacheco hoy sufrió los embates de la intransigente precandidata presidencial, mañana puede ser cualquier otro periodista. Eso sí, no se espera una reacción colectiva de las empresas mediáticas en defensa del reportero ofendido, pues dentro de aquellas hay colegas uribizados que se rinden a los pies de la señora Cabal y a los de su mentor, el caballista, expresidente antioqueño y exdirector de la Aerocivil. ¿Se atreverá la FLIP a decir algo?

Detengámonos un instante en algunos términos que usa la senadora. Dice que la UP “tuvo una tragedia”. De manera sinuosa la precandidata presidencial elude hablar de exterminio o de genocidio político. Su intención es clara: minimizar la naturaleza política de la persecución y el aniquilamiento de los militantes de la UP. Hay tragedias aéreas y familias que sufren la pérdida de varios familiares en masacres, accidentes de tránsito. Lo que vivieron las familias de los militantes de la UP asesinados fue más que una tragedia: fueron estigmatizados, perseguidos y sintieron el terror de un Estado que los convirtió que los buscó para "cazarlos" como si se tratara de animales. 

A renglón seguido, con la expresión “le mataron mucha gente” pretende borrar cualquier responsabilidad penal y política de los agentes estatales y no estatales que de manera coordinada perpetraron los crímenes. Se puede matar sin querer a otra persona, en un accidente, por ejemplo.

Si hay algo que a la señora Cabal y al propio expresidente Uribe les molesta es que el país conozca la verdad en relación con las dinámicas del conflicto armado interno y los hechos del Palacio de Justicia, los falsos positivos y el exterminio de la UP. Por ello siempre se opusieron al tratado de paz de La Habana y a la operación de la JEP. Su actitud negacionista se explica porque creen ciegamente en aquella doctrina de la “violencia legítima del Estado”, pues la convirtieron entre 2002 y 2010 en la patente de corso para perseguir y estigmatizar a periodistas y a otros que se atrevieron a cuestionar sus decisiones.

 



[1] “En la mañana del lunes 30 de enero de 2023, tras casi tres décadas de espera, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), en un fallo histórico, condenó al Estado colombiano por el exterminio de la Unión Patriótica por las múltiples violaciones a los Derechos Humanos, entre ellos, los derechos políticos. La sentencia leída por el presidente de la Corte, juez Ricardo Pérez, señaló, entre otras cosas, que el Estado violó los derechos a la vida, honra, libertad de expresión, circulación y residencia, así como el derecho a conocer la verdad de lo que sucedió con el exterminio desatado en 1984 en contra de este partido político. La Corte también ordenó que, en un plazo no mayor a dos años, “el Estado debe iniciar, impulsar, reabrir y continuar, y concluir, en un plazo razonable y con la mayor diligencia, las investigaciones, con el fin de establecer la verdad de los hechos relativos a graves violaciones a los derechos humanos y determinar las responsabilidades penales que pudieran existir, y remover todos los obstáculos de facto y de jure que mantienen en la impunidad los hechos relacionados con este caso”. Tomado de https://corporacionreiniciar.org/caso-up/caso-up-sistema-interamericano/sentencia-de-la-corte-interamericana-de-derechos-humanos-sobre-el-caso-up/

 

viernes, 6 de diciembre de 2024

PETRO Y OTRA VEZ LA BANDERA DEL M-19

  

Por Germán Ayala Osorio

 

Como animal simbólico, el presidente Petro nuevamente alborota a la derecha y en particular a sus enemigos ideológicos y políticos con la bandera del M-19. En esta oportunidad, aunque un poco confusa la exhibición del lábaro indicado, lo hizo en medio de la entrega de la Cruz de Boyacá, en territorio del Uruguay, al expresidente Pepe Mujica, quien, como Petro, se alzó en armas contra el Estado. Mujica hizo parte de la guerrilla de los Tupamaros (MLN-T), mientras que Petro militó en la guerrilla urbana del M-19.

Lo curioso es que las reacciones de los “ofendidos” se limitan a decir que Petro revictimiza a quienes sufrieron y fueron víctimas de los funestos hechos ocurridos dentro del Palacio de Justicia en 1985. No se les ocurre nada más porque su condición de animales simbólicos parece devenir atrofiada por las comodidades que les ofreció siempre el ser hijos de una élite privilegiada que jamás intentó comprender las razones históricas que legitimaron el levantamiento armado en los turbulentos años 60 en América Latina.  

Hasta donde se sabe, no fue por cuenta directa de la toma del edificio por parte de un piquete del M-19 que se produjeron las víctimas civiles y los desaparecidos. Por el contrario, los hechos violatorios de los derechos humanos estuvieron a cargo de los militares que lideraron el operativo de retoma de la edificación. En cualquier caso, el acto simbólico siempre resultará provocador e indeseable para quienes a pesar de no ser víctimas directas del M-19, aprovechan cada gesto simbólico del presidente Petro para exponer lo que corresponde realmente a un fastidio personal y no a la comprensión real del dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos durante el holocausto del Palacio de Justicia.

Pocos o casi ninguno de los “ofendidos” se atrevió a responderle a Petro con un acto simbólico similar. Por ejemplo, izando la bandera de Colombia para exaltar la pluralidad, la diversidad cultural y el orgullo de venir todos de un proceso de mestizaje en el que aparecen como dominantes los genes de negros e indígenas. Por desconocer ese mestizaje, los exaltados ciudadanos solo pueden apelar a ese restringido sentido patriótico que les despierta la Selección de fútbol.

Provocador o no, Petro es un hombre simbólico que parece comprender muy bien lo dicho por Ernest Cassirer: “[el hombre] no encuentra un mundo de objetos físicos sino un universo simbólico, un mundo de símbolos. Debe aprender, antes que nada, a leerlos, pues todo hecho histórico, por muy simple que parezca, no se determina y comprende más que mediante un análisis previo de símbolos”.

Lo cierto es que Petro vive aún en ese universo simbólico del que jamás se desprenderá porque es el que le da sentido a su vida: la lucha armada, su pasado revolucionario y sus luchas contra la desigualdad, la pobreza y especialmente contra aquellas características de la oligarquía colombiana: el racismo y el clasismo.

Bien podrían los detractores de la entrega de la bandera del M-19 a Pepe Mujica intentar comprender las conductas y los actos simbólicos del presidente Petro, en lugar de desgastarse de esa manera. Es más, podrían sentarse a escribir columnas para tramitar de esa manera las molestias provocadas por este acto simbólico, por los anteriores y por los que muy seguramente vendrán de aquí al 7 de agosto de 2026 cuando abandone la Casa de Nariño. Recordemos que, durante la conmemoración del día del trabajo, el primero de Mayo del año en curso, prácticamente las banderas de Colombia y del M-19 se “fusionaron” con la complicidad del viento.  Posteriormente, fue el reconocimiento al sombrero de Pizarro como símbolo de paz por parte del Ministerio de Cultura. O ese 7 de agosto de 2022 cuando ordenó a la Guardia Presidencial, en su primer acto como jefe del Estado, traer la espada de Bolívar, la misma que el M-19 había hurtado y devuelto al país. 

No se les haga extraño que el simbólico y provocador presidente de la República le dé por hacer un acto público por el hallazgo de los restos del exguerrillero del M-19 Guillermo Elvencio Ruiz quien dirigió la toma del Palacio de Justicia y murió durante la retoma. No olviden que Petro anda en "modo de lucha simbólica contra la historia oficial-castrense" con la que se busca desprestigiar a esa guerrilla. Eso sí, no se puede negar que los entonces comandantes del M-19 se equivocaron en las formas y en el objetivo trazado al momento de planear la toma del edificio del Palacio de Justicia. Al parecer no contaron con que la cúpula tropera de la época estaba harta de sus actos simbólicos. A lo mejor ese odio visceral les hizo obviar la versión que indicaba que el M-19 estaba planeando semanas atrás tomarse la edificación, para actuar de la manera como actuaron al recuperar el edificio: a sangre y fuego, asesinando magistrados, empleados de la cafetería y por supuesto, a los subversivos. 

Adenda: pareciera que Petro es el único guerrillero “malo” del M-19, a juzgar por la militancia de varios de sus compañeros en las inmorales mesnadas del Centro Democrático. 




viernes, 22 de noviembre de 2024

MARIO MONTOYA URIBE: EL GENERAL SIN GLORIA, SIN HONOR Y SIN VISA AMERICANA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El departamento de Estado de la Unión Americana le canceló la visa al general Mario Montoya Uribe por sus responsabilidades operacionales en la comisión de crímenes de lesa humanidad conocidos en Colombia como “falsos positivos”. Así registró la decisión política, diplomática y administrativa El Espectador: “Estados Unidos prohibió la entrada al país al excomandante del Ejército colombiano, Mario Montoya Uribe, general retirado y acusado de ser uno de los autores de los llamados “falsos positivos”, por “graves violaciones” a los derechos humanos. También, les niega la entrada a sus familiares directos”.

La decisión constituye un espaldarazo moral a las madres de los jóvenes asesinados por militares, maltratadas recientemente por el anodino representante a la Cámara, Miguel Abraham Polo Polo, uribista pura sangre. De igual manera, se entiende como un nuevo acto de legitimación de la JEP y del proceso de paz por parte de los Estados Unidos. El retiro de la visa a Montoya Uribe también tiene un significado político en la medida en que el expresidente, expresidiario y hoy acusado de graves delitos, Álvaro Uribe Vélez sigue considerando al general (R) como “héroe de la Patria”. El país no olvida que los “falsos positivos” fueron el resultado de la aplicación sin límites éticos y morales de la temida política de defensa y seguridad democrática del gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010).

A otros oficiales en uso de buen retiro se les había aplicado la misma medida restrictiva para ingresar a territorio americano. Se trata de los generales Arias Cabrales e Iván Ramírez Quintero y a los coroneles Publio Hernán Mejía Gutiérrez (de las entrañas del uribismo) y Juan Carlos Figueroa Sánchez. El caso del también coronel Plazas Vega, absuelto en Colombia por los hechos criminales en la retoma del Palacio de Justicia, las autoridades americanas estarían revisando su residencia permanente por el caso del asesinato del magistrado Horacio Urán.  

Esas medidas llaman la atención porque contar con la visa de entrada a los Estados Unidos está asociada a una idea de estatus derivada de su obtención y uso, pero también al  reconocimiento de funcionarios y exfuncionarios colombianos sobre los que la DEA, el FBI y el propio Departamento de Estado tienen información privilegiada, bien de actividades ilegales o de pronunciamientos y posturas políticas asumidas por los gringos como “retadoras, inaceptables, ilegales o de clara enemistad”, que les permite “castigarlos” moral y políticamente con la cancelación de los visados. El retiro de la visa al entonces presidente en ejercicio, Ernesto Samper Pizano resulta paradigmático para entender la injerencia de los gringos en los asuntos internos de Colombia y el sigilo con el que suelen usar la información que reúnen de presidentes, congresistas, gobernadores y militares de alta graduación. Estoy seguro de que los gringos tienen información clasificada que serviría a los procesos judiciales a los que están vinculados los señores generales y coroneles retirados para aclarar aún más sus actuaciones y responsabilidades en la comisión de los graves delitos por los cuales están siendo procesados. Pero lo gringos prefieren callar y afectarles la imagen retirándoles las visas.

Eso sí, la cancelación de los visados no es más que un triunfo moral para las víctimas de estos exoficiales que hicieron parte cada uno de ellos en disímiles momentos históricos, de la aplicación de la doctrina del enemigo interno que terminó por legitimar al interior de las fuerzas armadas la violación de los derechos humanos.

La vida del general Montoya Uribe terminará entonces sin visa, sin honor y sin gloria, pero con el respaldo (in) moral del expresidente Uribe Vélez que enfrenta un juicio por manipulación de testigos y fraude procesal. Lo curioso es que para agentes económicos, sociales y políticos de la sociedad colombiana el expresidente y el exgeneral siguen siendo “héroes y faros morales”. De ese tamaño es la confusión moral de esos sectores de poder.



Foto tomada de EL ESPECTADOR

Estados Unidos prohibió la entrada al país a Mario Montoya Uribe, un excomandante del Ejército colombiano acusado de falsos positivos | EL ESPECTADOR

 

martes, 1 de octubre de 2024

BLU RADIO Y LA NOSTALGIA DE PETRO POR EL M-19

 

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El trabajo ideológico-periodístico de Néstor Morales a través de Blu radio consiste en generar zozobra, incertidumbre, miedo, desazón y por supuesto sobredimensionar todo lo que diga y haga el presidente Petro. Y cuentan con un presidente de la República que les facilita el trabajo a los miembros de la emisora en cuestión por su carácter confrontador y retador y ese espíritu revolucionario que aún conserva y del que se siente orgulloso porque deviene asociado a su paso por la guerrilla urbana del M-19.

Esta vez el presidente Petro dijo que Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta de México, “fue colaboradora y militante del M-19". Además, señaló que “el M-19 ha dado dos presidentes en América Latina”. Sin duda alguna se trata de una exageración política e histórica del jefe del Estado, resultado de esa nostalgia que parece sobrevenirle al presidente Petro cada vez que se acuerda de su pasado guerrillero. El M-19 como grupo armado ilegal desapareció, fruto de una negociación política, para darle vida a la Alianza Democrática M-19, grupo político que puso a 20  de los 70 delegatarios que ayudaron a redactar la carta política de 1991.

Los titulares de las empresas mediáticas de la derecha no se hicieron esperar: RCN, por ejemplo, tituló “Crece la polémica por frase de Petro sobre nueva presidenta de México: "fue colaboradora y militante del M-19". Con la frase “crece la polémica”, el medio de información pretende recrear un complejo y convulsionado escenario político que no existió por cuanto la notoriedad de lo dicho por Petro está ancorada a la amplificación interesada que hicieron los medios que le hacen oposición política a Petro.

Entre tanto, Semana, otro medio uribizado, hizo lo propio con un titular que coincidió con el calificativo de mentiroso que espetó uno de los miembros de la mesa de trabajo de Blu radio: “Everth Bustamante desmiente a Petro tras afirmar que presidenta de México hizo parte del M-19: “Mentira de la dimensión del tren de la casa en el aire de Escalona”. Aunque el fatuo e inefable de Néstor Morales le “llamó la atención al aire” al colega por llamar “mentiroso” al jefe del Estado, ya el juicio de valor estaba dicho con todo y lo que ello significa en términos de los posibles efectos negativos o daños producidos a la imagen presidencial.

Por supuesto que a la lectura maliciosa de Morales y de su equipo de Blu radio le faltan elementos contextuales que el conductor del programa radial prefirió ocultar porque le resulta más “rentable” en términos ideológicos y de rating insistir en que el M-19 fue un “grupo terrorista” por la toma del Palacio de Justicia. Entre esos elementos de contexto histórico aparecen, por ejemplo, la enorme simpatía que en las décadas de los 70, 80 y 90 despertó esa guerrilla en sectores sociales de clase media y media baja en ciudades como Cali y Bogotá, entre otras, justamente por sus golpes simbólicos y mediáticos y por la asociación que varios colectivos hicieron de las actividades adelantadas por el M-19 con el personaje de Robin Hood.

La referencia nostálgica de Petro al grupo guerrillero y el odio social y político que una parte importante de los colombianos profesa aún hacia todas las guerrillas que existieron y existen aún, alejan cualquier posibilidad de que lleguemos como sociedad a perdonarnos y reconciliarnos. Al final, todo lo que huela a izquierda, así sea democrática, es motivo de rechazo por parte de millones de colombianos que aprendieron a odiar a quienes militaron y militan en ese espectro ideológico, evitándose el trabajo de analizar y comprender las razones históricas y circunstancias objetivas que legitimaron el levantamiento armado en los convulsionados años 60.

No se trata de validar el objetivo de esas agrupaciones armadas de tomarse el poder a tiros. Simplemente lo que deben hacer lo periodistas y los ciudadanos del común es comprender esas complejas condiciones contextuales de los años 60 y las posteriores que ayudaron a consolidar el escenario sociopolítico, económico y militar que aún se conoce como conflicto armado interno.

En aras de bajarle un tanto a los altos niveles de polarización política y crispación ideológica que soporta el país desde el 7 de agosto de 2022, convendría que el presidente Petro fuera menos retador y evitara expresar su nostalgia por un pasado armado y revolucionario que dejó más desprestigio que gloria a todos los actores armados involucrados. Y para qué recordar los sufrimientos de millones de colombianos por el desplazamiento forzado, las masacres cometidas por paramilitares y guerrillas, los falsos positivos y la aplicación de la doctrina del enemigo interno a intelectuales, académicos y periodistas de izquierda y críticos de los gobiernos de derecha.  Y del lado de Blu radio y Semana, entre otros medios hegemónicos que defienden los intereses de la derecha, harían bien en “soltar” un rato al presidente de la República y preocuparse más por hacer periodismo, dejando de lado el activismo político e ideológico que hoy los caracteriza.




PETRO, LA BANDERA DEL M19 Y LA NUEVA PRESIDENTA DE MEXICO - Búsqueda Imágenes (bing.com)

sábado, 31 de agosto de 2024

LA PETROFOBIA MEDIÁTICA Y FARANDULERA SACÓ DEL PAÍS A ANTONELLA PETRO

 

Por Germán Ayala Osorio

La salida intempestiva del país de Antonella Petro Alcocer, hija del presidente de la República, da cuenta de los niveles de odio a los que hemos llegado en Colombia por cuenta de tres hechos sociopolíticos ligados entre sí: el primero de estos está enlazado a la llegada al poder por primera vez de la izquierda democrática, en más de 200 años de República,  realidad inesperada para la que no estaban preparados la mayoría de los agentes del "viejo" establecimiento. 

El segundo hecho está atado al pasado de ese primer presidente progresista: se trata de un exguerrillero del M-19, guerrilla urbana caracterizada por dar golpes mediáticos como el robo de 5 mil armas del cantón norte de Bogotá, el robo de la espada de Bolívar y protagonista en la redacción de la Constitución de 1991. La toma del Palacio de Justicia, de la que no participó Gustavo Petro, ha servido de catalizador a la animadversión que profesan cientos de miles de colombianos hacia el presidente y su familia. 

El tercero está enlazado a la Petrofobia alentada por las empresas mediáticas que acordaron hacerle oposición política apelando a mentiras, exageraciones, amañadas interpretaciones y ataques personales contra el presidente y los miembros de su familia. Todas esas acciones como resultado del clasismo y el sectarismo ideológico de la derecha hegemónica. Todos los santos días en los magacines radiales Blu radio y La FM el tema de conversación es lo que hace, dice o deja de decir el presidente de la República. Entre tanto, diarios como El Colombiano y El Tiempo tergiversan los hechos políticos con el claro objetivo de deslegitimar al gobierno y generar incertidumbres y en casos muy precisos, pánico económico. Lo que viene haciendo la revista Semana es la constatación de la ideologización del periodismo y por tanto, del fallecimiento de su deontología y de sus mínimos éticos. 

Es bajo esa realidad sociopolítica que es posible entender el obligado abandono del país de Antonella Petro, sometida a un proceso de acoso y hostigamiento en redes sociales y en escenarios públicos como estadios de fútbol, por ser hija de Petro. Los ataques a la menor de edad incluyeron burlas asociadas a su figura física, elemento este que hace evidente la ruindad y la bajeza de quienes atacaron y asediaron a la joven, hasta obligarla a abandonar la Casa de Nariño. 

Lo sucedido con Antonella Petro Alcocer debería de hacernos reflexionar sobre los violentos y peligrosos niveles de crispación ideológica a los que hemos llegado por cuenta de aquellos periodistas vedettes y figuras de la farándula, como Marbelle, que se resisten a aceptar que 11 millones de colombianos votaron y eligieron al exguerrillero del M-19 que una vez perdonado por el Estado, se acogió al sistema político y democrático. Y fue bajo esas reglas que se convirtió en jefe del Estado. 

Hay que recordar que la cantante Marbelle atacó por lo menos en dos ocasiones a Antonella. En la primera, se burló del tamaño de los ojos de la hija del presidente. Y en la segunda, la descalificó haciendo alusión a que se veía como una habitante de calle. Marbelle hizo un juicio estético, fruto de su evidente arribismo. 

En la red X Petro ha sabido "capotiar" los ataques políticos e incluso personales que ha recibido de una oposición social y política a la que le ha faltado grandeza, argumentos y dosis de eticidad y moralidad muy comunes en sociedades civilizadas. No se puede esperar que una menor de edad como Antonella asuma los sistemáticos hostigamientos de la misma forma como lo ha hecho su progenitor. 

Si las partes enfrentadas no le bajan un tanto a la violencia discursiva y los medios masivos hegemónicos hacen lo propio con la Petrofobia, las elecciones de 2026 pueden resultar más violentas. 





EXCORONEL PLAZAS VEGA A JUICIO

Por Germán Ayala Osorio   El asesinato del magistrado Carlos Horacio Urán Rojas a manos de miembros del Ejército Nacional vuelve a reco...