jueves, 16 de abril de 2026

CIRO RAMÍREZ: EL CONDENADO QUE "DEFIENDE" LAS INSTITUCIONES

 

Por Germán Ayala Osorio

El congresista Ciro Ramírez hace presencia en el Congreso con una condena en primera instancia encima. Sin duda, un hecho ético-político en el que confluyen el cinismo del procesado, la permisividad de la justicia soportada ésta en las exageradas condiciones garantistas de las que gozan los aforados, así como el burdo y asqueante colegaje de sus compañeros de bancada que le mantienen el apoyo bajo el principio ético que el dueño del Centro Democrático impuso años atrás: “les voy a pedir a los congresistas que voten los proyectos mientras los meten a la cárcel”.

El ladino político, involucrado en la red criminal llamada las Marionetas 2, justificó su presencia en el Congreso diciendo que iba a “defender las instituciones”. Lo primero que hay que preguntar es si aquellas están en riesgo de colapso o de ser sometidas a un tirano o algo parecido. La respuesta es apenas obvia: la separación de poderes opera normalmente en Colombia y Petro se va el 7 de agosto.

Por supuesto que estamos ante una burla de Ciro Ramírez, quien fuera en el pasado uno de los mimados del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Recordemos lo que dijo el exmandatario antioqueño en diciembre de 2023 cuando se dio la captura de Ramírez: “Me duele la captura del joven senador Ciro Ramírez. Ojalá pueda salir adelante. Ese tipo de problemas es lo único que deja la “maldita” mermelada”.

Eso de “defender las instituciones” me hizo recordar la famosa expresión del entonces coronel Plazas Vega, comandante del operativo de retoma del Palacio de Justicia: “aquí, defendiendo la democracia maestro”, espetó en su momento el oficial de Caballería.

Plazas Vega y Ciro Ramírez parecen compartir el mismo principio ético-político con el que logran reducir las instituciones y la institucionalidad derivada a una insulsa discursividad funcional a sus particulares y pérfidos intereses. Plazas Vega no defendió la democracia, lo que defendió y legitimó fue el golpe de Estado que por 48 horas los militares le dieron al cobarde presidente de la República, Belisario Betancur Cuartas. En cuando a Ciro Ramírez hay que decir que él no asiste al Congreso a “defender las instituciones”, sino a burlarse de estas gracias en gran medida a las excesivas garantías legales de las que goza como aforado.

Sin duda alguna, lo de Ramírez es una provocación moral y ética a la que respondió el candidato Iván Cepeda Castro quien, por supuesto, fustigó la presencia del condenado en el recinto en el que se redactan las leyes. “Usted es una vergüenza”, espetó Cepeda, lo que provocó la réplica del procesado. Ese tipo de rifirrafes sirven para consolidar la imagen negativa del Congreso de la República en la medida en que los colombianos no escuchan debates conceptuales y discusiones políticas de alto nivel. No. Solo reclamos y cruce de improperios que ocultan la degradación moral de la sociedad y el diseño institucional que anima el carácter circense de las instituciones colombianas. Resulta a todas luces inaceptable que un condenado ocupe su curul. Es vergonzoso. Pregunta final: ¿Qué tipo de instituciones le puede interesar defender a un condenado?



Imagen tomada de Infobae


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