martes, 14 de abril de 2026

LA ESCOBA DE FAJARDO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Hay consenso social alrededor de que la corrupción público-privada deviene en una tara civilizatoria difícil de superar en Colombia justamente porque las prácticas corruptas son la expresión de un ethos mafioso que todos internalizamos. De allí que proponer “acabarla o reducirla a sus justas proporciones” hace parte del juego retórico de los candidatos presidenciales que, en viajes de superioridad moral, ofrecen superar una tara que es funcional a los modelos social, político y económico, de allí la dificultad para superarla, acabarla o reducirla. Habrá corrupción por siempre en Colombia.

Sergio Fajardo Valderrama es muy dado a darse esos viajes de superioridad moral. En lo corrido de la actual campaña se presenta como la solución a los problemas del país. Para superar la polarización y a los extremos, el matemático y profesor es la solución. Eso sí, jamás explicó cómo lo haría.

Y para “acabar con la corrupción”, Fajardo viajó al pasado para “robarle” a Regina 11 el símbolo anticorrupción: la escoba, con la que aquella peculiar candidata quiso “barrer a los corruptos” y con ellos a las prácticas mafiosas. El país aún se ríe de las ocurrencias de Regina Betancourt de Liska, más conocida como Regina 11; y ya se escuchan las carcajadas de millones de colombianos que disfrutan de las ocurrencias de un profesor universitario con una evidente atrofia para crear símbolos con fuerza de recordación.

En su afán de tomar distancia del ridículo imaginario que se construyó alrededor de la escoba de Regina 11, Sergio Fajardo señaló que su colorida escoba representa “el poder de los que no tienen poder”. En términos progresistas, el exalcalde de Medellín parece estarse refiriendo a otros “nadies”, que cree posible empoderar con el uso de una insulsa barredera. Ahí está pintado Fajardo.

La idea de “limpiar” y “barrer la corrupción” parte de un error conceptual: reduce la complejidad que acompaña la operación del ethos mafioso al acto de barrer, cuando no ofrece atacar el origen de las prácticas corruptas: el Establecimiento es corrupto y necesita de la corrupción para mantenerse. La escoba de Fajardo, por ejemplo, jamás se usaría para barrer las inmundicias de las EPS por una razón: el candidato presidencial es un defensor a ultranza del sistema de salud cuyo espíritu corporativo facilitó las decisiones de las juntas directivas de varias de esas entidades que terminaron con la desviación de billonarios recursos.

La escoba de Fajardo no será jamás un símbolo con sentido de realidad porque él mismo es selectivo en la identificación de los problemas del país y cosmético en el planteamiento de soluciones. Definitivamente, Fajardo, siendo Fajardo.



Imagen tomada de Infobae


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