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sábado, 30 de diciembre de 2023

FINITUD Y NATURALEZA HUMANA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La finitud de la vida y los marcos mentales universales hegemónicos que el ser humano creó y que suelen confluir en los conceptos de cultura (oriental y occidental), bien podrían servir para explicar el comportamiento hostil con la naturaleza y entre nosotros mismos.

Una vez encontrado y probado el camino de lo que se conoce como el desarrollo económico, el bienestar colectivo e individual y el haber diseñado los instrumentos ideológicos, con enormes fundamentos religiosos, la especie humana se convirtió en la familia con el mayor poder disruptivo y la más peligrosa para todas las expresiones de la vida en el planeta. Como plaga indomable fuimos poblando el planeta, hasta convertirlo en un colosal botadero de basuras de todo tipo y en un infame escenario de confrontación bélica que hace posible pensar en que, al no estar soportada nuestra existencia en la relación presa-predador, entonces nos convertimos en la especie dominante y depredadora que somos hoy.

Si bien hay que reconocer formas “violentas” en los nichos ecológicos de otras especies, expuestos con claridad en las relaciones presa-predador, los disímiles “nichos culturales” con los que se identificaron civilizaciones y pueblos modernos resultaron peores a la fiereza demostradas cuando vemos cazar venados a las leonas o a las hienas disputarse a dentelladas un cadáver.

Al hacer consciencia temprana de que vamos a morir, lo construido culturalmente adquiere mayor solidez, lo que hace posible que la finitud, contradictoriamente, pase a un segundo lugar o quizás, conscientemente, la convirtamos en una excusa para dar continuidad a todas las acciones que aseguran, de un lado, el desarrollo económico depredador y, del otro, el bienestar generalizado de la humanidad. ¿Si finalmente vamos a morir, por qué no hacerlo? La razón y el sentido último que están detrás de la pregunta se erigen como un valor universal que impulsa a continuar dominando los ecosistemas naturales a nuestro antojo, a pesar de los discursos conservacionistas y el que insiste en la posibilidad de alcanzar una pretendida e ilusoria sostenibilidad. Bien por quienes desde la ciencia y el ejercicio político hacen llamados a ponerle límites al desarrollo, sin revisar las lógicas del desarrollo económico, y mucho menos evitando discutir de manera universal cuál es nuestro papel o mejor, si podemos pensar y diseñar un “nicho ecológico” que haga posible reestablecer las relaciones con la naturaleza.

Cuando nos reconocemos como parte de la naturaleza, como una especie más, lo hacemos más por miedo a los discursos catastrofistas de los ambientalistas y científicos, o por un tardío mea culpa por los negativos efectos que como especie dominante dejamos a diario en los ecosistemas naturales.

La búsqueda frenética de la NASA y de otras agencias científicas en torno a las posibilidades de trasladarnos a otros planetas para sobrevivir al posible colapso de la Tierra, solo sirve para explicar que la pulsión por dominar el universo nos confirma como una especie inteligente, cuya finitud será siempre el motivo y la razón para justificar nuestra incontrastable presencia. Si algún día esa condición finita se logra superar, ya surgirán otros problemas por resolver y maneras distintas de estar. Mientras tanto, el milagro de la vida, con todo y sus vicisitudes, y las ideas actuales de bienestar, progreso y desarrollo, seguirán negándonos la posibilidad de repensarnos y de revisar nuestras relaciones con el resto de las especies.

 



Imagen tomada de Research Gate

viernes, 25 de abril de 2025

LA DESPEDIDA DEL PAPA FRANCISCO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El ritual de despedida del Papa Francisco es una oda al dolor, al poder de la iglesia católica y al reconocimiento internacional de su importancia para Occidente, así como al miedo a la muerte. Al exaltar el fin natural de la vida, la iglesia católica cumple con dos objetivos: el primero, despedir al Sumo Pontífice de acuerdo con la tradición y la propia pompa de un acontecimiento que la prensa se encargará de hacerlo inolvidable y memorable; y el segundo, llamar la atención de sus millones de fieles sobre la importancia de seguir creyendo en la resurrección tal y como sucedió con Jesucristo.

Las exequias del Papa Francisco también envían un mensaje claro y directo a sus fieles sobre la cremación. Ningún Papa puede ser cremado, por más de que lo haya pensado en vida e incluso dejado como su último deseo. ¿Habrá algún día un Papa capaz de  advertir sobre su deseo de ser cremado? ¿Existirá algún día un Sumo Pontífice así de libertario, iconoclasta y revolucionario?

El resto de los mortales pueden apelar a la cremación, opción que llegó a Colombia en los años 80, en medio de los elevados costos de los lotes al interior de los cementerios. A creyentes, ateos y agnósticos la iglesia católica les da la “opción” de la cremación. Eso sí, ningún ciudadano puede escapar a las penitentes etapas a las que a continuación hago referencia.

La aprensión colectiva sobre la finitud de la vida humana legitima los actos litúrgicos con los que la iglesia católica exhibe su total e incontrastable dominio y control del negocio de la muerte y sus flagelantes etapas: la velación del cuerpo, la subida del féretro al coche fúnebre, el desplazamiento por toda la ciudad, a 10 kilómetros por hora, hasta llegar al cementerio; la misa de despedida, el traslado a la fosa y el lento descenso del ataúd. Las paladas de tierra y flores. Y pasados los años, la exhumación. Este agobiante y martirizante ritual está asociado a la idea de que vinimos a sufrir para alcanzar la gloria del Señor.

El Papa Francisco será enterrado como lo ordena la tradición. El registro mediático de dicho acontecimiento termina legitimando el ritual de despedida y el poder de esta perenne multinacional de la Fe. Vendrá luego el Cónclave del que saldrá el nuevo Pontífice. Las correlaciones de fuerza, las intrigas y los acuerdos que debajo de las sotanas tomarán los aspirantes a remplazar a Jorge Bergoglio quedarán dentro de la hermética memoria de un concilio en el que se enfrentan los egos de hombres dispuestos a poner por encima de sus dudas sobre la existencia de Dios, sus deseos de orientar la “poderosa” institución. Veremos dentro de poco si la iglesia católica elige a un Papa contrario a las ideas y decisiones tomadas por Francisco o si les da continuidad como una manera de mostrar capacidad de adaptación a los nuevos tiempos.  






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viernes, 18 de septiembre de 2026

LA IA EN LA ACADEMIA: EL FIN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

 


Por Germán Ayala Osorio

 

En medio de llamados de atención y alarmas sobre los riesgos para la humanidad que ya trae la Inteligencia Artificial (IA) por su naturalización y uso en todas las actividades humanas, la Academia la dejó entrar a sus procesos pedagógicos y de formación profesional sin mayor reflexión, con un problema adicional: tácita o explícitamente se prohíbe a los docentes de humanidades abordar críticamente el uso irreflexivo de esa herramienta por parte del estudiantado que la incorporó para autoengañarse.

Cursos masivos virtuales de formación ciudadana de más de trescientos estudiantes que se esconden detrás de las cámaras de sus dispositivos, dan cuenta de que la Academia se entregó en cuerpo y alma a la mediocridad que va de la mano de aquellos estudiantes fascinados con la capacidad de la IA para resolver los problemas académicos que ellos deberían de asumir aplicando los criterios propios del pensamiento crítico, usando categorías de análisis y el enfoque sistémico, elevados ya a la condición de elementos  “fósiles o antediluvianos” y extrañas maneras de pensar en un mundo que avanza de la mano de la tecnología y la IA y del concomitante proceso de deshumanización y estupidización.

Las tareas académicas desplegadas en esos cursos estandarizados con los que se debilitan el currículo oculto y la posibilidad de los docentes de “tirar línea”, los estudiantes acuden a la IA para que se las haga. Es apenas lógico pensar que los profesores no tienen ni el tiempo ni la disposición para leer más de trescientes  “reflexiones” de la IA, firmadas por los estudiantes. Todos entraron en el juego de engañarse. La enseñanza en universidades privadas que se la jugaron toda por la virtualización de sus cursos, en particular los que corresponden a las disminuidas humanidades, se convirtió en una puesta en escena en la que todos los actores, libreto en mano, le hacen el juego a la IA, la misma que en unos años remplazará a los docentes por muñequitos animados con los que los alumnos (ahora si de verdad, sin luz), interactuarán para seguir autoengañándose.

Esos estudiantes que llegan a las universidades lo hacen con enormes vacíos conceptuales, emocionales y problemas comportamentales derivados de una crisis sistémica de los procesos educativos, incluidas las condiciones de familias disfuncionales en las que se levantan. Hacen parte de una sociedad que cada vez más premia la bobada y las pendejadas de las redes sociales, cloacas en las que se refugian millones de seres humanos que encontraron en la sobreexposición ególatra el real sentido para seguir viviendo. El profesor Miguel de Zubiría tiene claro el origen de esos problemas de los universitarios: “Muy pocos colegios, si es que alguno, les enseñan a sus estudiantes a escuchar (no conozco ninguno), a leer, exponer, escribir ensayos, a argumentar, derivar, hipotetizar y las demás operaciones intelectuales metacognitivas. Cuanto bien le haría al conjunto de primíparos una buena nivelación en operaciones intelectuales a su ingreso universitario”. Y el panorama es peor de acuerdo con el reconocido analista: “No tienen idea de quiénes son, y menos de cuáles son sus cualidades, fortalezas, incompetencias; ni mucho menos sus anhelos, motivaciones proyectos de vida. La razón, la misma de siempre: nadie siquiera les ha hablado de este tema, para mí, el más importante de la existencia”.

Baste con asomarse a lo sucedido electoral y políticamente en Colombia recientemente para entender los riesgos de ir a las urnas llevados por el odio al progresismo, o por la ignorancia supina con la que muchos votaron; otros lo hicieron por miedo al “comunismo”, desinformados, sin capacidad de análisis y guiados por cientos de miles de bots que recrearon una realidad algorítmica que terminó llevando a la presidencia a un tipo que se cree tigre. Un desarreglo identitario que los casi trece millones que votaron por De la Espriella lo convirtieron en una ventaja pues creyeron que con los zarpazos de ese gran depredador el país solucionaría todos sus problemas.

Mientras De la Espriella hace y deshace con el Estado como forma de dominación y escenario civilizatorio, en las universidades docentes, estudiantes, decanos y directivas juegan, mutuamente, a engañarse. Poco importan los riesgos que hoy exponen antiguos CEO o trabajadores de empresas dedicadas a desarrollar la IA, porque finalmente la finitud, como condición humana, y el desprecio natural por la Otredad son las circunstancias que seguirán justificando la presencia y el triunfo final de los robots humanoides que nos remplazarán para continuar haciéndole daño al planeta, mientras que logran conquistar otro para someterlo a la misma dinámica de depredación. Fungimos como langostas (saltamontes), en poco tiempo guiadas por máquinas. Mientras llega ese momento, Cali se achicharra bajo un sol inclemente y los caleños a diario bailan al ritmo de los enjambres sísmicos. Lo mejor es bailar al ritmo de la canción de Johny Pacheco, Si la tierra tiembla: "Si la tierra tiembla yo me voy de aquí. Si la tierra tiembla yo me voy de aquí. Yo mate cuatro panteras un tigre y dos leones. Pero si la tierra tiembla. Se me caen los pantalones...".

 

sábado, 13 de abril de 2024

RACIONAMIENTO DE AGUA, CRISIS CLIMÁTICA Y CONCIENCIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Los escenarios apocalípticos que la industria del cine ha recreado, poco a poco se tornan reales en un mundo que cada vez más confunde e intenta borrar los límites entre lo real y lo irreal: ataques con drones, la llegada de robot, la irrupción de la IA y por supuesto, la escasez de agua y las guerras por el preciado líquido, todo enmarcado en una crisis civilizatoria que solo deja espacio para la barbarie.

El racionamiento de agua que recién comenzó a padecer la capital del país debería de suscitar la discusión alrededor de las circunstancias y hechos fácticos que llevaron a vivir a los bogotanos semejante situación. Centrarse en los padecimientos de la gente y en las acciones estatales para mitigarlos constituye un error por cuanto la lupa hay que ponerla en las maneras y formas como nos tenemos que adaptar todos los colombianos a los efectos de una crisis climática que puede resultar inconmensurable.

Los negacionistas del cambio climático normalmente hacen parte de los sectores de poder político y económico que defienden a dentelladas el actual modelo de desarrollo, pero sobre todo, el orden social y cultural basado en el consumismo y en una confianza desmedida en que la ciencia, los técnicos y los científicos ayudarán a encontrar salidas a la escasez del agua: imagino que ya tienen contemplado construir largas tuberías que permitan bombear agua de caudalosos ríos de los departamentos como la Orinoquia, Amazonia, Vaupés y Vichada, y hacerla llegar a Bogotá y otras capitales que en lo consecutivo padezcan el mismo problema de abastecimiento de agua.

El modelo de desarrollo debe morigerarse en asuntos que tienen que ver con el consumo, la restauración y cuidado de los ecosistemas y el urgente auto control de la natalidad. Ponerle límites a la paridera es una medida que en el mediano plazo tendrá el mundo que empezar a discutir. Claro, los amigos del desarrollo capitalista, del capitalismo salvaje y del individualismo posesivo del que habla Macpherson se opondrán porque la mano de obra barata, especialmente de países subdesarrollados, escaseará como escasea hoy el agua en Bogotá y otras zonas del país.

La crisis ambiental, climática y civilizatoria exige cambiar sistemas culturales, que incluyen las valoraciones de la vida y el capital. Hay que descentrar el proyecto humano del valor del dinero. En una anterior columna hice referencia a un factor que puede oponerse a cualquier posibilidad de cambio en las lógicas con las cuales hoy dominamos el planeta, convertidos en una especie depredadora y perversa: hablo de la finitud. Sentirnos finitos nos hace potencialmente individualistas, lo que claramente impide pensar en los intereses y el bienestar colectivo.

¿Será posible repensarnos como especie? Si pienso con el deseo, creo que si lo es. Pero si lo hago examinando lo ocurrido con las guerras y las maneras como hemos poblado el planeta, entonces ya no soy tan optimista. Después de leer la columna de Julio César Londoño, “Desvaríos de un genio rabioso”, quiero cerrar esta columna con las respuestas que Fernando Vallejo le dio a las sabias e inquietantes preguntas del escritor vallecaucano:

¿Cree que la inteligencia de las máquinas superará la del hombre?

FV: No. Ellas jamás entenderán cómo lo material produce lo inmaterial, ni cómo producen gravedad los planetas, ni cómo las neuronas producen el alma, o la conciencia, o la mente, o como se le quiera llamar. Y si algún día lo comprendieran, no podrán comunicárnoslo. Para ellas y para nosotros, estas cosas serán siempre misterios impenetrables. Son bobas, como nosotros.

JCL: ¿Está de acuerdo con la afirmación de que la ciencia fracasó?

FV: La biología no. Ha triunfado al mostrar lo que no pudo adivinar Cristo, porque el alma no le alcanzó: que el hombre es un pobre animal como los otros, y que los otros animales también son nuestro prójimo.

La toma de conciencia sobre el cambio climático exige una gran dosis de desprendimiento de las comodidades y del poder económico y político alcanzado; requiere, igualmente, una evolución cultural significativa para reversar lo que le hemos hecho al planeta, a nosotros mismos y a las otras especies.

Poco a poco los escenarios apocalípticos que el cine sigue recreando terminarán siendo el espejo en el que nos miraremos pronto como una especie estúpidamente inteligente. Y quizás sea así porque no hay manera de cambiar la conciencia o las conciencias, porque esta es, como respondió Vallejo, “un río turbio, entre imaginario y caótico. Sin piedras, pero ruidoso. Caos interno que refleja el caos externo… eso es”. No hay manera de consolidar una conciencia universal limpia y prístina, porque en el fondo somos una especie de luces y sombras.




martes, 31 de diciembre de 2024

LUNA DE MIEL EN PARÍS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A pocas horas de terminar el 2024, la polémica en la red social X corre por cuenta de las fotografías de la luna de miel en París (Francia) de la congresista del Pacto Histórico, Martha Peralta Epieyú. Los agentes de la derecha que en esa red atacan a diario a sus similares del progresismo exhiben las imágenes de Peralta y su pareja asociadas al imaginario que indica que, al defender las ideas de la izquierda, el progresismo y ser indígena wayú se pierde el derecho a viajar, darse gustos como pasar noches en un hotel y alcanzar momentos de felicidad. Quizás, por defender esas ideas, los detractores de Peralta consideren que ella debió quedarse con su esposo en una de las rancherías de La Guajira o pasar unas noches en un hostal en cualquier municipio colombiano. 

Sin duda alguna, los agentes derechosos exhiben su natural clasismo y racismo. No les cabe en la cabeza que una mujer indígena pueda darse esos gustos que parecen exclusivos de la élite que defienden a dentelladas los tuiteros de ese espectro ideológico. 

Los derechosos le enrostran a Peralta los históricos padecimientos del pueblo wayú (hambre, falta de agua potable y el abandono del Estado) para invalidar su derecho individual a ser feliz bajo las expectativas modernas de casarse, visitar la ciudad luz y consumir bienes y servicios en la idealizada capital francesa. Que Peralta Epieyú como congresista, con un salario mensual de 50 millones de pesos, se dé gustos propios de consumados capitalistas constituye para sus detractores una suerte de “delito ideológico” o por lo menos una despreciable contradicción en el mismo sentido.

El enfrentamiento entre quienes defienden a Peralta y aquellos que se ensañaron con ella tiene un elemento en común: la sobreexposición de la vida privada en las redes sociales, rasgo que da cuenta de la sistemática eliminación de los límites entre lo privado y lo público. ¿Era necesario exponer las “pruebas” de esos momentos de máxima felicidad y “éxito” que bien se pudieron haber quedado en el ámbito de lo privado?

Esos niveles de sobreexposición individual hacen parte de lo que se conoce como La sociedad del espectáculo, de Guy Debord. En dicho texto se lee: “El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes…El espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real, su decoración añadida. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante”.

Todos estamos inmersos en un sistema mundo capitalista que nos vuelve esclavos del consumo frenético de bienes y servicios, circunstancia esta que hace parte sustantiva de los factores que hoy generan las pluricrisis climáticas. Bajo esas condiciones no hay forma de ser coherentes. Quizás el ser conscientes de nuestra finitud sea el factor que nos impulse como especie, bajo específicas condiciones económicas, a darnos el gusto de pasar la luna de miel en Paris, en Villa de Leyva, San Andrés o en un hotel sin estrellas en el mismo país de origen.

Las fotografías de la luna de miel de Peralta en París y el enfrentamiento ideológico en la red X hacen parte de esa sobreexposición individual y de los altos niveles de intolerancia y odio que sufre Colombia desde el 7 de agosto de 2022. En contraste, la Oposición y sus bodegas exhiben un bajo nivel de discusión en medio de un empobrecido escenario público (político). 



Imagen tomada de la red X 

viernes, 11 de julio de 2025

BAJA LA TASA DE NATALIDAD EN COLOMBIA: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

Por Germán Ayala Osorio

“Nacimientos en Colombia cayeron más del 13 % en 2024, según el DANE” fue el titular de una nota publicada por el diario El Espectador el 10 de julio el año en curso. Ya en el pasado inmediato, los periodistas Luis Carlos Vélez y Juan Lozano culparon a Petro del “bajonazo” en la tasa de natalidad en el país.

Lo cierto es que estamos ante una realidad sistémica que toca a un conjunto de variables con disímiles impactos. En esta columna expondré 7 elementos que podrían servir para explicar la aparición de semejante fenómeno. El primero de esos elementos tiene que ver con la crisis de la narrativa religiosa que presionaba y obligaba socialmente a las mujeres a reproducirse, lo que permitió el surgimiento de familias numerosas de 5, 8 y más hijos por núcleo familiar.  Ese relato de la iglesia católica venía ancorado a los principios y las exigencias mismas de una sociedad machista y patriarcal que le impuso a la mujer el único rol que podía desempeñar: ser madre, atender al marido y criar los hijos.

El segundo elemento está atado a la globalización como realidad que hizo posible conocer las decisiones adoptadas en países del viejo continente en los que fue disminuyendo la reproducción humana, lo que motivó que dichas naciones formularan políticas migratorias que atrajeran a parejas de países del Sur global, con hijos o en edad de reproducirse, para repoblar dichos países. Por supuesto que la globalización facilitó la circulación de ideas y discursos que les permitieron a las mujeres cuestionar el rol impuesto por aquella multinacional de la fe, de la mano de sociedades machistas en las que el macho proveedor de todo en el hogar mantuviera su rol dominante.

Luego vendría la entrada de la mujer al mercado laboral circunstancia que fue animando a más mujeres a aplazar esa forma de “realización en la vida”. Fue tan fuerte esa narrativa religiosa que aquellas mujeres que, en los años 50, 60 y 70 optaron por no tener hijos fueron cuestionadas. No es necesario repetir aquí los epítetos usados para descalificar semejante “actitud desafiante” de quienes llevan la carga social y natural (biológica) de tener que reproducirse por el bien de la especie.

Luego vendrían otros elementos. El tercero bien podría ser los cambios en las concepciones de la institución familia y el ingreso de los animales no humanos (llamados mascotas) a la ecuación, lo que significó que estos seres sintientes fueran asumidos como “hijos” contrariando a la iglesia católica que niega y rechaza que perros y gatos sean considerados como parte de la familia. Y ni para qué hablar de la insistencia del Vaticano en la idea de que la familia está únicamente compuesta por papá, mamá e hijos.

Un cuarto elemento podría estar relacionado con el sentido de la vida más allá del cumplimiento de los roles de padre y madre. El individualismo como características de las nuevas generaciones y el interés en vivir sin ataduras como las que representa traer hijos al mundo, están asociadas a esas nuevas maneras de asumir la vida, cuya finitud, por supuesto, seguirá siendo un factor de reflexión especialmente para aquellos que no están dispuestos a asumir semejante responsabilidad.

Como un quinto elemento podría mirarse lo que llamo aquí la sobre estetización del cuerpo femenino, muy de la mano por supuesto del “invencible” machismo y la cosificación de la mujer como objeto sexual para exhibir en público. Los cambios físicos (estéticos) que generan los embarazos bien pueden ser alimentar la resistencia de las mujeres a tener hijos o a no tenerlos en la cantidad deseada por quienes ven en el descenso de la natalidad problemas futuros para la sostenibilidad fiscal del sistema de aseguramiento (pensional).

Un sexto elemento se pueda asociar a las guerras y a las condiciones internas de un país como Colombia, en particular los problemas que aún exhibimos como sociedad: disímiles formas de violencia, prácticas primitivas que nos atan a un pasado premoderno e incivilizado que parece insuperable.

Y quizás el séptimo elemento esté asociado a todo lo que se desprende de la consolidación del feminismo como discurso y las formas estéticas y éticas de estar en el mundo que se desprenden de ese movimiento o las que algunas mujeres ven en este sin que necesariamente militen y compartan sus luchas. La confrontación y el rechazo a las formas de dominación masculina bien pueden estar impulsando a las jóvenes, feministas o no, a no repetir el rol jugado por sus madres: traer hijos, criarlos y seguir atendiendo a los maridos.



mujeres embarazadas - Búsqueda Imágenes

martes, 8 de septiembre de 2026

LAS PRUEBAS PISA

 


 

Por Germán Ayala Osorio

 

Circulan ya toda clase de “explicaciones” a los malos resultados obtenidos por Colombia en las pruebas Pisa. En particular, en comprensión de lectura y análisis crítico el bajonazo llama la atención de políticos, académicos, periodistas y expertos en educación; esos dos factores están inexorablemente atados a realidades socioculturales complejas y diferenciadas territorial y étnicamente en una sociedad como la colombiana que históricamente subvaloró la lectura de libros y el ejercicio de pensar, y estigmatizó las prácticas orales de miembros de comunidades ancestrales que al llegar a la universidad se chocaron con las lógicas de producción académica fundadas en la escritura y con los criterios de validación del pensamiento a partir del eurocentrismo. Más claro: si no citas a Foucault el análisis categorial no es válido. O, ni se te ocurra citar a Mariátegui o a Eduardo Galeano. Y mucho menos a mujeres intelectuales, feministas y americanistas.

Con el paso del tiempo y en particular en las universidades privadas la clientelización del estudiantado fue contribuyendo al empobrecimiento de la práctica docente, sometida a las presiones de las directivas y de los estudiantes-clientes que encontraron, estos últimos, en ese cambio, la oportunidad para usar a su favor los problemas y vacíos emocionales originados en sus núcleos familiares, alimentados en los colegios y por esa vía ocultar lo que realmente pasaba: pereza para pensar, desinterés por aprender, discutir de manera argumentada,  discernir y escribir ensayos. Los estudiantes que llegan a las universidades no pueden sostener la atención en videos de más de cinco minutos. ¿Qué pasó en los colegios y en las casas?

El plagio hasta hace unos años fue una práctica común y un negocio para aquellos estudiantes que dominaban la técnica escritural y el pensamiento crítico; luego vino el chat gpt y ahora con la ayuda de la IA, los estudiantes-clientes asisten a la universidad a jugar a autoengañarse: pagan millones de pesos, creen que engañan a sus profesores, mientras disfrutan y se “forman” en las redes sociales, fuente generadora de recursos económicos para muchos y de reconocimiento social para otros tantos. A lo mejor en los colegios pasa igual: las tareas se las hace la IA y de esa manera los padres se ahorran la penosa tarea de discutir y pensar con sus hijos e hijas.

Este dato que arroja los resultados de los estudiantes colombianos evaluados es llamativo: El 56 % de los estudiantes colombianos usa inteligencia artificial, la mayor tasa en Latinoamérica, para resolver las tareas.

No se trata, por supuesto de demonizar a las redes sociales y al uso de la tecnología, pues siempre habrá quienes sabrán hacer un uso inteligente y provechoso de lo que estas ofrecen. Esos resultados ameritan análisis complejos y sistémicos que deben tocar a las familias, a los colegios, a los propios estudiantes; al contexto sociocultural de un país que de muchas maneras valida la trampa y la búsqueda de esguinces a las normas. Colombia es un país de mentirosos: mienten el Estado, los gobiernos, los presidentes, los empresarios, los curas, militares…; políticos que mienten sobre sus títulos académicos; políticas que compran títulos universitarios o cometen plagio en la escritura de sus tesis.

Quienes caen en lecturas simplistas para encontrar las razones de esos malos resultados en las pruebas Pisa, parecen venir de ese universo de estudiantes que por comodidad se alejaron, por decisión propia o presiones contextuales, del paradigma de la complejidad para entrar en el modelo de la simplificación de las realidades en la que operan el periodismo, las redes sociales, la vida cotidiana y probablemente las dinámicas familiares en las que ya no se dialoga y discuten asuntos públicos que nos interesan a todos. Los hijos interactúan hoy más con los celulares que con sus padres.  Es más, los dispositivos móviles se los facilitan sus progenitores para “tranquilizarlos” y para que dejen a los adultos conversar (pocos casos), ver el partido de fútbol, el programa favorito o usar sus celulares a plenitud.

La adaptación de los currículos universitarios, eliminando o reduciendo los cursos de humanidades y suprimir el pensamiento crítico, va justamente en la dirección que le conviene al sistema mundo capitalista que se alimenta de gente muy hábil para hacer negocios, manipular mercados, jugar en Wall Street y hacer de la estupidez visible en las redes sociales un nuevo valor humano. Todos ellos, se caracterizan por haberse alejado del paradigma de la complejidad, acompañado de una profunda deshumanización de las relaciones sociales, el empobrecimiento de la empatía y el desinterés por entender, comprender y sentir los efectos negativos que dejan actividades antrópicas altamente disruptivas.

Las evidencias del cambio climático y los avances en la creación artificial de la vida humana por la vía de los robots humanoides parece no preocuparles porque quizás hay una circunstancia que suele no tenerse en cuenta para analizar los deficientes resultados de las pruebas Pisa y el devenir como especie dominante: nuestra finitud. Si hemos de morirnos en cualquier momento, para qué dedicar tiempo- o malgastarlo- cuando para estar en el mundo de hoy no necesito de categorías de análisis y mucho menos del pensamiento crítico y sistémico. Basta con lo que veo y escucho en las redes sociales, pues ese es el mundo en el que hoy conviven los jóvenes evaluados en las señaladas pruebas. Muchos de ellos, criados en familias disfuncionales, padres ausentes, madres cabeza de hogar, víctimas de disímiles forma de discriminación y violencias simbólicas y físicas; familias empobrecidas culturalmente en las que poco se lee y se cultiva la escritura con todo su poder liberador y creador de realidades.

Como todo asunto coyuntural que pasa por los medios masivos, los malos resultados de las pruebas Pisa quedarán ahí como una realidad que seguirá asumiéndose y se tratará de revertir desde la misma mirada simplista que hoy los examina. Insisten en buscar culpables, Fecode, los docentes y por supuesto los estudiantes evaluados. Quizás el “muerto” no hay que buscarlo río abajo, sino río arriba.


UN CANSINO DESPRECIO DE LA VIDA

Por Germán Ayala Osorio   El uso de peligrosos herbicidas como el glifosato y ahora el glufosinato de amonio hace parte de una discusió...