martes, 8 de septiembre de 2026

LAS PRUEBAS PISA

 


 

Por Germán Ayala Osorio

 

Circulan ya toda clase de “explicaciones” a los malos resultados obtenidos por Colombia en las pruebas Pisa. En particular, en comprensión de lectura y análisis crítico el bajonazo llama la atención de políticos, académicos, periodistas y expertos en educación; esos dos factores están inexorablemente atados a realidades socioculturales complejas y diferenciadas territorial y étnicamente en una sociedad como la colombiana que históricamente subvaloró la lectura de libros y el ejercicio de pensar, y estigmatizó las prácticas orales de miembros de comunidades ancestrales que al llegar a la universidad se chocaron con las lógicas de producción académica fundadas en la escritura y con los criterios de validación del pensamiento a partir del eurocentrismo. Más claro: si no citas a Foucault el análisis categorial no es válido. O, ni se te ocurra citar a Mariátegui o a Eduardo Galeano. Y mucho menos a mujeres intelectuales, feministas y americanistas.

Con el paso del tiempo y en particular en las universidades privadas la clientelización del estudiantado fue contribuyendo al empobrecimiento de la práctica docente, sometida a las presiones de las directivas y de los estudiantes-clientes que encontraron, estos últimos, en ese cambio, la oportunidad para usar a su favor los problemas y vacíos emocionales originados en sus núcleos familiares, alimentados en los colegios y por esa vía ocultar lo que realmente pasaba: pereza para pensar, desinterés por aprender, discutir de manera argumentada,  discernir y escribir ensayos. Los estudiantes que llegan a las universidades no pueden sostener la atención en videos de más de cinco minutos. ¿Qué pasó en los colegios y en las casas?

El plagio hasta hace unos años fue una práctica común y un negocio para aquellos estudiantes que dominaban la técnica escritural y el pensamiento crítico; luego vino el chat gpt y ahora con la ayuda de la IA, los estudiantes-clientes asisten a la universidad a jugar a autoengañarse: pagan millones de pesos, creen que engañan a sus profesores, mientras disfrutan y se “forman” en las redes sociales, fuente generadora de recursos económicos para muchos y de reconocimiento social para otros tantos. A lo mejor en los colegios pasa igual: las tareas se las hace la IA y de esa manera los padres se ahorran la penosa tarea de discutir y pensar con sus hijos e hijas.

Este dato que arroja los resultados de los estudiantes colombianos evaluados es llamativo: El 56 % de los estudiantes colombianos usa inteligencia artificial, la mayor tasa en Latinoamérica, para resolver las tareas.

No se trata, por supuesto de demonizar a las redes sociales y al uso de la tecnología, pues siempre habrá quienes sabrán hacer un uso inteligente y provechoso de lo que estas ofrecen. Esos resultados ameritan análisis complejos y sistémicos que deben tocar a las familias, a los colegios, a los propios estudiantes; al contexto sociocultural de un país que de muchas maneras valida la trampa y la búsqueda de esguinces a las normas. Colombia es un país de mentirosos: mienten el Estado, los gobiernos, los presidentes, los empresarios, los curas, militares…; políticos que mienten sobre sus títulos académicos; políticas que compran títulos universitarios o cometen plagio en la escritura de sus tesis.

Quienes caen en lecturas simplistas para encontrar las razones de esos malos resultados en las pruebas Pisa, parecen venir de ese universo de estudiantes que por comodidad se alejaron, por decisión propia o presiones contextuales, del paradigma de la complejidad para entrar en el modelo de la simplificación de las realidades en la que operan el periodismo, las redes sociales, la vida cotidiana y probablemente las dinámicas familiares en las que ya no se dialoga y discuten asuntos públicos que nos interesan a todos. Los hijos interactúan hoy más con los celulares que con sus padres.  Es más, los dispositivos móviles se los facilitan sus progenitores para “tranquilizarlos” y para que dejen a los adultos conversar (pocos casos), ver el partido de fútbol, el programa favorito o usar sus celulares a plenitud.

La adaptación de los currículos universitarios, eliminando o reduciendo los cursos de humanidades y suprimir el pensamiento crítico, va justamente en la dirección que le conviene al sistema mundo capitalista que se alimenta de gente muy hábil para hacer negocios, manipular mercados, jugar en Wall Street y hacer de la estupidez visible en las redes sociales un nuevo valor humano. Todos ellos, se caracterizan por haberse alejado del paradigma de la complejidad, acompañado de una profunda deshumanización de las relaciones sociales, el empobrecimiento de la empatía y el desinterés por entender, comprender y sentir los efectos negativos que dejan actividades antrópicas altamente disruptivas.

Las evidencias del cambio climático y los avances en la creación artificial de la vida humana por la vía de los robots humanoides parece no preocuparles porque quizás hay una circunstancia que suele no tenerse en cuenta para analizar los deficientes resultados de las pruebas Pisa y el devenir como especie dominante: nuestra finitud. Si hemos de morirnos en cualquier momento, para qué dedicar tiempo- o malgastarlo- cuando para estar en el mundo de hoy no necesito de categorías de análisis y mucho menos del pensamiento crítico y sistémico. Basta con lo que veo y escucho en las redes sociales, pues ese es el mundo en el que hoy conviven los jóvenes evaluados en las señaladas pruebas. Muchos de ellos, criados en familias disfuncionales, padres ausentes, madres cabeza de hogar, víctimas de disímiles forma de discriminación y violencias simbólicas y físicas; familias empobrecidas culturalmente en las que poco se lee y se cultiva la escritura con todo su poder liberador y creador de realidades.

Como todo asunto coyuntural que pasa por los medios masivos, los malos resultados de las pruebas Pisa quedarán ahí como una realidad que seguirá asumiéndose y se tratará de revertir desde la misma mirada simplista que hoy los examina. Insisten en buscar culpables, Fecode, los docentes y por supuesto los estudiantes evaluados. Quizás el “muerto” no hay que buscarlo río abajo, sino río arriba.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

LAS PRUEBAS PISA

    Por Germán Ayala Osorio   Circulan ya toda clase de “explicaciones” a los malos resultados obtenidos por Colombia en las pruebas P...