martes, 27 de octubre de 2026

DONOVAN BALANTA Y EL SILENCIO PRESIDENCIAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A Donovan Balanta lo habrían asesinado por ser negro. Los policías responsables, directos e indirectos, incluido un oficial en grado de Mayor, de la muerte del joven de 34 años fueron enviados a la cárcel por un juez de control de garantías. Recluidos en centro penitenciario esperarán el juicio por los delitos que les imputó la Fiscalía de homicidio y tortura agravadas y falsedad ideológica.

Balanta fue golpeado y sometido a descargas eléctricas con taser accionados por los policiales. Al final del martirio, una provocada arritmia cardíaca acabó con su vida. Durante el suplicio, de acuerdo con versiones periodísticas, uno de los policías le habría gritado que “estaba acostumbrado a matar negros”.

El caso de Donovan Balanta me hizo recordar la historia real que hay detrás de la película “Milagros inesperados”. Después de haber sido condenado por un crimen que no cometió, la justicia gringa concluyó que George Stinney era inocente. Las historias de Balanta y Stinney (era un niño cuando fue ejecutado) comparten prácticas racistas que siguen vivas tanto en los Estados Unidos como en Colombia. El jurado que condenó a Stinney estuvo compuesto por personas blancas. A Balanta lo asesinaron policías mestizos que quizás desconocen que ellos llevan en su sangre genes negros e indígenas.

El factor racial tendría sustento y validez jurídica por lo espetado por uno de los servidores públicos y por el evidente desprecio hacia la vida de la víctima que exhibieron los uniformados. Los videos de cámaras de seguridad confirman el ultraje y la subvaloración de la vida de Balanta, quien por varios minutos estuvo tirado en el piso de la estación de Policía a la que fue llevado en calidad de detenido.

El abogado Alí Bantú Ashanti en su cuenta de X señaló lo siguiente: “Juez impone medida de aseguramiento a cuatro policías por el presunto homicidio de Donovan Balanta. @ABDELAESPRIELLA no los salvará de la justicia y la prisión. No levanten las armas contra el pueblo y el indefenso. Nuestra voz firme contra el odio racial y la violencia policial. La respuesta contra el racismo debe ser siempre el amor al prójimo. Podrán recibir miles de cursos pagos con nuestros impuestos, pero si no se aman a ustedes mismos, saldrán a matar llenos de prejuicios, y no lo permitiremos”.

Al incluir en el trino al presidente de la República, el penalista asume que habría una tácita intención del Ejecutivo de lanzar algún tipo de salvamento que permita sacar a los policiales del lío judicial en el que se metieron por haber violado los derechos de Balanta, hasta producirle la muerte. O quizás la referencia se produce por el silencio guardado por De la Espriella frente al aberrante crimen.

Quizás el silencio del comandante supremo de las fuerzas armadas frente al crimen motivó al abogado a escribir ese mensaje. Hasta hoy 27 de octubre de 2026 De la Espriella no se pronunció sobre el homicidio de Balanta. Los pueblos afros y cientos de miles de ciudadanos esperan un contundente rechazo de quien, de acuerdo con la Constitución, funge como comandante supremo o jefe directo de los policiales que participaron de la tortura y la golpiza con el desenlace ya conocido.

El silencio del presidente hace parte del proceso comunicativo en el que está inmerso como ser humano y por supuesto en la comunicación de carácter político en la que están inscritas sus responsabilidades políticas y simbólicas como jefe de Estado. De ahí que, el no expresarse sobre los hechos conlleva a múltiples lecturas que cuestionarían su rol como jefe de Estado y garante del respeto de los derechos humanos de los servidores públicos que están bajo su mando. “Un silencio más extenso o más breve de lo habitual al terminar o antes de iniciar el discurso puede ser incluso más elocuente que la palabra misma. Lo dicho, sin decirlo, abre un campo de interpretación capaz de envolver a la palabra con un aura que puede evocar amenaza, incomodidad, expectación, ironía, temor, compasión, empatía, desconfianza, complicidad, venganza, entre otros”.

Es posible leer su mutismo como parte de un ejercicio de prudencia atada a la evolución del proceso jurídico e incluso a la llegada al momento del juicio. Pero también puede leerse ese significativo sigilo presidencial como un apoyo tácito al actuar de los policiales dada la cercanía y la admiración expresada por De la Espriella hacia las fuerzas armadas. El país ya parece haberse acostumbrado a ver al presidente de la República “patrullando”, con arma al cinto, radio y saludo militar incluido, acompañado de policías en operativos en los que se capturan toda suerte de bandidos. Se trata de actos simbólicos con los que el jefe del Estado deja ver su propensión a defender sin ambages las institucionalidades derivadas de la operación de militares y policías. Su condición civil se desvanece cuando aparece en los episodios grabados cumpliendo funciones de juez, sheriff y comandante militar.

Hay una expresión de Abelardo que puede ser usada para interpretar el silencio que hasta el momento exhibe alrededor del crimen de Balanta. Esto dijo a Noticias Caracol en mayo del año en curso, en condición de candidato presidencial: “…vas a ver lo duro que muerde el tigre. Y no como de indio, no como de negro, no como de blanco, no como de nada. El que salga a hacer desmanes y atacarme a la gente y a la fuerza pública, le voy a caer con mano de hierro”.

El homicidio de Balanta por racismo tendrá que probarse en el juicio. Mientras tanto, las interpretaciones alrededor del silencio presidencial seguirán haciendo parte de ejercicios de análisis del discurso y la comunicación política. Entre más se extienda el silencio presidencial, más precisos y duros podrán ser las conclusiones académicas, simbólicas y políticas que se deriven.  

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