Por Germán Ayala Osorio
Por más treinta años de aplicar a
rajatabla la doctrina neoliberal se logró privatizar funciones y sectores
estratégicos del Estado colombiano en beneficio de una élite mezquina,
premoderna, retardataria, precapitalista, rentista, parasitaria, negacionista
del cambio climático y conservadora que desdice de sus procesos de mestizaje,
al tiempo que hace ingentes esfuerzos para desconocer lo prescrito en la constitución
alrededor de la idea que somos un Estado Social de Derecho. Desde el gobierno
de César Trujillo hasta el inefable Iván Duque, las acciones privatizadoras se
aplicaron sin asomo alguno de vergüenza y preocupación por los efectos
socioambientales y económicos generados por más de tres décadas: concentración
de la tierra y la riqueza en pocas manos, una inmoral pobreza extrema, la consolidación de la economía de
enclave en vastos territorios y la sempiterna desigualdad social.
Los cuatro años del gobierno de
Gustavo Petro se recordarán como un intento de reversar en algo esas
condiciones en las que venía operando el Estado. Al no tener el poder absoluto
para modificar lo que estructural y culturalmente consolidaron los agentes de
la doctrina neoliberal, Petro le apostó a construir un relato comunitario anti-élite
que derivó en un proceso inacabado de concientización social en las bases
populares y en sectores de una clase media medrosa. Esa narrativa giró
alrededor de los derechos colectivos e individuales y de la imperiosa necesidad
de apostarle a naturalizar la solidaridad, pero, sobre todo, a exigirle al
Estado y a sus agentes públicos cumplir con lo que ordena la carta de 1991; la
respuesta de los agentes políticos, sociales, mediáticos y económicos
defensores de la doctrina neoliberal fue el despliegue de una narrativa fundada
en el racismo, el clasismo, la homofobia, la transfobia y la aporofobia.
Al final del gobierno Petro el
relato comunitario anti élite fue derrotado no por ausencia de razones éticas,
morales y otras que hacen parte de la ecología política, sino por los problemas
de comunicación que tardíamente trató de solucionar el gobierno progresista- no
de izquierda-, a lo que se sumaron por supuesto los escándalos de corrupción y
los “papayazos” que el propio Petro le dio a la prensa para que hiciera y
deshiciera con su vida personal, hábilmente atada a la moral de una sociedad
conservadora, pacata, gazmoña, puritana, hipócrita, goda, camandulera,
iliberal, morronga, mojigata, machista y morbosa.
De regreso al poder, la derecha y
la ultraderecha están de plácemes pues lograron poner en la presidencia no solo
a un servil amigo de la élite, sino a quien poco a poco está convirtiendo la
presidencia de la República en un negocio privado, en una empresa familiar. De
la Espriella nombró a su exesposa, Yoly Beatriz Illidge Pimienta como
Superintendente de Notariado y Registro. Y su esposa, la primera dama, de la
mano de su recién creada fundación, manejará las donaciones recibidas para atender
a los damnificados del terremoto del 10 de agosto, el mismo que el pastor-presidente
asumió como un castigo divino: “las cosas de Dios, queridos compatriotas,
solo Dios las sabe. Él decidió ponernos en esta prueba tan dura y, en su
sabiduría, lo hizo justo el día en que comenzó mi mandato”.
La Fundación Colombia Luz y
Sonrisas, una organización sin ánimo de lucro cuya representante legal es la
propia primera dama, está en el ojo de un huracán mediático de baja intensidad
que está intentando desatar el portal periodístico Cuestión Pública. Por
supuesto, la gran prensa, ayer uribista y hoy abelardista, no está interesada
en preguntar por el monto de las donaciones en dinero y el manejo de esos
recursos. Los cuestionamientos ético-políticos y morales eran exclusivamente para
el gobierno Petro. En adelante, la autocensura bastará para lavarle la imagen
al gobierno del pastor-presidente. ¿Por qué no cuestionar, preguntar y vigilar
por los destinos y la procedencia de los recursos manejados por la señalada fundación?
¿Qué habría dicho esa misma prensa si la esposa de Petro y entonces primera
dama hubiese creado a los pocos días del triunfo de su esposo una fundación
para manejar recursos y enfrentar, por ejemplo, las inundaciones provocadas por
la ruptura del canal del Dique?
En la página de Cuestión
Pública se lee lo siguiente: “Revisamos la iniciativa privada, porque
vale recordar que la primera dama no es una funcionaria, y encontramos
que el primer canal oficial para las donaciones directas es la Fundación
Colombia Luz y Sonrisas, una entidad sin ánimo de lucro cuya representante
legal es la misma Ana Lucía Pineda. En la página web donde se recepcionan
las ayudas, la fundación encabeza a otras organizaciones de mayor trayectoria
como El Minuto de Dios y la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia. Las
cuentas de las tres organizaciones se muestran como verificadas para hacer
aportes económicos. Es decir, la iniciativa que la primera dama creó está
recogiendo plata para su propia fundación. De acuerdo con el RUES, Colombia
Luz y Sonrisas se constituyó el pasado 7 de julio con 10 millones de pesos,
después de que De la Espriella salió victorioso en segunda vuelta. Sin
embargo, la reunión por medio de la cual se acordó crear la ONG fue el 20 de
marzo de 2026”.
Su condición de pastor-presidente,
su idea de la Patria
Milagro y el ridículo saludo militar son, si se quiere, caprichos que a la
élite tradicional poco o nada le preocupa mientras les garantice mantener la
captura mafiosa del Estado y los beneficios económicos de su privatización. Lo
que haga Abelardo de la Espriella con la presidencia y la dignidad presidencial
pasa a un segundo plano para los miembros de la élite beneficiada; al igual que
las actividades y decisiones regeneradoras
como las de borrar del lenguaje institucional del ICBF
el término “niñas” y la cruzada emprendida por la ministra de Educación contra la
espectral “ideología de género”. Más claro: el discurso antiderechos y su
aplicación paulatina cuenta con la aprobación de la élite tradicional
colombiana que comparte con el pastor-presidente la idea de que la sociedad
colombiana necesita ser disciplinada y alejada de la narrativa pro-derechos
que Petro impulsó en sus cuatro años de mandato. No olvidemos que el enemigo de la patria es el
progresismo, así declarado por el therian presidente.
Adenda: el cierre de las 20
emisoras comunitarias surgidas del Acuerdo de Paz de La Habana es un acto de
censura oficial. El pastor-presidente dirá que simplemente está cumpliendo con un
mandato divino porque nuevamente Dios lo está poniendo a prueba.
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