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viernes, 19 de junio de 2026

FAJARDO: TIBIO, INDIFERENTE E IRRESPONSABLE






Por Germán Ayala Osorio

 

Sergio Fajardo Valderrama, el matemático que solo aprendió a dividir, en un comunicado público dejó ver su verdadero talante: el de un político pequeño, minúsculo, diminuto, mediocre e intrascendente. Un sólido homúnculo. El más visible sepulturero del siempre espectral centro político. 

Su pequeñez política contrasta con su enorme ego- propio de un narciso- una especie de mangrullo desde donde otea la realidad del país con la suficiencia moral con la que suele expresarse públicamente. Pero hay hechos que cuestionan esos viajes de superioridad moral. Nombro tres: el primero, los que tienen que ver con “donBernabilidad[1]”; el segundo, su admiración -casi fascinación[2]- hacia el pérfido expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Un político y candidato presidencial que siga llamando “presidente” al señor de El Ubérrimo genera muchas dudas alrededor de su propia eticidad y de su real cercanía a la moral colectiva que reclama de tiempo atrás que el Padre de la Seguridad Democrática asuma la responsabilidad política de los 7.837 crímenes de Estado (falsos positivos). La obsecuencia de Fajardo lo obligó a reunirse[3] con Uribe antes de la primera vuelta; y el tercero, el haber sido declarado fiscalmente responsable[4] por el desastre ocurrido en la represa de Hidroituango.

Veamos apartes del comunicado firmado por el exgobernador de Antioquia, exalcalde de Medellín y eterno candidato presidencial (completó su tercera aspiración). “Después de la primera vuelta le entregamos al país nuestra reflexión sobre el millón de votos que obtuvimos e insistimos en que cada ciudadano, ciudadana, es libre de votar por quien quiera: los votos no son de un líder. Ofrecimos el Decálogo del Millón de Votos que recoge los puntos esenciales de nuestro programa. Y también presentamos el Perfil del Presidente que Colombia necesita hoy. Hoy, a pocas horas de la cita con las urnas, presentamos nuestro Compromiso Por Colombia: quiero convocar, gane quien gane, a las personas sensatas y justas que hay en cada campaña para que con fuerza ayuden a impedir que demos el paso que falta para la destrucción. Quiero seguir reivindicando, gane quien gane, la voz de quienes se atreven a romper con la polarización y que no se rinden. La voz de los sin tribu. Quiero seguir aportando a tender los puentes necesarios para no dejarnos sepultar por la desesperanza que nos acecha. Por el contrario, para avanzar en la construcción de las oportunidades en esta Colombia que tiene de sobra las riquezas y el talento para darnos una vida digna, próspera, incluyente y justa. Y el lunes… a construir la esperanza que nos merecemos”.

Fajardo le entregó al país político un comunicado en el que reivindica su “neutralidad”, postura que, a juzgar por la compleja coyuntura política, deviene en cobardía y en una falta de responsabilidad con el país. ¿Acaso está invitando a votar en blanco a los sensatos de ambas campañas?

Está muy bien que no le guste ninguno de los dos candidatos presidenciales, pero hay uno de ellos que le apuesta a consolidar en el país un régimen fascista que se puede impedir si se deja de lado la idea y decisión de castigar a Petro por los errores cometidos y por esa vía negarse a votar por Cepeda.

La columnista Cristina Nicholls le dijo esto a Fajardo desde su cuenta de X: “Usted tuvo la oportunidad de dejarle a Colombia un legado de unidad y grandeza en el momento más crítico de su historia republicana. En su lugar elige la irrelevancia, la pequeñez. Así será recordado, no lo dude un segundo”.

Fajardo: en lugar de escribir y publicar ese insulso comunicado, debiste haberte ido a Nuquí a ver ballenas por segunda vez. Lo tuyo es eso: ver y disfrutar, sin llegar a defender lo que te produce placer. En eso radica tu tibieza: mientras no estén en riesgo tus privilegios, poco importa la situación de millones de vulnerables, miembros de las comunidades subalternas. Espero que hagas público también tu retiro de la vida política, o por lo menos de no insistir más con llegar a la Casa de Nariño. Ve a cuidar a la nieta. El país jamás te necesitó porque sos un cobarde, pusilánime, apocado, temeroso, miedoso, flojo, endeble y un verdadero homúnculo. Serás por siempre un meme, como aquellos que salieron después de que dijiste "yo no inspiro nada". 

 

Adenda: Fajardo, quedaste parecido a Ingrid Betancourt que viene al país cada cuatro años a engañar incautos y cobrar una platica por reposición de votos. ¿En cuatro años volverás?

[1] El director de ONG Corpades explica que se estableció una rara competencia por demostrar si la tranquilidad que estaba viviendo la ciudad era por la ‘paratranquilidad urbana’ de la Oficina o el modelo de ciudad planteado por el alcalde Fajardo en su plan de desarrollo ‘Medellín la más educada’.  “A la alcaldía de Fajardo le quedó bastante fácil argumentar que fue su labor, pero todo fue complementario. Hubo un poder hegemónico armado que dominó la ciudad, eso no está en duda”, le dijo a La Silla Paisa Juan Diego Restrepo, director de Verdad Abierta, portal periodístico especializado en el conflicto armado. Restrepo y Quijano coinciden en que lo que hizo Fajardo fue negar que en la ciudad había un grupo criminal, la Oficina de Envigado, que se articuló con sectores del Estado para controlar rentas ilegales como la venta de drogas y las extorsiones en mercados informales, a cambio de que no hubiera violencia. “Él no reconoció lo que estaba pasando, no miró más allá de lo que decían la Policía, el Gobierno Nacional, la Fiscalía. Él estaba convencido de que todo estaba bien porque sus asesores le decían que todo estaba bien”, le dijo Quijano a La Silla. Tomado de https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/antioquia/si-hubo-donbernabilidad-pero-mas-alla-de-fajardo/

miércoles, 3 de junio de 2026

EL DECÁLOGO DEL MILLÓN DE VOTOS DE FAJARDO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La tibieza y el ego de Sergio Fajardo Valderrama resultan inconmensurables. Después de la estruendosa derrota electoral del pasado 31 de mayo- quedó de cuarto-, se inventó el Decálogo del Millón de Votos con tres propósitos: el primero, mantener su atormentada vigencia política a pesar de las tres derrotas electorales que acumula y que parecen insuficientes para obligarlo a tomar la decisión de retirarse de la vida pública. Aunque en el amargo tinto que se tomó con Paloma Valencia en el Hotel El Prado de Barranquilla dijo que esta era su última campaña presidencial. Ya con 70 años, una parte del país espera que cumpla su palabra y se retire. Su nieta y Nuquí reclaman su presencia.

El segundo propósito, transmitir el mensaje institucional de varios agentes del Establecimiento que Fajardo defiende y representa muy bien y por supuesto algunas ideas que él ladinamente hace pasar como si fueran de su cosecha pero que en realidad responden a los lugares comunes que cada cuatro años aparecen en forma de eslóganes de campaña. No haré referencia a las “10 propuestas o líneas rojas” de Fajardo. Y finalmente, su tercera intención evitar hablar de las razones personales y políticas que lo llevaron a sufrir tres derrotas electorales. Al igual que Álvaro Góméz Hurtado, Fajardo será recordado como el eterno candidato presidencial.

En su Decálogo, Fajardo le dice al Pacto Histórico, a la campaña y al candidato presidencial Iván Cepeda Castro que “civilicen, moderen y rebajen la crispación", es decir, que le pongan fin a la polarización política. El exgobernador de Antioquia olvida el origen de esa pugnacidad y los factores ideológicos y las razones fácticas que la hacen prácticamente insuperable. 

En su segunda “línea roja”, el exalcalde de Medellín exige a Cepeda que se olvide de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), mecanismo al que considera inconveniente porque supone la violación de la independencia de poderes. En este punto, Fajardo Valderrama invalida la posibilidad del llamado a una ANC poniendo sobre el mecanismo una mácula que lo hace ilegítimo, cuando apelar a este es un derecho constitucional. Se entiende el punto porque si algo caracteriza al profesor y matemático antioqueño es la defensa a dentelladas de la tradición y del Establecimiento. Fajardo le tiene pavor hablar de cambio.

No podía faltar en su Decálogo la lucha contra la corrupción, bandera con la que intentó tres veces llegar a la Casa de Nariño. Quizás sea tiempo de que Fajardo entienda que esa es una lucha inútil porque ya en el país se naturalizó un ethos mafioso que curiosamente tiene un fuerte arraigo en Antioquia y en las huestes de un personaje al que Fajardo siempre le rindió pleitesía; tanta, que aún lo sigue llamando “presidente”.  Además, en este punto propuso una auditoría a la actual administración.

En el cuarto punto, Fajardo exige el desmonte de la “paz total”, plan de gobierno que salió muy mal por múltiples factores que no tocaré en esta columna. Y propone lo de siempre: copar el territorio, atacar las economías ilegales y cuidar los ecosistemas naturales. Como si el gobierno Petro no lo haya intentado. La recuperación del cañón del Micay es un logro que Fajardo no reconoce. Eso sí, todos los gobiernos han fallado en consolidar el Estado en todo el territorio nacional.

En el quinto elemento que plantea el recién derrotado candidato presidencial hace alusión al tema que lo apasiona: la educación. Cuando habla de “Colombia la más educada”, Fajardo, declarado fiscalmente responsable por el colapso de la represa de hidroituango, está recordando su programa “Antioquia la más educada”. Cosas del ego.

En su sexta línea roja, Sergio Fajardo recomienda y exige soluciones en materia de salud. Olvida el exgobernador de Antioquia que el sistema de aseguramiento en salud viene de tiempo atrás en una profunda crisis financiera, fruto de la corrupción y el diseño mismo de la ley 100 de 1993. Por cierto, una crisis sobre la que Fajardo guardó silencio cómplice frente a las actuaciones dolosas de varias juntas directivas de EPS intervenidas y declaradas inviables.

El Decálogo del Millón de Votos de Fajardo parece más bien una carta de despedida dirigida a sus votantes y seguidores. Se trata de una forma elegante y poco autocrítica- actitud muy propia de los egocentristas- de reconocer que sus campañas fracasaron en gran medida por su tibieza e incapacidad para proponer cambios, lo que implicaba confrontar al Establecimiento regional y nacional con el que siempre guardó simpatías ideológicas y políticas.

Hay que reconocer y abonarle que antes de la primera vuelta fijó postura frente al talante de Abelardo de la Espriella. Esto dijo: “el comportamiento del señor Abelardo de la Espriella es el de un atarván. Es un tipo machista, vulgar, autoritario e irrespetuoso. Una persona como él no debería ser presidente de Colombia; puede y tiene posibilidades, pero yo espero que Colombia no caiga tan bajo”.

Y aunque no se fue a ver ballenas esta vez, con su Decálogo del Millón de Votos Fajardo quiere dejar la imagen de “intelectual y estadista”, eso sí, orgánico del viejo Establecimiento al que jamás confrontó. Ahí radica el origen de su tibieza. 

martes, 2 de junio de 2026

ES DE COBARDES Y COMPLACIENTES VOTAR EN BLANCO

 



Por Germán Ayala Osorio

Para quienes piensan votar en blanco en la segunda vuelta presidencial va esta columna de opinión. Con este texto de opinión confronto semejante decisión a todas luces inconveniente e irresponsable por todo lo que está en juego. Votar en blanco es igual de indecoroso a darle un voto a De la Espriella, el candidato de la ultraderecha y Uribe.

Si Usted está pensando en votar en blanco porque no le gustan las propuestas de Cepeda y De la Espriella, déjeme decirle que esa postura deviene cobarde y complaciente con el proyecto autoritario (fascista) que encarna el abogado y amigo del testaferro del régimen venezolano, Alex Saab.

Ante la posibilidad de que el país empiece a recorrer los caminos autoritarios y con visos fascistas que hoy recorren ecuatorianos, chilenos, salvadoreños y argentinos, votar en blanco o quedarse en casa constituye una decisión cobarde y mezquina a sabiendas de los daños irreparables que generará en materia social,  política, ecológica y ambiental un gobierno presidido por quien claramente se alineará con los inmorales principios de la doctrina Donroe y todo lo que representa el pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Si Usted siente desprecio por Cepeda por ser el candidato del gobierno con el que Usted tiene razones suficientes para castigarlo en las urnas, tómese un momento para comprender los mayores riesgos para las libertades ciudadanas y los derechos civiles que representa el proyecto autoritario de Abelardo de la Espriella.

Trato de imaginar la molestia en contra de los dos candidatos que pasaron a la final de aquellos connacionales que piensan votar en blanco. Por ello, se los pongo en estos términos: se trata de escoger entre una enfermedad cutánea (manejable y curable) y una huérfana para la cual no hay tratamiento y mucho menos cura. Cepeda, en este caso, representa la enfermedad epidérmica y De la Espriella, la huérfana y catastrófica.

No son los tiempos del “voto castigo” y de expresar molestias e incluso animadversiones y prevenciones inoculadas por la acción mediática hacia el progresismo y el candidato Iván Cepeda Castro. Que hubo corrupción, nadie lo niega, pero el país no cayó al abismo que pronosticaron uribistas y anti petristas: “no nos convertimos en Venezuela”, pero hay riesgo de que con De la Espriella terminemos sobreviviendo como los argentinos por culpa de Milei.

Sin exagerar, en la actual coyuntura millones de colombianos tienen en sus manos la obligación moral y ético-política de rechazar el proyecto de país que tiene en mente ejecutar Abelardo de la Espriella, el falso outsider, que nos hará retroceder a los tiempos del Estatuto de Seguridad del gobierno de Julio César Turbay Ayala. Por ello, votar en blanco es ayudarle a abrir las compuertas a un proyecto profundamente antidemocrático.

Si Usted votó por Sergio Fajardo, le recuerdo lo que espetó de Abelardo de la Espriella antes de la primera vuelta: “el comportamiento del señor Abelardo de la Espriella es el de un atarván. Es un tipo machista, vulgar, autoritario e irrespetuoso. Una persona como él no debería ser presidente de Colombia; puede y tiene posibilidades, pero yo espero que Colombia no caiga tan bajo…”.

Si por el contrario votó por Paloma Valencia Laserna, lo más sensato e inteligente que puede hacer es no acompañar la decisión adoptada por la senadora caucana de “cargarle las maletas” a De la Espriella.

Si Usted es mujer y tiene unos mínimos de sororidad con el resto de las mujeres, está en la obligación de votar en contra de la patanería y el maltrato del ganador de la primera vuelta hacia mujeres periodistas. A una de ellas, la hostigó sexualmente y al aire para que agrandara una foto de él, en la que se le veía grande el “paquete”. “Durante la transmisión, el político de ultraderecha le pidió a Laura Rodríguez, la única mujer periodista en el panel, que viera en un celular una foto con la cual, dijo, se ganó “unos buenos votos bien bacanos (buenos) del electorado femenino”. Aludía a que allí se observaba, según él, el tamaño de sus genitales. ¿Qué ves allí, cariño, ven? Acércala a ver qué ves”, le dijo el candidato a Rodríguez. Ella no hizo ningún comentario, y él insistió: “No, mi amor, pero qué más ves, no seas tímida”. Días después, cuando dicho fragmento se hizo viral, la periodista aseguró que se había sentido “vulnerada, acosada y asqueada”.

Sin duda alguna, De la Espriella irrespetó al conjunto de las mujeres. En reciente fallo de tutela, la jueza 129 Penal Municipal con Función de Conocimiento le ordenó al candidato “reconocer expresamente la importancia de la participación de las mujeres en el proceso democrático y electoral, reconociendo que los criterios para sufragar de estas obedecen a su inteligencia, discernimiento y opinión”.

Adenda: con el mensaje de felicitación del presidente de los Estados Unidos al candidato Abelardo de la Espriella se ratifica el interés de los gringos por tener en la Casa de Nariño a la “marioneta” perfecta para alcanzar los falsos objetivos planteados en el Escudo de las Américas. De ganar la segunda vuelta De la Espriella, Colombia volverá a ser el patio trasero en el que los gringos defecan sus siempre inmorales programas de intervención, cooperación y vigilancia.

domingo, 31 de mayo de 2026

¿CEPEDA PUEDE GANAR EN SEGUNDA VUELTA?




Por Germán Ayala Osorio

El inesperado resultado de la primera vuelta presidencial no puede terminar alimentando la pugnacidad política y social y mucho menos trasladarla a las calles en formas de estallido social y/o en encarnizados enfrentamientos mediados por una latente pero contenida lucha de clases.

El presidente Petro no aceptó la victoria de Abelardo de la Espriella. En su cuenta de X, el mandatario dijo que “el llamado conteo transmitido no tiene fuerza vinculante. Sus datos no son norma pública. Como presidente no acepto los resultados del pre-conteo de la firma privada de los hermanos Bautista, porque debiendo estar quietos los algoritmos del software de conteo y escrutinios, en la última semana fueron variados en tres oportunidades y agregaron 800.000 cédulas más de personas que no están en el censo oficial presentado”.

En esa misma línea se expresó Iván Cepeda Castro, quien recogió lo expresado por Petro y aplazó el reconocimiento de la derrota hasta que las comisiones escrutadoras confirmen o desestimen cualquier irregularidad o fraude electoral. No reconocer la victoria de la ultraderecha fascista que representa Abelardo de la Espriella puede terminar distrayendo a la campaña y al propio Iván Cepeda del gran objetivo: darle vuelta al resultado y superar el medio millón de votos con los que De la Espriella reclamó la victoria parcial. 

Además, manda un mal mensaje al país a propósito de "respetar las instituciones y de confiar en su transparencia". Existen los mecanismos reglados para hacer las reclamaciones. Petro debe insistir en que el software debe estar en manos del Estado y no en manos de particulares. Hay que pedirle a la justicia, a las altas cortes que se pronuncien al respecto. 

Petro y Cepeda confrontan a la institucionalidad electoral blindada por la entrega de los resultados en tiempo récord y la aprobación de su transparencia por los agentes internacionales desplegados para acompañar la operación de la Registraduría en la trascendental campaña presidencial sobre la que el gobierno de los Estados Unidos posó sus intereses geopolíticos.

Mientras se registran las impugnaciones a las que haya lugar, Cepeda y sus asesores deben emprender las siguientes acciones políticas: 1. Invitar a Claudia López, Sergio Fajardo y Roy Barreras a que se sumen a la campaña, acogiendo reclamos como el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente. En política electoral no existe la transferencia automática de votos. Sin embargo, Cepeda debe enviar mensajes de apertura ideológica y política por una razón: evitar que el fascista Abelardo de la Espriella llegue a la Casa de Nariño.

2. Aceptar debates con el candidato de Uribe y de la ultraderecha. Es tiempo de que Cepeda le muestre al país la solidez de su oratoria y la férrea formación conceptual y filosófica. El objetivo es uno solo: desnudar a De la Espriella y exponerlo ante el país como lo que realmente es: un vulgar machito, con visos claros de misoginia y una evidente incomprensión de los problemas del país.

3. La campaña de Cepeda debe enfilar baterías en contra de todo lo que representa Abelardo de la Espriella. Referirse en términos catastrofistas alrededor del proyecto de país que tiene en mente el abogado cordobés: autoritarismo, regreso de los crímenes de Estado (falsos positivos), desregulación laboral, pérdida de conquistas sociales; minería y ganadería extensiva con efectos negativos y disruptivos en y para los ecosistemas naturales, lo que aseguraría graves problemas socioambientales y ecológicos, como, por ejemplo, afectar los páramos por la explotación de oro.

Así como el uribismo metió miedo cuando ganó Petro con aquello de que “nos volveríamos como Venezuela”, ahora toca aterrorizar a los colombianos con la posibilidad de que en un tiempo van a comer carne de caballo o de burro, y a trabajar más de 8 horas. La Argentina de Milei es una realidad que puede usarse para generar miedo entre los colombianos indecisos y los que no salieron a votar. 4. Cepeda debe ajustar su discurso pacifista a las exigencias de cientos de miles de colombianos que exigen mano dura contra los bandidos de camuflado y los malandros que roban celulares y secuestran en las principales ciudades del país. Hablar de diálogos de paz con estructurales criminales desprovistas de un proyecto político no resulta conveniente hoy en Colombia. Y 5, Cepeda debe mostrarse menos parco, pues todos saben que no tiene el arrollador carisma de Gustavo Petro. 

Hay asesores de imagen que pueden ayudar a que “se suelte” un poco más, a que sonría y muestre una faceta más terrenal y popular, pues finalmente hay sectores societales que aún no alcanzaron "la mayoría de edad", de ahí el ascenso y la aceptación de un personaje tan básico como De la Espriella. 

Ante la pregunta, de si Cepeda puede ganar en segunda vuelta, la respuesta es sí, siempre y cuando ajusten la campaña y reconozcan que llegaron confiados de ganar en primera. Craso error. Llenar plazas públicas ya no es garantía de nada. Hay que ir a las redes, debatir y diseñar una verdadera estrategia que atraiga, convenza y enamore. 

LA ULTRADERECHA GOLPEÓ EN PRIMERA VUELTA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Habrá segunda vuelta presidencial en Colombia. Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha y el uribismo superó a Iván Cepeda Castro, aspirante presidencial del progresismo, por más de 650 mil votos[1]. Se trata, sin duda alguna, de un golpe de mano que requiere de una evaluación seria alrededor de qué pudo haber pasado para que se diera semejante resultado inesperado y distinto al que pronosticaban las encuestas, las grandes derrotadas en esta jornada electoral.

La victoria parcial de Abelardo de la Espriella está fundada en una realidad ético-política y social: Colombia siempre fue un país de derecha que, para la actual coyuntura, dio el paso que le faltaba para alinearse con los gobiernos de ultraderecha de Argentina, Chile, Ecuador y El Salvador, aupados todos por el poder inmoral del pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Así las cosas, agentes específicos del Establecimiento movieron todo tipo de recursos y esfuerzos para evitar la continuidad del proyecto progresista no tanto porque el primer gobierno de “izquierda” en Colombia haya dejado al país en bancarrota o les haya expropiado o nacionalizado empresas, sino por la exposición pública que de sus actuaciones inmorales hizo el presidente Petro. La confrontación ideológica y las constantes amenazas del presidente Petro con “echarles el pueblo encima”, incluida el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente, los llevó a jugársela por el menos preparado de todos los candidatos presidenciales y quizás el más obsecuente: Abelardo de la Espriella. Su  frase célebre de “la ética nada tiene que ver con el derecho” embrujó y sedujo a quienes en las sombras del Establecimiento siempre le apostaron a evitar que el país recorra los caminos de la modernidad, lo que supone la superación de viejas taras civilizatorias como el racismo, el clasismo, la aporofobia y el ethos mafioso que los inspira.

Además, ante el evidente desgaste político del expresidente Álvaro Uribe y su cuasi salida del juego por razones naturales, esos agentes del Establecimiento le están apostando a que De la Espriella reemplace al exmandatario antioqueño para los mismos y quizás otros propósitos para los que usaron al político nacido en Salgar (Antioquia) desde el 2002, hasta el 2022: echar para atrás las medidas del gobierno Petro, volver a privatizar el Estado y aplicar con más rigor el modelo neoliberal. Y por supuesto, para instaurar en el país un régimen fascista. 

Esta primera vuelta presidencial confirma al expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez como el Gran Elector. Uribe y las huestes uribistas sacrificaron a Paloma Valencia Laserna por su condición de mujer, lo que para aquellos es sinónimo de debilidad ante dos desafíos: el primero, las violentas arremetidas de los grupos armados ilegales que todos los días los validan como agentes de poder; y el segundo, recuperar la Casa de Nari, símbolo del poder político para la élite bogotana y sus correlatos en regiones a las que Petro confrontó durante toda su administración. Todo lo anterior en el marco de un sistema patriarcal que se alimenta de los vulgares, asqueantes, machistas, misóginos, burdos, básicos y violentos liderazgos de “machitos” como Uribe y el propio Abelardo de la Espriella.

El perfil humanístico de Iván Cepeda Castro, su hablar pausado y la formación filosófica es la antítesis de De la Espriella, un falso outsider que conquistó a los uribistas que dejaron tirada a Paloma Valencia y a otros tantos golpeados por el gobierno Petro: hablo de mafiosos, terratenientes, traquetos y clanes políticos guiados estos últimos por el ethos mafioso que Uribe naturalizó en el país.

Por supuesto que la campaña de Cepeda tendrá que revisar qué errores pudieron cometer. El sentirse ganador por los guarismos entregados por las encuestas; la confrontación con Uribe Vélez pudo cansar a una parte de la sociedad realmente “mamada” de los enfrentamientos públicos entre estas dos figuras; el voto silencioso parece que no emergió en esta jornada, lo que supondrá redoblar esfuerzos para superar en segunda vuelta al “Bukele criollo”.

Las empresas mediáticas tradicionales que hoy disfrutan del triunfo de la ultraderecha representada con lujo de detalles por el “tigre” siguen siendo eficaces a la hora de enlodar al primer gobierno progresista. Las exigencias y la negativa para asistir a debates de parte de Cepeda les dieron a los medios hegemónicos la oportunidad para atacar al candidato presidencial y del gobierno. Es urgente debatir con De la Espriella con el firme propósito de desnudar sus debilidades conceptuales y su nula comprensión de los problemas del país. Cepeda debe soltar a Uribe: el riesgo está representado en la figura del corroncho colombo-italiano, el viejo patrón está de salida. 

Si en segunda vuelta la ultraderecha y Uribe Vélez logran sentar en el Solio de Bolívar al perfumado abogado que en su adolescencia se divertía asesinando gatos, la responsabilidad política la debe compartir el gobierno Petro y el propio Cepeda con los agentes del espectral centro político, cuyas votaciones resultan a todas luces vergonzosas. Esos guarismos confirman su mezquindad, egocentrismo y la incapacidad para leer el momento histórico y en particular los riesgos que ofrece la disruptiva y escalofriante figura de Abelardo de la Espriella: Sergio Fajardo (1´002.963 de votos), Claudia López (224.108) y Roy Barreras (14.037). A López y Barreras los derrotó el voto en Blanco( 405.150): vergonzoso.

Vendrán semanas de arduo trabajo para el gobierno Petro y los asesores de imagen de Iván Cepeda Castro. Una parte de la sociedad se pronunció a favor de la patanería, el autoritarismo, el fascismo, el ethos mafioso y disímiles formas de violencia contra las mujeres, los derechos humanos, la Naturaleza y el Estado social derecho. De triunfar esa idea de país, el resto de los colombianos deberán resignarse a recordar los avances sociales que dejó el primer gobierno progresista en un país derechoso. Quienes no acepten esa realidad quizás decidan recorrer el camino de la confrontación social en las calles que está dispuesto a construir Abelardo de la Espriella, el “patriota” que cree que Colombia está llena de “malagradecidos y cafres”.



[1] Boletín 21 de la Registraduría, correspondiente al 99,21% de las mesas informadas. De la Espriella obtiene 10.286.961 y Cepeda 9´634.793.

sábado, 30 de mayo de 2026

USA, PRESIDENTE NOBOA Y URIBE VÉLEZ SE LA JUEGAN POR DE LA ESPRIELLA




Por Germán Ayala Osorio

En la conversación entre Abelardo de la Espriella y el presidente del Ecuador, Daniel Noboa, confluyen varios elementos político-electorales. El primero, el desespero de la ultraderecha colombiana por darle a su candidato el talante político que él mismo se ha encargado de negar al presentarse como un outsider. “No soy un político” es la frase que ha repetido infinidad de veces el abogado que considera que “la ética nada tiene que ver con el derecho”. Les urge a sus asesores y al uribismo matizar el estilo chabacán, el lenguaje procaz, su machismo, misoginia y autoritarismo que lo caracterizan. Como dijo Sergio Fajardo, De la Espriella es un "atarván". Un poco tarde tomó partido el también candidato presidencial. 

El segundo, las lecturas amañadas de El Espectador y del resto de la prensa hegemónica con las que buscaron exaltar a De la Espriella como un “componedor y hombre de soluciones, pues en vivo y en directo logró que el mandatario ecuatoriano reversara los aranceles” que arbitrariamente le impuso a Colombia. Una lectura que no concuerda con la realidad de los hechos.

El diario bogotano, en su cuenta de X dijo lo siguiente: “A pesar de eliminar los aranceles tras hablar con De la Espriella, la Comunidad Andina de Naciones ya había ordenado cesar la medida.” La redacción de El Espectador es imprecisa de acuerdo con el comunicado de la Cancillería en el que confirma que el reversazo del presidente del Ecuador se dio por mandato de la Comunidad Andina (el 7 de mayo emitió las resoluciones). Así las cosas, la llamada en vivo entre Noboa y el candidato presidencial obedeció a una pantomima, una estratagema de corte electoral.

El Espectador de forma ladina valida el encuentro en vivo entre los dos ultraderechistas y por esa vía le da un inmerecido estatus de político hábil capaz de ponerle fin a la “guerra arancelaria” que desató Ecuador contra Colombia, muy seguramente siguiendo instrucciones de la Casa Blanca y respaldado por el expresidente Álvaro Uribe.

El tercer elemento tiene que ver con el interés -preocupación- que despierta la elección presidencial en el país: dejó de ser doméstica, para convertirse en un asunto de interés para la derecha internacional. La posibilidad de que el proyecto progresista se reelija convierte al país en un asunto-problema para la derecha nacional e internacional.

A principios de mayo del año en curso, la ungida de Uribe y por éste mismo desinflada candidata presidencial, habló con Noboa, quien se comprometió a reducir los aranceles al 75%. Así registró El País de España el encuentro entre Paloma Valencia Laserna y el presidente ecuatoriano: “El presidente Noboa tomó la decisión de bajar los aranceles de 100% a 75% como muestra de su buena voluntad para trabajar con el próximo gobierno”.

Valencia Laserna habló con Noboa por teléfono antes de que su “padre”, el expresidiario y expresidente colombiano descargara en la candidatura De la Espriella la verdadera esperanza de recuperar la Casa de Nari (recordar que así llamó alias Job a la casas de gobierno), ante la desinflada de Paloma en las encuestas y las dudas que genera en las mesnadas uribistas, así como el daño que le hizo a su campaña el haber buscado al centro. No se descarta que la llegada de Oviedo como su fórmula vicepresidencial le haya quitado apoyo a la congresista caucana. A pocas horas de la jornada electoral, los asesores de Abelardo de la Espriella se la jugaron con una video llamada en vivo. Al final, cientos de miles de compatriotas se comieron el cuento de que Noboa, agente gringo, desmontó los aranceles a petición del candidato presidencial.

Y finalmente, la probada injerencia de Noboa en la campaña electoral y de USA con su enviado el congresista republicano Bernie Moreno, en el marco del Escudo de las Américas, hace parte del juego político. El gobierno del consumado pederasta y convicto, Donald Trump apoya a De la Espriella, porque ven en el “Bukele corroncho” a una ficha clave para conseguir los falsos objetivos trazados en la estrategia el Escudo de las Américas.  

viernes, 29 de mayo de 2026

HABLEMOS DE LA CACAREADA POLARIZACIÓN

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Las empresas mediáticas, entre ellas Noticias Caracol, llevan cuatro años insistiendo en que el “país está polarizado” entre dos extremos ideológicos y políticos inconvenientes e irreconciliables; curiosamente, esas circunstancias polarizantes sirvieron para exponer realidades culturales que de otra manera jamás hubiesen salido a flote. Más claro: “gracias” a la polarización política una parte importante de la sociedad entendió que por primera vez hay un proyecto de país que supera con creces al que el Establecimiento impuso de tiempo atrás. Hablo del progresismo como propósito y camino para superar las atávicas y naturalizadas formas de vida y ejercicios del poder que confluyen en la figura jurídica Estado de Cosas Inconstitucional.

Al consolidar la narrativa de la polarización política, el periodismo, siguiendo su lógica noticiosa, reduce la complejidad que está detrás de los sentimientos, prácticas comunicativas, acciones y pasiones que dan vida a ese fenómeno sociopolítico y cultural que angustia a los periodistas, pero que ha resultado revelador para millones de colombianos sometidos por el poder  político hegemónico de una élite rentista y precapitalista interesada exclusivamente en privatizar el Estado y ponerlo a su servicio.

Por tratarse de una acción deliberada de los agentes informativos tradicionales de reducir la polarización a un problema de pasiones electorales impulsadas por caudillos, las audiencias, analistas y políticos aceptan la existencia del fenómeno societal sin buscarle explicaciones históricas, pero sobre todo a una realidad política que no es exclusiva de Colombia: la radicalización de la derecha con todo y lo que ello significa en materia del debilitamiento de garantías constitucionales y derechos individuales, así como los riesgos ecológicos, ambientales y ético-estéticos de un modelo económico extractivo que llevó al planeta a la situación crítica que se traduce hoy en el cambio climático o la pluricrisis climática.

Sara Tufano, en magistral columna publicada en El Tiempo en 2020, pulveriza la narrativa de la polarización de esta manera: “La idea de que Colombia vive una intensa polarización se popularizó durante la campaña presidencial de 2018. En ese entonces, varios simpatizantes de la Colombia Humana explicamos que no se trataba de la oposición entre dos extremos equivalentes, puesto que mientras el proyecto uribista buscaba hacer trizas los acuerdos, la Colombia Humana buscaba preservar el acuerdo de paz y ampliar la democracia. En el debate público nos enfocamos en desmentir la idea de que la Colombia Humana se situaba en un extremo del espectro político, ni podía ser equivalente a la extrema derecha personificada por Álvaro Uribe, pero poco se habló del origen de la idea de la polarización”.

Por supuesto que esa narrativa, como lo indicó Tufano en la referida columna, beneficia al siempre fantasmal centro político que, para la actual campaña presidencial, representan Claudia López Hernández y Sergio Fajardo Valderrama; estos dos aspirantes a sentarse en el Solio de Bolívar son políticos ambivalentes y fichas del viejo Establecimiento ofrecen “superar la polarización” negándose a señalar y criticar a los agentes patronales responsables de haber generado durante más de 50 años las vergonzantes condiciones de vida en las que llevan sobreviviendo millones de connacionales. Fajardo y López caen en la trampa discursiva que se desprende de la narrativa periodística: pongamos al progresismo y a sus más visibles exponentes en el mismo nivel de inmoralidad e insostenibilidad sistémica del proyecto de país que encarnan candidatos como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, ungidos por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Este último, el más efectista, radical y efectivo intérprete de esa idea de sociedad y Estado que tienen los banqueros y otros agentes económicos que hacen parte de esa élite responsable en grado sumo de la desigualdad, la extrema pobreza y la concentración de la riqueza y la tierra en pocas manos.

La disputa electoral y política no está entre la extrema izquierda (Iván Cepeda) y la extrema derecha (Abelardo de la Espriella). Cepeda le apuesta a profundizar al democracia y las reformas sociales sin tocar el modelo económico; mientras que de llegar a la Casa de Nariño el abogado “mata gatos”, Abelardo de la Espriella, como sociedad estaríamos abocados a sufrir retrocesos en materia de derechos y garantías constitucionales, incluidas por supuesto las acciones medio ambientales tendientes a potrerizar selvas, autorizar el fracking y a revivir la minería en páramos, en nombre del mismo modelo extractivista que provocó la crisis climática que hoy padece el planeta. Un eventual gobierno de Paloma Valencia haría lo mismo que el otro ungido por el expresidiario Álvaro Uribe Vélez. 

lunes, 25 de mayo de 2026

PALOMA, DE LA ESPRIELLA Y FAJARDO, FICHAS DEL VIEJO ESTABLECIMIENTO

 



Por Germán Ayala Osorio

A pocos días de la primera vuelta presidencial, bien la pena advertir que la derecha, uribizada o no, y la ultraderecha, cuentan con tres candidatos presidenciales. Se trata de Paloma Valencia Laserna, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo Valderrama. Este último viene intentando desmarcarse del uribismo y del expresidente Uribe. Se trata, por supuesto, de una estrategia electoral y política que al parecer no le está funcionando.

Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo son fichas del viejo Establecimiento: son neoliberales, creen a pie juntillas en que la “mano invisible” del mercado es suficiente para garantizar el bienestar colectivo; igualmente, defienden la doctrina aquella de la “violencia legítima del Estado” a pesar de su histórica ilegitimidad, fruto de una debilidad provocada  que, con el tiempo, facilitó su privatización en beneficio de una élite parásita, rentista y precapitalista; además, los tres son obsecuentes con los “Cacaos” y los gremios económicos. Y lo que es peor, por acción u omisión, coadyuvan a la consolidación del ethos mafioso que se naturalizó en el país en el periodo 2002-2010.

Las encuestas ubican en un segundo lugar al converso Abelardo de la Espriella. Se trata de un “machito” que, con un discurso altisonante y sin un programa de gobierno estructurado, tiene cautivados a millones de colombianos, de todas las clases sociales, que no creen en la democracia como sistema político fundado en el diálogo y el respeto al que piensa distinto, Son, además, ciegos y acríticos consumidores de la amañada información noticiosa de la prensa tradicional: repiten como loros lo que dicen Blu radio, La FM, La W (ahora Caracol radio), El Tiempo y noticieros de Caracol y RCN. Están convencidos de que las noticias divulgadas dan cuenta de la realidad cuando esos hechos noticiosos hacen parte del proceso subjetivo de construcción de realidades propio de la lógica periodística.

Como simpatizantes del “Tigre de Temu” aplauden el porte de armas y el uso de la violencia física: “destripar” al que piensa distinto es el correlato de aquella realidad discursiva y doctrina política: quien no está conmigo, está contra mí, y por lo tanto es mi enemigo y merece ser eliminado física o simbólicamente.

Mientras que De la Espriella intenta acercarse a los guarismos que respaldan la intención de voto que favorece a Iván Cepeda Castro, la senadora Paloma Valencia Laserna lidia con el retiro paulatino del apoyo de su “padre” el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez y de otras figuras políticas y económicas que hoy respaldan la campaña del abogado “mata gatos”.

El amargo café que compartieron Fajardo y Valencia sirvió para que el primero insistiera en su intención de tomar distancia de las huestes uribistas y del expresidente Uribe. Entre tanto, Paloma Valencia con su irreflexivo respaldo al exmandatario antioqueño, dejaba ver sus debilidades conceptuales y discursivas. Ese encuentro dejó claro que Valencia Laserna está lista para cargarle las maletas a De la Espriella.

Valencia, De la Espriella y Fajardo comparten la inmoralidad que rodea la vida pública del expresidente Uribe. Recordemos que en el pasado y en dos columnas de opinión publicadas en El Colombiano, Sergio Fajardo se hincó ante la “grandeza” y la capacidad del entonces gobernador de Antioquia.  El mismo que está ad-portas de ser procesado por las masacres del Aro y La Granja.

Fajardo Valderrama “…es un político carismático, apocado, mesurado, tibio, posudo y políticamente farsante. Esto último porque siempre ha negado su cercanía con el uribismo y en particular con el expresidente Uribe Vélez a pesar de sendas columnas que hace años publicó en El Colombiano en las que exaltaba al político antioqueño que fungía como gobernador de Antioquia: Uribe, el hombre (1994) tituló la columna y señaló en el texto de opinión que aquel era “uno de los pocos políticos que en la historia reciente del país ha dignificado la actividad política»[1].

Por todo lo anterior, si Usted no hace parte de la élite, viene de abajo y lucha a diario por garantizarse una vida digna para su familia, está obligado a votar activando aquello que llaman la “conciencia de clase”, lo que implica abstenerse de sufragar por cualquiera de los candidatos de la derecha que aquí expongo.  Si no le gusta el proyecto de país de Iván Cepeda y si de verdad quiere ser coherente y responsable con el país, es preferible que vote en blanco o se abstenga de votar. Recuerde: De la Espriella, Valencia y Fajardo son fichas de los agentes del Establecimiento responsables de que Colombia ocupe los primeros lugares en corrupción público-privada y desigualdad social, consecuencia de la captura mafiosa del Estado.

 

sábado, 23 de mayo de 2026

¿QUÉ PASÓ DESPUÉS DEL TINTO ENTRE VALENCIA Y FAJARDO?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El café entre Paloma Valencia Laserna y Sergio Fajardo Valderrama terminó siendo un encuentro para insistir en la narrativa catastrofista con la que la derecha, incluida la uribizada, espera contrarrestar un eventual triunfo de Iván Cepeda Castro, el candidato del gobierno Petro. 

Valencia y Fajardo se cuidaron de hablar de “neocomunismo o castrochavismo”, pero Paloma Valencia usó los vocablos estatismo y abismo en los que confluyen sus manidas frases “hay que recuperar a Colombia porque está en riesgo la democracia, el equilibrio de poderes, la constitución y las libertades”.

Fajardo, entre tanto, aprovechó la “espontánea” invitación de la ungida del expresidente Uribe para tratar de borrar su pasado uribista y en particular su admiración hacia el político antioqueño que Valencia supo recordarle: “Usted conoce al doctor Uribe. Usted trabajó con él cuando fue alcalde de Medellín”, le dijo la nieta de Guillermo León Valencia. Entre tanto, el visitador de ballenas en Nuquí no oculta su obsecuencia con el exmandatario y exconvicto, a quien insiste en llamar “presidente”. Quizás su equipo asesor le recomendó que asociara a De la Espriella con el expresidente Uribe, como respuesta a la "insolencia" de Paloma que le recordó a Fajardo su militancia en el uribismo. La incomodidad de Valencia Laserna fue evidente.

¿A quiénes la hablaron Valencia y Fajardo? Al parecer, el exalcalde de Medellín en los tiempos de Don Berna le habló a los indecisos, a los sectores que creen en un fantasmal centro; a las altas cortes y a específicos agentes económicos de la sociedad civil a los que Fajardo defendió en el pasado, pero que hoy están con Abelardo de la Espriella. Este perfumado abogado es la mezcla perfecta entre neoliberalismo económico y un Estado militarista: formas de violencia simbólica, física e institucional con las que pretenderá echar para atrás las reformas sociales de Petro, la reforma agraria y todas aquellas acciones que resultaron beneficiando al pueblo trabajador y campesino.

Mientras que Valencia Laserna le envió mensajes a la derecha uribizada que la siente “tibia” e incapaz de gobernar al país, frente a la propuesta de mano dura que ofrece De la Espriella. También a la no uribizada que está apoyando la candidatura del abogado penalista que admira a los presidentes Milei y Bukele.

En medio de mutuos y melifluos halagos, Fajardo y Valencia se tomaron un tinto que de poco o nada servirá para cambiar la realidad política y electoral definida en las candidaturas y las disímiles visiones de país que tienen Cepeda y De la Espriella. Mientras que Cepeda le apuesta a consolidar las reformas sociales sin cambiar el modelo económico y político, Abelardo de la Espriella les ofrece a los colombianos el regreso de la seguridad democrática y la devolución del Estado a quienes por derecho natural deben explotar: la clase política tradicional que de manera ladina el “tigre” critica en la plaza pública y niega apoyos. 

Para enfrentar los fríos, pero preocupantes guarismos de la reciente encuesta de Invamer, Fajardo apeló a la ya conocida estrategia de generar miedo e incertidumbre. El exgobernador de Antioquia considera que el llamado de Petro a una Asamblea Nacional Constituyente es una “declaración de guerra” que terminará en un estallido social. Y se presentó como un defensor de la constitución de 1991, eso sí, de su carácter formal, esto es, sin profundizar derechos que incomoden a la élite que Fajardo siempre defendió y defiende. 

Al final, Fajardo y Valencia comparten el mismo proyecto de país: el de los privilegios para banqueros y clase empresarial rentistas y precapitalistas; el de la violencia legítima del Estado, aplicada y extendida a sectores de izquierda; el de una democracia procedimental y formal pensada no para garantizar derechos y una vida digna para las grandes mayorías, sino en una difícil de aplicar a las realidades de la “Colombia profunda” y la de los cinturones de miseria de las urbes.

El tinto terminó en un trago amargo para quienes ante las cámaras se muestran preocupados por la polarización y la violencia verbal y física entre petristas y uribistas, pero que saben que de llegar Abelardo de la Espriella al Solio de Bolívar ellos recibirán los beneficios que se merecen por haber defendido durante su vida política a los agentes del viejo Establecimiento que hizo de Colombia uno de los países más desiguales del mundo. Al final, Valencia Laserna y Fajardo Valderrama son derechosos, neoliberales y  uribistas.

viernes, 22 de mayo de 2026

A PROPÓSITO DEL CAFÉ ENTRE FAJARDO Y PALOMA VALENCIA

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Paloma Valencia Laserna invita a Sergio Fajardo Valderrama a tomar juntos un café, justo después de la última encuesta de Invamer, publicada en Noticias Caracol, en la que el candidato Abelardo de la Espriella supera en intención de voto a la congresista caucana.

Fajardo aceptó tomarse el tinto con Valencia y propuso que el encuentro y la tomada del café se hagan de cara al país; además, el exgobernador de Antioquia insistió en que el país necesita de un cambio serio, resultado de la superación de la polarización atada a los nombres de Petro y Uribe. Ese es el estribillo con el que Fajardo evita criticar la corrupción de las EPS, la avaricia de los banqueros y otros miembros del Establecimiento colombiano. La tibieza de Fajardo deviene atada a su deseo de seguir siendo una ficha del viejo régimen de poder, pero esta vez sirviéndole desde la Casa de Nariño.

La rápida respuesta de Fajardo a Paloma Valencia se explica porque su campaña, de acuerdo con la encuesta de Invamer, no despegó: no supera el margen de error. Bajo esa circunstancia el matemático antioqueño se sigue vendiendo como el único capaz de “superar la polarización”. Fajardo asume la polarización como un perverso, inmoral, perjudicial y enfermizo fenómeno psico-social, cultural y político que impide al país superar problemas estructurales como la corrupción, pobreza, desigualdad, inseguridad urbana y la violencia en el campo, así como el subempleo, entre otros. Fajardo reduce la complejidad de los problemas del país al cruce de improperios y narrativas violentas entre petristas y uribistas. Y a partir de ese reduccionismo, Fajardo evita hablar de profundizar los cambios sociales en los que el gobierno Petro logró avanzar a pesar de la oposición de las altas cortes y el Congreso.

La polarización existe o se presenta porque hay dos modelos muy diferentes de pais: el que impuso con violencia la derecha y consolidó el uribismo y el del progresismo en cabeza de Petro. El primero representa la codicia de la clase dirigente y el segundo el despertar de los subordinados y sometidos por la élite política y económica tradicional. 

Fajardo olvida que Petro gobernó cuatro años bajo las condiciones hostiles propias de una sociedad escindida y unos medios masivos que impulsaron, validaron y coadyuvaron a que la polarización política y la crispación ideológica dividieran al país no entre petristas y uribistas, sino entre quienes reconocen que hay una élite perversa que privatizó el Estado y lo puso a su servicio; y otros que defienden a ese minúsculo grupo de privilegiados a los que poco o nada les importan los derechos de las grandes mayorías.

El café entre Paloma Valencia y Fajardo está lejos del sentido filantrópico, solidario y generoso que se le reconoció mundialmente a la campaña el “café pendiente”. Entre estos políticos uribistas hay exclusivamente cálculos electorales y políticos. Ellos tomarán café excelso, convencidos de que el resto de sus connacionales están obligados a tomar “pasilla”.

El encuentro entre Fajardo y Valencia puede responder más a una estratagema del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe de mostrar que la campaña de su ungida necesita del “centro” que Fajardo representa, mientras que él mismo -y no de cara al país- le está apostando a que sea De la Espriella el gallo que le dé la pelea a Iván Cepeda Castro.

En cualquier caso, el tinto que se tomen Fajardo y Valencia y los acuerdos a los que puedan llegar a pocos días de la primera vuelta presidencial de nada servirán para cambiar que Cepeda podría convertirse en Presidente sin necesidad de una segunda vuelta y que De la Espriella, el Bukele criollo, es la apuesta de los Gilinski, de Uribe y millones de colombianos que insisten en mantener el “estado de cosas inconstitucional” que nos hace ver ante el mundo como una sociedad premoderna y una élite rentista, precapitalista, violenta, torpe e incapaz de guiar los destinos del país bajo criterios democráticos y llevar a Colombia a estadios civilizatorios y de un superlativo bienestar para todos.




Imagen tomada de Semana.com 

domingo, 3 de mayo de 2026

¿QUÉ REPRESENTAN VALENCIA, DE LA ESPRIELLA Y CEPEDA?

 

Por Germán Ayala Osorio

De la Espriella y Paloma Valencia Laserna son hijos y dignos representantes de la Colombia premoderna, insolidaria, violenta, neoliberal e individualista. Ambos promueven la idea de un Estado corporativo puesto al servicio de precapitalistas y rentistas que desdicen de sus procesos civilizatorios lo que les permite aportar a la consolidación del racismo estructural y del siempre malicioso clasismo. 

Usan los conceptos de Libertad, Capitalismo y Democracia para meterle miedo a los colombianos a los que la derecha mediática y política lleva más de 50 años asustándolos con el fantasma del “comunismo”. Para Valencia y De la Espriella la libertad tiene la siguiente acepción: “la facultad de que todos aquellos que ostentan poder hegemónico puedan disponer de los recursos que brinda un país biodiverso como Colombia e incluso de la vida de gente incómoda como indígenas, campesinos y pueblos afros”.

Frente a la idea de Capitalismo, estos dos ladinos políticos y fichas del Establecimiento lo entienden en sus etapas más tempranas. Más bien lo piensan desde el carácter feudal con el que han logrado mantener relaciones de dominación económica, social y política que convirtieron a Colombia en una mega hacienda repartida entre 4 ó 5 familias poderosas que insisten en extender en el tiempo el modelo de la gran plantación en donde realmente se sienten cómodos en sus roles de patronos, señores feudales o neo encomenderos.

En cuanto al significado del concepto Democracia, ambos policastros la asumen como un régimen de poder en el que una minoría poderosa está obligada y autorizada, por tradición, a someter a las grandes mayorías. Se sienten orgullosos de esa idea que señala que “Colombia es la democracia más antigua de América”, frase eufemística con la que lograron por muchos años minimizar o esconder las realidades antidemocráticas de un régimen de poder mafioso y violento. Baste con recordar los episodios de la época de la Violencia, la alianza paramilitar establecida por miembros de una élite criminal y los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez, Santos y Duque. El común denominador de esas administraciones es la violación sistémica, sistemática y dirigida de los derechos humanos de aquella gente vista históricamente como “indeseable e incómoda” de la que había, sí o sí, “sacar de circulación”. Las sobrevivientes “guerrillas de izquierda” se parecen mucho a los actores políticos y armados con los que la ultraderecha masacró campesinos, asesinó a los militantes de la UP y capturó instituciones del Estado.

En contraste con lo que representan Paloma Valencia, la “hija” de Uribe y el abogado pica pleitos que insiste en que la ética nada tiene que ver con el derecho, el candidato del progresismo, Iván Cepeda Castro llega a la contienda electoral con unas conceptualizaciones disímiles alrededor de los vocablos Libertad, Capitalismo y Democracia. Frente al primero, Cepeda cree en una libertad con límites para los poderosos que se aprovecharon siempre de la captura mafiosa del Estado o promovieron su debilidad para operar desde los intereses de clase de una élite aviesa que manda aún sin una idea consolidada de Nación. En cuanto al Capitalismo, Cepeda, al igual que Petro, cree que con ese sistema de producción se puede garantizar bienestar colectivo. No habla de socialismo y mucho menos de comunismo. Le apunta a socialdemocracia y a la generación de riqueza que coadyuve a superar la vergonzante pobreza y las inequidades.

En el caso de la Democracia, Cepeda cree en el diálogo horizontal entre diferentes para llegar a consensos; le apunta al cumplimiento de lo prescrito en la Carta Política a través de instituciones estatales, organizaciones sociales, partidos políticos y los gobiernos progresistas instaladas en la Modernidad a la que siempre le huyeron Valencia y De la Espriella. Cepeda defiende los derechos de las minorías maltratadas, discriminadas y violentadas por privados y el propio Estado capturado este último por las élites que representan los candidatos que Uribe quiere imponer.

Que Paloma Valencia diga que “Uribe es su papá” y que para Abelardo de la Espriella el político antioqueño sea su “referente ético-político y un patriota ejemplar” explica con claridad que para los dos candidatos presidenciales lo más importante no es el Estado, las instituciones  y la construcción de una verdadera Democracia, sino los individuos con poder y capacidad para someter a quienes reclaman el derecho a vivir bajo la protección de un legítimo, ejemplar y viable Estado Social de Derecho.  A manera de conclusión: Cepeda le apunta a consolidar la Nación imaginada y soñada por quienes creen que nos merecemos, como pueblo, otra suerte; mientras que la “hija” de Uribe y De la Espriella, representan el pasado y le apuntan a mantener las condiciones propias de un Estado fallido o semi fallido, escenario en el que la derecha se siente a gusto.

Adenda: Sergio Fajardo y Claudia López jamás supieron construir un centro político porque ellos coquetean con la élite premoderna que lleva años manipulando los hilos del poder económico y político. Sus candidaturas no le apuntan a un cambio, ni siquiera a un ajuste en las  lógicas del poder hegemónico. 



sábado, 25 de abril de 2026

ATAQUES TERRORISTAS Y AMBIENTE ELECTORAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Los atentados terroristas que en las últimas horas sacudieron a caucanos y vallecaucanos  y a  viajeros de la vía Panamericana ocurren en una coyuntura político-electoral que permite pensar que las reacciones en contra del gobierno nacional de la gobernadora del Valle y el alcalde de Cali devienen con un tufillo electorero que se torna en constreñimiento indirecto al votante que al asumir  lo dicho por Dilian Francisca Toro y Alejandro Eder como un efectivo abandono del gobierno central  al Valle del Cauca y su capital, de inmediato ese elector piensa en votar por los candidatos que ofrecen seguridad y bala, esto es, el regreso a la temida seguridad democrática de Uribe.

Llama la atención el tono de las reacciones del alcalde de Cali y la gobernadora. En lugar de hacer un balance de las actividades de inteligencia y contrainteligencia que se debieron poner en marcha y consolidar después del grave atentado terrorista contra las instalaciones de la Base Aérea, de inmediato responsabilizó a Petro de la ocurrencia de los bombazos en contra del Batallón Pichincha. Es tiempo que la señora Toro informe acerca de la inversión de los recursos obtenidos de la tasa a la seguridad. 

El registro lastimero y espectacular de los medios tradicionales de los violentos hechos prepolíticos ocurridos en Palmira, Cali y en la vía Panamericana a la altura del sector El Túnel (Cajibío, con saldo de víctimas fatales), sirve a la narrativa que señala que “Petro le entregó el país a los violentos”, situación que los únicos capaces de reversar son los candidatos presidenciales más visibles de la derecha: Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Claudia López y Sergio Fajardo. En la historia del “conflicto armado interno” las “guerrillas” siempre recibieron y despidieron gobiernos con ataques similares a los que ocurrieron en las últimas horas en los dos departamentos. Lo vivido en las últimas horas es más de lo mismo de unos facinerosos que solo saben hacer daño. No defienden ideas y mucho menos tienen un proyecto político. Son, además de "traquetos de camuflado" como los llamó Petro, estúpidos, incivilizados y orates. Nada más que agregar. 

Todo indica que se trata de acciones criminales coordinadas que se ejecutan en las narices de unas autoridades asumidas como débiles por las audiencias y las víctimas directas e indirectas que dejan dichos actos demenciales. Los ataques dinamiteros contra los batallones Pichincha (Cali) y Codazzi (Palmira) y los usuarios de la vía Panamericana dan cuenta del sentido político-militar de dichos atentados: se ataca a los militares en una demostración de fuerza que deja en ridículo las actividades de inteligencia y contrainteligencia, lo que confirma la tesis que señala que contra el terrorismo es muy poco lo que hay que hacer; y se ataca a civiles para consolidar la idea de que definitivamente el actual jefe del Estado y comandante en jefe de las fuerzas armadas no está en capacidad de cumplir con la misión constitucional de proteger a los primeros y de llevar a los uniformados a la victoria militar.

Lo más probable es que sucedan nuevos ataques terroristas, pues los objetivos prepolíticos y criminales de la banda de “Iván Mordisco” terminan siendo compatibles con los de la derecha empecinada en recuperar la Casa de Nari para desatar una Guerra Total para la cual parecen estar preparados a librar los grupos al margen de la ley responsables de los ataques dinamiteros que llevan a muchos a pensar en que lo mejor es regresar a los tiempos de la seguridad democrática de Uribe. Aquello de las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos), el desplazamiento forzado de más de seis millones de campesinos, la destrucción de ecosistemas naturales a través procesos de defaunación y deforestación, y el acaparamiento por desposesión de cientos de miles de hectáreas de tierra son insignificantes efectos colaterales que no se pueden evitar cuando la apuesta es “acabar militarmente con los bandidos”. Olvidan que el Estado lleva más de 50 años negociando y combatiendo grupos armados ilegales. Uribe los arrinconó, pero lejos estuvo de acabarlos militarmente. 

Adenda: 19 muertos y más de 35 heridos es un saldo trágico, sumado a las pérdidas materiales. Son unos malditos los que perpetraron ese atentado criminal, al igual que los que electoralmente aplauden lo sucedido. 


Imagen tomada de ataques en el sector El Túnel de Cajibio deja muertos - Búsqueda

viernes, 24 de abril de 2026

DE LA PAZ TOTAL, A LA GUERRA TOTAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A pocos meses de terminar el gobierno Petro, las estructuras armadas ilegales que sostienen relaciones o guardan simpatías ideológicas con sectores del Establecimiento (nacional, regional y local) arreciarán sus ataques terroristas e incursiones armadas, incluidas masacres, con el único propósito generar un ambiente de zozobra y caos que beneficie a los candidatos presidenciales que ofrecen “recuperar la seguridad” a punta de bala, negando cualquier posibilidad de negociar con los grupos al margen de la ley.  La idea es pasar de la Paz Total a la Guerra Total. Eso sí, ambos caminos resultan inconvenientes por el carácter maximalista con el que suelen presentarse.

El candidato presidencial del gobierno, Iván Cepeda Castro ha dicho que insistirá en los diálogos de paz con las “guerrillas” (Disidencias de las Farc y ELN). Cepeda dará continuidad a la Paz Total, decisión política que lo pone en contravía de los sectores de poder económico y político y de la opinión pública que están dispuestos a desatar y apoyar en el país una Guerra Total como la que desató el entonces gobierno de Uribe con la nacionalización del Plan Colombia que le dejó operando Andrés Pastrana. Fue la seguridad democrática la política pública con la que se obligó a las entonces Farc-Ep, junto a otras circunstancias, a aceptar los diálogos en La Habana que terminaron con la firma del Acuerdo de Paz en el teatro Colón de Bogotá. El país no puede olvidar los 6402 crímenes de Estado, los seis millones de desplazados y el acaparamiento de cientos de miles de hectáreas de tierra que pasaron a manos de terratenientes y narco paracos.

Recién la capital del Valle del Cauca fue escenario de un ataque terrorista que, aunque fallido en contra de las instalaciones del Batallón Pichincha sirve a la narrativa de los sectores de la derecha y la ultraderecha que se benefician de dichos atentados. Electoralmente, la estructura armada “Jaime Martínez”, responsable al parecer de la acción terrorista, le hace el juego a Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Sergio Fajardo y Claudia López, aspirantes presidenciales que defienden a dentelladas aquello de la “violencia legítima del Estado”. Me pregunto: ¿Cómo puede ser legítima la violencia de un Estado precario, ilegítimo y que opera en muchos espacios del territorio de la mano de criminales? El batallón Agustín Codazzi de Palmira también fue atacado horas después de lo sucedido en Cali. ¿Se tratará de acciones criminales perpetradas en connivencia con las autoridades? ¿La derecha vallecaucana le está apostando a generar miedo en la población civil con propósitos electorales?

Si bien es cierto que la Paz Total de Petro salió bastante mal, las responsabilidades del fracaso son compartidas con los grupos ilegales con los que el gobierno se sentó a dialogar. Del lado del gobierno hay que señalar que hubo yerros en el manejo político de unos diálogos en los que jamás se consolidó una mutua confianza.  

En este juego de la Guerra Total y la Paz Total hay una realidad inocultable: la paz no es buen negocio para las disidencias, el ELN y el clan del Golfo, entre otras estructuras. No les interesan curules y vivir de proyectos productivos. El narcotráfico y la minería ilegal-legal son un negocio billonario que bien vale la pena mantener. Lo demás es retórica política de unas “guerrillas” que hace rato perdieron su naturaleza política.

La Guerra Total que proponen los candidatos presidenciales de la derecha hay que conectarla con los intereses de agentes económicos que se vienen oponiendo a la entrega de tierras y la formalización de propiedades rurales que benefician directamente a familias campesinas. Retornar a los procesos de contrarreforma agraria, por vía de la desposesión y acaparamiento de tierras y el desplazamiento forzado hace parte de esa apuesta de la Guerra Total. El objetivo no está en acabar militarmente con el “enemigo interno”. De lo que se trata es de garantizar condiciones de acaparamiento y la convivencia institucional con los ejércitos mafiosos (guerrillas), lo que se traduce en el mantenimiento del negocio del narcotráfico y las finas relaciones establecidas de tiempo atrás con agentes económicos y políticos del Establecimiento colombiano.

Ni la Guerra Total, ni la Paz Total servirán para pacificar el país. Si esa sentencia es válida y tiene asidero, entonces qué se puede hacer o cuál es la salida se puede preguntar el lector que llegó hasta aquí. Si vamos a insistir en el discurso académico entonces inexorablemente nos llevará a hablar de “copar el territorio, ganarse la confianza de las comunidades rurales, implementar procesos de sustitución de cultivos y construir Estado”. Acciones que se han intentado en el pasado e incluso en el actual gobierno, con resultados agridulces.

Quizás sea el momento de plantear salidas más audaces y adoptar costosas decisiones de índole político y económico. Entre las primeras, convertir en agentes armados estatales a los miembros de los grupos al margen de la ley que operan en los territorios en donde el Estado brilla por su ausencia. Por supuesto, con un acompañamiento internacional.  Suena terrible, pero podría intentarse un programa piloto.

Y finalmente, que a través de labores de inteligencia y contrainteligencia se expongan a los Señores de la Guerra, nacionales y extranjeros que se benefician de la extensión en el tiempo de las dinámicas de lo que se conoce pomposamente como conflicto armado interno. Esta salida suena, imposible porque implica quitarle la máscara a los belicistas que disfrutan en elegantes clubes sociales el cierre de negocios en los que se venden pertrechos y armas para la guerra. Estamos condensados a vivir buscando la paz en un país que disfruta de la guerra. 





BETO CORAL: EL INCÓMODO ACTIVISTA

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