Por Germán Ayala Osorio
El inesperado resultado de la primera
vuelta presidencial no puede terminar alimentando la pugnacidad política y
social y mucho menos trasladarla a las calles en formas de estallido social y/o
en encarnizados enfrentamientos mediados por una latente pero contenida lucha
de clases.
El presidente Petro no aceptó la
victoria de Abelardo de la Espriella. En su cuenta de X, el mandatario
dijo que “el llamado conteo transmitido no tiene fuerza vinculante. Sus
datos no son norma pública. Como presidente no acepto los resultados del
pre-conteo de la firma privada de los hermanos Bautista, porque
debiendo estar quietos los algoritmos del software de conteo y escrutinios, en
la última semana fueron variados en tres oportunidades y agregaron
800.000 cédulas más de personas que no están en el censo oficial presentado”.
En esa misma línea se expresó Iván
Cepeda Castro, quien recogió lo expresado por Petro y aplazó el reconocimiento
de la derrota hasta que las comisiones escrutadoras confirmen o desestimen
cualquier irregularidad o fraude electoral. No reconocer la victoria de la
ultraderecha fascista que representa Abelardo de la Espriella puede terminar
distrayendo a la campaña y al propio Iván Cepeda del gran objetivo: darle
vuelta al resultado y superar el medio millón de votos con los que De la
Espriella reclamó la victoria parcial.
Además, manda un mal mensaje al país a propósito de "respetar las instituciones y de confiar en su transparencia". Existen los mecanismos reglados para hacer las reclamaciones. Petro debe insistir en que el software debe estar en manos del Estado y no en manos de particulares. Hay que pedirle a la justicia, a las altas cortes que se pronuncien al respecto.
Petro y Cepeda confrontan a la
institucionalidad electoral blindada por la entrega de los resultados en tiempo
récord y la aprobación de su transparencia por los agentes internacionales
desplegados para acompañar la operación de la Registraduría en la trascendental
campaña presidencial sobre la que el gobierno de los Estados Unidos posó sus intereses
geopolíticos.
Mientras se registran las impugnaciones
a las que haya lugar, Cepeda y sus asesores deben emprender las siguientes
acciones políticas: 1. Invitar a Claudia López, Sergio Fajardo y Roy Barreras a
que se sumen a la campaña, acogiendo reclamos como el llamado a una Asamblea
Nacional Constituyente. En política electoral no existe la transferencia
automática de votos. Sin embargo, Cepeda debe enviar mensajes de apertura
ideológica y política por una razón: evitar que el fascista Abelardo de la
Espriella llegue a la Casa de Nariño.
2. Aceptar debates con el
candidato de Uribe y de la ultraderecha. Es tiempo de que Cepeda le muestre al
país la solidez de su oratoria y la férrea formación conceptual y filosófica.
El objetivo es uno solo: desnudar a De la Espriella y exponerlo ante el país
como lo que realmente es: un vulgar machito, con visos claros de misoginia y una
evidente incomprensión de los problemas del país.
3. La campaña de Cepeda debe enfilar
baterías en contra de todo lo que representa Abelardo de la Espriella. Referirse
en términos catastrofistas alrededor del proyecto de país que tiene en mente el
abogado cordobés: autoritarismo, regreso de los crímenes de Estado (falsos
positivos), desregulación laboral, pérdida de conquistas sociales; minería y
ganadería extensiva con efectos negativos y disruptivos en y para los ecosistemas
naturales, lo que aseguraría graves problemas socioambientales y ecológicos, como,
por ejemplo, afectar los páramos por la explotación de oro.
Así como el uribismo metió miedo cuando ganó Petro con aquello de que “nos volveríamos como Venezuela”, ahora toca aterrorizar a los colombianos con la posibilidad de que en un tiempo van a comer carne de caballo o de burro, y a trabajar más de 8 horas. La Argentina de Milei es una realidad que puede usarse para generar miedo entre los colombianos indecisos y los que no salieron a votar. 4. Cepeda debe ajustar su discurso pacifista a las exigencias de cientos de miles de colombianos que exigen mano dura contra los bandidos de camuflado y los malandros que roban celulares y secuestran en las principales ciudades del país. Hablar de diálogos de paz con estructurales criminales desprovistas de un proyecto político no resulta conveniente hoy en Colombia. Y 5, Cepeda debe mostrarse menos parco, pues todos saben que no tiene el arrollador carisma de Gustavo Petro.
Hay asesores de imagen que pueden ayudar a que “se suelte” un poco más, a que sonría y muestre una faceta más terrenal y popular, pues finalmente hay sectores societales que aún no alcanzaron "la mayoría de edad", de ahí el ascenso y la aceptación de un personaje tan básico como De la Espriella.
Ante la pregunta, de si Cepeda puede ganar en segunda vuelta, la respuesta es sí, siempre y cuando ajusten la campaña y reconozcan que llegaron confiados de ganar en primera. Craso error. Llenar plazas públicas ya no es garantía de nada. Hay que ir a las redes, debatir y diseñar una verdadera estrategia que atraiga, convenza y enamore.
No hay comentarios:
Publicar un comentario