Por Germán Ayala Osorio
En medio de la tragedia
humanitaria que dejó el terremoto del 10 de agosto y que se extenderá por varios años, el gobierno de
Abelardo de la Espriella va entregando pistas y dando muestras de lo que será
el Proceso de Regeneración Ideológica y Social (PRIS) al que
someterá a una gran parte de la sociedad colombiana que cree legitimo defender
los derechos humanos y libertades democráticas, en particular los de la
población más vulnerable y por supuesto los de la Naturaleza,
reconocidos a través de fallos de la Corte Constitucional.
Durante la campaña, la posesión
presidencial y la elección de sus ministros, Abelardo de la Espriella fue
dejando ver la peligrosa e inconveniente coherencia
de sus símbolos asociados a la doctrina neoliberal,
al conservadurismo y a la eliminación de la laicidad del Estado. Todo lo
anterior atado a la entrega de los intereses de la Nación a las tareas de
dominación e injerencia en América Latina de los Estados Unidos e Israel. Su
ridículo saludo
militar, la amenaza de “destripar a la izquierda”, haber declarado
al “petrismo y a los petristas como enemigos de la patria” y confirmar
que habrá “fracking a lo que marque” consolidan la imagen de un
presidente dispuesto a todo con tal de debilitar los procesos de conciencia
social y ambiental, y el comunitarismo que durante cuatro años adelantó el
gobierno Petro.
El alineamiento y sumisión a los
Estados Unidos e Israel se expresan en por lo menos tres decisiones: la
primera, la inclusión de Colombia en la estrategia Escudo
de las Américas con la que Donald Trump entra a ejercer control y soberanía
sobre los países en los que haya narcotráfico y amenazas terroristas. El
secretario de Guerra Pete Hegseth informó que De
la Espriella autorizó “operaciones militares conjuntas”, lo que no
es otra cosa que la reedición de la intervención americana en las dinámicas del
degradado conflicto armado interno. Ahora se llama Plan
Patriota 2.0. En el pasado, Plan Colombia. El país recordará que, durante
la aplicación del Plan Colombia, hubo presencia de militares y exmilitares
gringos (contratistas) en territorio colombiano. Y no se puede olvidar que
dicha política pública transnacional fue aprobada en el Congreso
norteamericano, mientras que el legislativo colombiano se guardó hermético
silencio. Ni siquiera se discutió.
La segunda decisión tiene que ver
con la llegada de exmilitares israelíes supuestamente para ayudar en
operaciones de rescate de personas atrapadas en las edificaciones que
colapsaron en Cali. De acuerdo con versiones que circulan en las redes
sociales, los uniformados no participaron de esas actividades en los escombros
del edificio Vanessa en el sur de la capital del Valle del Cauca. Llegaron, se
tomaron fotos, subieron videos y se montaron en camionetas de alta gama con sus
uniformes limpios. La pregunta es: ¿A
qué vinieron realmente? ¿Acaso desplegarán actividades de inteligencia y acoso
de líderes sociales y políticos asociados a la izquierda y al progresismo? El
vocero de ese grupo de exmilitares israelíes es el capitán Roni Kaplan, quien
en su cuenta de X se presenta como CEO- Conexión Israel y Huellas del
Cielo, asesor- Min. Exteriores de Israel, Partner- Aurora Israel, Portavoz
(res.)- Fuerzas de Defensa de Israel. ¿Acaso le están abonando el camino al
Mosad?
¿O vienen a dejar instalados los protocolos de los Bloques de Seguridad
Urbana que prometió el presidente?
Y la tercera, la restauración de
las relaciones diplomáticas, políticas y comerciales con el Estado de Israel,
rotas por el entonces presidente Petro a raíz del genocidio en Gaza perpetrado
por el ejército sionista. El reconocimiento que hizo el Estado colombiano de la
soberanía de Israel sobre los Altos del Golán hace parte de la estrategia
diplomática de Colombia de echar para atrás las acciones que en el marco del
multilateralismo emprendió el gobierno de Gustavo Petro. La intención de hacer
parte de la Nueva Ruta de la Seda y el establecimiento de relaciones con el
mundo árabe no son bien vistas en la Casa Blanca, lo que obligará a De la
Espriella a actuar en consecuencia.
El escenario catastrófico que
deja el terremoto facilitará las acciones y decisiones que en adelante seguirá
adoptando De la Espriella para consolidar lo que aquí en esta columna llamo Proceso
de Regeneración Ideológica y Social (PRIS). Cuenta con las empresas mediáticas
tradicionales, varias iglesias, los gremios económicos y el concurso de las
fuerzas armadas que haciendo gala de su total sumisión al poder civil,
ejecutarán las órdenes que les dé su comandante supremo. El PRIS
tiene como antesala y guía discursiva local expresiones como “se callan o
los callamos”; y en el ámbito internacional, la feroz persecución de ICE
contra los latinos y por supuesto la eliminación del pueblo palestino por parte
de Israel, el “pueblo elegido”. El PRIS se inspira en ese tipo de actividades
de limpieza étnica y por supuesto en el racismo, el clasismo, el arribismo
y la aporofobia, las históricas taras civilizatorias sobre las que la derecha consolidó
su hegemonía y el poder.