Por Germán Ayala Osorio
En el ámbito político las reverencias
y las actitudes lisonjeras hacia quien ostenta el poder presidencial suelen
hacer olvidar improperios lanzados durante la campaña presidencial y las dinámicas
y efectos del centralismo bogotano en un país que le teme a la descentralización
y la autonomía de las regiones que lo componen. Es más, los alcaldes sumisos,
serviles y obedientes con quien ostenta el poder presidencial hacen parte del histórico
centralismo.
El mejor ejemplo de lo anterior es
la posesión de Abelardo de la Espriella en Cali. El alcalde la “Sucursal del
Cielo” está pletórico porque la caprichosa transición del mando presidencial se
llevará a cabo en la capital del Valle del Cauca y no en Bogotá como es
tradición.
Alejandro Eder parece haber
dejado en el pasado la tosca manera en la que se refirió el entonces candidato
presidencial, hoy presidente electo: “…como Eder que ha sido un fracaso
al que el pueblo de Cali eligió para que manejara toda la inseguridad y vive
escondido y asustado por ahí llorando debajo de la cama como el cobarde que
es”.
En su cuenta de X, Eder dice
que “Cali está lista para vivir una jornada histórica y hemos
tomado las medidas necesarias para que se desarrolle con seguridad, movilidad y
todas las garantías para la ciudadanía”.
Claro que le corresponde como
autoridad local resaltar que por primera vez la posesión del presidente de la
República ocurrirá en territorio caleño. Entonces, viene lo de siempre: embellecer
a la ciudad para la ocasión, tapar algunos huecos, pintar puentes con los colores
de la bandera, podar árboles, asear monumentos, esconder a los habitantes de
calle, ahuyentar raponeros y cambiar luminarias.
Con todo lo que precedió a la “elección”
de la ciudad, lo ocurrido durante la campaña presidencial, la ilegitimidad que
acompaña al presidente therian y las acciones de maquillaje desarrolladas por
la alcaldía distrital, el calificativo de “histórico” que usa Eder para destacar
la posesión presidencial resulta exagerado y maximalista aunque explicable porque
hace parte de la narrativa de la derecha y la ultraderecha con la que sus más visibles
agentes se muestran complacidos con el mandato de quien redujo la descentralización
a unos gestos resultado de la pereza y la animadversión que le produce a
Abelardo Bogotá, su clima y su gente.
Y como parte de la hipocresía del
poder político, Eder anuncia que el 7 de agosto será el Día de la Movilidad
Activa y Sostenible, lo que no es otra cosa que prohibir la circulación de carros
y motos. ¿Algún observatorio social y económico ya hizo el cálculo de los efectos
negativos que deja la medida restrictiva a la movilidad por culpa del capricho
de Abelardo de no posesionarse en Bogotá para no tener que saludarse con el presidente
saliente?
El alineamiento ideológico de
Eder con De la Espriella no está en discusión. Lo que se cuestiona es la manera
lisonjera, aduladora, zalamera. A Eder le parece mejor fungir como un simple mortífago
que alaba, hincado sobre la Biblia abelardista, la supremacía de la sangre pura
de la sociedad blanca, terrateniente, clasista, racista y aporofóbica de la que
él es hijo y a la que intentará pertenecer De la Espriella. Eso sí, para Eder, en privado, De la Espriella siempre será un "levantado con poder".
Eder, usted es el alcalde de la
ciudad y no el mandadero del jefe del Estado. ¿En dónde quedó la dignidad ideologizada
con la que se enfrentó a Petro? Recuerde lo que el therian presidente dijo en
campaña: “que el gobierno Petro le ha hecho daño a este departamento (Valle
del Cauca), no tanto como los políticos de siempre. Es decir, las cosas
como son. No solo es culpa de Petro, aquí están metidos el grupo de Dilian
(Francisca Toro) y el señor Eder”.
Una vez De la Espriella abandone
la ciudad, volverán las luminarias a apagarse, la suciedad a los monumentos
públicos; los pordioseros y “locos” a las calles; los grafitis apologéticos a
las ideas de la derecha y la izquierda; y los sicarios y ladrones a recuperar
sus territorios. Huecos y charcos harán posible que, a ritmo de salsa, los caleños
sigan cantando “Llorando viene rosario. Por las calles de un lugar. Se burla
la muchachada. Viéndola toda embarrada Ay pobrecita rosario. La más bonita del
barrio. Y vuelve y pum, De nuevo al charco rosario”.
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