domingo, 14 de junio de 2026

LA RESPONSABILIDAD DE VOTAR

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La democracia es, en doble vía, un régimen de poder y un anhelo civilizatorio. Justamente, sobre ese carácter aspiracional aparece el voto popular como expresión de lo que deberían de hacer los ciudadanos al momento de tomar decisiones políticas en coyunturas electorales como la que afrontarán los colombianos el domingo 21 de junio. Ese día decidirán entre dos caminos: el que dejó trazado el gobierno Petro y que conduce hacia la consolidación del Estado Social de Derecho y la posibilidad de vivir por fin bajo las condiciones de una genuina República;  o el que buscará reabrir Abelardo de la Espriella y que inexorablemente llevará al país a volver a sufrir los nefastos resultados que dejaron 20 años de uribismo y 32 de neoliberalismo: concentración de la tierra y la riqueza en pocas manos, desigualdad, pobreza y miseria; ruina en el campo, privatización del Estado, la naturalización de un ethos mafioso y ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos), entre otras nefastas consecuencias. 

Dedico esta columna al asunto de la responsabilidad ciudadana al momento de votar, pensando en los indecisos, en los “tibios”, en los que hace rato no votan pero saben en qué lugar les correspondería sufragar si ese domingo se deciden a hacerlo; los que votaron en primera vuelta en contra de Cepeda y De la Espriella o lo hicieron en blanco y volverán a votar de esa misma manera; también en aquellos que aún comen cuento de lo que “informan” medios como Semana, El Tiempo, El Colombiano, El País de Cali, El Heraldo, así como los noticieros RCN y Caracol, que apoyan directa o indirectamente al “Tigre” de Temu y que claramente atacan al progresismo que representan Petro y Cepeda. Y por supuesto a los que equivocadamente se auto definen como “apolíticos” y que terminan pareciéndose a los “idiotas[1]” en la Antigua Grecia.

La responsabilidad al momento de votar no se circunscribe a los asuntos que confluyen en la subjetividad de quien sufraga. No. Hay ocasiones en las hay que pensar más allá de las convicciones individuales. Votar este 21 de junio exige hacerlo pensando muy bien en las consecuencias que generará hacerlo a favor del candidato que ofrece “bala, reducir y privatizar el Estado, violencia, fracking a lo que marque, destripar al que no piensa como él; afectar la producción agropecuaria y por ende a los campesinos”.

Por lo anterior, hay que sufragar de la mano de la sororidad para el caso de las mujeres que maltrató De la Espriella[2] en el episodio aquel con la periodista a la que intimidó al aire con una supuesta fotografía de su “paquete”; hay que salir a votar pensando en los derechos de la Naturaleza en medio de una pluricrisis climática. Como miembro de la especie dominante, hay que participar de la jornada electoral con una postura ético-ecológica-ambiental en pro de la vida de los ecosistemas que el fracking afectará.

Si Usted votó en primera vuelta por De la Espriella y está decidido a cometer por segunda vez ese monumental error, lo invito a pensarlo muy bien. Votar por quien siendo adolescente asesinó a un gato y se jacta aún de semejante estupidez, es propio de gente inteligente asintomática.

Ahora bien, si a Usted le importa un c… lo que pase con los ecosistemas naturales, los derechos humanos; la naturalización de la misoginia que exhibe De la Espriella; la animadversión que siente hacia negros, campesinos e indígenas; sindicalistas, progresistas y libres pensadores; entonces salga y deposite su voto por el machito que se siente orgulloso de ser ciudadano de los Estados Unidos. Y siga creyendo en la “realidad” que a diario le construyen las empresas mediáticas arriba mencionadas.  



[1] “Durante la Edad Media, la palabra, adoptada en latín medieval como "idiota," comenzó a adquirir connotaciones negativas. En este contexto, se refería a alguien falto de formación teológica o filosófica, especialmente en el creciente mundo universitario. Obras como el *Summa Theologica* de Tomás de Aquino, que empleaba un lenguaje accesible para la época pero que exigía cierto nivel de instrucción, contribuyeron implícitamente a esta nueva acepción (Gilson, 1925). Ser "idiota" implicaba, pues, una carencia de conocimiento específico, un defecto intelectual en el marco de las estructuras de poder de la época”. Tomado de: https://www.las2orillas.co/todo-idiota-tiene-su-origen/

 [2] Abelardo de la Espriella es “…familiar de los cuestionados políticos José Guerra de la Espriella, condenado en el proceso 8.000, y Miguel de la Espriella…mencionado por el escándalo de la narcoavioneta y por sus relaciones con los paramilitares, por las cuales sería sentenciado unos meses después. Eso por parte de padre, recientemente he sabido que por parte de su mamá es familiar del corrupto Emilio Tapia Aldana, condenado por el carrusel de la contratación, quien, por cierto, pudo continuar sus actividades en la cárcel. Pero esa es otra historia. Encontré que Abelardo de la Espriella, hoy candidato presidencial, era el representante legal de la Fundación Iniciativas para la Paz, Fipaz, que promovía un referendo que le reconociera estatus político a los paramilitares y cambiara la Constitución para prohibir la extradición”. Tomado de https://cambiocolombia.com/los-danieles/articulo/2026/6/mi-primer-abelardo

 

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