sábado, 13 de junio de 2026

ESTOY MAMADO

 



Por Germán Ayala Osorio

Faltan ocho días para que los colombianos tomen la decisión ético-política más importante de los últimos 50 años en el país: votar a favor de la profundización de los derechos colectivos, incluidos los de la Naturaleza, o hacerlo a favor del proyecto político retardatario, antiderechos, neoliberal y violento que encabeza Abelardo de la Espriella.

Que llegue rápido ese domingo para salir a sufragar. Después del resultado de la primera vuelta se advierte cansancio en cientos de miles de ciudadanos “mamados” al ver en las redes sociales toda suerte de mentiras, exageraciones, medias verdades, señalamientos; hostigamientos, amenazas y reduccionismos que describen muy bien lo que somos como sociedad: pasionales, incapaces de tramitar a través del diálogo las diferencias y de respetar al Otro y el de las “emociones tristes” de las que habla Mauricio García Villegas.

Esas mismas redes, verdaderas cloacas o covachas llenas de memez, fierabrases, indoctos, galafardos, cenutrios, majaretas y “Belcebúes”. Cada que se entra en ese mundo cargado de emociones las arcadas son inevitables y más por esta época electoral. Esas redes dan cuenta de lo mucho que nos falta para ser verdaderamente modernos, civilizados, inteligentes para manejar emociones y democráticos. Y lo que es más preocupante, nos confirman una verdad incontrastable: nos odiamos. Sobre este último sentimiento, primitivo por demás, Abelardo de la Espriella construyó su emocional campaña. Supo recoger la animadversión de todos los que votaron No al plebiscito por la paz en 2016. Son los mismos que llaman “guerrillero” a Iván Cepeda Castro por insistir, tercamente, en que es posible pacificar el país por las buenas. Y se sumaron a esa gavilla de odiadores a los que sienten que Petro les incumplió y otros miles que se dejaron llevar por el discurso anti-Petro de la prensa hegemónica, gran responsable de que el “Tigre” de Temu haya llegado a estas instancias.

Que llegue ya ese 21 de junio que podría convertirse en un “parteaguas” en la atribulada historia de Colombia. Para mal, si llega al Solio de Bolívar el ambivalente político de la ultraderecha neoliberal. De la Espriella oficia como un therian orgánico que se auto proclama como el nuevo Mesías que hará de Colombia una “Patria milagro” fundada en el dolor, el miedo y la desazón de sus amenazas de “destripar a la izquierda” y de hacer “fracking a lo que marque”. Y para bien, si el orden establecido en el país por fin se consolida alrededor del mandato que dice que Colombia es un Estado Social de Derecho. Esa es la única manera de dejar de ser la misérrima República que construyeron los miembros ferales de una élite violenta que desde la época de los arcabuces viene asesinando, física y simbólicamente, a aquellos que, a pesar de compartir genes y procesos de mestizaje, los asumen como “enemigos, desechables, gente incómoda, chusma, indios o populachos”. La verdad es que estoy mamado de esta campaña.  

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