domingo, 16 de agosto de 2026

LOS BALONES DE LA DESCONEXIÓN



Por Germán Ayala Osorio

 

Iván Duque Márquez se ganó un lugar especial en la vitrina de los presidentes de Colombia por ser fatuo, infantil, frívolo, fantoche y por haber aprendido a gritar “ajúa”; ah, y por la frase “de qué me hablas, viejo” y por llevar dulces a los niños del Chocó. Y claro, por el pésimo manejo social y económico a la pandemia del covid-19 que terminó en un violento estallido social de 2021 que fue repelido como si se tratara de un levantamiento popular con pretensiones golpistas. A partir de ese momento, la protesta social se volvió, para la derecha, sinónimo de terrorismo urbano. Huelga recordar su alusión a los siete enanitos en una conferencia internacional. 

Muchos en Colombia pensaron que el país se demoraría años en volver a tener a un presidente con ese talante. Pero no: llegó Abelardo de la Espriella Otero a batir el récord dejado por Duque Márquez. Lleva varias salidas en falso pocos días después de haber sido investido jefe del Estado.

La primera de esas salidas en falso se dio al momento de dar el primer reporte después del PMU instalado para enfrentar el terremoto que sacudió al país el 10 de agosto: llegó lanzando besitos a diestra y siniestra. La abogada y columnista Ana Bejarano Ricaurte fustigó al jefe del Estado en su columna titulada El país de los puños arriba. El país, según Bejarano, “…no se merece un presidente que haga su primera aparición pública, tras el terremoto más fuerte del siglo XXI en Colombia y a solo tres días de su posesión, mandando besos como una reina recién coronada”.

En la segunda salida en falso rechazó, por razones ideológicas, las ayudas ofrecidas por China, Brasil y México. Sin duda alguna, un error mayúsculo que dejó ver su incapacidad para gobernar con criterio. La tercera fue cuando dio instrucciones a su ministra de Cultura para que fuera cuanto antes recuperada la fachada de una iglesia de Manizales. No puede estar por encima del dolor de la gente la restauración de un templo, cuando se puede orar al aire libre. De la Espriella no sabe, al parecer, qué es eso de establecer prioridades.

En la cuarta, montó una escena populista en la que un puñado de ciudadanos fue instruido para darle un recibimiento caluroso al mandatario. Por supuesto, se trataba de una puesta en escena en la que la frase “manos arriba” terminó confirmando que De la Espriella es un showman y no un jefe del Estado. Bejarano Ricaurte se refirió así a la escena: “Un país que exige un presidente que en medio de esta tragedia no tenga tiempo ni disposición para montar una escena populista en la que se organiza a unas personas para que él se detenga a saludarlas. Segundos antes de esa parada, alguien grita: “manos arriba, manos arriba”.

Pero sigamos. Además de insistir en su ridículo saludo militar, De la Espriella Otero habla de la “era del tigre”, frase que confirma que él se auto percibe como un felino y por tanto los colombianos son testigos del primer therian en convertirse en presidente de la República. Y no podemos olvidar su grito de guerra, firme por la patria. En su reciente visita a Buenaventura gritó ¡firme por Buenaventura! Pero faltaba la quinta salida en falso: fueron entregados balones de fútbol marcados con el logo y la frase Defensores de la Patria. Sin duda, un numerito circense que confirma la desconexión del presidente con la compleja realidad que dejó el terremoto en Buenaventura y en otros lugares del país.

Los balones de la infamia inflados con altas dosis de centralismo, populismo, aporofobia, clasismo y racismo motivaron el rechazo de varios hijos del Puerto sobre el Pacífico. Bueno, hay que recordar que Duque hacía “cabecitas” con un balón de fútbol. De la Espriella no lo hace porque él mismo dijo que no le gustaba ese deporte.

En poco tiempo De la Espriella va camino a superar a Iván Duque Márquez. El actual presidente no enfrenta la pandemia del covid-19, pero si una tragedia humanitaria que exige sindéresis, respeto y tacto de parte de quien ostenta el cargo de presidente de la República. Ya no está en campaña, señor presidente, aterrice y enfrente con seriedad el enorme desafío político, social, ambiental y económico que le tocó tres días después de haberse posesionado. No juegue con el dolor y la desesperación de un pueblo como el de Buenaventura. Se le está pidiendo que gobierne. No más. Deje de actuar. 






No hay comentarios:

Publicar un comentario

UN GOLPE DE REALIDAD

Por Germán Ayala Osorio Mientras en las redes sociales critican y se burlan del “gesto humanitario”-regaló balones de fútbol- del preside...