Por Germán Ayala Osorio
Reconocido por el Consejo
Nacional Electoral (CNE) como presidente electo, Abelardo de la Espriella
Otero le habló al país, pero especialmente a sus alucinados y obsecuentes votantes
que al parecer siguen embelesados con su discurso básico y lleno de mentiras e impresiones
conceptuales.
En su intervención, el fatuo y
egocéntrico presidente
electo volvió a mentir. Al parecer, sigue en campaña, escenario político en el
que a los políticos se les permite decir mentiras y manipular realidades.
Examinemos las falsedades en las que incurrió De la Espriella Otero durante la
ceremonia en la que fue investido como presidente electo: 1. "Gané sin estructuras políticas".
Frente a semejante falsedad hay que decirles a sus votantes que recibió
el apoyo de todos los partidos tradicionales: la Casa Char, de los expresidentes
Uribe, Duque y Gaviria, de los partidos conservador y liberal; de Cambio
Radical, de Mira… Cuando nombre sus ministros sabremos a qué casa política
pertenece cada uno de los miembros de su gobierno. Eso de los “nunca” contra
los de “siempre” es una invención de sus asesores. De la Espriella gobernará
con los de siempre. Punto.
2. "No
recibí apoyo de grupos económicos."
Abelardo recibió, de acuerdo con versiones periodísticas, 36 mil millones de Sarmiento Angulo y el Grupo GEA, así
como el apoyo económico y periodístico de la familia Gilinski. La revista
Semana, de propiedad de ese clan financiero, le sirvió de plataforma ideológica
y mediática. Vicky Dávila Hoyos fungió como estafeta de los mensajes engañosos
que en campaña entregó la campaña De la Espriella Presidente. Las decisiones
que en materia de política económica tomará el entrante gobierno darán cuenta
de los compromisos y las obligaciones que deberá cumplir el nuevo jefe del
Estado.
3. "Cepeda tenía el apoyo del régimen social comunista de Petro". En este punto el abogado penalista que considera que la “ética no tiene que ver con el derecho” cae en una imprecisión conceptual. No solo manipula el concepto de régimen, sino que insiste en el uso de la categoría-coco con la que la ultraderecha neoliberal pretende seguir asustando y engañando a ignorantes e incautos. Justamente lo contrario: es Abelardo de la Espriella y los sectores económicos y políticos que lo apoyaron los que hacen parte del viejo régimen que Petro y el progresismo derrotaron. Entre 2022 y 2026 no se instaló en Colombia un gobierno socialista (estatista) y mucho menos derivó en comunismo: se respetó la propiedad privada, no hubo expropiaciones y los pesos y contrapesos funcionaron, fruto del respeto a la división de poderes. Eso sí, hay que reconocer que Cepeda era el candidato del Gobierno, asunto que hace parte de la dinámica política del país. En el pasado, Santos fue el candidato de Uribe, así como Rodolfo Hernández fue la ficha no solo de Iván Duque, sino del Establecimiento colombiano.
4. "La prensa estuvo en mi
contra". Esta es quizás
la más cínica de las mentiras expresadas por De la Espriella, pues contó con el
apoyo periodístico y editorial de medios
como El Tiempo, El Espectador, El
Heraldo, El País de Cali, Semana, Blu radio, La FM y Caracol radio (antes La
W de Julio Sánches Cristo) y los noticieros de televisión Caracol
y RCN. Además, la campaña del auto proclamado “Tigre” se benefició de los
malestares sociales que durante cuatro años el conjunto de la prensa
generó contra Petro a través de tratamientos sesgados e ideologizados con los
que deslegitimaron su gobierno.
Ya es tiempo que De la Espriella
Otero aterrice y entienda que la campaña ya terminó. Ya fue electo presidente
y a partir del 7 de agosto deberá asumir con responsabilidad, aplomo, seriedad
y grandeza la tarea de gobernar a un país como Colombia. Quizás las mentiras e
imprecisiones en las que aún incurre el presidente
electo se expliquen por la inexperiencia política del pendenciero abogado. A
lo mejor no sabe en qué se metió. Es tiempo también que sus asesores le
recomienden empezar a hablar de realidades, pero sobre todo a tratar de comprender
las complejas realidades de una sociedad escindida en la que hay más de 12
millones de compatriotas que estarán, unos vigilantes, expectantes y miedosos,
y otros atentos a lo que dice, hace, promete y ejecuta. Sobre todo, esto último.
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