martes, 7 de julio de 2026

¡UNA MESA DE DIÁLOGO YA!




Por Germán Ayala Osorio

 

El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella Otero dejó claro desde la campaña que no habrá mesas de diálogo con los grupos armados ilegales, a los que les dio un mes de plazo para someterse a la justicia. Se trata de una legítima decisión político-militar del nuevo presidente de la República muy atada a los intereses de latifundistas y ganaderos que llegarían a recuperar tierras o a apropiarse de las que abandonen comunidades rurales y campesinas, por efectos del recrudecimiento de las hostilidades por el paso de la fallida Paz Total, a la guerra total; en ese escenario habría masivos desplazamientos forzados de campesinos. Ya veremos hacia dónde lo llevan las acciones criminales de las disidencias farianas, el clan del Golfo y el ELN.

En donde sí parece que se va a necesitar una mesa de diálogo con urgencia es entre las principales figuras de la oposición petrista y el presidente De la Espriella. Entre Petro y el primer presidente therian que se sentará en el Solio de Bolívar. El problema es que hasta el momento nadie se ofreció para acercar a las partes. Mientras tanto, la prensa hegemónica-hoy abelardista- continúa azuzando los enfrentamientos con sesgados tratamientos periodísticos que dan cuenta de que tomaron partido y por cuatro años defenderán al gobierno de Abelardo de la Espriella.

Si bien los ataques entre las huestes petristas y abelardistas aún no se traducen en reyertas callejeras, a nivel de redes sociales y en la vida política de la capital los niveles de crispación y odio crecen con el paso de los días. De continuar así el cruce de improperios y mutuas descalificaciones, la transición del mando el 7 de agosto será una ceremonia cargada de símbolos negativos atados a la violencia discursiva (simbólica) que viene desde la campaña presidencial.

El pesado ambiente vivido en la transición del poder del entonces subpresidente Iván Duque Márquez al presidente Gustavo Petro se superaría con creces si entre las partes no asumen posturas civilizadas y republicanas que le manden al dividido país mensajes de tranquilidad.

El ambiente está más que caldeado en Bogotá por cuenta de las denuncias- al parecer con evidencias- del presidente Petro con las que probaría que efectivamente hubo fraude electoral.  El presidente es Iván Cepeda, espetó el presidente saliente. En su cuenta de X dijo: “Nosotros tenemos toda la información sobre desde que servidor IP situado en los Ángeles, California, de propiedad de los hermanos Bautista, integrado a la operación de escrutinios se utilizaron algoritmos que variaron la votación sustancialmente a favor de Abelardo, los algoritmos que viciaron el resultado electoral se usaban con el censo electoral de los que nunca votan para ser reemplazados por votantes que podían hacerlo varias veces o sin votantes en las mesas de jurados homogéneos”.

Como consecuencia de lo dicho por Petro, De la Espriella ordenó a su vicepresidente- que viene actuando como si fuera el nuevo jefe del Estado- suspender las actividades del accidentado empalme, convertido en un tira y afloje entre las mesnadas que los mandatarios saliente y entrante representan.

Así las cosas, ni los buenos oficios y exhortaciones a la calma de obispos, de los expresidentes, eventuales comisiones de sabios que reaparezcan con espíritu pacificador y mucho menos los llamados a superar las mutuas animadversiones servirían para que haya paz política en el país.

Lo más recomendable es que De la Espriella Otero renuncie a la ciudadanía gringa y abandone la pretensión de juzgar en Colombia y extraditar hacia los Estados Unidos al expresidente Petro. Eso ayudaría a bajar los ánimos.  Y del lado de Petro y sus huestes que se deje de lado la narrativa con la que deslegitima la pírrica victoria de la ultraderecha ese fatídico 21 de junio. Si le metieron la mano o no a las elecciones, por el bien del país, hay que aceptar y permitir que De la Espriella asuma el poder político y militar sobre la Nación. Hay una tarea política por emprender: vigilar de cerca hacia dónde intentará llevar el país el nuevo jefe del Estado; cuestionar y denunciar arbitrariedades y delitos cuando se presenten.

Estamos, quizás, ante la más grande ruptura y distanciamiento político, ideológico, moral y ético-político entre dos disímiles visiones de país, que podría superar a la que vivió el país durante los enfrentamientos entre Liberales y Conservadores. Y el detonante de un nuevo Bogotazo podría ser el juzgamiento político y extradición de Petro a los Estados Unidos. Todos están jugando con candela. ¡Una mesa de diálogo ya!

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