jueves, 14 de mayo de 2026

NO HUBO DEBATES: ¿LE PASÓ ALGO A LA DEMOCRACIA?

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Las campañas presidenciales están en “modo cierre” lo que indica que no habrá debates entre los candidatos presidenciales. Si no hay un ganador en la primera vuelta, lo más probable es que los anhelados encuentros dialógicos sí se den entre los dos aspirantes  que finalmente se disputarán el derecho y la obligación de gobernar a un país que por momentos parece ingobernable.

Los más puristas de la política ya dijeron que se afecta la democracia pues las audiencias se quedarán sin escuchar las propuestas de los aspirantes a sentarse en el Solio de Bolívar. Sin duda alguna una exageración que nos lleva a decir que las dinámicas institucionales, sociales y políticas que gravitan en torno a la democracia, como régimen de poder, suelen devenir desconectadas o alejadas de las disímiles acepciones que circulan en torno a la democracia.

El analista político y columnista Gabriel Cifuentes Ghidini tituló así un texto de opinión publicado en El Tiempo: “Sin debates no hay democracia”. En el documento se lee que “La incompresible falta de una obligación legal expresa conduce a que los aspirantes puedan condicionar su realización o incluso rehuirlos por un mero ejercicio de cálculo político. Aun así, debatir en el foro público es un imperativo categórico para cualquier democracia. La aridez deliberativa es la sepultura de la democracia y necesitamos guardianes de la democracia”. Contrario a lo dicho por Cifuentes, la democracia colombiana sigue operando, a pesar de la no realización de los debates. En Colombia no opera una democracia plena por razones y factores previos a la realización o no de los debates que tanta falta parece que le hacen a los politólogos y a los periodistas.

Hay una suerte de idealización de la democracia y una mirada romántica sobre una categoría política cada vez más difícil de asir por cuenta de las realidades asentadas en países, como Colombia, que arrastra una historia de violencia política, así como una  bien programada y funcional debilidad del Estado, la evidente crisis de los partidos políticos convertidos en mafias clientelares y la consolidación de procesos cada vez contaminados de generación de la opinión a cargo de los medios tradicionales, las bodegas, medios alternativos y la presencia de Youtubers e Influencers, actores todos  que ensucian la comunicación política y alimentan la lectura fragmentada de nuestras complejas realidades socioculturales; eso sí, hay que reconocer que hay colombianos mejor informados y con la capacidad de discernimiento que da cuenta de la superación del Estado de Opinión y el Embrujo Autoritario, fruto del debilitamiento de la imagen del Mesías que la derecha impuso con la ayuda de las empresas mediáticas durante  los tiempos  del unanimismo ideológico y político (2002-2010).   

La no realización de los debates ha de servir para revisar las prácticas periodísticas, los intereses electorales y políticos de los medios hegemónicos defensores del Establecimiento; así como el tradicional formato que ofrecen los canales privados y sus noticieros pensados y diseñados para “poner hablar al país” por unos días sobre polémicas insustanciales, fruto de las siempre preguntas de sí o no que les fascinan a los periodistas interesados en reducir lo complejo a una expresión o una respuesta corta.

El ambiente de polarización política y crispación ideológica le permitió al candidato del Pacto Histórico a “exigir garantías” para asistir a debates. Medios como Blu radio, La W y la FM todos los días atacan al gobierno y buscan desdibujar a Iván Cepeda, lo que hace pensar en que no hay en Colombia presentadores-periodistas que conduzcan debates presidenciales sin la animadversión que desde los medios tradicionales se alimenta en contra del candidato del Gobierno.

La plaza pública, las redes sociales y los periplos de los candidatos por los territorios parecen suficientes para cautivar a un electorado atiborrado de información, mensajes subliminales, miedos por la llegada del “comunismo” y las acciones de propaganda blanca y negra desplegadas por grupos de poder a través de iniciativas como el proyecto Júpiter. Pregunto: ¿Con todo lo anterior, no será que los debates presidenciales televisados perdieron el atractivo de campañas anteriores?

Ya veremos si hay o no debates antes de la primera vuelta e incluso en la segunda. Va a depender de quiénes pasen y el ambiente que se logre generar en torno a las dos candidatos finalistas. Con o sin debates, la democracia colombiana seguirá operando bajo las lógicas de una élite parásita, rentista, precapitalista, violenta y premoderna; y la academia seguirá discutiendo y ampliando las exigencias a un concepto que en particulares realidades se torna etéreo e incluso inaplicable. Eso sí, habrá quienes seguirán defendiendo la eufemística idea de que “Colombia es la democracia más antigua de AL”.

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