sábado, 27 de junio de 2026

AMIG@S QUE VOTARON POR DE LA ESPRIELLA

 


Por Germán Ayala Osorio

Sufragar es un acto ético-político y en precisos contextos una acción  (in)moral  en el que confluyen asuntos como la ideología, la clase social, el clasismo si es el caso y los niveles de conciencia de clase de los votantes; la historia familiar (godo vota godo), los intereses económicos (un contrato, empleo), el nivel educativo atado o no a la conciencia de clase y por el nivel de influencia de los medios masivos de comunicación y las redes sociales en los que se promueve al ganador de las encuestas (La Espiral del Silencio, opera) y por supuesto se manipulan realidades y se reducen complejos problemas a meras opiniones, muchas de estas estúpidas, muy propias del entorno de esas cloacas llamadas redes sociales. Y por supuesto, la rabia, el odio, el miedo y, por último, la decepción con el gobierno o la figura presidencial que está de salida.

En el listado de “razones” posibles que podría un ciudadano elegir para explicar su voto no está el elemento más valioso quizás: el proyecto político por el cual se decidió votar. Para el caso que acaban de vivir los colombianos, millones de compatriotas votaron sin detenerse a pensar por los proyectos políticos en juego, representados en los candidatos Abelardo de la Espriella Otero e Iván Cepeda Castro. Bastaba con escuchar al candidato que ofrecía bala y fracking a lo que marque para entender que se trataba del único proyecto de país que le sirve a la derecha: someter voluntades por la fuerza, a las malas y, por supuesto, a los ecosistemas naturales-históricos incluidas las comunidades cercanas.

Conversé con un par de amig@s que votaron por De la Espriella: me dijeron que lo hicieron porque estaban decepcionados del gobierno Petro. La paz total, la corrupción, el caso de Juliana Guerrero e incluso el asunto del tren de cercanías para Cali que Petro no acompañó. En las explicaciones que dieron no se mencionó el proyecto político que encarnaba Cepeda, que apuntaba a consolidar las reformas sociales con las que estuvieron de acuerdo hace cuatro años cuando sufragaron en favor del proyecto progresista que lideró Petro.  Conclusión: no se vota por proyectos políticos, se sufraga por personas, simpatías momentáneas o hartazgos coyunturales que afectan la psiquis de los votantes. En estos casos operó el voto castigo.

Ahora que se hacen análisis post derrota electoral desde las mesnadas del Pacto Histórico destacan mis amigas y amigos la sobre exposición en redes del presidente Petro y las constantes invitaciones a que su pueblo se movilizara en las calles. Los trancones que esas marchas producían fueron el detonante que llevó al fuerte hartazgo en aquellos que quizás nunca en su vida votaron por un proyecto político y en particular por el sentido socialmente reivindicativo del que encarnó y defendió Petro durante cuatro años. Ellos y ellas mismas están expectantes a lo que suceda con el gobierno del therian que en campaña ofreció “destripar” a la izquierda, pero que una vez electo dijo que “no habrá persecuciones, ni retaliaciones y que gobernará para todos los colombianos”. Les dije: ya veremos qué sucede en cuatro años. Por ahora están viendo que al nuevo gobierno están llegando los de Siempre. En su caras ya se dibuja decepción y preocupación. Al final de la conversación les dije riéndome: nos vemos en elecciones g…

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