lunes, 1 de junio de 2026

¿AHORA SÍ HABRÁ DEBATE?

 




Por Germán Ayala Osorio


Después del tanganazo electoral del 31 de mayo, la campaña y el propio Iván Cepeda despertaron con ganas de debatir con Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha y del uribismo. Y se encontraron con tres exigencias de parte de las huestes “abelardistas”: la primera, que Cepeda reconozca los resultados y el triunfo electoral y político; la segunda, que al debate asistan con sus fórmulas vicepresidenciales; y la tercera, que el debate se haga en las instalaciones de la revista Semana, el cuartel general desde donde los Gilinski catapultaron al ultraderechista que en tres semanas podría convertirse en presidente de la República.

La primera condición resulta apenas lógica pues no existe un reconocimiento explícito de parte de Cepeda alrededor de la legitimidad de Abelardo de la Espriella como contrincante político. Haberse plegado a la postura del presidente de Petro con la que no “aceptó” la victoria parcial de la ultraderecha fue un error garrafal de Cepeda.

Hasta tanto no haya ese reconocimiento público, debate entre los dos no habrá. Y la urgencia por debatir ideas y programas la tiene ahora la campaña del Pacto Histórico. Antes de la primera vuelta, Cepeda era el “chacho” que le puso condiciones a la prensa para ir a debates; ahora es De la Espriella el que tiene la sartén por el mango ante la mirada aún pérdida de Cepeda, fruto del tanganazo que recibió el 31 de mayo y del que tendrá que reponerse rápidamente si de verdad quiere llegar a la Casa de Nariño.

La segunda exigencia de Abelardo de la Espriella confirma los miedos que persiguen al abogado pues sabe de sus vacíos conceptuales y de su desconocimiento de asuntos estructurales que tienen que ver con la operación del Estado y la toma de decisiones sobre la base de la comprensión sistémica de las complejas realidades del país. De la Espriella es un novato en la administración pública que delegará en “expertos neoliberales” las decisiones que le correspondería adoptar como jefe del Estado.

El candidato presidencial de la ultraderecha exige la presencia de las fórmulas vicepresidenciales por una razón y un objetivo: la razón tiene que ver con la confianza que De la Espriella tiene en que José Manuel Restrepo lo respaldará al momento en el que aparezcan en el debate asuntos macroeconómicos que él no entiende y que quizás Cepeda no domina con suficiencia. Restrepo fungirá como el lazarillo en muchos temas y asuntos que De la Espriella desconoce.

En cuanto al objetivo, este está claro: exponer públicamente a Aída Quilcué para que sea devorada por las audiencias y la prensa de derecha que la odian por ser mujer indígena y no haberse graduado en las prestigiosas universidades privadas en las que estudió y trabajó la fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella. Cuestionarán su vestimenta, la dicción y las respuestas que dé, desde el racismo y el clasismo que acompañan a los “abelardistas”; justamente, con esas taras civilizatorias De la Espriella conquistó a cientos de miles de colombianos que sienten la misma animadversión a todo lo que huela a indígena, comunidad, ancestralidad y defensa de la Madre Tierra.

De la Espriella es una figurita electoral. Un falso outsider inflado por la espectacularidad de los videos, la contundencia de su mensaje anti-progresismo, anti-Petro y anti-izquierda. Su discurso de odio caló en las audiencias que la prensa hegemónica le moldeó durante cuatro años de señalamientos y cuestionamientos al gobierno. Como sucedió con Álvaro Uribe años atrás, De la Espriella es un fenómeno mediático alimentado por las nuevas condiciones que impone la postverdad, la estupidización de sectores de la opinión y la necesidad de sectores del Establecimiento de recuperar la Casa de Nari para desde allí echar para atrás los avances y las medidas adoptadas por el gobierno Petro en materia de reforma agraria y la recuperación de predios a través de la SAE. En el fondo, violentar física y simbólicamente los procesos de empoderamiento y consolidación de lo comunitario que Petro impulsó en territorios rurales. De la Espriella habló de “destripar”. 

Cepeda no aceptó el debate con las fórmulas vicepresidenciales. "Es entre él y yo. Es un duelo". Le corresponde al "tigre de Temu" decidir. 

Adenda: que alguien le diga a Iván Cepeda que no se desgaste discutiendo bobadas. Que De la Espriella use la camiseta de la Selección Colombia es un detalle menor. Quedan tres semanas para hacer alianzas, ajustes y diseñar una estrategia mediática (incluida las redes). Hay que evitar que el país caiga en manos de los fascistas que están detrás de la campaña de Abelardo de la Espriella, el Bukele criollo que puede llevar al país por los caminos dictatoriales que hoy recorren los pueblos de El Salvador, Argentina, Ecuador y Chile. 

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