Por Germán Ayala Osorio
Después del tanganazo electoral
del 31 de mayo, la campaña y el propio Iván Cepeda despertaron con ganas de
debatir con Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha y del
uribismo. Y se encontraron con tres exigencias de parte de las huestes “abelardistas”:
la primera, que Cepeda reconozca los resultados y el triunfo electoral y
político; la segunda, que al debate asistan con sus fórmulas vicepresidenciales;
y la tercera, que el debate se haga en las instalaciones de la revista Semana, el
cuartel general desde donde los Gilinski catapultaron al ultraderechista que en
tres semanas podría convertirse en presidente de la República.
La primera condición resulta
apenas lógica pues no existe un reconocimiento explícito de parte de Cepeda alrededor
de la legitimidad de Abelardo de la Espriella como contrincante político. Haberse
plegado a la postura del presidente de Petro con la que no “aceptó” la victoria
parcial de la ultraderecha fue un error garrafal de Cepeda.
Hasta tanto no haya ese
reconocimiento público, debate entre los dos no habrá. Y la urgencia por
debatir ideas y programas la tiene ahora la campaña del Pacto Histórico. Antes
de la primera vuelta, Cepeda era el “chacho” que le puso condiciones a la
prensa para ir a debates; ahora es De la Espriella el que tiene la sartén por
el mango ante la mirada aún pérdida de Cepeda, fruto del tanganazo que recibió
el 31 de mayo y del que tendrá que reponerse rápidamente si de verdad quiere
llegar a la Casa de Nariño.
La segunda exigencia de Abelardo
de la Espriella confirma los miedos que persiguen al abogado pues sabe de sus
vacíos conceptuales y de su desconocimiento de asuntos estructurales que tienen
que ver con la operación del Estado y la toma de decisiones sobre la base de la
comprensión sistémica de las complejas realidades del país. De la Espriella es
un novato en la administración pública que delegará en “expertos neoliberales” las
decisiones que le correspondería adoptar como jefe del Estado.
El candidato presidencial de la
ultraderecha exige la presencia de las fórmulas vicepresidenciales por una
razón y un objetivo: la razón tiene que ver con la confianza que De la
Espriella tiene en que José Manuel Restrepo lo respaldará al momento en el que
aparezcan en el debate asuntos macroeconómicos que él no entiende y que quizás Cepeda
no domina con suficiencia. Restrepo fungirá como el lazarillo en muchos temas y
asuntos que De la Espriella desconoce.
En cuanto al objetivo, este está
claro: exponer públicamente a Aída Quilcué para que sea devorada por las
audiencias y la prensa de derecha que la odian por ser mujer indígena y no
haberse graduado en las prestigiosas universidades privadas en las que estudió
y trabajó la fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella. Cuestionarán
su vestimenta, la dicción y las respuestas que dé, desde el racismo y el clasismo
que acompañan a los “abelardistas”; justamente, con esas taras civilizatorias
De la Espriella conquistó a cientos de miles de colombianos que sienten la misma
animadversión a todo lo que huela a indígena, comunidad, ancestralidad y
defensa de la Madre Tierra.
De la Espriella es una figurita electoral. Un falso outsider inflado por la espectacularidad de los videos, la contundencia de su mensaje anti-progresismo, anti-Petro y anti-izquierda. Su discurso de odio caló en las audiencias que la prensa hegemónica le moldeó durante cuatro años de señalamientos y cuestionamientos al gobierno. Como sucedió con Álvaro Uribe años atrás, De la Espriella es un fenómeno mediático alimentado por las nuevas condiciones que impone la postverdad, la estupidización de sectores de la opinión y la necesidad de sectores del Establecimiento de recuperar la Casa de Nari para desde allí echar para atrás los avances y las medidas adoptadas por el gobierno Petro en materia de reforma agraria y la recuperación de predios a través de la SAE. En el fondo, violentar física y simbólicamente los procesos de empoderamiento y consolidación de lo comunitario que Petro impulsó en territorios rurales. De la Espriella habló de “destripar”.
Cepeda no aceptó el debate con las fórmulas vicepresidenciales. "Es entre él y yo. Es un duelo". Le corresponde al "tigre de Temu" decidir.
Adenda: que alguien le diga a Iván Cepeda que no se desgaste discutiendo bobadas. Que De la Espriella use la camiseta de la Selección Colombia es un detalle menor. Quedan tres semanas para hacer alianzas, ajustes y diseñar una estrategia mediática (incluida las redes). Hay que evitar que el país caiga en manos de los fascistas que están detrás de la campaña de Abelardo de la Espriella, el Bukele criollo que puede llevar al país por los caminos dictatoriales que hoy recorren los pueblos de El Salvador, Argentina, Ecuador y Chile.
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